Los fantasmas no recuerdan, ni dejan vestigios de su existencia. Andan nada más. Aparecen de vez en cuando y te ocupan. Te hacen reír o llorar y al fin de cuentas no te acuerdas de para qué los conjuraste. Los fantasmas están arrumbados en alguna esquina y son desempolvados en ciertas épocas del año. No tienen ni lugar ni espacio propio, solamente viven en los suspiros de aquellos que aún los recuerdan con vida.
Y siguen siendo cuando no lo son más. Y se esfuerzan por darse a notar, aunque sólo lo consigan a destiempo. Qué dieran los fantasmas por transformarse en materia y llenarse de pétalos y alas de luciérnagas y abrazar a todo lo que extrañan del mundo que dejaron. Los fantasmas ríen y lloran en sus propias esquinas. Cuentan sus cuentos a otros que los escuchan… y esperan… a que los invoquen; a que los inviten… a que los extrañen…


VIMON
Buen texto, Liliana, Saludos y mi voto
Liliana Quintero
Muchas gracias!
volivar
Liliana, esos fantasmas, amiga, ¿qué serán, al fin?
Mi voto
Volivar
Liliana Quintero
Sí, así lo siento… Todos esas huellas que dejamos los que nos vamos y los caminos que no andivimos; los recuerdos que nos atormentan y los que nos alimentan… Cuántos pueblos quedaron en nuestros países, tan llenos de fantasmas de amigos y familias que se fueron a otros lugares a buscar una mejor vida y con suerte van regresando, hasta que que ya no regresan. Todos somos fantasmas en alguna parte…
Saludos amigos y muchas gracias por sus comentarios! Como pueden ver, me inspiran mucho sus palabras.
Gunga Din
Qué triste es ser fantasma y, sin embargo, todos somos un poco fantasmas en nuestros devenir por la vida. Un texto muy profundo. Saludos y mi voto.