Aquella mujer que esperaba conmigo el ascensor tenía los ojos tristes de un pequinés y yo —pendiente del ERE— un día de perros, así es que ni le cedí el paso ni saludé. Dentro de la cabina se giró recriminatoria, con cara de bulldog, para ladrame un «buenos días». Me acobardó, me sentí descortés, pillado en falta. Al llegar al nivel de las oficinas, reculé con el rabo entre las piernas. No era necesario ser un sabueso para caer en la cuenta de que era la nueva directora de personal. El dóberman del jefe.
lalenguasalvada

LUCIA UO
ja ja ja.
Así las cosas, no queda de otra.
Me hiciste reír.
Un abrazo y mi voto
bearui
Muy buena la comparación con los perros. Mi voto. Un beso
VIMON
Buen micro. Saludos y mi voto.
volivar
Lalenguasalvada: excelente,como siempre, y te felicito.
Mi voto
Volivar
halize
Simpático microrelato.Mi voto para tí.
antoniosib
Me ha hecho reír y pensar, te doy mi voto
spanjaard
Muy bueno, colega. Ahí va el voto. Encantado de saludar (te añado a mis autores a seguir)