
No hay necesidad de ver príncipes de verdad para imaginarse cómo son. Se les conoce por lo que dicen las novelas, por lo que se les ve en el cine y por un poquito de imaginación. Y, aunque vistas pobremente, disculpa la franqueza, porque no siempre el hábito hace al monje, tu estilo tan aristocrático al caminar, tu forma tan orgullosa de mirar, tu manera tan afectuosa de dar la mano, y sobre todo, el color mate pálido de tu tez y tus ojos tan grandes y tan altivos, tan negros y tan redondos denuncian, aunque no lo quieras tu realeza, tu sangre azul. Indiscutiblemente eres un PRINCIPE. Y desde ese día se le metió a la cabeza que yo era un príncipe. Porque Lima, siendo Ciudad de los Reyes, tenía que tener un príncipe. Y me quedé con la chapa.
Los inocentes – Oswaldo Reynoso.
Aún duele la cicatriz que tengo en la parte derecha de mi cabeza. Aún arde ese recuerdo, de esa noche tan larga.
Vale y yo habíamos planeado el viaje desde hace un mes, era 6 de Enero del 99. Ella me busco tan frágil como siempre, tan linda, yo la miré como saludándola y enrumbamos a Pucusana, donde ella tenía una casita. Habíamos llevado suficiente cocaína y suficiente alcohol para pasarla bien. En todo el viaje nos turnábamos para manejar, mientras ella manejaba yo me coqueaba, mientras yo manejaba ella se coqueaba, teníamos que esperar que el amargar de la bestia blanca pasara por nuestras ya acostumbradas gargantas. Se nos iba la vida en cada jalada brutal.
Llegamos y era una casita donde se podía oler y ver el mar. Ese rumor tosco, esas olas agitándose, nosotros descalzos, tomando ron. Ella con un polo de Mikey Mouse y yo con un polo blanco, como el polvo asqueroso que estábamos llevando en nuestros bolsillos. Hasta ahora no entiendo como no nos morimos por una sobredosis tan brutal.
La tarde pasó lenta, mientras escuchábamos a Lucha Reyes, en ese eterno eco que la morena tiene, en los más altos de sus notas Perooooo regresaaaaaaa “ Basura”, agregábamos nosotros mientras nos reíamos y nuestras mandíbulas nos jugaban una mala pasada. Dormimos un poco con la radio encendida, estábamos juntos, yo la abrazaba en el mueble y ella en mi pecho abrazándome. La despierto suavemente y le digo que me voy a comprar cigarros, eran las 3 am.
Salgo de la casita y el mar resuena en mi rostro, como si fuera un mostro que salvaje me odia. Camino despacio, observo una tienda pequeña y una señora regordeta me atiende.
- Si joven, qué desea.
- Señora, me da una cajetilla de cigarros Marlboro. Por favor.
- No hay pues acá, sólo Hamilton.
Salgo con dos cajetillas de Hamilton y enciendo un cigarro, camino y me pierdo un poco por las calles, por las casas de adobe que tanto tiempo deben estar así eternos, castigados a ser así por siempre y para siempre. Escucho un silbido, volteo. Se hace más fuerte en mi oreja, el miedo me carcome la piel, tengo miedo, soy cobarde.
Entre la sombra acústica de la madrugada, se presentan ante mí 4 muchachitos bastante bajos a comparación de mi metro ochenta, pero bien robustos a comparación de mi delgada figura. El cigarro sigue en mi boca testigo de esas presencias que me inspiran terror. ¡Pituco de mierda! Gritaron ellos, mientras sólo me quedaba correr. Danzar al ritmo ágil de la madrugada violeta que me regalaba el susto más horrible de la tierra.
Te chape, mierda. Dijo uno, saboreando el sudor con su lengua, una botella de cerveza cruzo entre mis ojos y me reventó la cabeza. En el suelo, me rompieron los lentes, el tabique y la boca. Me patearon salvajemente el estómago y el pecho enfermo. No me desmayé, me hice el loco, pedí ayuda, grité, supliqué, pero nadie hizo nada. Nadie parecía escuchar mi dulce voz, por un momento pensé que sólo yo me podía escuchar, que también me habían roto la voz. Mi triste voz.
Suéltenlo ya, carajo. Grito una voz, y se fueron como hienas, como fantasmas. Hasta ahora escucho sus zapatillas en el charco, marchándose. “ Está bien jovencito”, me dijo un buen señor, que me llevó a la casa de Valeria que estaba esperándome temblando en la puerta de madera. Asustada, los dos me llevaron a la posta más cercana.
No estaba el doctor, así que una enfermera que tenía el cabello negro y amarrado, me iba coser la cabeza y curarme. Como no había un hilo normal, usó un hilo que estaba a la mano. Sin anestesia, porque tampoco había. “ Aguanta príncipe, aguanta. ¿ok?”, me decía mientras yo sentía el dolor aguja de los 12 puntos en la cabeza. El dolor era horrible, me limitaba observando el polo blanco repleto de sangre, mi sangre. El dolor se pronunciaba más, un joven enfermero se dedicó a cortarme el cabello para la intervención ambulatoria, mientras esa buena señora estaba cociéndome la cabeza con sumo cuidado, mientras me decía “ Principe”, en pleno rumor de esas olas que no podré olvidar.
Y aún recuerdo a esa señora, tratándome de príncipe. Es quizás por eso, por creerme muy príncipe me reventaron el alma. Y acá estoy suspirando el nombre de mi amiga que ya no está conmigo pero que la recuerdo con ternura cuando todos los días sostengo la cicatriz príncipe en mi cabeza.


Lidyfeliz
Qué historia, Eduardo! Pasan cosas así todos los días en mi país. Terrible. Muchos mueren, otros quedan ciegos. No sé si es verdadero o no el relato, pero aunque no lo sea el mote de Príncipe te queda bien pintado. Muy buena historia, muy realista. Tenés mi voto y mi Feliz Año Nuevo!!
EduardoFlores
Gracias Lidy y es real, aún tengo la cicatriz en la parte derecha de mi cráneo, lo que impide que me corte mucho el cabello. ! Feliz Año !
Fanathur
Una historia bien narrada llena de dolor. Mi voto.
EduardoFlores
Gracias por el comentario.
LUCIA UO
Querido Hermanito.
No sabía que habías publicado.
Desnudas tu alma bellamente.
Nos llevas de tu mano y vivimos en primera persona tu trágica experiencia personal, que a pesar de las circunstancias saliste bien librado.
Por supuesto eres todo un Príncipe, de eso no hay duda.
Lamento lo que te pasó y la perdida de tu querida amiga Valeria.
Que disfrutes de tus vacaciones y el 2013 te cubra de bendiciones.
Un corazoncito rojo y todo mi afecto.
EduardoFlores
Gracias por ese comentario, me llena y me salva el día.
LUCIA UO
Querido hermanito, ¿Estás despierto?.
Espero que tengas un bello día.
Un gran abrazo, y que todo, todo lo que deseas en el 2013, se cumpla.
VIMON
Muy buen relato, Eduardo. Desde el principio sospeché que era autobiográfico, pero si quieres que sea más literatura intenta escribir uno desde la visión de los que te atacaron: ¿Que pensaban? ¿Por que lo hicieron? ¿Que sentían al atacarte¿ ¿Que vieron en ti que les provocó atacarte? No me hagas caso si no quieres, pero te vas a divertir. Yo te conocía como poeta y ahora te doy la bienvenida en el maravilloso mundo del relato.
EduardoFlores
Es una buena idea, pero no me gusta fantasear, me gusta más contar lo vivido, lo que sufro, lo que lloro o lo que río. Soy más poeta, pero a veces escribo para desahogarme, para contar mis historias. Mis crónicas son eso, mi vida.
Gracias por el comentario
volivar
Qué narración, eduardoflores; me la había perdido no por descuido sino por motivos de trabajo; tuve que salir del país.
Ahora me estoy poniendo al día en la lectura, y me encuentro con esto que es maravilloso, porque, como dice, es parte de tu vida, y nuestra vida es lo más hermoso, nos suceden cosas buenas o desagradables.
Mi voto, por supuesto y mi deseo para que en este año todo te vaya bien.
Volivav