María, la mudita

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MARÍA, LA MUDITA

MAFALDA

Nadie sabía su verdadero nombre; nada más la conocían como María. Tampoco sabían su edad; por el examen médico que le practicaron cuando llegó al convento, se suponía que tendría unos seis u ocho años.
Estaba sucia, aterrorizada, agarrada a su muñeca de trapo, de la que jamás se separó.
Por el examen médico se conoció otro detalle más aterrador:
¡Varios hombres la habían violado anal y vaginalmente!
De ahí, su confusión mental y el permanente mutismo que inquietaban a los demás.
Las monjitas hicieron hasta lo imposible para encontrar a algún familiar de María, la Mudita. Sin embargo, no obtuvieron resultado alguno.
La madre superiora no paraba en sus investigaciones; hasta había ido a solicitar ayuda de la policía.
-Madre Soledad –le informó el Comisario Jimeno-, es imposible saber algo de los familiares de la niña.
-Pero, ¿nadie ha pedido información sobre una pequeñita perdida, Comisario?
-¡Reverenda, mire usted la cantidad de expedientes que tenemos en esta mesa sobre niños y niñas con antecedentes parecidos a los de María, la Mudita! Tenga en cuenta usted la guerra tan cruel que hemos pasado, y la cantidad de criaturas que ha privado de sus padres. Mi consejo, madre Soledad, es que ustedes se queden con ella, y que la traten con todo el cariño del mundo; que intenten darle educación, dentro de los límites de su traumatizada mente. Por suerte, ha ido a parar a su convento y no ha otro sitio.
-Bien, así lo haremos, Señor Jimeno.
Y María fue la niña mimada del convento, donde creció despreocupadamente, por lo menos en apariencia, porque seguía sin poder emitir palabra alguna y sin soltar su muñequita de trapo.
-¿Nunca volverá ha hablar? –preguntaba muy inquieta la Madre superiora, cuando iban a visitarla los doctores.
-No lo sabemos; ya conoce usted el calvario que vivió. Déjela tranquila. -Le aconsejó una vez el Doctor García.
-Eso mismo le sugirió el Comisario que llevó el caso de María.
Ésta creció y estudió enfermería, especializándose en cirugía, llegando a ser Enfermera-Jefe de cirugía. Mas, seguía sin hablar, aunque era muy obediente, valiente, y aceptaba colaborar en intervenciones difíciles, tales como cánceres o amputaciones; casos rechazados por las otras enfermeras.
Además, era especialmente cariñosa con los niños, con los ancianos, y, sobretodo, con las ancianas, porque quizá en ellas veía el reflejo de una madre que no había tenido.
Pasó el tiempo, y uno de los médicos, el Doctor López, se enamoró de la joven; le decía “Belinda”, por su mutismo permanente. Al principio, tímidamente el doctor había empezado ha cortejarla, y ante el asombro de todos, María le había correspondido.
Es de hacer notar que no era la primera vez que los médicos se enamoraban de ella, pero siempre los había rechazado con firmeza.
Cierto día, empezó ha investigar por su cuenta sobre el paradero de sus padres, enviando telegramas a sus antiguos compañeros de clases, que ahora trabajaban en diversos pueblos, pero nadie le había sabido dar respuesta alguna favorable.
Y el Doctor López, el amor de la joven enfermera muda, habló con sus padres sobre su novia.
-¡Que no te puedes casar con ella, Germán! ¡Es un animalito abandonado, tiene un gran trauma por haber sido violada!
-¡Miren, o me caso con ella o con nadie!
Y al ver a su hijo muy disgustado y decidido, accedieron a sus pretensiones y la pareja se casó, causando gran alegría entre las hermanas del convento.
Pero, a pesar de su felicidad, María seguía sin poder emitir palabra alguna.
Una vez, un hombre prematuramente envejecido llegó a la consulta privada del Doctor López. Lo habían enviado de la fábrica donde trabajaba, y al ver a la joven que auxiliaba al Médico, al bordo de un colapso nervioso, gritó:
-¡María, tú eres mi pequeña niña! Te reconozco por ese lunar que tienes en el cuello, en forma de una estrella, similar al de todos los de tus antecesores de parte de tu padre.
Efectivamente aquel hombre era su padre, quien, en la guerra había caído preso de los Nacionales, quien después de muchos trámites y de terribles sufrimientos regresó a su casa, pero se encontró con la fatal noticia de que los soldados enemigos salvajemente habían matado a su mujer, y que había desaparecido su pequeña hijita, cayendo el hombre en una profunda depresión.
Sin embargo, tomando fuerzas de flaqueza, abandonó su pueblo y emigró a la ciudad, donde buscó trabajo en la fábrica en donde, al estar enfermo, lo habían mandado, increíblemente al encuentro de su hija.
-¡Paa-ddrre!- entre sollozos musitó María.
¡Había recuperado en don de hablar!
Con el paso de los meses, y al cuidado de dos hombres, su padre y su marido, fue una madre feliz de dos preciosos niños

Comentarios

  1. LUCIA UO

    26 noviembre, 2012

    Me encantó tu relato.
    Una triste historia con final feliz. La guerra y todas las secuelas que conlleva.
    Todo el dolor y vejaciones a los que se es objeto. Realidades que se repiten a cada segundo en todos los lugares del planeta.
    Un gran abrazo y mi voto

    • mafalda

      27 noviembre, 2012

      Lucia, VImon, VOlivar, Cenicienta y 1000Lunas, si es cierto, ocuerre en todas las guerras. Y en la vida cotidiana, también por desgracia. Un beso, a todos por comentarme.

  2. VIMON

    26 noviembre, 2012

    Muy bonito relato, Mafalda. Un abrazo y mi voto.

  3. volivar

    26 noviembre, 2012

    Mafalda:un cuento muy hermoso, aunque el tema es deprimente, pero lo has sabido realizar de una forma magistral… ese estilo directo, limpio, con ese final tan hermoso, solo lo logran los grandes,y por este relato te felicito inmensamente. Sigue así, querida,que seguramente ya nadie te para en esto de escribir muy bellamente.
    Mi voto
    Volivar

  4. María del Mar

    26 noviembre, 2012

    Querida amiga, Mafalda; estremecedor relato que narra las vicisitudes de una inocente niña en manos de unos salvajes. Gracias a Dios pudo encontrar el verdadero amor de un buen hombre y se reencontró con su progenitor. Bello mensaje, Dios nunca abandona a sus hijos.
    Feicidades. Un abrazo y mi voto.

  5. 1000Luna

    27 noviembre, 2012

    Una historia dura la de María y su familia. Me gustó y más ese final feliz después de tanto sufrimiento.

    Un saludo y mi voto.

  6. cesar25casa

    30 noviembre, 2012

    Muy buen relato amiga mafalda, me gusto mucho. Felicidades y mi voto.

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