No era cojo, pero renqueaba, y arrastraba levemente la pierna izquierda. No era mudo, pero era duro de hablar, de lengua árida. Tampoco era ciego, pero era raro verle la mirada negra, solo abría los ojos de noche y frente a la lumbre, como si lo visto en sus ochenta y tres años fuera más que suficiente.
Su difícil lenguaje le venía de la zona de las montañas del norte de la provincia, de donde vinieron sus abuelos huyendo del polvo y del hambre. Hablaba un andaluz arcilloso, con algo de portugués alentejano, mezclado con gemidos roncos que se le escapaban involuntariamente por la boca.
Todos los leños ardían ya, y el resplandor titubeaba sobre la piel de barro de las mulas. Así que el Cojo se arrancó a contar. Removiendo lentamente las ascuas como si se tratara de pitanzas para un guiso, y con la mirada clavada en el fuego, comenzó a relatarme la historia del camino.
-Esa Luna estraña tiene maldición, te digo niño –sentenció con ojos de negro y fuego – ya pa’ntonces se decía que las pessoas no volverían nunca de tanta lejanía. Juhhh –emitió su primer resoplido.
-¿Quieres decir la Media Luna? – me salió como un suspiro de miedo.
“Sí, el camino de la Media Luna, ese que sale por detrás de la iglesia y baja pal‘río por detrás das marraneras. Por el Cristo de Moclín que ni los animales lo quieren andar, que se les mete frio nas entrañas y reculan p’atrás. Jamás vieras a naidie por ahí, te digo niño. Mis agüelos ya referían de un hoyo que se lo tragaba to: canes, bestias ralas y pessoas enteritas, juhhh”.
-Pero es que alguien de tu familia desapareció por allí?.
-¡Dios no lo quiera señorito! – el Cojo soltó su vara, se santiguó y se le estremeció el cuerpo con un breve temblor que me contagió a mí – ¡naidie de mi familia marchara jamais por ese sitio, por la virgen!, no miente usted esas cosas ni de broma, que aluego ocurren verdaderamente!.
-¿Y cómo lo sabes entonces, Juanillo?
“Pos siempre sa dicío que ese camino llegaba demasíado lejos, que non tiene fin, y que una vez que se cruza la Trampa ya está uno perdío. Que los campos que atraviesa no benefician, de pura pedregosa y matas secas, do nunca gente puso pies ni mirada”.
“Se contaba que lo usaban los frailes d’aquí ha ya muitos siclos pa subir a la ermita da Sierra Perdida, que ya en aquellos tiempos de cristianos no volvían todos los que marchaban juhhh, y entonces ya empezaron las habladurías”.
Por la manera en que el Cojo movía los troncos con sus tenazas presentí que esa historia no iba a ser como las demás que corrían por el valle. Yo no me atrevía a moverme de la silla, él se sacó del bolsillo de la gabarra un paquete de tabaco negro y se encendió un cigarro arrimándose un ascua con las tenazas, después de una lenta y profunda bocanada, y antes de soltar la humareda, me dirigió la primera mirada nublada. Yo me removí en mi asiento.
“Desapareció muita gente por ese camino, jornaleros que se iban a robar aceituna a los olivares abandonados, cazadores en busca de zorzales que se alejaban y se les echaba la noche encima, caballos o canes que se escapaban y se los tragaba el hoyo…ese hoyo de arenas movidizas que puso ahí el mismo diablo”
“Cucha que te diga niño, tu’scuchao hablar de los Ranranes?, pos eran familia rancia, de cante y guitarra pa llorar, por eso mismito les disían ranran. Sobrevivían como una tribu, en las cuevas altas del pueblo, eran mitad germanos fríos mitad gitanos de algarabía, y lo mismito que te montaban una juerga flamenca subían en cuadrillas a varear olivos, eran duros, os que mais rentaban, pero solo cuando querían, los jodíos”.
“Yo conocí a la Frasquita, la enviuda del Miguelito el Ranran, más güena qu’era la condená, pero dura y carcomía como un jierro de chimenea, y su pessoa misma me lo contó toíto. Cosa triste señorito, pero triste, que naidie quisiera falar desto en la cortijada, que’s la liyenda mas negra que se enrumorea, en’deque desapareció la Frasca nos cayó la helá nel cortijo”.
-He oído hablar de los Ranranes, y del Miguelito, mi padre lo conoció y nos contó cosas…pero nunca que hubiera desaparecido, y su viuda tampoco….
Me desconcertó ese cambio de tema, de la leyenda del camino a la viuda del Ranran… y noté como el Cojo se alteró y tiró el cigarro al fuego.
-¡Cago’ndios que me he ío de la lengua, juhhh!, ¡que d’eso non se fala cojo, que te lo tienen dicío!


Mariav
Jo, a seguir esperando por más.
Muy bueno, José. Me gusta el lenguaje, las descripciones, los personajes…
Abrazo y voy votando, pero no tardes eh.
Jose María S Alfonso
Gracias María, me alegro de que disfrutes tanto, yo lo paso en grande escribiendo estas cosas!
Jose María
Fanathur
Buen ambiente. Me sigue gustando esta continuación. Veremos si no se la traga el hoyo del que hablas. Lo que sí me ha parecido pesado es el uso de los adjetivos de los primeros párrafos. Pero es una apreciación personal, nada más. Mi voto.
Jose María S Alfonso
Fanathur, te agradezco tu crítica/opinión sobre los adjetivos. Gracias por tu voto, un abrazo. Jose María
VIMON
Muy buena continuación, Jose Maria, a ver si nos se les aparecen los fantasmas de la Media Luna…Saludos y voto.
Jose María S Alfonso
Vimon, simpre te digo lo mismo: tus comentarios, dado el nivel de tu escritura, son un honor! , gracias por tu fidelidad y un abrazo.
Jose María
1000Luna
Genial esta segunda parte, nos sigues manteniendo intrigados por conocer la leyenda. Me ha costado leer al Cojo jejeje…. Muy bueno.
Un abrazo y mi voto.
Jose María S Alfonso
El Cojo siempre fue muy dificil de entender, incluso para mi que me crié en la zona, pero haciendo un esfuerzo se entera uno de lo esencial.
Si te costó el Cojo espérate a que hable la Frasquita…..
Un abrazo y gracias por tus comentarios! Jose María
bearui
Muy bueno, aunque a veces se hace difícil seguir el lenguaje del cojo. MI voto. Besos
Jose María S Alfonso
Gracias Bearui, como he dicho en el anterior comentario: es que el cojo siempre fue duro de lenguaje, pero merece la pena ponerle atención. Con la Frasca pasa lo mismo, aunque ella desapareció en el Camino va a hablar en el cuento también..
saludos, Jose María
volivar
José María: ¿me respondes algo? ¿estás influenciado por los clásicos españoles: Pereda, por ejemplo? Cuando estudiante leí Sotileza; tu narración me ha recordado a este gran escritor, tu paisano.
Mi voto
Volivar
Jose María S Alfonso
Uff Volivar, amigo, me pones la cara colorada! ya quisiera yo parecerme a esos clásicos, pero la gente que me conoce dice que soy muy costumbrista, no sé, creo que mi escritura es un poco de todo, según tenga la cabeza así me sale, poesía, micros, costumbrismo, no sé….
Un abrazo amigo! Jose María
Jon.Igual
Un personaje muy entrañable el cojo, creo que su forma de hablar está muy lograda. Seguiremos esperando la continuación de la historia.
Un abrazo y mi voto.
Jose María S Alfonso
Gracias Jon, se le coge cariño al Cojo, a pesar de ser algo siniestro, jaja.
)
Te agradezco por tu voto, de oro en esta ocasión
LUCIA UO
Nos tienes en ascuas, nos dejas con las ganas de saber que más va a pasar.
Un abrazo y mi voto.
Florencio Malpica
buena narrativa…..buenos dialogos