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Supongo que la pasión quema sus entrañas, pero no se atreve a manifestarlo abiertamente. Tal vez se diga: “¿Qué pensaría?” Lo entiendo. A fin de cuentas no soy más que un desconocido. Está desnuda al lado de un hombre, a su vez, desnudo y extraño, un hombre distinto de aquel muchacho indeciso y timorato de cuando partió. No puede adivinar qué pensamientos transitan mi cabeza y eso la inmoviliza. Pienso que, aunque estallara de deseo, no tomaría la iniciativa. Aunque su cabeza no pare de dar vueltas para encontrar un modo de atraerme, de avivarme el deseo.
Las sombras han desaparecido y ahora la luz inunda por entero el cuarto.
Se levanta desnuda. Evoluciona sin objeto de un lado a otro de la habitación produciendo ruido. Quiere llamar mi atención. Inútil. Yo miro de soslayo, sin mover la cabeza. Dos o tres veces se ha vuelto para sorprenderme desde ángulos distintos, pero permanezco quieto mirando al techo, respirando con absoluta normalidad.
Vuelve a tumbarse a mi lado exhalando un profundo suspiro. Seguramente libera frustración.
Imagino que mi semblante toma tintes sombríos al proyectar las imágenes de la primera vez que apreté el gatillo del máuser con un objetivo cierto. Recuerdo vivamente la extraña sensación antes de que me atiborraran de coñac como premio por la misión cumplida. En aquellos duros momentos, había vuelto a aparecer en mi mente su cara dulce y burlona, indiferente. Un odio naciente comenzaba a transformar mis inocentes sentimientos. De nuevo hubiera deseado que estuviese allí, que me ofreciera su regazo, que consolara mi desazón, que, solidaria, se entristeciera conmigo. Pero nada de eso ocurrió y, poco a poco, la fui apartando de mí. Luché para percibirla ajena, para considerarla una muchacha más, extraña e indiferente a los males de mi espíritu. Me veo despertando de la embriaguez, percibiendo el zumbido de aquella confusión reinante en mi cerebro. No conseguía determinar si los hechos de la noche anterior habían ocurrido verdaderamente u obedecían al temor de que inevitablemente iban a ocurrir, que en algún momento tuviese que participar en una acción semejante. Cuando claramente logré discernir que los hechos habían ocurrido con toda su crudeza, sin remedio, vagué por el campamento como un perro abandonado y malherido. La busqué con desesperación, pero enseguida intenté desprenderme de esa imagen burlona que no lograba borrar de mi memoria. Me propuse romper la fotografía. Tal vez, me decía, logre conjurar el maldito hechizo. Pero, cada vez, la intención perdía fuerza al cabo de pocos minutos. Temía extraerla, tocarla, volver a ver, aunque fuese por un instante, aquella sonrisa burlona.
Se revuelve en la cama. Está inquieta y vuelve a levantarse.
—Prepararé café —dice, como si tuviera que justificar cada uno de sus actos.
Asiento con gesto imperceptible, aunque sé que ella no me mira. La observo por la espalda hasta que desaparece. No sé cómo exponer la esterilidad de mis sentimientos sin dañar los suyos. Hablar de una moral laxa forjada por las vivencias, decir que llegué a temer y a odiar su risa burlona inmortalizada en aquella fotografía ajada y amarillenta que me perseguía en los momentos difíciles, en los momentos de la más completa y aterradora soledad, cuando pedía que abandonara aquel semblante risueño e insolidario, que dejara entrever un mínimo estremecimiento.
Por momentos siento la picazón de la sarna que por entero cubre mi cuerpo. Reminiscencias. Sin poder rascarme. Embadurnado de pomadas amarillentas, oleosas, y tirado en un camastro junto a otros soldados hechos a golpes de marchas y máuseres. Dos meses. Dos largos meses aislado como un ser inmundo en aquel barracón mal ventilado y en penumbra. Ningún alivio, ni una sola palabra de algún ser compasivo. No, no es que hubiera deseado que ella me viese en aquel estado. Seguramente habría sentido escrúpulo de aproximarse, de tocarme, y yo habría visto dibujarse en sus labios un rictus de aprensión. En aquella ocasión deseé no exponerme a la vista de nadie, que aquella imagen espantosa no quedara en la retina de ninguna persona cercana.
Entra portando una bandeja con dos tazas humeantes. Su semblante expresa contrariedad. Aun así, al aproximarse esboza una sonrisa forzada, y dice:
—Esto nos recuperará. Querías contarme algo, ¿no?
Se sienta sobre la cama y cruza las piernas en equis por debajo de los glúteos. Me incorporo con lentitud mirando distraídamente el oscuro triángulo invertido que conforma su vello púbico. Examino después con frialdad sus redondeces. Ella nota esa mirada escrutadora, distante y se ruboriza. Se estremece, presiento que un escalofrío ha surcado veloz su cuerpo.
—Voy a ponerme algo, siento frío —dice justificándose.
—Tienes algo que contar —insiste más tarde, mirando hacia otro lado, en un intento de romper la tensión de este violento silencio que se cierne sobre nosotros.
—Sí, después… —titubeo tras tomar un trago de café.
Dudo. La duda se extiende y me envuelve. No sé exactamente que decir. No sé si quiero poner fin a esta relación que acaba de recomenzar o simplemente dejarla en suspenso. Lucho contra la indiferencia. Examino alternativas. Me hago preguntas y me doy respuestas. ¿Otra mujer? ¿Otra desconocida? ¿Qué puedo ganar? Al menos me ha esperado. Quizá me haya guardado fidelidad. Eso creo. ¿Qué puedo contar? ¿Sincerarme? ¿Infringir un daño inútil si la decisión se inclinara por el restablecimiento de la relación?
Sin embargo, pienso, no he sentido algo distinto a la eclosión del instinto animal, semejante al que experimenté con las mujeres que se entregaban por necesidad alimenticia, por apenas unas onzas de chocolate. Simplemente he apagado mi sed de sexo, a oscuras, sin ver su cara, solo sintiendo tenues y tímidos gemidos, espasmos y movimientos descontrolados en los instantes previos al orgasmo. En realidad, nada distinto. Quizá simplemente sea eso, y no haya que esperar más. Solo esa sensación de vacío postcoital idéntica a la sentida con las mujeres que poseí a cambio de comida. Tal vez haya alguna diferencia, algún matiz. Aquellas hembras, consumado el acto, abandonaban el camastro o el rincón oscuro y esta mujer en cambio ha permanecido quieta, acurrucada, buscando calor y solícita de caricias. Sin duda hay algo diferente que no logro concretar. Pero, ¿es suficiente?
—¿Me quieres? —susurra entrecortadamente interrumpiendo mis reflexiones.
Por primera vez la miro fijamente a los ojos e intento adivinar sus pensamientos. Apenas logra mantenerme la mirada. Sus labios tiemblan. Creo que está a punto de llorar… Enseguida, alcanzo la bandeja que aguanta en sus manos y la deposito en el suelo; después, la tomo por los hombros con desacostumbrada delicadeza y la deslizo con suavidad hasta dejarla tendida en la cama.
*Del libro de relatos “Algo que contar” 2011 T.H.Merino


bearui
Merino, hay mucha verdad en ese texto, reflejas muy bien las sensaciones de los personajes, ese desasiego y el desvalimiento después de la intimidad. Hace pensar..Genial. MI voto. Besos. Bea
Julieta.Vigo
El silencio y la inactividad del hombre crean inseguirdad en la mujer, la hacen sospechar que quizás las cosas no ocurran como ella imaginó todos estos años. La falta de experiencia en las lides del amor y en la práctica del sexo de ella también las has reflejado con maravillosa precisión. Compañero, me quito el sombrero. T.H. este libro tuyo ¿dónde lo podemos comprar en letra impresa?
Un abrazo, mi felicitación por tu texto y, por supuesto, mi voto.
Jon.Igual
Otra vez no he podido dejar de leer tu texto hasta terminar. Expones a la perfección los pensamientos de él, las reacciones de ella, en fin, la situación en su conjunto. Acompaño a Julieta y yo también me quito el sombrero.
Un saludo, te dejo mi voto.
T.H.Merino
Muchas gracias, Jon, por tu fidelidad lectora; también por esos comentarios que sin duda producen estímulo escritor. Un abrazo. T.H.Merino
EstaNoche
Hola! Me ha encantado describes tan bien los sentimientos que no puedes parar de leer hasta el final. Te doy mi voto
Un saludo!
T.H.Merino
Agradezco, EstaNoche, tu lectura y por esas manifestaciones tan gratas. Un abrazo. T.H.Merino
Jose María S Alfonso
Casi se siente el respirar de los personajes, te aproximas mucho a ellos, y de la psicología ya hemos hablado antes en otros comentarios…..me han gustado especialmente los diálogos en este relato, muy sugerentes,
Resumiendo: relato de primer nivel. felicidades y votos….
T.H.Merino
Muchas gracias, José María, por ese entusiasmo contagioso con mis escritos y por tu fideldad lectora. Recibe un abrazo. Volveré por aquí ya el próximo año. En tanto te transmito mis mejores deseos para ti y los tuyos. Un abrazo. T.H.Merino
T.H.Merino
Gracias, Bearui. Un beso. T.H.Merino
T.H.Merino
Gracias, Julieta, por reflejar tu generosas impresiones.
De este libro de relatos di la instrucción hace unos meses de retirarlo del mercado. Lo siento. Y agradezco mucho el ínterés mostrado. Un abrazo. T.H.Merino
Lidyfeliz
Muy buen relato, TH. Voy siguiendo los pensamientos y sensaciones del personaje. Te felicito. Mi voto y un gran abrazo para estas fiestas. Deseo que el 2013 te depare serenidad, trabajo y salud!!
T.H.Merino
Muchas gracias, Lidy, por tus comentarios y buenos deseos. Igual para ti, y recibe mi cálido abrazo. T.H.Merino
1000Luna
Brillante T.H. Me encantaría saber de letras y dejarte un comentario adecuado al alto nivel de las historias que nos regalas. Solo puedo decir que me gustó mucho y dejarte mi voto.
Un abrazo compañero y felices fiestas.
T.H.Merino
Tus manifestaciones emotivas y humildad respecto a mis escritos son regalos de altísimo valor. Gracias. Mi profundo afecto y un abrazo. T.H.Merino
LUCIA UO
Me ha encantado.
Tu relato lo leí antes pero no había podido dejarte comentario.
He vivido con tu personaje esa soledad que padeció en el frente de batalla, y lo difícil que fue enfrentarse al hecho de disparar a un ser humano, su conflicto personal, su dilema existencial.
Lo acompañe en esos dos meses cuando estuvo confinado debido a ese padecimiento que le hacía sentir vergüenza y temiera la repulsión de los que lo vieran, sentí su soledad y su tristeza, y entendí la paradoja de la risa burlona que no le acompañaba, no le confortaba, no le abrazaba y no era solidaria con él.
También me sentí ella, cuando preguntó si le amabas y le temblaban sus labios a punto de llorar. Todas sus dudas, su espera, su incertidumbre.
Has dibujado bellamente los sentimientos de tus dos personajes, y nos has hecho partícipes de tu historia.
Escribes genial.
Un abrazo, mi voto y mis mejores deseos por una Feliz Navidad y un venturoso 2013.
Con respecto a tu libro, debería volver a estar en el mercado.
Que lo mejor te suceda.
T.H.Merino
Agradezco la complicidad que manifiestas con los personajes; sin duda, constituye siempre una gran satisfacción para el autor. Valoro tu comentario de principio a fin. Gracias de nuevo. Que el próximo año colme tus aspiraciones. Un fuerte abrazo, amiga. T.H.Merino.
María del Mar
Excelente relato; escrito con una gran maestría. Un beso y mi voto.
T.H.Merino
Estimo, amiga Cenicienta, tu buena disposición de ánimo hacia mis textos. Mis mejores deseos para el año vendero. Recibe mi cálido abrazo. T.H.Merino
Mariav
Sinceramente es como leer otra historia que poco tiene que ver con la de la Luisi y el Guille. No sé como lo has hecho (o bueno, sí lo sé, trabajando el texto) porque esta es infinitamente mejor, mas intimista y profunda, que transmite una carga emocional que no lo consigues en la otra.
No sé si te molestará que haga estas observaciones, ni si entenderás si te digo me siento afortunada de poder leer las dos porque me permiten comprender al momento cosas que si me las explicaran tardaría algo mas en entender. Sin duda es un gusto poder aprender de ti y siempre un placer leerte.
Gracias, y feliz y prospero año nuevo.
T.H.Merino
Quiero reconocer, ante todo, tu buena disposición a los relatos que he publicado en este medio. En cuanto a otras consideraciones, me jacto de ser persona discreta, por lo cual no comentaré otros aspectos que tienen una explicación sencilla —no la que apuntas—, pero que quedarían fuera de lugar. De otro lado, creo que sabes que no es fácil incomodarme, pues ello siempre significa carencia de recursos.
Agregar, finalmente, con absoluta humildad, que mis escritos no son, ni es mi pretensión, que sean modelos para el aprendizaje; sí hay, por el contrario, excelentes narradores en “Falsaria” que pueden servir a tal fin.
Gracias y mis mejores deseos para ti.
T.H.Merino
volivar
Merino, señor Maestro de las bellas letras: has dejado a todos tus admiradores asombrados por esa calidad narrativa que despliegas en lo que has publicado. Siempre te he admirado. Por desgracia (aunque nunca es tarde, por supuesto) hasta ahora he tenido la oportunidad de leer esta magistral obra, por la que te felicito, amigo.
Te deseo un año lleno de éxitos en todos los sentidos, en compañía de tus seres queridos.
Mi voto
volivar
T.H.Merino
Gracias, Volivar, por tus generosos comentarios, guiados siempre por esa bondad innata que te caracteriza.
Espero y es mi sentido deseo que este año recién estrenado resulte fructífero en todo cuanto te propongas y que la salud y el bienestar sean compañeros de viaje junto a tu familia.
Mi sincero aprecio.
T.H.Merino
alca
Muy bien narrada la historia. Felicitaciones literarias.
T.H.Merino
Gracias, Alca. Mi afecto. T.H.Merino