Diario de un asesino de motoristas

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Aun recuerdo cuando llegué. La primera visión fue magnífica. Un lugar inmejorable para lucirme. De máxima responsabilidad, en la Quinta en su cruce con la calle 42. Uno de los sitios con más tráfico de la ciudad.

Desde allí, los observaba atento, casi solícito. Velaba por ellos, preservándolos en silencio, aunque ellos no quisieran. Día tras día… jornada tras jornada. No era capaz de pensar en nada más que no fuera ayudarlos, servirlos, cuidarlos… Solo se esperaba eso de mi.

Aquel domingo por la tarde, el motorista, aprovechando el poco tráfico por el día festivo, venía lanzado desde la 42. Lo vi enseguida y, aunque intenté detenerlo, me resultó totalmente imposible. El taxista tenía prioridad y no miró. El choque fue inevitable. La gente me dirigía miradas de mudo reproche, como si yo fuera el único responsable de su insensatez. Eso lo cambió todo. Era el primer accidente que veía y me conmovió. Ese día, descubrí la verdadera importancia de mi trabajo.

Empecé a verlo todo de otra forma, la molestia inicial por la ingratitud de toda aquella gente, se volvió irritación y después una contenida y maliciosa ira. Mi forma de mirarlos, cambió. Me resultaba divertido verlos con sus ridículas prisas ajenos a mis planes. Los observaba atento. Seguía cuidándolos, velando por ellos, pero esta vez con una intención secreta. Los cronometraba y memorizaba sus rutinas. Ya no me importaba su falta de cortesía, ni sus miradas reprobatorias.

Tardé meses en decidirme. La primera vez fue una sensación luminosa, muy poderosa. Apenas un leve gesto y aquel estúpido motorista, chocó estrepitosamente contra el autobús. Cuando llegó la ambulancia, era demasiado tarde. Ya estaba muerto, allí tirado, sobre la calzada. Nadie había reparado en mi. Retomé mis tareas habituales con la certeza de que mi trabajo, era mi mejor coartada.

A ese incidente, le siguieron otros. Los motoristas eran mis víctimas favoritas, pero no todos. Me resultaban especialmente gratificantes los mensajeros, siempre con sus prisas, saltándose mis indicaciones, burlándose de las más elementales normas de circulación. Así me convertí en un asesino de motoristas. Con el transcurso de los meses, se hablaba de lo que allí pasaba. Incluso, llegué a notar como había menos afluencia de motoristas en ese cruce. Aun así, siempre encontraba alguno que era propicio para mi íntima satisfacción.

Aquel técnico de mantenimiento lo estropeó todo. Yo esperaba que pasara el mensajero de BEX, en su Norton plateada, como cada día a las 16:30. Al hacerlo, me descubrió. Sentí su mirada clavada en mi. Ya era demasiado tarde. Fue mi última víctima. Quedé totalmente descubierto y en apenas unas horas ya estaba retirado del servicio, esperando el dictamen de los expertos.

Me cuentan que han decidido no sustituirme. En mi lugar hay ahora una glorieta con no se qué estatua conmemorativa en recuerdo de todos esos locos. Les ha parecido mucho más apropiada.

Él técnico de mantenimiento está en prisión por homicidio negligente, mientras que yo, un viejo semáforo, estoy retirado aquí, en el almacén municipal, oxidándome mientras os cuanto todo esto a vosotras, tontas balizas de señalización.

 

 

Comments

  1. SALAMANDRA

    4 noviembre, 2012

    ESTUPENDO PME ATRAPO A LOS DOS SEGUNDOS
    MUY BUENO TU CUENTO.

    • Pedro Gda

      6 noviembre, 2012

      Gracias Salamandra, contar con tu lectura es un placer añadido para mi. Un abrazo.

  2. Rafael Baralt

    5 noviembre, 2012

    Me gustan los personajes no humanos, sobre todo cuando se logra confundir al lector. Buen relato amigo Pedro. Un abrazo y mi voto.

    • Pedro Gda

      6 noviembre, 2012

      Gracias Rafael, compartimos el gusto por los objetos “animados” entonces. Otro abrazo para ti.

  3. Lidyfeliz

    5 noviembre, 2012

    A pesar de que desde el primer momento de dí cuenta de la personificacion del semáforo, reconozco que el relato es estupendo, muy bien desarrollado y buen final. (Habría que arreglarle algunas letras que están equivocadas por un tipeo rápido, y algunos acentos que faltan: nada importante) Mi voto

    • Pedro Gda

      6 noviembre, 2012

      Lidy….menos mal que no eras tu la técnico de mantenimiento. Habrías detenido a mi semáforo en el primer tintineo y yo me tendría que inventar otra cosa. :) . LO repasaré. Gracias por lectura, tus consejos y tu atención.

  4. VIMON

    5 noviembre, 2012

    Buen relato, Pedro, saludos y mi voto.

    • Pedro Gda

      6 noviembre, 2012

      Vimon… ¿Qué decirte, además de unas enormes y sentidas gracias?

  5. Richard

    5 noviembre, 2012

    Hola Pedro.
    Me gustó esa descripción de la realidad desde el punto de vista del semáforo.
    Original.
    Saludos y voto.

    • Pedro Gda

      6 noviembre, 2012

      Richard, agradecido por comentario y tu voto. Otro saludo para ti.

  6. halize

    5 noviembre, 2012

    Me has gustado; me anganchaste desde el principio.Felicidades por tu relato¡¡

    • Pedro Gda

      6 noviembre, 2012

      Gracias por tu comentario Halize,

  7. Claudia (Diadenes)

    5 noviembre, 2012

    Me encantan las historias con personificación de objetos. Me gustó este cuento.
    Un abrazo

    • Pedro Gda

      6 noviembre, 2012

      Gracias Diadenes, creo que pueden ser una fuente inagotable de relatos curiosos.

  8. charis cavera

    6 noviembre, 2012

    Me encanta personificar objetos. Muy bueno. Mi voto.

    • Pedro Gda

      6 noviembre, 2012

      Gracias Charis, a este le hemos hecho “mala persona”, pero personificado después de todo.

  9. bearui

    6 noviembre, 2012

    Pedro muy bueno, muy misterioso, me gusta que el asesino sea un objeto. A mi también me gusta jugar con los objetos. Enhorabuena! Tienes mi voto. Un beso

  10. Pedro Gda

    6 noviembre, 2012

    Gracias Beauri…. Otro beso para ti.

  11. Jon Igual

    7 noviembre, 2012

    Qué bueno, el final me ha encantado. Me estaba preguntando porque nadie sospechaba del “policía”, pero lo has resuelto perfectamente.
    Un saludo y por supuesto te dejo mi voto.

    • Pedro Gda

      11 noviembre, 2012

      Gracias Jon, tu comentario y tu lectura, son muy gratificantes.

  12. María del Mar

    8 noviembre, 2012

    Muy original, amigo; me ha encantado. Mi voto y un abrazo.

    • Pedro Gda

      11 noviembre, 2012

      Viniendo de ti, esas palabras tienen un valor especial. Gracias.

  13. Mariav

    11 noviembre, 2012

    Siempre he sospechado que algunos semáforos tienen vida propia porque cambian a rojo en cuanto vislumbran el morro de mi auto y ahora confirmas mis sospechas con este magnifico relato. “Cabroncete de semaforo” que mala baba tienen algunos.
    A tu salud.

    • Pedro Gda

      11 noviembre, 2012

      MariaV, nunca hay que fiarse de ellos… ya lo sospechábamos todos, solo que este cabroncete abusaba. Gracias y Chin Chin.

  14. Martha Molina

    11 noviembre, 2012

    Me imaginé todo menos eso. ¡Un semáforo! Qué ingenio el tuyo, me atrapaste desde el principio. Te felicito, excelente relato.
    Mi voto.

    • Pedro Gda

      11 noviembre, 2012

      Gracias Martha, ya sabes… mira bien en los cruces.

  15. Julieta Vigo

    15 noviembre, 2012

    Divertido texto a pesar de tratarse de un asesino ¿”en serie”?. Me gusta mucho el punto de vista del narrador /asesino, así como su personificación.

    • Pedro Gda

      22 diciembre, 2012

      Gracias Julieta, no se bien como clasificarlo… ya me has puesto a pensar. ;)

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