Los deberes

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    No cuesta mucho llegar a esta conclusión: una vez muertos los dioses, el infierno desaparece con ellos. Es sencillo. Sin embargo, nadie en el comité formado por los altos cargos de los monopolios energéticos e industriales, los directivos de los mayores centros comerciales, las compañías de comunicaciones, los bancos y las autoridades políticas, había pensado en ello hasta que el director hizo la preguntita de marras:

    —Como sabe cualquiera que no limite su interés acerca del estado de las cosas a la sección de deportes, crece el descontento entre los ciudadanos, nos maldicen, están atemorizados por las políticas de austeridad de las que nos culpan y se niegan a vivir por encima de sus posibilidades; así que la pregunta es: ¿han pensado ya en alguna acción para contrarrestar sus karmas, alguna penitencia?

    No hace falta decir que esto los cogió a todos por sorpresa. Aunque el Sr. Urquijo supo salir airoso, como de costumbre:

    —Tiene toda la razón, Sr. Director, y me atrevo a decir que sí, que le he estado dando un par de vueltas aunque no consigo decidirme aún por ninguna acción en concreto… Quiero decir que encuentro necesario que realicemos una investigación conjunta, con la colaboración de todos los departamentos, si es posible, con la que podamos determinar primero qué se desea lograr y, sólo entonces, sabremos exactamente qué herramientas debemos poner en juego.

    —Déjese de investigaciones, Sr. Urquijo. Estas acciones han de ser individuales. Concéntrense en el propósito de las mismas. Queremos formar empresas y organizaciones muy lucrativas, dijeron; queremos mayores márgenes, dijeron; y ahora queremos todo un sistema de información cuya finalidad sea la de crear un impulso de consumo; ah, y no nos olvidemos de las élites: que el consumidor considere en todo momento que el consumo es el medio de acceso a las altas esferas. Pues ya lo tienen; tienen todo lo que pidieron. Y ahora yo les pregunto: ¿qué van a hacer ustedes para contrarrestar el efecto que su codicia tiene en sus ya insalubres karmas?

    —Bueno…— comenzó tímidamente la Sra. Carbonell — Yo he pensado que, bueno, como… En fin, ya saben que nuestra empresa es líder en seguidores en las redes sociales y demás, pues eso, que se me ha ocurrido que podríamos llenar la red con mensajes esperanzadores y de amor al prójimo y tal…

    —¿Qué clase de mensajes esperanzadores?— quiso saber el Sr. Ponce—le pregunto porque, ahora que menciona usted esto, yo había pensado en hablar con un amigo mío que sabe de diseño y pedirle que montara una web y había pensado también en pedirle que hiciera circular por ahí una newsletter de ésas…

    —Ya, muy parecido a mi sugerencia…

    —Bueno, sí, pero en medios algo distintos— aclaró, algo apurado, el Sr. Ponce, sintiéndose acusado de plagio ya en su primera intervención de ese día—y seguro que en los mensajes diferimos porque yo estaba pensando en algo así como “Esto lo arreglamos entre todos”… La verdad es que aún no he madurado la idea pero sería más o menos algo así; no es lo mismo que lo suyo, ¿no?

    —No… Yo tenía en mente fotos de perritos, gatitos y bebés, o de todos ellos juntos, haciéndose cucamonas, ya saben, cosas que nos traigan a la mente lo mejor de todos nosotros, o, mejor dicho, de ellos mismos; algo que les dé motivo de orgullo y, como he dicho al comienzo, esperanza… Y humanidad también.

    —Está bien.— concedió el Sr. Director —Veo que han seguido el hilo de mi idea. ¿Alguien más?

    —Bueno… Como saben ya todos, nuestros grandes almacenes han sufrido unos cuantos EREs, lo cual nos ha dejado en bragas ante la opinión pública. Nosotros hemos intentado paliarlo con estrategias de marketing, cosas parecidas a las propuestas de la Sra. Carbonell y el Sr. Ponce —sostuvo, con una pirueta ocular, la mirada a ambos pese al incómodo ángulo de sesenta grados que formaban entre sí; esto les iba a hacer daño — sólo que en nuestro caso atendíamos más al amor interfamiliar y al orgullo que los hijos de buena salud, bien alimentados y, ante todo, bien arropados por sus seres queridos, despiertan habitualmente en los padres, pero hemos llegado a la conclusión de que a estas alturas ya nada de este estilo puede funcionar … Además, nada puede contra el mal karma ya que, con este tipo de medidas, sólo intentamos potenciar, de nuevo, el consumo, por lo que no respondemos a su pregunta, Sr. Director.

    —Excelente observación, Sr. Hidalgo. ¿Qué medida innovadora propone usted entonces?

    —Dejarnos robar.

    Los miembros del Comité capaces de emitir sonido en su desconcierto sólo exclamaron, al unísono, una palabra: ¿Qué?

    —De forma controlada… No se alteren.

    —Explíquese— exigió la vieja Sra. Sainz de Aristegui.

    —Es más sencillo de lo que parece y, desde luego, menos dañino. Se trata de que el sistema legal contemple la posibilidad del hurto, por cantidades menores a la que estipulemos, y me sirvo de mi turno para proponer los 100€ como límite, sin que el delincuente deba ser sometido a juicio o cumpla pena alguna. Además, hemos comenzado ya a colocar estratégicamente nuestros mostradores y vitrinas de refrescos y snacks para alimentar la ilusión de que son fácilmente consumibles por completo dentro del recinto y dando facilidades para deshacerse del envase antes de llegar a caja y evitando, por tanto, el pagar por ellos…

    —Lo que usted pretende es incitar al crimen.

    —En absoluto, Sra. Sainz, lo que yo pretendo es dar al consumidor cierta sensación de rebeldía, de inconformismo, mientras siguen pagando el grueso de su ticket de compra.

    —Interesante punto este de la rebeldía— concedió el Sr. Director — me parece muy acertado… Podría aplicarse en otras áreas, ¿no? ¿Podría, por ejemplo, usted, Sra. Carbonell, trabajar en torno a esta idea en las redes?

    —Sí… Supongo… Bueno, ahora mismo se me ocurre, por ejemplo, organizar unas páginas en las que se ridiculice nuestro comité y…

    —¡Podríamos incluso organizar protestas y manifestaciones!— interrumpió exaltado el Sr. Ponce — Perdón, Sra. Carbonell, por mi exabrupto… Es que de pronto le veo a esto tantas posibilidades… No sé… Podríamos hasta organizar un sistema de salud pública o… Qué se yo… Educación gratuita… No, no, no, ésta es aún mejor: ¡un subsidio por desempleo!

    Los miembros del comité permanecieron mudos, mirándose las manos, esperando que el director practicara uno de sus despidos inmediatos. Pero mantuvo la misma expresión y, tras pocos segundos en silencio, sólo apuntó:

    —Bien. Espero que todos hayan tomado nota y que a la reunión del mes próximo traigan los deberes hechos; quiero los primeros resultados de la puesta en práctica de estas acciones… Ah, por cierto, ¿cómo piensan denominar esta campaña?

    —¿Qué tal “Estamos de su parte”?— Propuso la Sra. Carbonell

    El director no hizo ademán de haberla escuchado. Miraba fijamente al Sr. Ponce que había entendido perfectamente que había sido elegido para el bautizo. Pensó unos segundos más, con su cara de pensar fingida, la del ceño excesivamente fruncido, como en un caso grave de estreñimiento. A nadie le cupo duda de que el hombre traía el nombre de la campaña pensado de casa. Por fin se decidió a compartirlo:

    —Estado de bienestar.

    El Sr. Director asintió y dio por finalizada la reunión, habiéndoles recordado de antemano que la próxima semana discutirían la campaña de Navidad que, según las notas, giraría ese año en torno a una superpandemia. Sólo faltaban unos meses y había mucho, mucho trabajo por hacer.

    Al salir de la sala de juntas se podía oír al Sr. Ponce comentar al Sr Urquijo:

    —Madre mía… ¿Se imagina? Si hasta podríamos hacer una especie de amnistía fiscal para las PYMES.

    Comentarios

    1. VIMON

      28 noviembre, 2012

      Jaute, tu lo cuentas como un relato de ficción, pero yo creo que no esta lejos de la realidad con la que se manejan las grandes empresas. Algo muy parecido están ya haciendo los grandes industriales y los banqueros de Wall Street. Un saludo y mi voto.

      • Jaute Louve

        28 noviembre, 2012

        Gracias por el voto.
        ¿No resulta sobrecogedor cuando la ficción casi consigue superar a la realidad?
        Un saludo

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