La bebida, el juego y las mujeres
La bebida, el juego y las mujeres
te llevarán al infierno,
y los diablos se asombrarán
de verte llegar contento
(Los Auténticos Decadentes)
Aparecieron en el pasillo de la segunda planta dos hombres vestidos con traje azul oscuro —idéntico— y se acercaron al grupo de empleados que estaba tomando café. Eran las once de la mañana y aunque estaba algo nuboso fuera, se veían rayos de luz que entraban por los muros de cristal. El bullicio era el habitual. Los extraños se detuvieron en seco a escasos metros de las máquinas. Pocos se dieron cuenta de su presencia, los que estaban más cerca bajaron un poco la voz y los observaron detenidamente unos segundos. Para Paco pasaron a ser más importantes que el cultivo natural de la colza o la economía europea —profundos temas de debate en los diez minutos del café— porque su presencia seguramente tenía algo que ver con los despidos. La empresa estaba envuelta desde hacía tiempo en rumores de reestructuración, los sindicatos llevaban cuatro meses lanzando avisos, exagerando cifras que probablemente ya conocían, preparando el camino al anuncio que se había hecho oficial hacía escasos veinte días. El “Expediente de Regulación de Empleo” —el maldito ERE— había llegado para quedarse y era un ERE de extinción, es decir, un tercio de ellos iba a ir a la calle.
En el mismo momento en que el primer grupo volvía a sus puestos de trabajo —esas hileras de mesas blancas, como en las bibliotecas— los hombres trajeados sacaron unas libretas y anotaron algo. Paco se quedó mirando. Sacó otro café de la máquina y esperó hasta quedarse a solas con ellos. Todos esos días, todas las elucubraciones e historias habían minado su miedo y ya nada le importaba. Les preguntó qué hacían allí, qué anotaban. Los dos extraños sonrieron y lo observaron de arriba a abajo. Si me van a echar quiero saberlo ya, por favor, no alarguéis esto más… ¿Francisco Pérez, no? Sí. Está en la lista, mañana será oficial, y, por su propio bien, no lo comente con nadie…
Volvió a su mesa arrastrando el alma, ¿era por preguntar? No, pero ¿por qué lo había hecho? ¿Y por qué le habían respondido? Sentía culpa, sentía que no tendría que haber ido a tomar café, que nunca tendría que haber ido, pensó amargamente en todo eso y casi llora. Un estúpido, ¿a quién se le ocurre? Sólo a mí. ¿Qué voy a hacer ahora? De qué vamos a vivir ¿Qué le digo a mi mujer? Pregunté a esos hombres y me dijeron… ¡No, que estúpido, no! Cuando lo hagan oficial mañana se lo diré. No puede ser así, no puede ser… Dios ¿por qué?
Con los ojos húmedos, pero sin lágrimas, Paco volvió a mirar el ordenador. Ya no importaba nada, así que pensó en el futuro, en lo que haría junto a esos otros casi seis millones de compañeros de calle, compañeros desocupados en un país donde jamás nadie pensó que eso podría llegar a pasar. Abrió su correo personal, pero cuando vio el editor de texto en blanco, se detuvo en seco ¿qué decir? Se miró las manos, esas manos que poco trabajo físico habían hecho, sólo teclear y alguna chapuza en casa. Las llevó a la cabeza y se peinó con fuerza para atrás lo que quedaba de cabellera. Un calvo a la calle, uno más, pensó. ¿De qué le valía saberlo un día antes que los demás? De nada, no valió de nada, nunca. Ni el día después cuando todos metieron sus cosas en cajas, cuando entregaron los ordenadores y las tarjetas de entrada en seguridad, cuando se despidieron. Tampoco cuando se encontraron para cenar y despedirse. Menos le sirvió cuando pasaron seis meses y no le llamaban de ningún lugar ni siquiera para una entrevista. Un cuarentón medio calvo, con quince años de experiencia, la misma que otro millón de personas, tal vez más, buscando algo por los alrededores porque no podía mudarse. La familia, la hipoteca de un piso en otra ciudad, las demás deudas, ¿cómo pagar un alquiler donde vivía y una hipoteca a quinientos kilómetros de distancia, los gastos de la vida diaria, de la ropa, de los hijos? Una locura, impensable.
Paco se reencontró con los amigos de la adolescencia, en el barrio donde vivía con sus padres. Todos desocupados, todos a las diez cada mañana a leer el periódico al bar Amanecer. ¿Quién le puso ese nombre tan…? Se reían cada mañana y después los cafés. Era una zona deprimida, ninguno había destacado nunca por nada, eran por tanto, los compañeros ideales para compartir sus penas.
¿Y si montamos un negocio? Un bar no muchachos, ¿eh? Por lo menos aquí al lado del mío no. No, podemos poner una panadería, una gomería, una verdulería, algo… ¿Con qué pasta? Tu lo flipas colega. ¿Y entonces que hacemos, seguir esperando hasta que nos pensionen? No has aportado ni el mínimo, no sueñes. Por eso, ¿qué hacemos? Si, visto así algo hay que hacer.
Así empezaron a pensar como salir del hueco. Paco y su mejor amigo Héctor eran los más animados. Se podía salir por propios medios, no tenía por qué ser un gran negocio, no tenía por qué ser algo grande, algo que diera para comer, sólo eso. Y después verían si se podía crecer. Paco comenzó a ver brotes verdes —de los de verdad—, porque aunque no veían claro el negocio que tenían que montar, el solo hecho de juntarse a hablar de algo más que de fútbol, de mujeres, del gobierno y sus antiguos trabajos, era un logro. Héctor había sido administrativo y ayudante del contable, tenía claro cómo hacer para llevar las cuentas de un negocio. Paco había sido vendedor muchos años, el truco de un negocio está en las ventas, en las entradas. No tenemos pasta, tenemos que ofrecer servicios, con poca inversión. Tenemos que empezar con poca inversión y siendo desconocidos no nos van a dar crédito, pero con el tiempo igual sí. ¿Qué servicios se venden siempre y no dependen de la crisis? Buah, hay muchos: funerarias, peluquerías, restaurantes, bares, panaderías… Pero esos no son sólo servicios, ahí también hay productos, el pan, el café, el champú ¿funerarias has dicho? Estás loco, ¿sabes lo que vale un féretro?
Mientras se reían los dos, se daban cuenta de que el tema era complicado, pero no imposible. Paco pedía cada domingo en misa una buena idea, una salida. Su mujer empezaba a estar harta de la situación. Los ingresos del desempleo se acabarían en breve porque ahora duraba bastante menos que antes y el suyo se había acabado ya. Los niños tuvieron que prescindir de todas las actividades extraescolares, eliminaron todos los gastos innecesarios y aún así llegaban justos a fin de mes. El tiempo se le estaba acabando y Paco seguía bloqueado con las ideas. ¿Qué hacer? ¿Qué hacer? Lavar coches, reciclaje de chatarra, ¿cartonero?, Héctor algo se nos tiene que ocurrir, tú también estás al límite, no podemos seguir así un mes más… Tengo unas amigas, tengo unas amigas… ¿Sí? No te entiendo.
Héctor le contó a Paco que sus conocidas eran prostitutas desde hacía algún tiempo —no mucho— y que la policía les había echado de varios sitios en los últimos meses. Que ya no se puede ganar la gente la vida ni así… Quien lo dijera, en plena crisis y ni el negocio más viejo puede mantenerse. ¿No puede? ¿Has visto la demanda que tienen? ¿Quieren trabajar y no pueden? Una pena, habría que hacer algo…
La idea quedó sobreentendida, intacta en el aire y no se desvaneció como otras tantas. Era algo que Paco nunca se habría planteado en una situación normal. Pero esta no era una situación normal sino que empezaba a ser más bien desesperada. Su mujer no tenía por qué saberlo, nadie tenía que saberlo si lo hacían bien. Además era un servicio que había existido desde que el hombre era hombre y estuviera bien visto o no, siempre había sobrevivido a las crisis, a las guerras y a todo lo que la humanidad pudiera haber sufrido, porque era algo que estaba allí e iba a seguir estando. Las amigas de Héctor —amigas de gente que él conocía, seguramente— tenían un problema de fácil solución para ellos y que podía además complementarse con otros “pluses” no muy difíciles de gestionar y con alto valor agregado: un lugar discreto, limpio, control sanitario privado, soluciones personalizadas para requerimientos puntuales, servicios anexos, animación de fiestas particulares… miles de ideas comenzaron a rondar la cabeza de Paco. ¿Cómo podía estar pensando en eso, si hasta hace unos días lo veía como un pecado? Veo a Susana sufrir para llevar adelante la casa y me paso todo el día en la calle dándole vueltas a la cabeza, llenando la ciudad de currículums, ofreciéndome por donde sea para hacer lo que sea y ahora me hago el puritano y no veo otra cosa más que eso por todos lados, ¿no lo ves Héctor, no lo ves? ¿Me estoy volviendo un degenerado o qué? Pero es que desde que me contaste lo de esas chicas sólo pienso que podemos salir de la miseria echando una mano todos juntos, y no me entiendas mal, con seriedad, que es un negocio y no otra cosa, que no yo veo eso como algo donde volverme un degenerado, aunque otros lo vean y hasta escuchándome me parezca, pero si somos un poco inteligentes podemos sacar pasta y… Paco, Paco, cálmate, yo también estoy pensando lo mismo y no tenemos por qué volvernos locos con lo que dirá la gente, ¿qué más da? Si no nos queda otra, nos vamos a morir de hambre todos si no hacemos algo, además, oye, cada uno hace lo que puede…
Siguieron hablando por horas, llamaron a sus casas para avisar que llegarían tarde, porque en realidad sabían que iban a llegar tarde. Se planearon cómo enfrentar a las “chicas” una vez armaran el negocio. Iban a alquilar una de las casas a la entrada del pueblo vecino, reformarla un poco para habilitarla de manera decente, limpiar las habitaciones y la recepción de los clientes. Salieron del “Amanecer” medio borrachos, medio contentos, un poco animados y muy preocupados. Tenían que guardar el secreto.
Esas cosas se saben y cuando se saben hacen mucho ruido. ¿Tú crees que no se van a dar cuenta? Ahora que ya hemos hablado con ellas, que están de acuerdo en el trato, tarde o temprano la gente se va a enterar y entonces… Entonces ¿qué? Paco, si vas a seguir así no vamos a estar nunca tranquilos, asúmelo, vamos a ser unos sucios y asquerosos chulos, unos rufianes, o como quieras llamarle, pero vamos a dar de comer a nuestras familias y vas a ver como tenemos un buen negocio. Ellas trabajan por un sueldo, nosotros gestionamos y promocionamos un negocio que no puede ir mal, y si va, se va con los pocos ahorros que nos quedaban, que lo sepas, o lo pones todo o te piras ya de mi vista.
Claras las cosas y con las reformas hechas, el negocio se puso en marcha. Las chicas, al ver que la cosa iba en serio, avisaron a unas amigas y ya no eran dos sino cinco. Paco sustituyó las convicciones religiosas por comerciales y pronto el salón de la casa lo habilitaron como pista de baile donde daban la oportunidad a los chavales —treintañeros reciclados a adolescentes con guitarras, bajo y batería— para que por unos pocos euros tocaran música y dieran ambiente al antro. Todo muy bien logrado, para el poco esfuerzo que les había costado… poco esfuerzo físico, sólo la obra y algo de promoción. Sin embargo el esfuerzo sicológico no había sido pequeño; Susana echó a Paco de casa apenas se enteró del “negocio” y Héctor directamente se fue, antes de que lo echaran —o eso es lo que contó a su amigo, porque la verdad puede que nunca se sepa—. Fueron unos meses complicados en lo personal, pero justo lo contrario en lo profesional. Al final de ese año terminaron alquilando el edificio de al lado y haciendo una discoteca en condiciones, un bar anexo y ampliando el negocio que inició todo con dos plantas más a plena ocupación. Las horas de vida de los amigos se transformaron en esas en las que todo es oscuro, turbio y extraño para la gente normal, pero no para ellos, porque siempre habían tenido claro que el trabajo era trabajo y que con el pan no se juega. Nada de alcohol, nada de drogas en sus negocios, “la maría” tal vez, pero nada más. Si alguien quería de esa mierda tenía que traerla de casa y consumirla fuera. Conocían bien a los policías del barrio, eran colegas de toda la vida y sabían que arruinar un buen negocio por esa basura no valía la pena. Las chicas estaban contentas, se quedaban con el setenta por ciento —mucho más de lo que habían pedido al principio e incluso de lo que se pagaba en cualquier lugar— porque el negocio en realidad estaba alrededor de ellas y no centrado en ellas. Los grupos musicales pasaron a ser cada vez de más calidad, la discoteca comenzó a contratar conocidos DJs. Se notaba que el dinero en gran parte iba a parar de nuevo al negocio y que los propietarios eran sobretodo empresarios y no unos chulos cualquiera.
Paco nunca dejó de visitar a sus hijos. Susana nunca lo había perdonado, lo que sentía no era rencor, sino deshonra, una tan profunda que era la que provocaba que se encerrara en el baño de casa a llorar, que hacía que no quisiera conocer a nadie nuevo, a ningún hombre, que sintiera vergüenza de su ex. Mucho le costó volver a mirarlo a la cara, pero con el paso del tiempo le permitió pasar a casa un momento cuando traía los niños. La mensualidad que pasaba no era la única razón, ni las notas del colegio ni la casa. Paco no era el mismo Paco del que se separó hacía dos años. Tenía ojos tristes, siempre dejaba las frases inconclusas, al igual que ella. Comenzó a ir al sicólogo, porque quería encontrar la verdadera razón por la que no estaban juntos, porque no encontraba respuesta cuando quería hablar con él y se quedaba muda, lo miraba y trataba de encontrar en sus ojos —tan tristes— qué decirle, lo intentaba y no encontraba nada más que dolor. Un día —de tantos iguales— estaba pensando en Paco y sonó el timbre. Susana abrió la puerta, se quedaron congelados.
Cómo quisiera decirte que lo que haces es asqueroso, pero que tú no lo eres. Cómo me muero por decirte que no puedo vivir sola, que te necesito, que los niños te necesitan, que estás guapo y que puede que me equivocara cuando te eché sin hablar… me muero por decírtelo pero no puedo, porque tienes una casa de putas, porque somos lo más despreciado del barrio por tu culpa, porque la gente nos mira mal… Cómo quisiera decirte que me haces falta ahora más que nunca, que lo he hecho por nosotros, que no me gusta esto pero que es sólo un negocio y que ahora gracias a esto los niños tienen para comer. Estás guapa, cada día más guapa pero te veo triste, ¿por qué seguimos así, por qué no me das una oportunidad y entiendes que lo hago por nosotros?
Estuvieron mirándose bastante tiempo, muchas veces, muchos días. Los niños pasaban de las manos de uno a las del otro, de casa al coche, del coche a casa, se seguían mirando, se miraban y no decían más que lo de siempre pero siempre pensaban lo que pensaban y no lo decían, no decían lo que querían y se miraban con ganas de hablar, ¿cómo ha ido el trabajo hoy? Bien, gracias, no quiero hablar de eso, sabes que no quiero hablar de eso, bueno está bien pero sólo quería saber, ya sabes, nunca nos falta nada en casa y eso te lo tengo que agradecer porque yo sigo sin encontrar nada de lo mío, sabes, y valoro mucho todo el esfuerzo que haces, aunque no me gusta una mierda, disculpa, pero te lo tengo que decir, que no me gusta, pero. No digas nada, ya lo sé mujer, que ya lo sé, pero no quiero que hablemos de eso, estás guapa ¿sabes? ¿Estás saliendo con alguien? ¿Pero cómo me dices eso?, que yo no. Que han pasado casi dos años y lo entendería, yo estoy bien, bueno es un decir, eso, que no necesito a nadie, bueno sí, pero no, bueno, que te dejo a los niños, que me tengo que ir a, ya sabes, te quiero.
¿Te quiero? Idiota, idiota, idiota. ¿Te quiero? Es que soy un idiota, cómo pude… pero es que tantos años, a saber lo que piensa ahora, pero es que no puedo más también, ¿Sabes Héctor? Me está volviendo loco esto, pensé que iba a poder pero no puedo, no puedo porque justo cuando las cosas nos van bien después de mucho tiempo y ahora ella no sabe entenderlo, no entiende nada. A mí no me cuentes tus historias, yo siempre lo tuve claro y mi vida con esa terminó. ¿Que no lo entiende? Pues bien por ella, yo a otra cosa, ya conocí a alguien y todavía no sabe lo que hago, pero me da igual, no creo que le haga problema, porque si no le gusta, pues que me da igual, soy como soy, hago lo que hago y listo. No es un delito, si lo fuera estaríamos en la cárcel, tío. Demasiado legales somos, te lo digo siempre, pero entiendo que también así nos aseguramos que las cosas vayan bien y nadie se meta con nosotros, relaja un poco, en serio, no quiero perder a mi socio por una… Cuidado, cuidado con lo que vas a decir de Susana, que yo…
* * *
Esa tarde de diciembre, lluviosa y oscura, se encontraron en la ciudad. No era casualidad, habían quedado. Ella iba vestida con algo corriente, para que él no pensara cualquier cosa, para no darle falsas esperanzas. Él la vio hermosa, radiante. Estaba simpática y hablaron de cosas que hacía tiempo no hablaban. Los niños se quedaron jugando con sus abuelos, no había distracciones. Por fin pudieron hablar del tema tabú, él le contó del “negocio” con miedo, pero sin sentimiento. Era un negocio, ¿por qué tenía que sentir algo especial por un negocio? Le contó de las obras, de las ampliaciones, los gastos, los contratos, los grupos que tocaban, las “empleadas” y el socio. Le contó todo de tal manera que hasta a ella le pareció normal y él se sintió por fin liberado. No sé lo que pensarás ahora, pero yo te tengo que decir que me he quitado un peso de encima. Sé que esto tiene que haber sido un golpe bajo para ti, pero entiende que para mí tampoco fue fácil y lo que más me ha dolido todo este tiempo ha sido no poder hacer esto, no poder decírtelo. Pero bueno, no intento que me veas diferente de cómo me viste hace dos años, lo único que quería era explicarte y que supieras lo que hago, de lo que vivimos y nada más. Cuando terminó de hablar se dio cuenta de que ella estaba llorando, de que no podía responderle de otra manera y por fin aquella charla tácita que tenían desde hacía meses estaba acabando y pasaba ser algo más que miradas e intensiones. No esperó más y la abrazó. Lo siento, lo siento tanto Su, lo siento en el alma, pero no he hecho nada malo, no he hecho nada más que alimentar a mi familia, perdóname, perdóname por hacerte sentir así, pero no pude hacer otra cosa y todavía pienso que no ha sido un error. Calla, no hables más, deja de hablar. Calla por favor.
* * *
Cuando entraron al “antro” quedó sorprendida. Era muy diferente de lo que había imaginado, de lo que habían imaginado todos los que habían hablado con ella. Paco siempre había tenido buen gusto, y, hasta para hacer algo así, se notaba. No estaba nada mal. No imaginaba a las “empleadas” bailando en las barras, no imaginaba el bullicio y al grupo tocando, no imaginaba un escenario con poetas eróticos contando sus historias, no imaginaba todo aquello lleno de gente, no lo imaginaba ahora, pero sí podía hacerse una idea. Llegó Héctor y se sorprendió al verla, hablaron un rato de detalles del negocio los tres, todo era bastante extraño y bastante normal, mucho, pero no tanto como para que ella se quedara más tiempo. Se despidieron con un beso en la mejilla. Días después ella lo invitó a ir a casa de sus padres, y a la semana siguiente le ofreció quedarse en casa el fin de semana. ¿Te dije que estás guapo? Creo que había olvidado decírtelo. Más bien yo diría calvo. Nunca sabes callar cuando toca, anda, dame un beso y déjate de chorradas… No sé como pueden decir que eres un golfo, no sé como pueden decirlo.


LUCIA UO
Me encantó.
Tu relato es hermoso de principio a fin.
Todas las dudas, sufrimientos y sentimientos de tus personajes expuestos bellamente.
Y el final es muy dulce.
Un abrazo y mi voto.
Te invito a que te unas a la propuesta 12/12/12.
Si dices que sí, estaré en tu misma sintonía desde las 11 a 12 horas de tu Argentina y a las 11 a 12 de tu España también.
Te dejo el link.
https://www.youtube.com/watch?v=E3K3uPcNOAg&list=FL1xI9sTK_eoXIxa27BpeG9g&index=1
Pernando.Gaztelu
Gracias Luciia, tú como siempre tan gentil. Me ha fustado la invitación aunque no lo puedo ver porque desde aquí no puedo ver youtube, imagino que son pulsos contínuos de 11 a 12 en todo el mundo durante el 12/12/12, ¿no? Intentaré conectarme a las 11 de acá y a las 14-15 de acá de nuevo, para dar doble pulso… je je. Un abrazo fuerte y gracias por el voto y por el comentario.
LUCIA UO
Querido Fernando, es así, como estar en meditación continua, enviando energía positiva, diciendo desde el corazón: ¡¡Si se puede, ya esta hecho!!. Visualizando escenas positivas para todos, para el planeta, para la familia. Imaginando vividamente lo que deseamos, y como queremos que sean las cosas de aquí en adelante. Solo lo positivo y lo bueno.
Dios quiera que lo puedas ver. Especialmente entre las 11:11 y las 12:12 que se abre un portal dimensional.
Un gran abrazo amigo, que lo mejor te suceda y todo mi afecto.
volivar
Pernando: un relato muy ameno; esa falta de empleos, que orilla a la gente a buscar y buscar, lo que sea, para alimentar a la familia.
Y luego el qué dirán… las cosas esas que impiden buscarle emprender algo…. tus personajes lo hicieron bien, y le buscaron, logrando salir del hoyo.
Te felicito; eres un excelente escritor, uno con mucho talento, a quien admiro.
Mi voto
Volivar
Pernando.Gaztelu
Volivar, muchas gracias por el comentario. Son momentos duros para muchos (incluido un servidor) y a veces las emociones más extrañas se suman en momentos extraños como este. Gracias otra vez por el voto y lo de la admiración está de más. Sólo intento aprender. Un abrazo fuerte amigo de aventuras literarias.
cristoleon666
Gaztelu, gran relato. Me ha tenido pegado a la pantalla todo el tiempo, y eso que dudé en leerlo por su extensión. Pero si todo lo que escribes es de este calibre, valdría más la pena leerte en papel, en un libro a toda regla. Felicitaciones y mi voto.
Jon.Igual
Muy bueno Pernando, me ha enganchado tanto que lo he leído sin darme cuenta. Una historia realista y con final feliz. Enhorabuena y mi voto.
halize
La crisis puede llevar a la gente a hacer cosas como estas pero, ¿quién puede juzgarles? la vida es así de dura y hay que comer cada día.Un saludo y mi voto.
María del Mar
Querido amigo, Pernado; excelente relato que narra la vicisitudes cotidianas de mucho hombres y mujeres del mundo: la dudas, los prejuicios, el miedo a ser juzgado y los sentimientos de culpa tan comunes cuando uno tiene que tomar decisiones difíciles.
Felicitaciones, amigo. Un beso y mi voto.
Julieta.Vigo
¡Caray, Pernando, qué bien has sabido plasmar los sentimientos de los personajes de tu relato y la grave situacióna en la que muchas personas se ven abocadas hoy en día.
¡Enhorabuena! Has conseguido mantenerme atenta hasta el final.
Pernando.Gaztelu
Ya me alegro Julieta, contame ahora que te parece que le ha faltado por favor… gracias
Julieta.Vigo
Jajajaja,… menudo concepto se tiene en Falsaria de mí. Si te parece bien, lo imprimiré y lo leeré con calma en casa. Puedo puntear aquello que considere susceptible de ser cambiado, pero después, ¿cómo hacértelas llegar? ¿Puedes facilitarme un correo al que pueda enviarte mis observaciones?
Gracias por confiar en mi criterio cuya única base es mi sentido común y los libros que llevo leídos.
SALAMANDRA
Un relato magnifico de una situación tan real que casi pienso que conozco a los protagonistas me ha gustado al grado de no soltar la computadora hasta terminar de leerlo felicidades Maestro un abrazo
Pernando.Gaztelu
Gracias mi amigo Poeta. Te quería pedir un favor, necesito algo más para este relato, ¿qué crees que le ha faltado / sobrado? A mi ver puede que sea un poco superficial o tal vez no ahonde en la problemática de ella, de su amigo… no sé… tal vez es una paranoia mía, si tienes un minuto me comentas. Gracias desde ya.
El Moli
Que bien Pernando, el tema es muy espinoso, pero lo supiste llevar al punto de convertirlo en digno, me atrevo a decir que es una historia de amor.
Felicitaciones amigo.
Un abrazo.
Pernando.Gaztelu
Che, contame qué creés que debería agregar / quitar… a mi me parece que no está del todo “terminado”… decime algún puntito para mejorarlo, quiero que sea mejor, no solo que enganche, sino que llegue más. no sé… ya me dirás.
Fanathur
¿Qué decir de tu relato cuando casi todo se ha dicho?… Me ha parecido uno de los mejores que he leido en estos lugares en mucho tiempo. A pesar del tímido comienzo, es actual, duro, sentimental y, curiosamente, lleno de esperanzas para aquellas personas que pasan por el desempleo. En Australia hace tiempo que la prostitución es legal y bien regulada y están bastante contentos. Aquí seguimos con la hipocresía de siempre.
En fín, que me salgo del plato. Solo te comentaré que me gustaría que marcaras los diálogos, no que los pongas seguidos en un solo párrafo. Són diálogos, no pensamientos del autor. Eso marcaría perfectamente las diferencias entre narrador y personajes. Por lo demás, me ha encantado leerlo, de verdad.
Y por supuesto, mi voto.
nanky
Un relato bien logrado, a mi personalmente me gustó mucho el comienzo, esperaba un poco más del final, pero esto es totalmente subjetivo, ya que como te comenté antes el relato es bueno. Un gran saludo desde Buenos Aires y voto.
VIMON
Excelente relato, Pernando, y ya que preguntas como mejorarlo te diré que a mi me pareció bien los cambios de la voz narrativa y no creo necesario separar los diálogos con guiones. Es verdad que es mas “clásico”, pero la literatura moderna también se escribe así, a menos que pienses mandarlo a un concurso y ahí pueden ser mas estrictos con eso. Lo que si me parece es que le falta intensidad. Es muy buen relato pero yo pienso que necesita de una mayor, aunque cuidadosa, adjetivación. Felicitaciones, un abrazo y mi voto.
LUIS_GONZALEZ
Muy buen relato, me atrapo y me metió en el mundo de los personajes, cuando leo algo me gusta que me atrape, olvidarme del mundo, y pasar a ser parte de la historia, eso es lo que me paso con tu relato, te mando mi humilde voto…
Mauge
Que descarnado el relato. De una realidad que emociona, seguro que parece que se conoce a los personajes, todo culpa del desempleo y las posibilidades de ganar el peso para el pan de cada día. El final brillante y dulcísimo. Mi voto y un abrazo.
Lidyfeliz
Excelente relato, Penando. Un abrazo y mi voto
Esther.A.P.Ruinervo (Sofista)
Interesante relato, con la relexión a la que invita.
Saludos