La vagabunda

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Hace aproximadamente un año, en el mismo lugar donde me encuentro ahora, conocí a una anciana vagabunda. Volvía yo de la oficina cuando la vi hurgando en una basura. De vez en cuando encontraba algo de su interés y, como si de un valioso objeto se tratase, lo metía en el carrito que tenía detrás. En ese tiempo sus hallazgos fueron de lo más variados: una lechuga, un paraguas sin un par de varillas, una botella de plástico… Pero lo que con más satisfacción y orgullo metió en su carrito fue un reloj del tamaño de un plato. El típico reloj que uno encuentra colgado en la cocina de una familia normal y corriente, con la diferencia de que a aquel le faltaba la manilla que marcaba los minutos. Aquello me desconcertó. ¿Para que querría aquella anciana un reloj que no daba la hora?

Después de organizar cuidadosamente su carro se dio la vuelta y me miró fijamente, molesta. Avergonzado, empecé a marcharme de allí, cuando de repente la vieja gritó:

— ¡Eh tú! ¿Qué estás mirando? ¿Te parezco graciosa?

Lo normal hubiese sido hacer como que no escuchaba y seguir caminando, pero antes de que me diese tiempo a pensar en lo que estaba haciendo, me di la vuelta y contesté:

— Perdone, no era mi intención ofenderla, solo estaba mirando.

Por segunda vez volví a girarme y por segunda vez la anciana hizo que me detuviese.

— Pareces muy interesado en lo que los demás andan haciendo ¿No te han enseñado nunca que quedarse así mirando a un desconocido es de mala educación?

¡Una vagabunda dándome lecciones de educación! Aquello hizo que me olvidase de la vergüenza que sentía.

— Solo me estaba preguntando para qué quiere alguien como tú un reloj roto, pero ya me da igual— respondí en tono malhumorado.

La anciana se acercó a mí más rápido de lo que me hubiese imaginado, llevando su ruidoso carro a cuestas, y chilló:

— ¡O sea que era eso eh! ¿Para qué querrá alguien como yo un reloj? ¡Una sucia y asquerosa vagabunda como yo!

Aquello me pilló por sorpresa, no había esperado una reacción tan violenta. Agaché la cara, que ardía de vergüenza, sin saber qué hacer. En aquel momento pude ver con más detalle lo que había en el carro de la anciana. Por un lado tenía algo de comida, una manta, unas botellas, el paraguas que acababa de recoger… pero el reloj lo había colocado en otro “compartimento” del carro que estaba separado por un trozo de cartón. Allí, aparte del reloj, tenía una guitarra sin cuerdas, un jarrón partido por la mitad, unas gafas sin una lente y otros cuantos objetos que no alcancé a distinguir.

La curiosidad hizo que momentáneamente me olvidase del bochorno que estaba pasando y le preguntase para qué quería todos esos objetos. Ella me miró burlona.

— Vaya, un chico de provecho como tú no es capaz de entender para qué quiero estos cacharros eh ¡Ja! —aquella anciana me estaba volviendo a sacar de mis casillas.

— Tonterías —le dije—, esas cosas no sirven para nada, no sé por qué pierdo el tiempo con estupideces.

— Sí, ya conozco la mentalidad que tiene la gente como tú— respondió ella enfadada—, utiliza algo hasta que te sirva, luego ¡tíralo! Menos mal que estoy yo aquí para rescatarlos…

La escena empezaba a llamar la atención de los demás transeúntes, así que empecé a dirigirme disimuladamente hacia la boca de metro, actuando como si aquello no fuese conmigo. La anciana, mientras tanto, seguía enfrascada con su discurso. “Fíjate en ese pobre reloj que acabo de rescatar, después de tantos años de buen servicio ¿cómo se lo agradecen? ¡A la basura!”. Afortunadamente aquella loca ya no se dirigía a mí, caminaba sin rumbo fijo, hablándole a alguien que solo ella podía ver. A medida que bajaba las escaleras de la boca de metro alcancé a oír los últimos gritos de la anciana. “En el momento que no cumplas tu función te tirarán a la basura, hay millones como tú que harán exactamente lo mismo ¡Nadie notará la diferencia! ¡No sirves para nada!”.

 

Pasadas unas semanas, el jefe de mi departamento me llamó a su despacho. Había superado el récord de ventas anual de la empresa y el director ejecutivo en persona bajó a felicitarme. “Enhorabuena, chaval, ojalá todos los empleados fueran como tú. ” me dijo. Pero no lo eran. Solo yo había sacado la carrera con matrícula de honor. En mi primer mes de trabajo vendí tanto o más que el empleado más experimentado. Además, no sólo era muy bueno en mi trabajo, lo había dado todo por él y, por fin, se me empezaba a reconocer por ello. Sin embargo no estaba disfrutando esos momentos tanto como hubiese imaginado. “Hay millones como tú… nadie notará la diferencia” ¿por qué me venían esas palabras a la mente? No era cierto “yo soy diferente” pensé “sin mí esta empresa se iría al traste, no duraría ni un mes”. Sin embargo, pasaban los días y no podía deshacerme de esa incómoda sensación, tenía las palabras de la anciana clavadas en el cerebro “¡No sirves para nada!”. Yo sabía que era mentira, pero el pensarlo no era suficiente, tenía que demostrármelo.

Así que decidí dejar de ir a trabajar durante un mes.

Alegué problemas personales, dije que un pariente cercano había fallecido, por supuesto utilizaría mis días de vacaciones para cubrir la ausencia. No pusieron muchas pegas. “La empresa te echará de menos” dijo el jefe.

Pasado el mes volví a la oficina eufórico, estaba seguro de que no habían alcanzado los objetivos mensuales y de que estaban deseando verme entrar por la puerta. Sin embargo, nadie se volvió a mirar cuando entré. La rubia de recursos humanos me saludó sonriente, como lo hubiese hecho cualquier otro día a cualquier otra persona. Mi jefe me preguntó por las “vacaciones” y, sin esperar a oír una respuesta, me invitó a pasar a su despacho. Me presentó a mi nuevo compañero de ventas, un joven muy prometedor que lo estaba haciendo bastante bien “Sin duda su contribución ha sido esencial para superar las previsiones de este mes” dijo el jefe orgulloso. “Hay millones como tú” parecía que decía.

Ese mes anduve bastante desanimado y no cumplí mis objetivos. Nadie me dijo nada, dieron por hecho que estaba pasando un mal momento debido a la reciente pérdida de un pariente cercano. El siguiente mes fue peor, no conseguí cerrar ni una venta. “No sé qué le pasa” me dijo el jefe en su despacho “tiene que conseguir centrarse por su bien y por el de toda la empresa”.

Al mes siguiente me despidieron.

No me afectó demasiado, ni siquiera me molesté en buscar otro trabajo. ¿Qué sentido tiene esforzarse en hacer algo? ¿Quién va a notar la diferencia? Ahora me gusta caminar y observar, como si el mundo fuese un teatro y yo un espectador ajeno a todo. Hoy, sin darme cuenta, he acabado en la basura donde me encontré a aquella vagabunda. Qué irónico. Mientras estoy aquí parado observándola veo que alguien ha tirado un reloj. El típico reloj que uno encuentra colgado en la cocina de una familia normal y corriente, con la diferencia de que éste no funciona. Me acerco, lo recojo y lo meto en la parte de atrás de mi carro.

Menos mal que estoy aquí para rescatarlo.

Comentarios

  1. Profile photo of VIMON

    VIMON

    26 noviembre, 2012

    Excelente relato, Jon, y muy bien narrado. Felicitaciones y mi voto.

  2. Profile photo of Beatriz

    Beatriz

    26 noviembre, 2012

    Muy bueno Jon, a cualquiera nos puede pasar eso, tan sólo con perder la ilusión, la fe en uno mismo, todo se puede derrumbar en un segundo, a veces sin que pase eso. MI voto, Un beso.
    Bea

  3. Profile photo of Julieta Vigo

    Julieta Vigo

    26 noviembre, 2012

    La eterna creencia de pensar que somos irremplazables, que sin uno las cosas no funcionan.

    Me gusta el ritmo de la narración, así como la descripción de los personajes a través de sus palabras.

    ¡Enhorabuena, Jon!

  4. Profile photo of Per

    Per

    26 noviembre, 2012

    Muy bueno, la pura realidad de la obsolescencia programada… Somos un número. Es lo mismo que le sucede a uno de los personajes de mi novela, casi lo mismo, un winner que se vuelve el peor loser, m ha encantado como pintas la situación ,a caida podrías haberla hech menso brusca, carilla más, aumentando la agonía, pero eso va en guatos, voto seguro, gracias x la historia!

  5. Profile photo of LUCIA UO

    LUCIA UO

    26 noviembre, 2012

    Me encantó. Un relato que nos hace reflexionar.

    Ponerse en el lugar del otro y ver las cosas desde su perspectiva.
    Es verdad que nadie es imprescindible, aunque nos cueste aceptarlo, muchos podrán hacer igual o mejor nuestro trabajo. Y la vida sigue unos vienen otros se van.

    Un gran abrazo y mi voto

  6. Profile photo of GustavoDelToro

    GustavoDelToro

    27 noviembre, 2012

    Qué excelente relato. Me ha gustado mucho ¿Una lección de vida? Tal vez, esa sensación cuando crees que nadie puede ocupar un lugar que otro ha dejado. Me has traído muchos pensamientos a mi mente. Me dejas gratamente sorprendido.

    Te doy mi voto y ya te sigo, para no perder uno solo de tus textos.

  7. Profile photo of Richard

    Richard

    27 noviembre, 2012

    Hola Jon.
    El relato es muy bueno, prolijamente narrado. Con mucho de realidad.
    Tan solo no comparto la actitud del protagonista cuando es despedido, si es que me permites la opinión.
    El relato es realmente bueno. Llegas a presenciar el dialogo con la anciana.
    Saludos y voto. Un 9,

    • Profile photo of Jon.Igual

      Jon.Igual

      27 noviembre, 2012

      Gracias por tus palabras Richard. Tus opiniones son más que bienvenidas. Yo tampoco comparto su actitud, pero para él era lo más importante de su vida, lo único que le daba satisfacción. O eso quise transmitir… Un abrazo.

  8. Profile photo of

    volivar

    27 noviembre, 2012

    Jon Igual: me ha gustado mucho tanto el tema que desarrollas con un estilo muy atractivo, como ese excelente diálogo. Te felicito; algo para estudiarlo y aprender a escritor con esa delicadeza, con todo eso que hace que el lector haga a un lado su refresco o su taza de café, para leerlo, y no al revés, que primero se tome su café y luego si le queda tiempo, leerlo. Mi voto, el que tiene el honor de enviarte a portada.
    volivar

  9. Profile photo of Patricia-Duboy

    Patricia-Duboy

    27 noviembre, 2012

    Demasiada realidad en este relato, por desgracia creo que estamos mentalizados y sabemos que en cualquier momento, estamos a un lado, lejos del lugar que ocupabamos una vez.
    Un abrazo

  10. jose maria s alfonso

    27 noviembre, 2012

    Este texto abunda en las vueltas que da la vida, me ha gustado el planteamiento.
    Buen relato, conbinando bien los diálogos, la acción y las descripciones.
    Mi voto, felicidades

  11. Profile photo of halize

    halize

    27 noviembre, 2012

    Estupendo relato y magnífica enseñanza.Te doy mi voto,Jon.Un abrazo.

  12. Profile photo of Jon.Igual

    Jon.Igual

    27 noviembre, 2012

    Muchas gracias por vuestros comentarios, se agradecen y dan ánimos para seguir escribiendo.

    • Profile photo of Jon.Igual

      Jon.Igual

      29 noviembre, 2012

      ¡Gracias Alex! Ya he visto que me has dejado un comentario en el blog, gracias por pasarte. Yo también te sigo.
      Un abrazo.

  13. Profile photo of coinup(Nicolás)

    coinup(Nicolás)

    28 noviembre, 2012

    Jon Igual, haces alarde de un gran poder narrativo. Tu relato me ha cautivado. Te dejaría dos votos, sin embargo sabemos que tendrá que ser uno.

    Un abrazo,

    Nicolás

    • Profile photo of Jon.Igual

      Jon.Igual

      29 noviembre, 2012

      Gracias por tus palabras Nicolás, no te preocupes, con un voto me sobra, lo importante es que te haya gustado.
      Un abrazo.

  14. Profile photo of T.H.Merino

    T.H.Merino

    1 diciembre, 2012

    Buen relato, Jon, con extraordinaria cadencia narrativa. Un abrazo y voto. T.H.Merino

  15. mafalda

    1 diciembre, 2012

    A la que has dado una lección es a mí. bueno en realídad, tódos los de Falsaria. Si pudieraís editar en formato de papel, al carajo que iban los consagrados. Un beso y mi voto, Jon.

  16. Profile photo of

    Gödel

    22 enero, 2013

    Insisto, lo escrutable de la Literatura, de las letras, para vislumbrar lo humano de nuestras necesidades. Excelente tu texto.

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