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Archivo de octubre, 2012
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Hace un momento desperté, la mañana esta frÃa. Me siento solo. Miro el reloj y es tarde. No hay nadie con quien jugar. Alicia aun no a regresado.He decidió ir a buscarla. Debo reconocer que tengo miedo. Atravesar el espejo y entrar a ese mundo raro es de valientes . He cogido una bocanada de aire, cerré los ojos y finalmente salte a través de el.No recuerdo mucho excepto que hubo una luz y un destello. Ahora me encuentro del otro lado, en este mundo fantástico. Me emociona estar aquÃ. Debo de confesar que tengo un poco de miedo. Aun asà quiero buscarla. La extraño. Estoy en una habitación...
Laberinto oscuro lleno de senderos. Vestido blanco y un despertar violento. Se haya en algún lugar que no distingue entre tanta nubosidad. El cielo se pinta de colores violetas y una centella la encandila sin reparos. Se levanta de la silla y camina arrastrando su vestido al tiempo que toma una lámpara ubicada a su lado. AmplÃa su mirada, el laberinto detiene a su alma en ebullición. Mueve su vestido el viento que ha comenzado a soplar. Aparece un sujeto que se hace llamar prÃncipe y se paraliza el corazón de ella. Sus ojos marrones ven cuan lejos está de...
Mis manos solÃan trabajar juntas. CosÃan, cocinaban, jugaban, tocaban otras manos, sujetaban cosas y se las lanzaban una a otra. Todo era orden, un orden natural, sin jerarquÃas ni leyes, sin prejuicios o vanas estéticas. Un dÃa, mi mano derecha, tan autoritaria ella, decidió dominar a mi mano izquierda, al ser aquella más fuerte la enfrento y en franca lid la derrotó. Mi mano izquierda se vio maniatada. Sujeta a las disposiciones de mi mano derecha. La derecha comenzó a establecer normas, a restringir cada movimiento de mis dedos, siempre justificada en que “todo irÃa bien para todos si ella...
Rodrigo es un jubilado que cada mañana de domingo, baja hasta el puerto para dar de comer pan seco a los peces. No es ni muy viejo, ni muy bajo, ni muy lento. Es, sencillamente, otro jubilado más en el paseo marÃtimo, con negra boina en su cabeza y curvado cayado en la mano. Esta costumbre de dar pan seco a los peces, la cogió de joven trabajando en un restaurante junto al puerto. Cada noche, si no acababa muy cansado, tiraba el pan duro en pequeños trozos al agua, acudiendo al instante una muchedumbre de sombras submarinas. Cierto dÃa...
Aquà , en ParÃs , donde siempre quise vivir ; donde el otoño es tan bello o incluso más que la primavera , y donde la primavera… donde la primavera envidia al otoño. Aquà en ParÃs , en esta ciudad de la que tanto te hablé , esta ciudad a la que te he arrastrado. Bueno , sà , es cierto , no vivimos en el ElÃseo , es verdad que no vivimos en ningún palacio como te prometÃ. La Torre Eiffel nos queda un poco lejos , aunque podemos verla si nos asomamos al pequeño balcón o a la...
El descenso al infierno fue la seda, que acariciaba mientras besaba sus sábanas. Ergo, este descenso se produjo de forma vertiginosa como sus alabeos y placentera como sus choques destilados. El infierno, no es que fuera el antagonista del cielo. Es que era exactamente el paraÃso; mi duda resuelta, ya estaba localizado. Población de seres humanos, tan humanos que para pagar el peaje arrancamos todas nuestras capas, para poder sentir. Empecé a ver. Los colores se impregnaban en mi retina y sólo las gotas de pasión que serpenteaban su espalda al aplastar mi cara contra ella, hacÃan que los...
La carretera igual que hace cinco años. Tal vez cinco años más desgastada Pero al fin y al cabo Nadie se fija en el estado de la cuneta Hasta que se ve tirado En ella. Por eso cuando paramos en el arcén Y bajamos del coche observo El lugar donde miles de insectos invisibles Se comerán lo que quede de mà Cuando digas lo que has decidido decirme. Matorrales sin pedigrà y Plantas de pequeñas flores azuladas. Lavanda o salvia. Sin embargo me da la impresión De que el aire huele a romero. Arrozales verdes hacia el oeste Y el...
-Además, nos estamos olvidando de lo principal, de qué Sonia se nos casa.-añadió Bibi, por desviar la atención hacÃa su compañera. La joven le dirigió una mirada de agradecimiento.-Lo siento, Sonia. Yo… -No, sino tienes tú la culpa. La tengo yo…-se disculpó a su vez la joven. -Aquà no tiene nadie la culpa. Vamos, terminemos de desayunar, que tenemos mucho trabajo. Miriám, tómate algo para ése… maldito dolor de cabeza. Y luego a trabajar.-indicó el caballero más mayor a todos, con un autoritarismo, impropio de él. -Requena, tengo a mi madre viva y en casita.-le reconvino la interpelada. -¡Hum!.-exclamó por...
Hace pocos dÃas fue el aniversario del ultimo trino de un grillito alado. No en valde su nombre. Se llamaba Trini. Y toda la vida la vivió trinando. Gorjeaba temprano en el desayuno y nos arrullaba la cuna meneando. Hoy vive el recuerdo de mi amada Trini… Sus casi noventa los murió cantando....
