Hace noches que platico con mi almohada, le cuento de ti, de tus besos, de tu voz.
Podría decir “No sé ni cómo sucedió, cuando acordé ya nuestros labios se habían encontrado”, pero no es así, sabía perfectamente que sucedería, en un porcentaje menor con el que suelo vivir, pero algo dentro de mí me lo advertía.
Coqueteábamos con el miedo del “¿qué dirán?” y “¿qué tal si ni le gusto?” pero ahí estábamos, sonriéndonos y cada minuto que pasaba, nos acercábamos un poco más. Cierro los ojos. Me sitúo en aquella madrugada del lunes. Estábamos frente a frente, nos separaba medio metro y la incertidumbre. Cerró los ojos y cuando los abrió de nuevo nos miramos fijamente. Sabía que sucedería y sé cómo sucedió, pero necesito más concentración. Respiro profundamente. Le sonreí y lo tomé por el cuello, sin pensarlo más, se acercó a mí y nuestros labios, FINALMENTE, se encontraron. Había anhelado tanto ese momento.
El cuerpo entero me temblaba, hacía tanto tiempo que no me pasaba. Suspiro. Estoy segura que él también moría por vivir esos segundos. Me sentó sobre la mesa, lo enredé con mis piernas, me tomó por la cintura y sentí orugas en el estómago. Sí, orugas. Como cuando sientes mariposas en el estómago, pero por alguien prohibido, no correspondido o despectivo. No pensaba en otra cosa mas que tenerlo por el resto de la noche.
-¿Y si nos vamos de aquí?
-¿A dónde? – contestó en tono cansado.
-A un lugar más cómodo. No estamos en una película porno. La mesa no es lugar más adecuado. Necesitamos más.. privacidad.
-¿Privacidad?
-¿Vamos o no?
-No puedo decir que no, eres como… tan.. No sé, me encantas.
Al llegar a su departamento supe que no era la mejor decisión que había tomado en mi vida, pero qué más daba, ambos lo queríamos.
Me besó el cuello y comenzamos a desnudarnos poco a poco. No había hora de llegada, no había nada que pudiera interrumpirnos. Besó suavemente mis hombros para ir bajando despacio hasta llegar a la altura de mis pechos y… Respiro. Inhalo. Exhalo. Abro los ojos.Como si fuera la primera vez. Me senté sobre él y juré que jamás terminaríamos de besarnos, parecíamos eternos. Fui tan suya y fue tan mío, que cada vez que cierro los ojos y pienso en él, un escalofrío recorre mi espalda.
-¿Sabes por qué me encantas?
-No.
-Por que tienes cara de niña buena, pero eres más cabrona que muchas.
-¿Crees que era justo que me pusieran el cuerno?
-No, si yo hubiera sido tu novio, jamás te lo hubiera puesto.
-Bueno, no lo eres.
Me abrazó. Lo besé. Nos tuvimos. Nos tenemos.
Cada vez que lo veo, siento esas malditas orugas recorrer mi estomago, pero entonces recuerdo que son orugas, no mariposas. No es justo que yo quiera sentir algo por él, aunque sea simple atracción. Lujuria. Pero si me llama esta noche y me pide hacerme suya, con gusto aceptaré la propuesta.


LUCIA UO
Me encantó.
Escribes hermoso. Muy sensual y tierno al mismo tiempo.
Un abrazo y mi voto.
Lot Alkef
¡Ja! Pobre del novio…
Tienes mi voto.
Alejandro.Romera
Me gusta tu mezcla de tiempos verbales.
Un abrazo y un voto