Glenn y Rose son felices. La crítica había dicho de esta obra que sería la mejor de 1934, y a tenor de las caras del público, no se habían equivocado. Sin embargo, el estreno del musical Anything goes tiene un significado más íntimo y desconocido. Ha sido el broche final perfecto para celebrar que Glenn y Rose vuelven a estar juntos de nuevo. Tras los largos aplausos del público, este comienza a levantarse y a abandonar la sala en dirección al hall de entrada. Solo se quedan rezagados algunos pequeños grupos de conocidos. Glenn y Rose esperan a que se despeje un poco la sala antes de salir.
— ¿Te ha gustado Rose? –pregunta mientras se levanta del asiento.
— Mucho, cariño. Ha sido estupenda y me ha hecho revivir nuestra última vez. Te acuerdas, ¿verdad?
— Claro. Ya verás como todo vuelve a ser como antes –promete mientras se pone el abrigo negro.
— Querido, tengo que decirte una cosa acerca de nuestra separación –le dice sin levantar la mirada del suelo, al tiempo que se pone en pie.
— No, calla, por favor. No importa lo que haya pasado en estos meses. Corramos un oscuro velo sobre ese maldito tiempo y retomemos nuestras vidas donde las dejamos. ¿Querrás?
— Claro que sí, mi amor –levanta la cara y con los ojos muy abiertos se cogen las manos.
— Fui un estúpido al irme. Pero no volverá a suceder, jamás. Ya nada podrá volver a separarnos. No me di cuenta lo que tenía hasta que te perdí.
— No, por favor. Recuerda lo que hemos acordado. Miremos juntos hacia el futuro y no hacia el pasado.
— Gracias, Rose.
Ambos se abrazan y en sus ojos brillan con intensidad las luces del teatro. Tras unos momentos, Glenn le indica a Rose que haga el favor de esperarle en el Hall de entrada, ya que tiene que ir al baño. Le da un beso en la mejilla y se marcha. Dejándola sola.
Mientras tanto, una mujer sentada en el palco de la primera planta no ha dejado de observar la escena. Oculta tras el resumen impreso que dan en la entrada, apretaba la mandíbula, al tiempo que no dejaba de mirar fieramente a Glenn. Cuando los ve separarse, abre su bolso de mano y comprueba que el pequeño revólver que lleva está cargado y listo para usarse. Lo vuelve a guardar dentro. Se levanta, coloca su abrigo azul sobre el brazo y sale del palco.
Atraviesa el enmoquetado pasillo, quién no puede retener el sonido de su paso firme y decidido. Baja por la escalera, deteniéndose al llegar al final, y con mirada fría y rostro severo busca a su alrededor hasta encontrar a su objetivo. Camina sigilosamente hacia su espalda, ocultando el sonido de sus pasos entre la charla de los presentes. Se acerca tanto que cierra los ojos y aspira lentamente su aroma. Entonces saca su plateado revolver y, oculta bajo su abrigo, lo apoya contra la negra tela.
— Alto. No te muevas que te estoy apuntando con un revolver ¿Lo notas?… Eso es. Ahora dirígete lentamente hacia la derecha, lejos de la gente… ¿De verdad creías que me quedaría quieta? ¿Qué te dejaría irte sin luchar? ¿Tan poco he significado para ti todo este tiempo? –su voz se quiebra sutilmente -. Nunca te pedí nada, ni te controlé, y aún así, me abandonas para volver a su lado… ¡Pues no pienses que voy a permitírtelo! –aprieta fuertemente el revólver contra la espalda-. Nadie me abandona y menos aún así. Si no estás conmigo no estarás con nadie –y dispara varios tiros que resuenan por todo el teatro.
El sonido de la detonación resuena tanto en el hall, que las pocas personas que quedan en la sala se vuelven para saber qué ha sido ese sonido, dándose cuenta entonces de la extraña escena. La mujer que sostiene aún el humeante revolver, observa con mirada satisfecha, casi lasciva como otra mujer se retuerce sobre la moqueta granate. Algunas personas han salido a llamar a la policía, que instantes más tarde, irrumpe en el hall del teatro revólver en mano.
Entre los gritos y carreras de los presentes aparece Glenn, que con cara de sorpresa mira a su alrededor intentando saber qué han sido esos disparos. Al ver a su esposa tirada en el suelo sobre un charco de sangre, duda un instante y tras sobreponerse de la impresión, corre hasta su lado, sin importarle la desconocida que sujeta y apunta aún, ya al descubierto, un revolver hacia ella.
— ¡Rose! –se agacha y le coge la cabeza, al tiempo que con un pañuelo blanco sacado del bolsillo intenta inútilmente taponar la sangre. No se ha dado cuenta que la herida está en la espalda y no en el estómago.
— Perdóname, cariño –intenta decir Rose.
— ¡Tú, canalla! ¿Por qué has tenido que volver? Ojalá te pudras en el infierno con ella –y apunta el arma para dispararle.
— ¡No, Denis! –grita Rose con su último esfuerzo, mientras Glenn la protege con su cuerpo.
Varias balas impactan contra su cuerpo, haciéndole perder el equilibrio y caer al suelo, junto al cuerpo moribundo de Rose. Los agentes se acercan apuntando aún sus revólveres hacia el desangrado cuerpo de la asesina. Una persona, que se había identificado como médico, se agacha y le toca el cuello. Niega con la cabeza a los agente y cierra definitivamente los intensos ojos verdes de la mujer. Los agentes guardan sus armas mientras ponen un poco de orden en la sala.
Glenn acaricia la mejilla de Rose y con un beso recibe su último aliento, al tiempo que sus lágrimas limpian el rostro de su esposa. El médico vuelve a agacharse, ahora junto a ella, y repite la misma operación que con la asesina: con igual resultado. Glenn se levanta a duras penas, mientras la policía tapa los cuerpos de las dos mujeres.
Es entonces cuando se da cuenta que, con el alboroto, los agentes no han retirado aún el revólver, que sigue en un rincón de una columna cercana. Tras limpiarse las lágrimas se apoya en la columna y deja caer su pañuelo. Al recogerlo envuelve el arma para comprobar, con cuidado que no le vean, que aún le queda una bala.
Relato basado en el cuadro Dos en el patio de butacas, de Edward Hopper.

LUIS_GONZALEZ
Me encantó, muy bien contado, te mando mi humilde voto…
Fanathur
Muchas gracias, Luis. Me alegra saber que te ha gustado.
LUCIA UO
Que buen relato.
Me ha encantado. Tus diálogos son fenomenales.
Con respecto a esta parte y sin ánimo de molestar: ¿Qué te dejaría irte sin luchar?
No crees que queda mejor: ¿Qué te dejaría ir sin luchar?.
Un abrazo y mi voto.
Fanathur
Lucía, los comentarios que sirven para mejorar o intercambiar opiniones siempre son bienvenidos, así que no me molestan para nada.
Y sí, ¡Qué cacofonia! Suena mucho mejor tu frase. Muchas gracias por la corrección.
Jose María S Alfonso
Muy bonito Fanathur, mi voto.
Fanathur
Muchas gracias.
Esther A . P. Ruinervo (Sofista)
Genial relato. Me encantó.
Sólo una corrección. En el tercer párrafo después del primer diálogo, cuando escribes “Atraviesa el enmoquetado pasillo, quién no puede retener el sonido de su paso firme y decidido” debería decir “atraviesa el enmoquetado pasillo, que no puede…” porque te estás refiriendo al pasillo ¿no?, y si usas ‘quién’ la referencia debe ser una persona.
Saludos y mi voto
Fanathur
Tienes razón. La alfombra no es una persona. Gracias por avisarme del desliz.
Julieta Vigo
Y si me apuras quitaría el verbo “poder” porque difícilmente un pasillo puede o no puede algo.
La historia, Fanathur, esta bien descrita, mantiene el interés del lector, pero se te han escapado algunos detalles que suenan incongruentes. Estoy segura de que si revisas tu texto con atención y lo pules, quedará mucho más redondo.
Por cierto, el cuadro y la historia se complementan muy bien.
Un abrazo y mi voto, por supuesto.
Fanathur
Gracias Julieta. Ciertamente un pasillo puede hacer poco, pero el verbo está pensado para la moqueta que lo cubre. No obstante, tienes razón en que se puede sacar más información con otro verbo. Estoy pensando en apaciguar o calmar, algún verbo que se contraponga al estado de mi personaje. Gracias de nuevo.
Julieta Vigo
Sí, cierto. Quise decir moqueta.
¿Cómo podría ponerme en contacto contigo? Me gustaría poder comentarte algunas cosas más.
Gracias a ti por tener en consideración mis observaciones.
Fanathur
En mi perfil tienes la dirección del blog donde suelo moverme. De todos modos, te la indico aquí:
http://clubdepoetasurbanos.blogspot.com.es/
Búscame en ese blog y visita mi perfil. Allí tendrás acceso a mi email, así como algún que otro artículo que no he publicado aquí. Espero ansioso nuestro literario encuentro. Saludos.