Campos de carne

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    Aparece el autobús en el otro extremo de la calle.

    Una pecera de luz en medio del frío de la noche.

    Luz aséptica y leves movimientos en su interior.

    Desde más cerca, sin embargo, es un coche fúnebre iluminado.

    Dentro pocos cadáveres. Los sin coche del polígono.

    Cuerpos separados, desperdigados entre los asientos.

    Distancia de seguridad.

    Tampoco esta noche el conductor responde a mi saludo.

    También él está muerto, imagino.

    Silencio sepulcral.

    Me siento de espaldas a la marcha.

    Contemplo las techumbres de las fábricas.

    Empequeñecen en la distancia.

    Se pierden en la oscuridad bajo nubes de humo blancuzco.

    Contemplo a mis compañeros de viaje.

    Dos hombres y una mujer. Las mismas caras.

    Los tres aferran en su regazo una mochila.

    A mí hoy me ha sobrado un plátano y algo de aquarius.

    Sé que sus bolsas cuentan historias similares.

    Ninguna.

    Uno de los hombres, de rasgos sudamericanos, lee la Biblia.

    La mujer un libro con grandes letras rosas en el lomo.

    El otro hombre se arrebuja en el anorak de su equipo de fútbol.

    Todos han encontrado algo en lo que creer.

    Consciente de que no hay nada que ver afuera, miro por la ventanilla.

    El autobús atraviesa los campos que separan las fábricas de la ciudad.

    Campos oscuros, ajenos a la luz de las estrellas.

    Hileras de vegetales de aspecto carnoso, casi cárnico.

    Alcachofas, coles, superlechugas. Cosas por el estilo. Esa clase de vida.

    Criaturas sembradas para ser consumidas.

    Como nosotros.

    No necesito tener fe en el mundo exterior para soportarlo.

    Mi milagro es seguir sabiendo quien soy.

    Saber guardar las sonrisas detrás de mis dientes.

    Y lanzarlas cuando llegue el momento adecuado.

    Como los fotones en las tripas del Sol.

    Comentarios

    1. Claudia (Diadenes)

      4 diciembre, 2012

      “Criaturas sembradas para ser consumidas. Como nosotros” me dejas pensando, suerte que me encantan pensar.
      Un abrazo

      • Iván.Rojo

        4 diciembre, 2012

        En mi caso, más que un pensamiento, es un sentimiento. Gracias.

    2. volivar

      5 diciembre, 2012

      Iván: qué poema, amigo. Las gentes que van apretujados en los camiones de pasaje rumbo a sus fuentes de trabajo, irán así, como muertos. Yo creo, como tú, que es bueno guardar una sonrisa detrás de los dientes, aún en los peores momentos.
      Felicidades, poeta.
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      Volivar

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