Antonio y Dolores

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    Como cada año por estas fechas, Antonio y Dolores solían quedar en el mismo lugar y a la misma hora para hablar de sus cosas. Repasar tiempos pasados y recordar a los que ya no estaban con ellos.

    Aquel año no faltaron a la cita pero casi todo era diferente. El lugar había cambiado un poco y las gentes no eras las mismas. Es verdad que las cosas cambian, pero ¿tanto? Ya no había respeto, ni consideración por la gente de cierta edad,… ni por ciertas creencias.

    Los que se hallaban a su alrededor sacaron las bolsas con los lotes, el hielo y los vasos de plástico y se pusieron a beber y a hablar ruidosamente.

    “Tomar una copa”, le comentaba Dolores a Antonio, “no es malo, de hecho, de vez en cuando es más que saludable, pero así, cada día, como si no tuvieran otra cosa que hacer. Me parece una barbaridad”.

    “Déjalos”, le replicaba Antonio, “son jóvenes, quieren olvidar las cosas malas que ocurren a su alrededor. Sin estudios, sin trabajo, sin dinero, y ahora esto, acabar así ¿qué más pueden hacer que beber y olvidar?”.

    “Nosotros fuimos como ellos”, le replicaba Dolores, “nosotros también fuimos jóvenes, y tuvimos nuestros problemas y no hacíamos esas cosas, ni nos comportábamos como si no hubiese más gente alrededor. Sólo digo que deberían ser un poco más respetuosos”.

    Antonio movía la cabeza y dejaba salir un suspiro. En el fondo Dolores tenía razón, todo había cambiado demasiado, y muy deprisa, y a ellos les cogía mayores la situación para asumirla naturalmente. De hecho, muchos de sus compañeros de batallas, ya no salían de casa para ese breve encuentro para no encontrarse con los más jóvenes. No. Preferían quedarse en sus casas, refugiados, lejos del mundanal ruido y del cambiar de los tiempos.

    Incluso personalidades brillantes de su época, -allí habitaban toreros, tonadilleras, guitarristas, futbolistas, poetas, y cantantes-, habían perdido las ganas de salir y pasar un rato agradable de charla y recuerdos.

    Allí todo estaba oscuro, las luces de las calles y plazas se habían apagado hace rato, en un intento del ayuntamiento por ahorrar en la factura eléctrica. ¡Mejor!, así se veían las estrellas, además la luna estaba hoy cercana y brillante, lo que hacía que no hiciera falta luz artificial.

    A los jóvenes allí congregados también les gustaba dar sustos e ir a las casas de los vecinos a molestar con una nueva moda importada de noséqué tradiciones de por ahí.

    Cuando Dolores y Antonio era jóvenes las calles de la ciudad se llenaban de representaciones de Don Juan Tenorio, el de Zorrilla no otro, la gente comía huesos de santo, buñuelos y castañas asadas, y el día 1 de noviembre se rezaba a todos los santos para preparar el alma para las misas del día 2, día de los Fieles Difuntos, durante el cual sólo se oficiaban misas de Réquiem y el oficio de difuntos; días en los que las gentes piadosas iban al cementerio a orar y a dejar flores en los enterramientos de aquellos que ya no estaban en el mundo de los vivos.

    Y estos, los que ya no estaban entre los vivos, aguardaban en el cementerio a ese momento en el que el día daba paso a la noche para salir, una sola vez al año, a estirar las piernas y comprobar que los suyos, si les quedaba alguno vivo, estaban bien y las familias seguían con las tradiciones de toda la vida.

    Pero las cosas habían cambiado mucho. Por eso Dolores y Antonio ya no salían de su calle San Alejo de su barrio de San Fernando, y simplemente se sentaban al pie de sus lápidas a hablar y recodar otros tiempos con melancolía.

    Poco a poco, como cada año, la noche de los muertos daba lugar, de nuevo, al día y todos y cada uno de los habitantes de aquel barrio volvían a su fría casa, esperando al próximo año con impaciencia para ver a los amigos más antiguos y recibir a los nuevos vecinos, esperando que la cosa entre los vivos mejorase, y los que fueran llegando tuvieran mejor educación.

    Con el primer rayo de sol Dolores se levantó, dio un beso a Antonio y con su puntualidad militar, pues habían sido demasiados años trabajando en la Pirotecnia Militar de Sevilla, volvió a su húmedo y frío hueco en la pared de nichos. Antonio esperó a verla entrar, como cuando esperaba verla entrar en casa de sus padres cuando aún eran novios, y se retiró a descansar hasta la próxima ocasión que el calendario les deparará.

    Los más jóvenes volvían, borrachos y jolgoriosos, de sus paseos por la ciudad a sus tumbas… No sabían comportarse como buenos muertos en fechas tan señaladas.

    Las cosas habían cambiado mucho, demasiado. Ni tan siquiera los muertos de ahora son como los de antes eran.

     

    Nota:

    Lote: en Sevilla, cuando los jóvenes salen por las noches a hacer botellonas, compran estos lotes formados por botellas de refresco y de alcohol (güisqui, ron, ginebra, etc)

    San Fernando: es el nombre del cementerio de Sevilla, llamado así por el conquistador de la ciudad (1248) Fernando III el Santo.

    Hablo del cementerio como si fuese un barrio porque es un cementerio grande dividido en calles, glorietas y plazas con sus respectivos nombres y numeraciones. La calle San Alejo es la calle en la que estaba enterrada mi abuela Dolores.

     

    Comentarios

    1. Trigo

      31 octubre, 2012

      muy bonito texto, e ilustrativo, para los que estamos del otro lado del charco. Salute!

    2. Lidyfeliz

      31 octubre, 2012

      Me desconcertaste pero bien, Sofista. Muy bien escrito y se me puso la piel de gallina. Un final inesperado y estupendamente narrado. Mi voto

    3. hugojota

      1 noviembre, 2012

      Qué lindo texto, enmarcando las tradiciones en la atmósfera lúgubre del cementerio, que no se ha salvado del progreso, allí también se han relajado las costumbres, por lo que parece… Mi saludo.

    4. SALAMANDRA

      1 noviembre, 2012

      Estupendo Sofista un texto para pensar en lo de los “LOTES” que no alcanzan ni para una noche, efímera la vida, ¿no es cierto?un abrazo desde México.
      Mi voto por supuesto.

    5. SALAMANDRA

      1 noviembre, 2012

      Una pregunta Amiga
      ¿por que en un momento Antonio se volvió Carlos?

      • Esther.A.P.Ruinervo (Sofista)

        1 noviembre, 2012

        Gracias Salamandra por la observación. Antonio se volvió Carlos porque en el borrador que escribí del texto él se llamaba Carlos y ella se llamaba Marina, después pensé en mis abuelos y fui cambiando los nombres, pero se me escapó uno y no me dí cuenta.
        Gracias de nuevo.

    6. VIMON

      1 noviembre, 2012

      Excelente texto, Sofista, muy apropiado para las fechas. Hasta me pareció oír entre tus personajes un dialogo, algo así como: no es verdad ángel de amor, que en esta apartada orilla, mas clara la luna brilla y se respira mejor..? Saludos y voto, claro.

      • Esther.A.P.Ruinervo (Sofista)

        1 noviembre, 2012

        Ay Don Juan, Don Juan, ese maravillosos Tenorio.
        Acabo de llegar de verlo representar por las calles de la ciudad.
        Gracias por pasarte a leer y comentar.
        Saludos

    7. antoniosib

      1 noviembre, 2012

      Enhorabuena y voto Sofista, haces una reflexión muy interesante acerca de estas fechas.

    8. Claudia (Diadenes)

      2 noviembre, 2012

      Me ha gustado el relato desde el otro lado y me ha recordado aquella canción de mecano. Conozco el cementerio, vivo en Sevilla desde hace un par de años pero desconcoia que estuviera urbanizado como dices, siempre se aprende algo nuevo ;-)
      Un abrazo

    9. T.H.Merino

      2 noviembre, 2012

      Confieso que tu relato me ha impresionado muy gratamente. Inmejorable el final sorpresivo que sirve de nexo entre la realidad y la fantasía. Mi parabién y mi voto. T.H.Merino

      P.S.: Sin duda que en una próxima visita a Sevilla visitaré el cementerio de San Fernando.

    10. María del Mar

      2 noviembre, 2012

      Precioso relato, original y perfecto reflejo de la juventud de nuestros días; en este caso se refiere a los muertos, fiel reflejo de lo que hacen los vivos.
      Me ha gustado mucho, Enhorabuena. Mi voto y un abrazo.

    11. Rafael Baralt

      2 noviembre, 2012

      Un cuento encantador. El final me gustó, ya que lograste engañarme como lector y pocas veces pasa. Mi voto y mis felicitaciones por este relato tan exquisito.
      Rafael

    12. volivar

      3 noviembre, 2012

      Diadenes: veo que, con gran propiedad, has sido muy felicitada por este texto tan original, tan apropiado para este día de los muertos. En verdad que tienes talento,imaginación y estilo pulcro, sencillo, directo.
      Mi voto
      Volivar

    13. volivar

      3 noviembre, 2012

      Sofista, me has de perdonar que te haya cambiado el nombre… si te digo que muy seguido ando muy apendejado.
      Volivar, que te estima, amiga.

      • Esther.A.P.Ruinervo (Sofista)

        4 noviembre, 2012

        Volivar muchas gracias por tus comentarios, siempre positivos que me animan mucho, y no te preocupes por el error de nombre, esos despistes son cosas humanas que nos pasan a todos de vez en cuando.
        Un abrazo y gracias por pasarte a leer.

    14. bearui

      4 noviembre, 2012

      Sofista, me ha recordado las noches gaditanas que guardo en mi memoria con cariño. Muy bueno el relato desde el lado de los muertos. Muy bien escrito. Mi voto. Besos

    15. Pedro Gda

      6 noviembre, 2012

      Felicidades por tu relato. Dejaremos a los muertos que digan lo que piensan algunos vivos. Por cierto… precioso cementerio el de S. Fernando. Felicidades y voto.

    16. Marciano

      20 noviembre, 2012

      ¡Qué bueno! No te había leído porque dispongo de muy poco tiempo. Seguiré tus escritos con el mayor interés. Mi voto.

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