Recursos caninos

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    Aquella mujer que esperaba conmigo el ascensor tenía los ojos tristes de un pequinés y yo —pendiente del ERE— un día de perros, así es que ni le cedí el paso ni saludé. Dentro de la cabina se giró recriminatoria, con cara de bulldog, para ladrame un «buenos días». Me acobardó, me sentí descortés, pillado en falta. Al llegar al nivel de las oficinas, reculé con el rabo entre las piernas. No era necesario ser un sabueso para caer en la cuenta de que era la nueva directora de personal. El dóberman del jefe.

    Comentarios

    1. LUCIA UO

      13 noviembre, 2012

      ja ja ja.
      Así las cosas, no queda de otra.
      Me hiciste reír.
      Un abrazo y mi voto

    2. bearui

      13 noviembre, 2012

      Muy buena la comparación con los perros. Mi voto. Un beso

    3. volivar

      13 noviembre, 2012

      Lalenguasalvada: excelente,como siempre, y te felicito.
      Mi voto
      Volivar

    4. halize

      13 noviembre, 2012

      Simpático microrelato.Mi voto para tí.

    5. spanjaard

      14 noviembre, 2012

      Muy bueno, colega. Ahí va el voto. Encantado de saludar (te añado a mis autores a seguir)

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