Cielos de espanto (II)

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    (parte I en:http://www.falsaria.com/temas/publicar-cuentos/cielos-de-espanto/ )

     

    Con los brazos así cruzados, Inés creyó ver en ese espantoso designio el fin de toda su vida. ¿Cómo podía ser que justo cuando conocía a un hombre decente, culto, amable y sobretodo «hombre», viniera el fin del mundo y acabara con todo. Era el diecinueve de diciembre y los Mayas habían predicho que el veintiuno… «Ramón, ¿qué está pasando?» dijo girando su cara, mientras terminaba de abrazarlo, dando la espalda al infierno matinal que abarcaba ya todo lo que los rodeaba. Él la apretó contra su pecho pero no pudo mirarla. Intentaba descifrar en los trazos horizontales que comenzaban a aparecer, en esas incipientes nubes algo más oscuras que marcaban surcos violáceos, el objeto de esa imagen que no quería que fuera el fin de todo. La apretó contra sí queriendo protegerla, protegerse. Ella se abstrajo por instante y cerró los ojos. Se dio cuenta de que por fin él la estaba abrazando como si fueran más que amigos, como si hubiera algo que tenía que haber hace tiempo y disfrutó de su calor. Los latidos en el pecho de Urrutia eran irregulares, rápidos y lentos, como un vals y un tango que se mezclados en un tempo anómalo. Miró hacia arriba y él, sin dejar de mirar al infinito, bajó la cabeza para acariciarla con su mentón.

     

    Los surcos terminaron por definirse, eran ya líneas oscuras entre otras intensas y más anchas con un rojo amarillento difuminado. La progresión era muy lenta, pero era real; el tiempo parecía no transcurrir, aunque para ella sí, pues había logrado dejarse llevar por el abrazo intenso, por su ritmo cardíaco enfermo y por ese regalo tan esperado. Quiso decirle algo, pero pensó que habría sido una estupidez; si se acababa el mundo en ese momento ¿en qué otra situación mejor la podría encontrar? Abrazada al príncipe azul que a sus treinta y muchos aún no había llegado y por fin estaba abrazándola ¿algo mejor podía suceder en el mismo momento del fin de los tiempos? Pensó en su madre, ¿qué hora sería en Cuba? ¿Qué hora era ahora mismo allí? No se respondió, imaginó que en El pinar era de noche, que su madre dormía y que pasara lo que pasara, ella no se iba a enterar de nada.

     

    Una brisa suave llegó hasta la gente que se había congregado en la calle, probablemente era la causa de los surcos del cielo, o había pasado a través de ellos, pensó López Urrutia. Se dio cuenta que todo el horizonte, incluso hasta el oeste, era ahora más oscuro, los surcos se habían transformado en la parte central del escenario y las líneas de sangre y fuego se difuminaban poco a poco. ¿Dónde estaba el sol? ¿Dónde había estado el sol en todo este tiempo que llevaban allí?

     

    —¿Has visto el sol en algún momento?— preguntó mirando por fin a Inés, buscando sus ojos; los encontró cerrados.

    —¿Cómo? ¿Qué dices? ¿El sol?— abrió por fin los ojos mientras respondía, miró al firmamento tratando de recordar las imágenes de antes del abrazo —No, ha estado nublado desde que esto empezó, desde que empezó a darme miedo…

    —Es verdad, pero ¿dónde está ahora? Mira, las nubes se van, o eso parece, y no hay sol, está todo oscuro, pero no es de noche ¿o si?

    —No lo sé. Mira el reloj, no sé nada, no entiendo nada…

    —Está parado, y el móvil, el móvil tampoco funciona, está apagado..

    —Mi celular también, tengo frío… abrázame… tengo mucho frío…

    —Ven aquí. Yo también tengo frío, esto no es normal, no es nada normal, pero el cielo, mira el cielo otra vez…

     

    El espeluznante firmamento se había convertido en una nube morada con ráfagas, con destellos blanquiazules que parecían pequeños rayos, o más bien centellas semitransparentes, claras, azules. No era una tormenta, no había sonidos, no había truenos. Una película muda los cubría con sus tres dimensiones y comenzó a aterrorizar a los espectadores. Hasta entonces todo el mundo había querido presenciar el fenómeno, pero el pánico comenzó a hacerse con parte de los espectadores cuando esas luces hicieron contacto entre sí. Ráfagas deslumbrantes —y al mismo tiempo silenciosas— hicieron correr a la muchedumbre a sus casas, a buscar refugio, a protegerse de ese frío seco y mortal que asolaba la atmósfera.

     

    Ellos se refugiaron en el locutorio, no dejaron de mirar ni un segundo al cielo; se cubrieron con lo que encontraron allí y delante de la ventana esperaban atentos lo que podía venir. Inés recordó a los santos, los santeros, los chamanes, toda la brujería buena y mala que había aprendido de pequeña. Esto no era cosa buena, eso era seguro, y los Mayas lo habían predicho. El cielo era ahora una trama infinita de pequeñas ráfagas, suaves y fuertes de forma alternada por toda la cúpula morada —alguna vez celeste—, seguían formas aleatorias y descoordinadas. La imagen le recordó a Ramón las típicas simulaciones por ordenador de lo que son las conexiones dendríticas del cerebro, esas que hacen para los documentales. Eran conexiones, pero ¿entre qué cosas? y ¿dónde estaba el sol? El cielo estaba tan cerrado y cubierto de esas centellas que nada podía hacer pensar que el sol pudiera estar aún allí… Urrutia comenzó a pensar en lo peor, pero no quiso ni siquiera formularlo en su mente, estaba casi seguro, pero también lo había estado antes de las invasiones, de los extraterrestres y de las guerras. Inés seguía abrazada a él mirando lo mismo que él y pensando en su madre, en la familia de Cuba… ¿No estaba el cielo demasiado oscuro para ser tan pronto? Todavía no sabían la hora, pensó Inés, tal vez había pasado mucho tiempo, tal vez eran sólo las once de la mañana. Intentó encender la televisión y no apareció más que ruido, ni el wifi, ni Internet, nada funcionaba; el móvil seguía sin señal, los relojes estaban detenidos, hasta los del locutorio, imposible saber la hora sin ni siquiera ver el sol, ¡el sol!

     

    —Ramón, ¡el sol! Tienes razón, el sol no está… ¿dónde está el sol? ¿Lo ves? Oscuridad, frío, esos rayos raros… ¡No hay sol! ¡Diosito santo, no hay más sol, no hay más sol!— comenzó a llorar desconsolada, Urrutia fue a recogerla al suelo mientras temblaban de terror, de angustia y de dolor…

     

    Desde el suelo los dos, vieron como esas nubes extrañas se tornaban cada vez más y más oscuras. No parecían nubes pero estaban allí, en el cielo, o lo que esa bóveda oscura fuera ahora mismo. Las ráfagas intermitentes parecían hacerse más intensas y menos persistentes, su ritmo decrecía por momentos, aunque comenzaban a cambiar a un color más claro; algunas parecían ya de color verde oscuro o turquesa. Inés seguía llorando desconsolada en los brazos de López Urrutia, que no quitaba la vista de la oscura visión. ¿Cómo podía ser eso real? El sol no había desaparecido, sus conocimientos de física hacían eso inviable porque las leyes de la gravedad hacen que giremos alrededor del astro, el centro de nuestro sistema solar, la estrella que le da nombre. Pero lo que sí podía haber sucedido era una extinción de la energía, de las reacciones que daban fuerza al astro. Pensar en eso era como pensar en que podía acabarse el petróleo o que podía acabarse el viento. El primero estaba claramente en declive, desde el peak oil —la disminución progresiva del descubrimiento de nuevos yacimientos—, y si lo del sol era cierto, el viento pronto desaparecería, porque todos los fenómenos meteorológicos pasarían a ser completamente impredecibles, nuevos e inimaginados. Mientras la silenciosa y seca tormenta —por llamarla de alguna manera— se hacía más y más tenebrosa, Ramón levantó a Inés, se acercaron a la puerta. Estaba decidido a hacer algo, pero no sabiendo el qué, lo primero que pensó fue en ir a casa, a un resguardo o donde estuvieran más al abrigo de aquella nueva situación de la que sólo sabían una cosa, que les daba un miedo terrible.

     

    Llegó en ese momento Marisa a la puerta, les contó que estaban reuniendo a todos para ir a un refugio, el ejército había llegado avisando que todos los que estuvieran al descubierto tenían que ir a las defensas de emergencia preparadas en las afueras de la ciudad. Lo único que se sabía era que la actividad solar había cesado en un lapso muy corto de tiempo, y que, las últimas emisiones electromagnéticas del sol habían sido tan intensas que todos los mecanismos y electrónica sensible a ellas habían quedado inservibles.

     

    En el camión militar Inés abrió los ojos y por un momento dejó de pensar en su madre, en sus primos, en Cuba. Alzó la vista hasta cruzarla con los tristes ojos de Ramón, él le devolvió la sonrisa y se besaron dulcemente. Aún cuando no sabían nada del impacto real de las radiaciones, del futuro de aquel mundo sin sol, de cómo sería todo a partir de entonces, sabían una cosa; ahora se tenían el uno al otro y cualquiera fuera el tiempo que les quedara por vivir en ese mundo oscuro y frío, ellos lo vivirían como un regalo. Ese horrible cielo había hecho que se encontraran, les había devuelto la ilusión de vivir, sólo vivir, creyendo en el amor.

     

     

    Pernando Gaztelu

    Comentarios

    1. LUCIA UO

      14 noviembre, 2012

      ¡¡Precioso!!
      No lo he podido soltar. De principio a fin, maravilloso.
      Me ha encantado. Has definido lo que supuestamente pasará el próximo 21 de diciembre.
      Que bueno que los personajes principales se encontraron uno a otro, porque según dicen lo único que sirve en esos casos es la fuerza del amor.
      Es muy romántico y me fascinó.
      Un gran abrazo y mi voto

    2. Pernando.Gaztelu

      14 noviembre, 2012

      Gracias Lucía, como te decía en tu escrito, eres un alma “inolvidable”, pero sólo por lo bueno. Me ha gustado que no lo pudieras soltar…

      • LUCIA UO

        14 noviembre, 2012

        Que bueno Pernando. Pido a Dios que nunca me puedas olvidar.
        Un gran abrazo,

    3. El Moli

      14 noviembre, 2012

      Extraño y original relato Pernando, te mantiene atrapado esperando ese final que no llega, no te queda más remedio que seguir hasta lograrlo .
      Un abrazo y voto.

    4. SALAMANDRA

      14 noviembre, 2012

      Estupendo Pernando como te dice Lucia tu relato atrapa y no lo puedes soltar.
      Yo estaba mirando las imagenes que tu tan fielmente retratabas, veia los rojos, los magentas.y los verdes y el negro absoluto.
      Me cautivó el amor profesado; Sin futuro sin esperanza pero presente en la pareja de Ines y Ramon.
      Felicidades Amigo

    5. GustavoDelToro

      14 noviembre, 2012

      Amigo, qué bien lo has hecho. Te felicito, es una excelente narración, historia, emociones, de todo. Tienes mi voto sin dudarlo.

    6. VIMON

      14 noviembre, 2012

      Excelente relato, Pernando, pero si me permites, no puede acabar ahí. Has iniciado una novela, o cuando menos un relato largo, que deja a todos tus lectores esperando mas. Tienes ya el planteamiento, varios personajes y algo terrible que esta a punto de suceder o no. No es justo que nos dejes así. Para que te des animo te dejo el voto 10…

    7. mauge

      15 noviembre, 2012

      Atrapante, no pude dejar de leerlo hasta el final, yo pienso que esto da para seguir, es conmocionante. Pintas muy bien la situación.

    8. 1000Luna

      15 noviembre, 2012

      Un placer leer tus siempre interesantes historias.

      Un abrazo y mi voto.

    9. LUCIA UO

      16 noviembre, 2012

      Pernando por favor, has pronto la continuación, no sea que tú y todos se equivoquen y ni sea el 19 ni el 21 de diciembre, ¿y que si es en este mes? el 19 y el 21 está a la vuelta esquina, al menos así nos haya un poco preparados, ¿No te parece?
      Por favor un pedido especial: Has que tenga un final hermoso.
      Si puede ser posible no demores mucho.
      Un gran abrazo

    10. volivar

      17 noviembre, 2012

      Pernando, ahora me he desocupado un poco de mis labores cotidianas,y me puse a ver qué había en la red… y sorpresa, me encuentro esto tan maravilloso que has escrito, digo, también terrorífico… uf, y recontra uf, como dice aquí en mi país un comentarista deportivo: un día sin sol, el mundo a la deriva y los amigos esos gozando del amor, lo que demuestra que ese hermoso sentimiento es tan bello que logra alejar todas las preocupaciones.
      Ah, y otra cosa: ¿ya viste el cuento de tu paisana Halize, “Yo, Caperucita roja”? Si le echas un ojo verás que es muy bonito, te lo recomiendo.
      Mi voto
      Volivar

    11. LUCIA UO

      17 noviembre, 2012

      Definitivamente el sol no ha muerto, es que estamos pasando por un agujero negro. De ahí, tanta oscuridad. Luego todo se irá organizando poco a poco.

      Un final hermoso es aquel que nos llene de esperanza. Para tristezas y decepciones solo basta abrir un periódico, escuchar y / o ver un noticiero, y para violencia… esa se vive en cada esquina y en cada lugar. Es mejor crear un mundo bello, donde las cosas son como deberían ser. Porque si con la pluma lo creamos y lo creemos, no estará muy lejano el día en que todos los seres del planeta empiecen a hacerlo realidad.
      Por supuesto que al final siempre haya mucho amor, donde se enaltezcan la colaboración, la ayuda mutua, los mejores valores del ser humano.
      Y con respecto a tu pregunta. Descendiente de, con ancestros de… pero orgullosamente, 100% colombiana.
      Entiendo perfectamente lo que me cuentas con respecto al Príncipe Gaztelu. Los niños de ahora vienen con una sabiduría interna fenomenal. Cuando ellos hablan, los adultos solo pueden callar porque cada palabra que dicen son cosas que no podemos refutar.
      Un gran abrazo

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