Veinticuatro de diciembre:
El hombre caminaba por la acera adoquinada bajo la luz de las farolas y el del alumbrado navideño, que a esa hora más que alegrar las calles desiertas con su brillante colorido, les otorgaba un cariz frío y deprimente. La nevada hizo acto de presencia a mitad de camino, entre la salida del metro y su casa, cayendo al principio tímidamente, como al descuido, revelando enseguida su verdadera naturaleza furiosa al precipitarse repentinamente con fuerza inusitada. Eso lo hizo alzar el cuello del abrigo y arrebujarse más dentro de la prenda de lana, apurando el paso a la vez que soltaba una maldición contra todo y todos, incluyendo en ella muy especialmente a los taxistas, que nunca aparecían cuando realmente se les necesitaba.
Aunque nadie tenía culpa de lo que pasaba salvo él. Esa mañana había llevado su coche al taller para un cambio de aceite y allí le dijeron que pasara a recogerlo en un par de horas. Sin embargo, no se volvió a acordar del coche hasta la tarde, en que corrió a buscarlo, encontrándose al llegar con las puertas del taller cerradas. Maldijo al mecánico, maldijo las fiestas de Navidad, y de paso, a todos los santos. Regresó a su oficina y en ella permaneció trabajando hasta tarde. Al salir, no encontró ni un solo taxi, por lo que no le quedó más remedio que tomar el metro y caminar si quería dormir esa noche en casa.
Siempre había supuesto que el metro iba abarrotado, con pasajeros oliendo a aceite rancio y viajando apretados como sardinas en lata. Sin embargo, se sorprendió al encontrarse en medio de un vagón vacío. Nochebuena, pensó, la noche por excelencia para celebrarla en familia. Y lo era, naturalmente para quienes la tenían, que ese ya no era su caso.
Fue al volver una esquina cuando se encontró con aquel individuo y el brillo de una navaja sustentada con mano trémula.
— ¡La cartera! ¡Venga, cagando hostias!
No lo dudó, y desabotonándose los botones inferiores del abrigo, hizo un faldón al lado y extrajo del bolsillo trasero de sus pantalones la fina billetera de piel, extendiéndosela seguidamente a aquel que con tan malas artes se la pedía.
— Y ahora, lárgate o te rajo. ¡Ya!
Y se largó, solo que tras dar unos cuantos pasos no pudo evitar pararse y volver la vista atrás. El atracador, con el cuerpo encorvado, apoyaba la frente contra la fachada del edificio. A duras penas podía mantenerse en pie, convulsionado como estaba por los temblores que le aquejaban.
Volvió sobre sus pasos preguntándose por qué lo hacía; por qué le preocupaba lo que a aquel maldito delincuente del tres al cuarto le pudiera si lo dejaba tirado en mitad de la ventisca.
— ¿Estás bien?
El ladrón levantó la cabeza al verse sorprendido y trató de ponerse en guardia, aunque lo único que consiguió fue que sus temblores aumentaran. Aun así su voz sonó bravucona, tratando de intimidar.
— ¡No te dije que te largaras! ¿Qué cojones haces aquí? ¿Es qué te crees que mi navaja es de plastilina?
El hombre respondió a toda aquella ristra de preguntas despojándose del abrigo, que colocó al otro sobre sus hombros. Este, a pesar de su reticencia inicial, agradeció el calor reconfortante que inmediatamente le transmitió la prenda.
— No me importan la cartera ni el dinero, pero hay una foto que…
— ¿Es importante para ti?
— Sí
— Pues te jodes, cabrón. Me quedo con todo. ¡Hoy no es tu día de suerte!
Desde luego que aquel no era su día, aunque a decir verdad, hacía mucho que ya ninguno lo era.
— Mira, por qué no me acompañas hasta mi casa y mientras cenamos tranquilamente lo hablamos.
— ¡Ya! ¡Para que llames a la policía…! ¿Te crees que soy gilipollas o qué? —sin embargo, cuando el otro se volvió para seguir su camino, pareció meditarlo—. Bueno, quién sabe. Quizás te merezcas que te dé una segunda oportunidad.
Ante aquella absurda respuesta se encogió de hombros y con un gesto de cabeza invitó al infeliz atracador medio loco a seguirlo.
Una manzana más allá, entraron en el cálido portal de su edificio. Ese año la comunidad de vecinos no había reparado en gastos para engalanarlo y habían colocado un gran árbol que llenaron de bombillitas y adornos multicolores.
— ¡Eh! ¿no lo notas?
Al oír la pregunta del malhechor se volvió hacia él, encontrándolo parado en mitad del portal con los ojos cerrados y los brazos abiertos, extendidos hacia el techo.
— ¿El qué?
— El olor —respondió aspirando profundamente?. Huele a monte.
— Ya, supongo que será porque eso de ahí es un pino.
— ¿Sabes, tío? Eres un gran hijo de puta.
Mientras subían en el ascensor hasta la última planta, se preguntó en que habría estado pensando para llevar a aquel individuo a su casa, que además de ser un colgado con síndrome de Parkinson, también parecía estar medio loco. Será el espíritu navideño, se dijo. A su mujer y a su pequeño les gustaba mucho celebrar esas fiestas y por ellos decidió que bien podría aguantar por una noche a aquel desgraciado. Echaba tanto de menos a su familia. Ojalá ahora estuvieran allí para compensarlos de todas las navidades que por trabajar no las había celebrado con ellos.
Al llegar a su planta le sorprendió ver la luz encendida sobre la puerta de su vivienda. Mientras metía la llave en la cerradura pensó que probablemente se la habría dejado encendida esa mañana al salir con prisas. Sin embargo, se sorprendió todavía más cuando al abrir se encontró todas las luces encendidas y el delicioso olor a comida que inundaba el recibidor. El ruido de unas risas conocidas provenientes del salón lo dejaron totalmente desconcertado.
Aquello no era posible. Estaban muertos y enterrados. Su mujer y su hijo habían fallecido el verano anterior en aquel absurdo y desgraciado accidente de tren, cuando volvían de unas vacaciones que tendrían que haber pasado juntos. Desde entonces, no pasaba ni un solo día en el que no se arrepintiera de no haber estado con ellos. Se martirizaba pensado que si hubiera dejado el trabajo a un lado para al menos ir a buscarlos, ahora quizás seguirían con vida.
Y lo estaban ahora…, aunque no lo entendiera. Poco importaba que aquello fuera un hecho imposible de explicar cuando vio a su hijo de tres años con los brazos abiertos corriendo hacia él, seguido por su mujer, que se le acercaba despacio con esa sonrisa preciosa que siempre lo había enamorado.
— Papi, estás frío —dijo el pequeño tras inundarle la cara de sonoros besos.
— ¿Qué has hecho con el abrigo? ?le preguntó su mujer tras besarlo con cariño.
— ¡El abrigo…! ?exclamó aun medio conmocionado por la escena que estaba viviendo. Acordándose del extraño sujeto que lo seguía, se volvió hacia la puerta para presentárselo a su familia—. He traído conmigo a un invitado que…
Pero al volverse, descubrió que tras él no había nadie; que el ladrón se había desvanecido como en un sueño.
Un sueño como el que ahora estaba viviendo y del que esperaba no despertar.
Recordó las extrañas palabras del atracador cuando le dijo que quizás mereciera tener una segunda oportunidad. Se dijo entonces que, si Dios existía, se la estaba dando, y prometió hacer todo lo que estuviera en sus manos para no volver a desaprovecharla. A partir de ahora, estar con su familia sería su prioridad más importante.
***
— Uno a cero, Luci.
— No me llames así. Sabes bien que no me gusta.
— Como quieras.
— ¿Y qué hacemos con este? ¿Quién se lo queda?
— Mejor lo dejamos sentado en ese parque de ahí, que aún nos puede dar juego. Después decidiremos.
— ¿No podríamos dejarlo en un lugar más calentito?
— Podríamos…, pero me gusta la nieve recién caída. ¡Es de un blanco tan virginal…!
— Pues a mí todo lo virgen me produce sarpullido… y hace un frío de cojones que me están congelando hasta los pinreles.
— Venga, Luci, no seas quejica. ¿O es qué ya te estás arrepintiendo de haber hecho esa apuesta conmigo?
— ¡Arrepentirme yo! A ver, ¿dónde dices que quieres colocar al incauto este?
***
Veinticinco de diciembre:
La nevada había sido monumental. La ciudad había amanecido cubierta de un manto inmaculadamente blanco que la gente con su deambular no tardaría en profanar.
El coche policial apagó la ruidosa sirena al detenerse junto a la entrada del parque. Dos policías, un hombre y una mujer, descendieron de él y se adentraron en el jardín blanco. Alguien había dado el aviso de que había visto a un hombre sentado inmóvil en uno de los bancos que parecía estar congelado y hasta allí habían ido para investigar.
— Este está fiambre —dijo el hombre tras examinarlo—. Otro indigente más que la ha palmado.
— Será indigente, pero mira la calidad del abrigo que hay a su lado.
— Lo habrá robado.
El policía tomó la prenda y tras sacudirla, registro los bolsillos.
— ¿Por qué se lo quitaría?
— Sería un puto suicida —respondió el policía tras lo cual procedió a enfundarse la prenda.
— ¿Pero qué haces?
— Probármelo… Ves, sabía que era mi talla.
— No pensarás quedártelo…
— ¿Tú qué crees?
— ¡Eres un cerdo cabrón!
— Venga, larguémonos, que hace un frío de la hostia.
— No podemos dejarlo aquí como si fuera un fardo.
— Tú haz lo que quieras. Yo me voy a dar parte y a esperar calentito dentro del coche.
La mujer lo siguió, pero solo para recoger algo con la que cubrir al muerto.
No le gustaba nada aquel compañero. Era un cabrón y un malnacido. Un cerdo al que tenía que aguantar en el trabajo. Ella, sin embargo, no imaginaba que apenas quedaban tres hervores para seguir aguantándolo. Su destino había sido señalado desde el mismo momento en que se apoderó del fino abrigo.
La mujer, al regresar con una manta, vio a un hombre que se despojaba de su anorak para cubrir el cuerpo del desdichado. A su lado, un perro correteaba a su alrededor.
— ¡Espere! ¡No lo haga!
— Lo siento, agente, solo intentaba taparlo —la miró abatido—. Creo que está muerto.
— Y lo está. Ya no se puede hacer nada por él, salvo cubrirlo hasta que vengan el forense.
El hombre le ayudó a extender la manta sobre aquel cuerpo inerte.
— Pobre hombre, qué forma más terrible de morir. Sin embargo, parece que esté sonriendo.
— ¿Tú también lo has notado?
— Sí.
El perro, que hasta ese momento había permanecido quieto, empezó a removerse inquieto con algo en la boca.
— Eh, Carroty, ¿qué tienes ahí?
— ¿Llamas Carroty a tu perro?
— Sí. ¿No te gusta?
Ella sonrió por primera vez en aquel día.
— Suena raro, pero le va al dedo. Tiene un pelaje muy bonito.
— Bonito sí que es tu pelo —y le gustó aún más el rojo que apareció en la cara de ella, aunque eso no se lo dijo—. Dame eso, Carroty.
— ¿Qué es?
— Una foto. Es curios… Parecemos mi perro y yo, y la niña…, tiene el mismo color de tu pelo.
— ¡Qué dices! A ver, enséñamela.
Era verdad. En la foto aparecían un hombre y un perro con una niña de corta edad que miraban sonrientes hacia la cámara. Estaban sentados sobre una mullida alfombra, al pie de un abeto engalanado y rodeados de regalos. Se le hizo curioso sentir aquella emoción que la embargó cal contemplar la fotografía. Como en un déjá vu supo que aquella instantánea la había tomado ella. Solo que el hecho aún estaba por suceder.
— Oye, ¿a qué hora acaba tu turno?
— Ya tendría que haber terminado.
— ¿Qué tal te parecería desayunar conmigo?
— ¿Me estás invitando?
— Soy nuevo en esta ciudad y aún no conozco a nadie.
— ¿Y?
— Que estamos en Navidad y tú, como agente de la ley, no deberías dejar que un recién llegado a una ciudad extraña desayunara solo.
***
—Tres a uno. Vas perdiendo.
— Es que tú haces trampas.
— Eso es lo que quieres creer, pero desengáñate…, nunca podrás ganarme esa apuesta en esta época del año. La gente está inundada del espíritu navideño
— Ya veremos. Aún nos quedan muchos días de fiesta por delante.
— Lo que tú digas. ¿Qué quieres hacer ahora?
— Me apetecería ir a un centro comercial y provocar un gran incendio.
— ¡Cómo eres, Luci! Siempre pensando en el fuego.
— ¿Qué le quieres? Me gusta más el calorcillo que este frio tan celestial. Y ya te he dicho que no me llames Luci.
— Como quieras, Luc.
— Ese me gusta más. Aunque no entiendo la manía que te ha entrado con los diminutivos.
— ¡Es que estamos en Navidad!
— Vale. Entonces a ti te llamaré Susito.
— Ese es el nombre de mi hijo.
— ¿Pero tú, la paloma y el niño no erais la misma persona?
— Que analfabeto eres… Nunca entendiste ese gran misterio.
Los dos hombres caminaban hacia la salida del parque. Uno vestido totalmente de un blanco que se confundía con la nieve, mientras que el otro destacaba con su disfraz de Papá Noel. El coche policía arrancó justo cuando llegaron a su altura.
— Pues luego me lo vuelves a explicar, que ahora tengo que seguir a ese para llevármelo.
— ¿Pero en dónde quieres que coloque ahora al ladronzuelo?
— Mejor quédate con su alma, que ese a mí no me da suerte. Pero no contabiliza para la apuesta, ¿eh?
— Conforme.
— Y espérame en un centro comercial. ¡Yo quiero mi fueguito!
— ¡Qué bestia eres!
— Soy Satanás. ¿Qué le quieres? En la maldad no caben tus misterios.
FIN
Aunque quizás no…


LUCIA UO
Gracias Mariav.
Había descubierto que Luci y Luc, eran Lucifer, me estaba muriendo de la risa, por tu ocurrencia.
Lo he disfrutado muchísimo. Muy bonito tu relato, me ha encantado. Que bien escribes.
Un abrazo y tu voto.
Mariav
La vida es muy dura y aunque a veces no lo aparente, tengo muy bien puestos los pies sobre la tierra, por eso, cuando me pongo a escribir mis historias, o a la hora de hacer comentarios por aquí y por allá, en la mayoría, aparte de dejar volar la imaginación, uso el humor. Un humor que a veces no es bien entendido como puede ser el de esta apuesta absurda entre Dios y Satanás en una época tan señalada. Es verdad que si muchos siguiéramos tus consejos (lo que nos cuentas y trasmites en tus escritos) nos encontraríamos ante un mundo mejor, aunque no tan divertido.
Dicen las Sagradas Escrituras que Dios nos creó a su imagen y semejanza, y no dudo de que así fuera. Pero visto lo que ocurre en nuestro mundo, no puedo creer más que Él, el Dios de los cristianos, tenía, o tiene, un especial sentido del humor.
Gracias, Lucia, por tu comentario.
Jajajaj, acabo de caer en la cuenta de que tú también te llamas Luci. Ufff, espero que no seas el ángel caído.
¡Feliz Nadidad, preciosa amiga!
LUCIA UO
No te preocupes Mariav.
Debo confesarte algo:
Cuando estaba leyendo tu relato y apareció la primera vez Luci, mi ego se puso feliz, me habías incluido en tu narración, fue cuando volviste a decir Luc, que caí en la cuenta que no era yo, jajaja y mi ego se fue a los pies.
Concuerdo contigo que Dios tiene gran sentido del humor.
Con respecto al ángel caído, puede ser, una nunca sabe, porque cuando era muy pequeña, una tía me llamaba: Lucifer, venga acá, y yo como no sabía ni lo que decía, corría donde ella me llamaba, hasta que mi abuela la escuchó y la regaño, nunca más me volvió a llamar así. Fue hasta más tarde que entendí la broma.
En verdad disfruté mucho tu relato y era tan divertido que no me di cuenta cuando acabó, creo que debiste seguirlo y no aclarar que era Satanás porque era demasiado obvio, es mi humilde opinión.
Un gran abrazo, Feliz Navidad y venturoso 2013.
Richard
Hola Maria.
Sin desmerecer nada, tu cuento me abstrajo de tal forma, que perdí hasta la noción de donde me encontraba.
Pocos son los que han logrado tal atención.
Escribo y veo las imagenes en mi cabeza. Y pienso. Sumamente perturbador.
Un beso, un voto y Felicidades María.
Mariav
Hmmm, Richard, unos de mis cuentistas preferidos… Creo que tengo pendiente alguna lectura tuyas. Lo haré, no tengas dudas sobre ello.
Me alegro trasmitirte lo que te trasmito con mis escritos. Créeme si te digo que tú haces con los tuyos lo mismo.
¡Bendita imaginación!
Gracias por comentar y Felices fiestas.
nanky
Excelente relato, no puedo más que halagarlo, votarlo y recomendarlo. Un gran saludo desde Buenos Aires.
Mariav
Gracias, Nanky. Lo que me dices, viniendo de ti, es más que un simple halago.
Un abrazo de una gallega, de Ourense.
María del Mar
Un cuento muy original; me he divertido muchísimo. Un abrazo grande y mi voto.
Mariav
No sé nada de ti, Cenicienta, por eso me atrevo a decirte que, si no lo estás haciendo ya, deberías buscar a alguien en la red que colaborara contigo para ilustrar tus cuentos, porque merecía la pena verlos editados en papel a todo color.
Y gracias, me alegro haberte divertido con mis historias.
Un beso, corazón.
María del Mar
Querida amiga, Mariav, algunos de los cuentos pertenecen a mi primer libro publicado “Relatos para despertar el corazón dormido” no lleva dibujos, porque me encarecía mucho su publicación. Me encantaría encontar el modo de editar un próximo libro con dibujos, tal y como sugieres. Un beso
Lidyfeliz
Muy bueno, muy bueno, Mariav. Me mantuviste pendiente todo el tiempo. Te felicito. Mi voto
Mariav
Ay, boluda, y tú me mantuviste preocupada, que como me dice mi cuñada de allende los mares, vosotros, los españoles, tenéis una forma muy rara de demostrar los afectos y vos Mary todavía más.
Cariño, que no estás sola. La soledad es un estado mental. Nosotras somos literatura y tenemos alas para volar hasta la luna, y más allá si hace falta.
Feliz navidad, compañerita.
Maqroll
Mariav, sabes que te considero inteligente porque ya te lo he dicho en otras ocasiones, por eso no te perdono algunas de las “explicaciones que das” en este relato. A parte de que en narrativa toda explicación es devastadora, para mí también supone una falta de consideración para con el lector; ya sé que a veces se cae en explicaciones porque se piensa “esto no se va a entender”. Pues bien, si no se va a entender es que está mal contado, así que hay que trabajar para contarlo bien; y si está bien contado, pues por difícil, compleja y oscura que sea la trama o la estructura de un relato, el entenderlo o no es asunto exclusivo del lector; allá él y su capacidad lectora: si no sabe leer, que aprenda. ¿Te imaginas a Joyce pensando en lo que iba a entender o no el lector de su Ulysses? Pues afortunadamente hay suficientes lectores competentes como para que esa novela se considere una de las mejores del siglo XX; ¿o te imaginas a Faulkner pensando en lo mismo cuando escribió la complejísima “El ruído y la furia”?, pues se entendió lo suficiente como para convertirlo en uno de los Nobel más merecidos en Literatura. Así que, y porque eres inteligente, no menosprecies la inteligencia de tus lectores y deja de dar explicaciones a la trama en tu relato; dedícate a escribir, que lo haces muy bien, y que el lector se dedique a leer correctamente, si puede, o que lea a Coelho.
En cualquier caso, y aunque sobran “esas explicaciones”, faltan algunas tildes, hay algunas erratas y algunos giros huecos (¿Cómo puedes escribir algo tan horrible como “los copos de nieve hicieron acto de presencia” cuando luego para contar que caen despacio, sin peso, sin furia, escribes algo tan bueno como “como al descuido”, creando con una locución adverbial de modo de tres palabras la imagen exacta de lo que has querido contar?), pues eso, que a pesar de todo, el cuento me ha gustado mucho y te doy mi corazoncito rojo (nada navideño, por cierto, porque aborrezco la cargante Navidad).
Saludos.
Mariav
Mira si soy inteligente, que últimamente procuro rodearme de amigos de los que puedo aprender.
Tienes razón, en el texto sobran explicaciones. Al leerlo en voz alta me doy cuenta de que sobran palabras aunque otras las he metido intencionadamente. En cuanto a las demás faltas que mencionas procuraré corregirlas en la medida que sé.
Para mí es una satisfacción que alguien como tú se pare a leer mis extensos cuentos y me comente lo que crea que está mal. Yo llevo poco en esto de escribir y todavía estoy aprendiendo. Empecé como un divertimento pero quiero ir a más, así que cualquier ayuda será siempre muy bien recibida.
Gracias por ese corazón.
Un abrazo.
Mariav
Wow, siempre me han dicho que soy una cuentista y ahora vas tú y me dices que de eso nanay, que lo que soy es una narradora… ¡Bah, no hay quién entienda a la gente!
A ver, Maqroll, que has dedicando la mitad de tu repuesta a despotricar contra los compañeros y con eso no aprendo nada.
Las faltas de ortografía y la sintaxis siempre se pueden corregir. De hecho, hay gente que se dedica a eso profesionalmente. Yo, si un día quisiera publicar algo, lo primero que haría sería mandárselo a alguno de ellos para que me lo corrigiera, porque para mí es inadmisible un libro editado en papel con esos “horrores”, que los hay, y de autores muy reconocidos en la farándula española. Otra cosa es el texto en sí, el fondo, la idea, que puede que trasmita algo o no, la imaginación y la creatividad que tiene y pone el autor, que es lo personal e intransferible, que otro autor lo podrá mejorar y que se hace.
En esta red me he encontrado con muy buenos textos y el hecho de que en algunos contengas faltas no me ha tirado para atrás como para descalificarlos ni a ellos ni a sus autores. Luego están los textos ignominiosos que no hay por donde tragarlos, que acumulan votos que no se sabe de dónde salen. Pero esto cada vez está pasando y pasará menos, ya que la gente no es boba y se da cuenta de lo que realmente vale y no. Los grupitos existirán siempre porque la gente es gregaria por naturaleza, y cada uno está con quien quiere estar.
Por otro lado, no tengo dudas de que tras esta red hay un equipo de gente que sabe lo que se hace y lo que se cuece.
Tuve mucha suerte cuando uno de los primeros relatos que publique en una red fuera comentado por ti. En él, aparte de señalarme algunas faltas, me hiciste ver que dos negaciones forman una afirmación, y me lo explicaste de una forma que lo entendía a la perfección. Y digo que tuve suerte porque después me fijé en los comentarios que le dirigiste a otros compañeros, con los que conseguiste dejarme horrorizada. Pero este payaso quién es, me pregunté. Con que derecho te erigías a dar respuestas a diestro y siniestro como si fueras el único en poder de la verdad suprema y del conocimiento. Y si, te estuve picando uno tras otro, y tú muy elegantemente, eso sí, me mandaste a la mierda. Pero yo no he llegado a donde estoy reculando. Tu linda disección me la pasé por el foro y seguí aguijoneándote hasta que vi que cuando te equivocas también eres capaz de rectificar y pedir perdón.
Maqroll, eres un radical y un perfeccionista; un visceral que le pone demasiada pasión a lo que hace. Has hecho algunos comentarios con los que espero que NADIE se dé por aludido, que demostrando inteligencia no responda convirtiendo esto en singular campo de batalla. Dar pábulo no conduciría a nada e iría en detrimento de esta Red, social y literaria, y por lo tanto de nosotros, incapaces una vez más de aprender y entender que son más las cosas que pueden unirnos que las que nos separan.
Dices, “si en estas redes todos opináramos sobre asuntos relacionados con el texto se convertirían en verdaderas “escuelas”; si expresáramos nuestras maneras de enfrentarnos a la escritura, estaríamos ayudando a los que van por detrás en el camino, a los que empezaron más tarde y a los que quieren iniciarlo; estaríamos ayudando a amar la literatura y por tanto a amar el arte en todas sus manifestaciones; seríamos una comunidad de miembros que pretenden crecer juntos.”
Te doy la razón en todo, pero te olvidas de que estas son también redes sociales y hay mucho “corazón solitario” que necesita sacar “pa fuera” lo que sea y lo hace con sus escritos, de mejor o peor forma, que seguro que ni pretender ser afamados escritores ni ganar un premio. A los que nadie puede quitarles sus sueños ni decirles que se marchen y se busquen otro lugar para socializar, porque es en sitios como estos en donde se sienten bien y se encuentran a gusto haciendo amigos. Desde mi punto de vista, yo creo que todos tenemos cabida aquí, y que de todo se aprende incluso de lo que no es literatura.
Para finalizar, agradezco tus consejos porque reconozco que eso es lo que tiene que hacer quien quiera avanzar si se toma este oficio en serio y. Y bueno, no es que yo busque el Planeta, el Nobel y ni mucho menos el Cervantes. Digamos que cuando me meto a algo en serio me gusta hacerlo lo mejor posible; al menos, que me haga sentir bien conmigo misma para no ser mi mayor y más dura crítica.
Gracias por leerme, por responderme, por ofrecerme tu ayuda, por ser sincero, por ser como eres… Gracias y paz. Mucha paz y buena voluntad para crecer como escritores, pero sobre todo, para hacerlo como personas, porque al fin y al cabo somos las personas lo que realmente importa.
Un beso.
El Moli
Muy largo María, lo leeré cuando mi tiempo lo permita, te dejo mi voto y un gran abrazo.
Mariav
Wow, Luis, que petardo eres. Rechazo tu voto y me quedo con el abrazo hasta que me leas.

Y sí, cielete, yo soy muy extensa en todo…, hasta escribiendo relatos, (lo que me recuerda que tengo que pedirle a Vimon a que me enseñe a escribir nanos y a Salamandra a escribir haykus. Jajajaja)
Un besazo,mi estmado pueta.
Pedro Gda
MariaV, felicidades, voto, portada y Felices Fiestas. Gracias por compartirlo con nosotros y por hacer fácil lo difícil… Me gustaría ver como sigue este marcador.
Mariav
Pedro, las gracias las doy yo a todos los que me leéis. Compartir lo que uno escribe con vosotros es sumamente fácil en este espacio que los de Falsaria han creado. Lo difícil es leer todo lo que por aquí se publica, que a veces no hay tiempo material para hacerlo.
A ti te doy doblemente las gracias por tu capacidad de observación y comprensión, cualidades inequívocas que tienen los grandes escritores (no digo más para no sonrojarte y porque además tú ya me entiendes sin necesidad de más palabras).
Lo del marcador… bah. Creo que un texto mío sale en la tercera edición impresa de Falsaria. No voy a negarte que eso es muy halagador, pero sinceramente te digo que me importaría un bledo mientras estéis los que realmente deberíais de estar. Así que felicidades y enhorabuena para ti.
Un gran abrazo.
Fanathur
Me ha gustado mucho tu relato, mariav. La manera en que introduces al lector en el relato es muy buena. No me ha costado nada leer un relato tan largo como este, así que te doy mi voto y mi enhorabuena. Pensaba que exageraba Volivar cuando te ponía en tan alta estima. Me alegro equivocarme.
Por otro lado, me ha chocado el comentario de Maqroll, ya que no suelo ver muchos como el suyo. Estoy con él en lo que respecto a comentar algunos artículos más profundamente, sobre gramática o estética, pero me parece que el tuyo no merece muchas correcciones. De todos,modos, si Joyce se hubiera tomado la molestia de explicar un poco su Ulises, no me hubiera peleado tanto con él.
Mariav
Agradezco mucho tu opinión, Fanatur. Es cierto que cuando un texto es excesivamente largo da un poco de canguelo meterse a él, a mí al menos me lo da. Pero una vez que empiezo y me engancha se me hace corto e incluso me da pena cuando se termina porque yo disfruto mucho leyendo. También es verdad que si no me engancha lo abandono inmediatamente sin remordimiento alguno, a menos, claro, que no tenga otra cosa mejor que hacer o leer.
Bolívar es un amor. No es tonto. Sabe lo que se hace. Es un magnifico cuentista y un gran estímulo para todos aquellos que empezamos. Pero ves, a veces es tan sumamente halagador que lleva a pensar que exagera.
En cuanto al comentario de Maqroll, que no te extrañe. Su valoración es muy importante para mí. Como neófita en esto de la escritura, voy a por la tercera fase, en donde ahora ya sí necesito entrar a pulir mis textos.
Yo no quiero ser una escritorcilla sin más, sino que busco decir que soy escritora sin que esa palabra se me atragante.
Hay comentarios y hay crítica. Los comentarios que he recibido hasta el momento siempre han sido muy favorables; halagan mi ego y me estimulan a seguir… Pero crítica he recibido poca por no decir que ninguna. Y yo necesito que me den caña para crecer en este oficio, para corregir lo que hago mal, para no quedarme estancada, en definitiva, para aprender. Necesito esa opinión sincera, por brutal que me parezca, siempre y tanto que esté justificada.
Dices que mi texto no merece muchas correcciones, y agradecida que te estoy por lo que con ello implicas, pero con tus palabras me estas indicando que sí hay algo que debo corregir (y creo que no estamos hablando precisamente de faltas de ortografía), de lo que yo no me doy cuenta y necesito que me lo señalen. Esos pequeños detalles que se me escapan son los que nos marcan las diferencias.
No me extiendo más. Podría hablar durante horas y horas sobre literatura, critica, poder mediático, su influencia en la vida, porquería y etc., pero no me gusta ser más casina de lo que con esta respuesta por hoy ya he sido.
Fanathur
JAJA, muy bueno. Julieta Vigo es otra compañera que tiene muy buenas críticas. Bienvenida.
Maqroll
Mariav, aunque este comentario no lo has escrito como respuesta al mío, te escribo aquí porque compruebo que te has explayado, y sobre todo porque confiesas que quieres escribir y sentirte escritora. Me parece muy bien, sobre todo porque ya has demostrado que tienes el don del narrador (que no es el mismo que el del cuentista) y como tal tienes muchas cualidades para avanzar en este oficio de manera seguramente sorprendente. Ya sé que tú no eres de las que se alteran con mis comentarios. Los que se alteran no me interesan lo más mínimo, lo que no quiere decir que vaya a guardar silencio cuando dirigen a mí sus, cuando menos, absurdas, contradictorias y mal intencionadas observaciones, y mucho menos cuando insultan. Y si no me callo es porque la única forma de acabar con la lacra del maltrato es enfrentándose a él, enseñando a todos a no ser víctimas y despreciando al maltratador (y para empezar hay que ser capaz de advertir las formas más sutiles de maltrato, que aquí se han dado con bastante claridad). Por otra parte, mis comentarios siempre son sinceros y en ellos no escondo mi conocimiento, lo que parece molestar tanto a los que por esa razón me llaman “sabelotodo de pacotillla”. Lo que ocurre que siempre he considerado que el conocimiento está para compartirlo; así me enseñaron mis maestros y mi padre (que fue uno de mis más importantes maestros) y así continuaré haciéndolo. Y me sorprende mucho que todavía haya tantos ingénuos que no se percaten de que algunos, que al menos conocen las reglan elementales de la gramática, son capaces de actuar como verdaderos hipócritas votando y alabando textos en los que ellos han observado faltas de ortografía o de sintaxis, pero se callan (les importa más el voto y el halago del otro que así se aseguran; buscan cantidad en lugar de calidad, y se olvidan de que a la mierda acuden millones de moscas pero no por eso deja de ser mierda). Esto es lo que hacen los miserables. Y yo, por supuesto, no soy uno de ellos. Si en estas redes todos opináramos sobre asuntos relacionados con el texto se convertirían en verdaderas “escuelas”; si expresáramos nuestras maneras de enfrentarnos a la escritura, estaríamos ayudando a los que van por detrás en el camino, a los que empezaron más tarde y a los que quieren iniciarlo; estaríamos ayudando a amar la literatura y por tanto a amar el arte en todas sus manifestaciones; seríamos una comunidad de miembros que pretenden crecer juntos. Pero la evidencia demuestra que, como en todo lugar que ocupa el hombre como especie, aparecen aquí también antes los interesados, los manipuladores, los hipócritas y los miserables, en definitiva, aparecen las bajezas propias de la condición humana. Todo lo que a mí me asquea y me aburre. Por todo esto, te aseguro que siempre contarás con mi opinión sincera y que en esa opinión nunca “esconderé” mis conocimientos ( aquí los miserables estarán leyendo que me creo el que más sabe, así son de imbéciles e ignorantes). Y ya que quieres ser escritora, lo primero que has de hacer (que ya sé que lo haces) es leer mucho, leer bien, y leer buena literatura; lo segundo aprender todo sobre la lengua en la que escribes; de ese conocimiento surgirá el entendimiento pleno del lenguaje, que va más allá de lo que las palabras significan; si no fuera así, la literatura no sería un arte; aprenderás lo que significa la “enjundia” del texto; el pulso narrativo; la tensión argumental; la “música” y hasta la “psicología” del lenguaje. Y para esto, tienes que corregir y corregir; “pegarte” con el lenguaje “a muerte”. Y así comenzarás a amarlo, caerás fascinada por él y podrás nombrarte escritora sin que se te atragante la palabra.
Un abrazo.
1000Luna
Un cuento largo que se me hizo bien cortito por lo entretenido y divertido que lo hiciste, Me gustó mucho, Mariav. Una historia “Navideña” diferente y original, con un humor que me encanta…el tuyo
Un abrazo y mi voto.
Mariav
Gracias, Verónica. Me encanta que te guste mi humor. Reconozco que a veces me paso con con él, sobre todo cuando respondo a compañeros, que pueden no entenderlo o no hacerle gracia. Pero me gustan estas redes porque a través de nuestros escritos y nuestros comentarios nos permiten ir conociéndonos y hacer amigos.
Un beso muy grande.
El Moli
María, ¡Lo leí! creo que esto justifica mi voto, en su momento no pude hacerlo por falta de tiempo, un texto como este tenes que leerlo detenidamente dado la extructura que tiene.
Me gustó mucho, sobre todo ese diálogo entre los máximos exponentes del bien y el mal.
Un gran abrazo y muchas felicidades.
Luis
Mariav
Ay, babosin,que te disculpo. Si yo tuviera semejante preciosidad al lado me olvidaría de todo lo demás. ¡Dios, cómo echo de menos el olor de bebé! Al tuyo me lo comería a besos. Gracias por compartirlo.
Un besazo y felicidades para los tuyos y para ti.
halize
Precioso cuento, Mariav.Te felicito por él y de paso te deseo feliz Navidad.
Un abrazo.
Mariav
Gracias, Halize. Tambien te deseo unas felices fiestas y todo lo bueno que desees en el año que ya esta cerquita a comenzar. Un beso.
VIMON
Buen relato, mariav, aunque coincido con que es un poco largo. Por ahí leí y repito que un relato breve, para ser bueno, debe contener solo lo esencial. Determinarlo es la responsabilidad del escritor. Un fuerte abrazo y lo mejor para ti.
Mariav
Es largo porque en realidad se trata de dos historias insulsas que aglutiné mediante un nexo para darles otro cariz.
Vimon, me dices que el relato BREVE, para ser bueno, debe contener solo lo esencial, y estoy totalmente de acuerdo con lo que dices. Pero pasa que yo escribo micronovelas. Si, ya sé que el género no existe, pero yo me lo invento y ya está.
Te digo esto porque investigo las diferencias entre cuento y relato y sigo sin tenerlo claro.
Según he recopilado, y ateniéndome a la opinión de varios autores de renombre, un CUENTO ES:
- Narrativa de hechos imaginarios.
- Una historia sin tensión.
- Lo importante en él son las descripciones.
- Detalles generales de tiempo espacio y personalidades de los personajes.
- No descubre todo para que el personaje pueda pensar.
- Todo debe resolverse al final y este debe ser revelador.
- Debe escribirse solo si se conoce el final.
- Debe leerse de una sola sentada
Mientras que un RELATO ES:
- Una narración breve que trata un único tema.
- Admite hechos no ficticios, mas cercanos a lo sobrenatural que a lo real,
- La historia tiende a ser mas corta y menos desarrollada.
- Lo importante es la narración.
- Deja poco al pensamiento del lector.
Tras esto, y según lo veo, yo escribo cuentos populares para adultos; o en definitiva, micronovelas, como yo las llamo, que si existen los microrrelatos nanorrelatos, por qué no pueden existir los microcuentos, los nanocuentos o las micronovelas.
Sí, ya se que desbarro, pero me gusta destacar. ¿Que le quieres? No se le puede pedir peras al olmo. Por otro lado, paso de etiquetas aunque toda aportación enriquecedora que me pueda hacer cambiar el chip siempre es bien recibida.
Maqroll
Mariav, un poco tarde, pero es que hasta ahora no había leído este comentario tuyo. Desconozco las fuentes que has manejado para hacer esta compilación sobre lo que es cuento y relato, pero he de decirte que la mayoría de las definiciones que apuntas no son exactas y tampoco clarificadoras; en algunos casos probablemente por culpa de una traducción desafortunada. Me voy a permitir un repaso:
Un cuento es:
- Narrativa de hechos imaginarios. Inexacto. Los hechos que se narran en un cuento pueden serlo o no; aunque es cierto que todo hecho, aunque fuera real, ha de “pasar” por la imaginación del escritor antes de convertirse en un texto literario, pero esto ocurre con la literatura en general y no es un dato distintivo del cuento como género. Por tanto no es una definición válida (recordemos que una definición ha de tratar de aquellos matices y características propias del objeto definido que lo singularizan dentro de la generalidad a la que pertenece).
-Una historia sin tensión. Falso (no hacen falta explicaciones).
-Lo importante en él son las descripciones. Inexacto. Lo que se quiere decir con esta afirmación es que, por lo regular, en el cuento adquieren mayor relevancia las descripciones frente a los diálogos; afirmación que se ha quedado caduca. Las descripciones serán las necesarias; igualmente respecto a los diálogos. Que unas u otros adquieran mayor relevancia no define el cuento como género ni expone una característica ni un valor.
-Detalles generales de tiempo espacio y personalidades de los personajes. Esta afirmación no define el cuento, se refiere a una consecuencia de lo que es en sí mismo el objeto definido; y con “detalles generales” se pretende decir que en el cuento “no hay tiempo” para mucha explicación acerca del tiempo, el espacio y la personalidad de los personajes; no que los detalles no puedan ser “concretos” (frente a “generales”) o exactos. De hecho, uno de los valores importantes del cuento es que obliga al escritor a “elegir” con mucha “puntería” lo que ha de escribir para situar en el tiempo y en el espacio la narración, así como para definir a los personajes.
-No descubre todo para que el personaje pueda pensar. Aquí creo que hay un error de transcripción, ya que el personaje pensará lo que decida el autor, y que piense más o menos, o que pueda pensar o no, ni define ni supone un valor en el cuento. En tal caso, en el cuento al que hay que dejar pensar es al lector.
-Todo debe resolverse al final y este debe ser revelador. Cierto (aunque si se interpreta como que “nada debe resolverse en otro lugar que no sea el final”, deja de ser cierto).
- Debe escribirse solo si se conoce el final. Es un consejo, no una definición. Pero sí es interesante porque la aplicación del consejo sí produce una característica del cuento (también ya superada): Todo ha de estar en función del final.
-Debe leerse de una sola sentada. Absolutamente cierto, y posiblemente la definición más exacta del cuento como género literario.
En cuanto a las diferencias con el relato, la Crítica Literaria actual no establece tales diferencias. Hoy no se trabaja con teorías de los géneros (que son válidas solo para colocar una etiqueta que nos sirva para su clasificación y archivo); hoy se trabaja desde la teoría de los procedimientos; y en este sentido, las diferencias que expones acerca del relato no son sustanciales. (Si te apetece puedes leer el artículo “El cuento como género literario (III)” en mi web. Saludos.
volivar
Mariav: hasta hoy tuve la oportunidad de leer esta narración; hermosa y divertida; eres una gran escritora; como anotaste en un comentario, con esto confirmar que lo que haces, lo haces bien, y agrego que muy agradable, divertido, ameno, con ese toque maravilloso que posees.
Mariav, eres una mujer maravillosa.
Mi voto
Volivar
alca
Me ha gustado mucho. Yo no le veo a tu relato tantos defectos como otros y estoy de acuerdo en todo con volivar. Felicitaciones y voto aunque sea tardío.