“Por favor, ven, ven a verme, aunque sea para decirme que has aceptado la propuesta del hombre que odio, que te vas esta misma tarde a dormir con él y que le vas a decir a tu mamá lo degenerado que soy”
Andrés Caicedo. Carta escrita a Patricia, antes de suicidarse.
Qué estarás haciendo ahora, justo ahora, que limita mi agonía en la garganta, esta horrible nostalgia me cala en el alma. Y qué será pues de mí, sin la misma idea de tu abierto odio que se convierte en mi odio, en mi estúpido odio por ti, por mí, por él. Porque después del efecto de los tranquilizantes y del alcohol, sólo vienen tus recuerdos, tu risa, tu aire, tu perfume y todo eso junto me produce un odio constante a ti, sólo a ti, pero también a mí, y sobre todo a él. Ese hombre casi perfecto, que ahora abrazas y besas. Y, entonces vuelvo a los tranquilizantes y el alcohol. Estoy tan solo ahora, tan solo, que te odio por mi misma soledad.
Son las tres de la tarde y estoy mirando el cielo panza de burro que se ilumina con mi tristeza, aunque decir “ilumina” es sólo parte de mis aburridas lágrimas. Tengo en mi mente tu adiós. Ay, esto tan triste que no me importaría de nuevo nada.
He intentado todo, te lo juro, pero nada funciona. Nada. Un par de niños juegan y no me ven, los lentes oscuros se han vuelto casi parte de mí, no salgo de acá, he dejado todo. Sólo quiero que vuelvas, pero sé que eso es imposible, y en el acto más cruel y cobarde, he comprado un pasaje para Argentina en los días que posiblemente vuelvas a esta horrible ciudad. Porque sé que al verte te odiaré más, aunque al odiarte, te ame, y te arrastre siempre en mi alma borracha. Dónde estarás a estas horas, quizás con él, aburriéndote, y yo acá odiándolos.
Un suave aire danza en mi delante, y yo tan melancólico, te escribo esta carta en los pocos momentos sensatos que tengo, digo pocos, porque casi siempre estoy ebrio o durmiendo. Sí, siempre yo, tan idiota, tan poco hombre y cobarde, pero que se va ser, tampoco quiero que con esta carta, que quizás jamás leas te produzca pena, eso es lo último que quiero producir, sólo quiero que sepas de mí, de mi amor roto, de mi rodilla mala, de mis penas y mi dolor. Pero sobre todo, de mi abierto odio por ti y por todos. Aunque aceptar eso, acepto que te odio y te amo o te amo y te odio, ya en estos momentos no tiene mucho sentido estos sentimientos encontrados.
¿Te quitaste el diente? No lo sé, serías tonta. Es encontrar la imperfección en algo perfecto, eres perfecta, y ese diente es lo único que alivia a creer que no eres un ángel. ¿Ya hiciste el amor con él? Así, como nosotros, no lo sé, no sé si le dirás entre las sabanas lo que conmigo decías, no sé si fumará, como yo lo evitaba. ¿Ya han planeado un viaje? Yo he planeado un viaje, por supuesto solo, porque solo siempre he estado, o siempre estaré, porque creo que en este estado de soledad siempre quedaré, sin ti. Quizás deje de odiarte algún día y me mate. He intentado tremenda hazaña, pero he sido incapaz. Soy un tonto.
Sólo me queda decirte que vengas, que vengas, que vengas, pero en el fondo de mis lágrimas sé que no vendrás y que me ilusiono por las puras, quizás deba hacerle caso a Daniela, que me dice que me mude con alguno de mis familiares, pero no quiero, quiero estar acá solo, hundirme en mi propio dolor, para no contagiar a nadie este horrible ardor del alma roja que tengo.
La otra vez fui a la iglesia porque soy padrino de bautizo de mi sobrino, y he mojado mis dedos con agua bendita y ha sido inevitable pensar en ti, cuando en un acto de pacto, bendecimos nuestros anillos plateados como nuestros sueños, perdiste el anillo y rompiste el pacto, también mi corazón.
No diré nada más, porque sé que no leerás esto, ni absolutamente nada de lo que escriba. Me iré a dormir un rato a extrañarte y odiarte de nuevo. Odiarte por que hacerlo es una forma rara de amarte.


JANIAL
Sí, el amor es bello, como la amistad, mientras dura. Pero únicamente la soledad es eterna con el hombre, como el binomio amor-odio, que tan bien has sabido reflejar. Lo dijo y yo lo suscribo, Orson Welles. Voto va. Ah, por cierto, sí lo leerá, siempre acaban por leerlo. Tal vez se encoja de hombros o sonría o suelte una lagrimita -con ellas nunca se sabe- y volverá, como todos, a su soledad en compañía.
LUCIA UO
Desgarrador.
Un gran abrazo y mi voto
VIMON
Un escrito muy apasionado, Eduardo, el amor, que todo lo construye, también puede destruirlo todo. Un abrazo y mi voto.
Soraya
Tú hacer que del desamor se contruya algo bello. Un abrazo.
Martha Molina
Maravilloso, sentimientos mezclados que sucumben el corazón de una persona que ha sufrido el desamor.
Mi voto y un abrazo.
Lidyfeliz
Siempre esas terribles palabras de nostalgia por un amor perdido, tan bellamente escritas, Eduardo. Te felicito. Mi voto
Amerika
El amor todo lo puede…construir y destruir. Bello relato aunque desesperado.
Mi abrazo y mi voto