Esta lloviendo, y cada gota que se desliza en la ventana se asemeja a una caricia eterna, a un juego romántico. Joaquín en medio de la noche se enternece al percibir su soledad, esta sentado frente a la ventana como un gusano indiferente ante todo, se siente decididamente solo, asqueado de sentir aquella necesidad del otro.
El paso del tiempo se ve reflejado en la quietud de las cosas de la habitación, no hay transformación, todo parece estático: la vida, el humo del cigarrillo, el último suspiro; un día, dos días, tres días, ¿Cuál es la diferencia?, Joaquín sabe cuál es, sabe que el porvenir de su vida esta al otro lado de la puerta, de esa que no se atreve a mirar, pues su manubrio no es de madera, ni cilíndrico, si no que es un ojo que constantemente lo mira, parpadea y lo mira, petrificado, indagando; la sola idea de pensar que para cruzar la puerta debe atravesar con su dedo índice la pupila vinotinto, hace que la desesperación y el asco lo sitúen en un rincón de la habitación.
Joaquín de nuevo no sabe cuantos días han pasado, pero se ha mirado al espejo y horrorizado a contemplado su cuerpo como una leve silueta que esta a punto de desaparecer, su existencia va a ser un corto suspiro, un mar de preguntas y de imposibilidades; él no sabe qué hacer, no tiene a quien suplicarle un abrazo eterno, no va a ser cómplice de encuentros fortuitos, no va a ser, no va a estar, pues solo no se está, solo no se es, pero Joaquín se niega meter ese pulgoso dedo dentro del ojo admirante, se niega a reventarlo y sentir lo que sea que tenga dentro, una baba espesa y verde como moco de niño recién nacido. De nuevo Joaquín al rincón acuclillado con la lluvia en el rostro.
Pasan los días, el tiempo transcurre, se deshace mortuoriamente. Joaquín sigue meciéndose en todos los rincones posibles. -El pánico, es el pánico- se dice mientras su rostro pálido y cadavérico se refleja en el espejo, ya no se reconoce y su cara se vuelve una mueca inconmensurable; siente que sus cuerdas vocales se contraen de manera dolorosa, seca. Mueve sus labios como si pretendiera capturar en el vacío la voz que no sale, sus manos y pies se confabulan en un baile tétrico, como si quisieran liberarse de él, se revuelcan en el piso. Joaquín se ha provocado el ahogo por el cual agoniza, estira las manos para abrazar la vida que se le escapa, la vida que lo escupe dejándolo solo, y ahí, yace mirando el manubrio, mirando fijamente el único testigo de su muerte.


LUCIA UO
Conmovedor de principio a fin.
Me ha encantado.
Un gran abrazo y mi voto
Viola
Gracias Lucia, por la lectura y el voto. Abrazo!
bearui
Viola un relato muy original y conmovedor. Me ha gustado. Mi voto. Besos
Viola
Bearui, me alegro que te haya gustado. Abrazos
volivar
Viola, bellísimo; conmovedor, hermoso estilo, y qué final. Te felicito, y te doy mi voto
Volivar
Viola
Gracias Volivar. Un abrazo
Carlos Eduardo Lamas Cardoso
Una breve historia que atrapa al lector y le contagia su miedo y desesperación.
Felicidades y saludos!
Viola
Graciar por la lectura, Carlos Eduardo, recibe un abrazo!
Gödel
En la ordinariedad de tus personajes nos demuestras que la fantasía radica en ellos y su perspectiva del mundo. Todo lo que ocurre es simplemente natural y, nuevamente, ordinario. Esto le da excelencia a tus relatos. Saludos.