Cardinales mortales

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    CARDINALES MORTALES

    A MI NIÑA, CON CARIÑO…

    TE QUIERO…

    NORTE

    JESSIKA HOT

    CAPÍTULO 1º

    SECRETARIA DE DÍA, ASESINA DE NOCHE

    Son las 17:30 de la tarde en New York, y la bella Jessica Montoya, después de una larga jornada laboral en la oficina de una de las empresas de patentes electrónicas más importantes de la ciudad, se despide de sus compañeros y marcha a su casa en su auto.

    Mientras conduce va tarareando una canción de su Colombia natal, lugar que dejó hace muchos años en busca de una vida mejor para ella y para su hija Laura, a la que adora.

    Jessica es una joven aparentemente normal, divorciada, madre de una hija encantadora, muy buena en su trabajo como secretaria, pero guarda un gran secreto, un secreto que ni siquiera sus más allegados conocen…

    Llega a casa a las seis en punto de la tarde, y recoge a Laura de la casa de la vecina, que se encarga de la niña cuando ella no está.

    -Hola, mi amor. ¿Cómo te fue el día, qué hiciste en el cole?

    -¡Hola, mami! Hoy tuvimos examen de mates –la pequeña hace un divertido mohín de disgusto, que deja muy claro lo qué le parece dicha asignatura.

    -Vaya, veo por tu carita que el examen no te fue demasiado bien –su madre se acuclilla para ponerse a su altura, y le pellizca la nariz, haciéndola reír.

    -El profe es un plasta. Tanto número y tanta multiplicación cansan a cualquiera.

    -¡Oye! ¿Quién te ha enseñado a ti eso de plasta?

    -No sé, lo habré oído en la tele…

    -Pues me parece a mí que la tele se va a acabar hasta que cuides tu vocabulario, jovencita.

    -Jopeta, mami… Cuando te pones así, tú también eres una plasta –y, tras decir esto, y hacerle una divertida burla a su madre, la niña baja la mirada y pregunta con voz triste-: ¿Esta noche también saldrás a trabajar?

    -Sí, mi amor. Pero te prometo que volveré temprano para darte un beso de buenas noches –dicho esto, Jessica da las gracias a la vecina, da un beso a su hija, y marcha a su apartamento a prepararse para su trabajo nocturno…

    Media hora más tarde, Jessica está preparada para llevar a cabo su tarea secreta.

    Recorre la carretera a gran velocidad, mientras el manos libres de su móvil va dando instrucciones…

    -Buenas noches, agente Jessika Hot.

    -Buenas noche, Jefe. ¿Qué tenemos para hoy?

    -Esta noche es una misión sencilla. Tienes que encargarte de un individuo llamado Thomas Bulloch, jefe de contabilidad de Empire Electronics.

    -¿Por qué ha de ser eliminado? –Mientras habla, la imagen del llamado Bulloch se va descargando en el ordenador de a bordo de su vehículo especial; un tipo bastante atractivo.

    -Eso no es de tu incumbencia. Limítate a cumplir el encargo como haces siempre, sin preguntas. Como tú sabes. Rápida y eficiente. Eres mi mejor agente. Espero que no te estén entrando dudas morales ahora, por mucho menos de lo que tú cobras mucha gente asesinaría a su madre.

    -Lo sé, Jefe pero… -Jessica tamborilea con los dedos sobre el volante de su deportivo último modelo.

    -No hay peros que valgan; ¿o prefieres que le pase el encargo a Letizia?

    -No, no. Yo me encargo. Déme una dirección dónde pueda encontrar al tal Bulloch.

    -Está en camino –en ese momento, suena el ping que avisa de la llegada de un nuevo mensaje de texto en el ordenador de a bordo del auto de la guapa asesina, y ésta suspira con aire resignado.

    -Leer mensaje de texto –y en el monitor del ordenador de a bordo aparece lo siguiente…: THOMAS BULLOCH, 35 AÑOS, JEFE DE CONTABILIDAD DE EMPIRE ELECTRONICS, ACUSADO DE VENDER PLANOS DE UN NUEVO MISIL INTELIGENTE A UN GRUPO TERRORISTA ISLÁMICO, PAGÓ UNA FIANZA DE 3 MILLONES DE DÓLARES Y SALIÓ LIBRE-. Interesante, quizás no sea tan inocente como pensaba, puede que me divierta después de todo dándole su merecido.

    -Recuerda, agente Jessika Hot. No estás aquí para divertirte, estás aquí para cumplir una misión.

    -Sí, Jefe, lo recuerdo muy bien –la joven toma buena nota mental del resto del mensaje y, tras borrarlo, pisa el acelerador de su convertible, poniendo rumbo a la dirección indicada.

    - Pásame el informe mañana por la mañana. Corto y cierro..

    -Bla, bla, bla. Aburrido, aburrido y pesado.

    Cinco minutos más tarde, la bella asesina aparca su coche en las cercanías de un selecto club nocturno de New York. Desciende del vehículo y camina hacia las puertas del mismo, contoneando sus rotundas caderas con cadencia felina.

    -Lo siento, señorita, es una fiesta privada –el gorila de la entrada alza la mano y ella sonríe.

    -Si quieres conservar enteros todos los dedos de esa mano, te recomiendo encarecidamente que me dejes pasar –le guiña un ojo y, sin esperar a la respuesta del guardia de seguridad del club, flanquea las puertas del mismo.

    Una vez dentro, da un vistazo rápido para cerciorarse de que su objetivo se encuentra dentro, tal y como decía el mensaje que estaría y, tras arreglarse el corsé, camina hacia Thomas Bulloch, que se divierte junto a una guapa pero escuálida jovencita, apoyado en una de las cuatro barras del local.

    -Hola, guapo. ¿Me invitas a una copa? Estoy sedienta…

    -¿Eh? –Bulloch no tarda en clavar sus ojos en los exuberantes pechos de Jessika Hot, que le sonríe con su más pícara y graciosa sonrisa.

    -¿Me invitas a una copa?

    -Claro, claro. ¿Qué quieres tomar?

    -Lo mismo que tú, tiene buena pinta.

    -Un Fresh Mint, por favor –Bulloch se vuelve hacia la linda camarera y le hace un gesto.

    -Mmm, tienes pinta de ser un triunfador. ¿Me equivoco?

    -Bueno, las cosas no me van mal. He tenido un pequeño

    contratiempo, pero me recupero fácil.

    -Eso suena a que tienes algo que celebrar, y a mí me encanta celebrar cosas –Jessika toma el vaso con el cóctel y da un ligero sorbo. -¿Tienes sitio dónde celebrarlo? Si es así, me encantaría celebrarlo contigo –Bulloch, ni corto ni perezoso, se lanza a por todas y, descaradamente, comienza a besar a nuestra guapa protagonista en el cuello y en los hombros.

    -Claro, tengo el coche ahí afuera, y he salido en busca de emociones fuertes, y seguro que tú puedes proporcionármelas. Espera que termine el cóctel –le guiña un ojo y vuelve a dar un pequeño sorbo de su licor.

    Una hora más tarde, en su apartamento secreto dela QuintaAvenida…

    -Al final resultaste ser un muermo, cariño –vestida únicamente con un pequeño tanga, la agente Jessika Hot da un último beso al cadáver de Thomas Bulloch, que reposa sobre la cama con el cuello partido y, después hace una llamada a su hombre de confianza, para que se encargue del cuerpo, tras esto, se viste, recoge como tantas otras veces su trofeo, esta vez es un juego de gemelos de oro y diamantes, baja a la calle, toma su coche, y vuelve a su casa, donde la espera Laura aún despierta, a pesar de que son casi las doce de la noche, para que le dé su prometido beso de buenas noches.

     

    CAPÍTULO 2º

    ALGO SOBRE LA COMPAÑÍA

    Viernes, 18:00 de la tarde en la ciudad de New York. Más

    exactamente bajo el estadio de los Yankees, donde, desde hace unos años una agencia gubernamental ultra secreta conocida comola Compañía, decidió montar una sucursal para agentes secretos y asesinas súper entrenadas en todas las variedades de lucha cuerpo a cuerpo o con armas, tanto de fuego de fuego como blancas.

    Esta tarde, Jessica Montoya, nombre en clave Jessika Hot, su agente más valiosa está aquí para entregar el informe de su última misión…

    -Bienvenida, agente Jessika Hot. Puede descargar su informe en el ordenador central, como siempre –la voz del ordenador central, fría y carente de emociones, saluda a la guapa agente mientras ésta se dispone a entregar el parte de misión sobre Thomas Bulloch.

    -Ordenador, dile al Jefe que este fin de semana lo quiero libre. No quiero que me envíen ninguna misión, quiero disponer de tiempo para pasarlo con mi hija, ¿entendido?

    -Entendido, agente Jessika Hot. No se le enviará ninguna misión. Podrá disponer de todo el fin de semana para usted y su hija.

    -Gracias –Jessica no ha podido evitar un escalofrío mientras el computador central de la base secreta repetía sus peticiones. Nunca le han gustado los ordenadores, tan fríos y faltos de humanidad. Se puede decir que está en contra de las máquinas en general, aunque le encanta su deportivo último modelo, equipado con la última tecnología.

    Se dispone a marchar del complejo subterráneo, cuando suena una voz a su espalda…

    -¡Jessica, eh, Jessica, espera!

    -Hola, Leticia –sonríe a su compañera, pero sigue andando hacia el ascensor que ha de llevarla al exterior del complejo.

    -Me han contado que tu última misión resultó ser un tipo de lo más atractivo.

    -Y de lo más aburrido también –Jessica se detiene ante las puertas del ascensor, y pone su pulgar sobre el lector de huellas.

    -Chica, no te quejes. No se puede tener todo en esta vida. Conoces chicos guapos y con dinero, vas a clubes caros y selectos.

    -Sí, bueno. Pero ya ves, a veces me planteo dejar esta vida y

    marcharme lejos con mi hija.

    -Sabes lo que te pasaría si lo intentases siquiera –la agente Letizia le guiña un ojo y añade en tono divertido pero sincero-: tendría que mataros a las dos.

    -Lo sé, pero no creo que lo lograses. Soy mejor que tú –soltando una alegre carcajada, Jessika Hot entra en el ascensor y pulsa el botón de subida.

    Pero… ¿Qué esla Compañía?

    Creada a mediados de los años noventa, y formada por un ejército de bellísimas agentes especialistas en multitud de técnicas de matar,la Compañíase encarga de esas misiones demasiado comprometidas para los cuerpos de seguridad del Estado. Tienen una sede en cada una de las ciudades más importantes de Estados Unidos e incluso en varios países del Mundo.

    Todas sus agentes son escogidas tras pasar un exhaustivo examen físico y mental, y juran fidelidad absoluta a la misma antes de empezar a trabajar, aceptando toda y cada una de las misiones sin hacer preguntas ni rechistar.

    Pero esto es algo que puede que esté a punto de cambiar debido al carácter demasiado inquisitivo de su mejor agente en New York. Jessika Hot…

    Volvamos con ella, que acaba de llegar a su casa en Blooming Groove, y se dispone a pasar un largo y apacible fin de semana junto a su única hija.

    -¡Hola, mami! Has tardado en llegar. Ya hice los deberes.

    -Hola, mi amor –Jessica abraza a su hija, y la besa suavemente en los labios-. ¿Qué te apetece hacer este fin de semana?

    -¿Podemos ir al cine? Hacen una peli de búhos mágicos que tiene que estar tope.

    -¿Búhos mágicos? –Su madre le sonríe y deja que la niña la rodee con sus brazos y la apriete fuerte.

    -¡Sííí! ¿Podemos ir, mamá, podemos, podemos?

    -Ummm… ¿Dices que has hecho los deberes?

    -Me faltan unos ejercicios, pero los acabo en un plis –Laura sonríe pícaramente.

    -Pues acábalos, y mañana por la tarde te llevo al cine, o donde quieras. Te lo prometo.

    -¡SÍÍÍ! ¡Gracias, mamá, eres la mejor del Mundo!

    En ese instante suena el móvil de Jessica pero ésta, al ver que es dela Compañía, ignora la llamada y centra toda su atención en su hija. Le ha prometido un fin de semana para ellas solas, y no piensa faltar a su palabra, antes muerta que fallarle a su pequeña.

    Mientras, en la sede central dela Compañía, el jefe de nuestra protagonista aprieta los puños con rabia al verse obligado a escoger a otra agente menos cualificada para llevar a cabo una misión pensada a la medida de la agente Jessika Hot.

    -Cuando vuelva el Lunes me va a oír. ¿Quién se ha creído qué es para tomarse un fin de semana entero sin consultármelo?

    -Señor.

    -¿Sí, computador central?

    -La agente Jessika Hot dejó el aviso de que no la molestasen con ninguna misión durante el fin de semana.

    -¿Y me avisas ahora?

    -Se le pasó el aviso en cuanto la agente Jessika Hot lo dejó, Señor.

    -Vaya, ahora hasta mi propio ordenador se atreve a cuestionarme –el Jefe de la rama Neoyorquina dela Compañíase levanta de su cómodo sillón y camina hacia la consola de mandos del computador, donde trastea durante unos instantes hasta encontrar una agente lo bastante buena como para llevar a cabo la misión que tiene planeada para esa noche. Cuando al fin da con una que le satisface, sonríe y pulsa el botón que da paso al número de móvil de la agente escogida, y la máquina vuelve a ponerse en marcha…

     

     

    CAPÍTULO 3º

    JESSICA Y LAURA

    Sábado, 18:30 de la tarde. Jessica Montoya y su hija Laura salen del cine cogidas de la mano y riendo felices.

    Hacía tiempo que no se lo pasaban tan bien, y la joven madre se convence de que hizo lo correcto desconectando el móvil de avisos dela Compañía.

    -¡Guau, mami, ha estado fabulosa de verdad! Los búhos volando por El bosque, y los malos persiguiéndolos.

    -¿Te ha gustado, cariño?

    -¡Me ha encantado!

    -Me alegro. A mí también me ha gustado –Jessica se agacha para arreglar la chaqueta de la pequeña, que protesta y pone un divertido mohín de disgusto en su lindo rostro.

    -¿Por qué no hacemos esto más a menudo, mami?

    -Sabes que no tengo tiempo, mi amor. Mi trabajo nocturno no me lo permite.

    -¡Pues déjalo! Ya curras bastante durante el día.

    -Se dice trabajas –La joven colombiana aprieta la mano de su hija con gesto cariñoso, y añade en tono pensativo-: Pero tienes razón, ya trabajo bastante durante el día.

    -Pues claro que sí. Podrías dejar el otro trabajo.

    -No, mi amor. Por desgracia no es tan fácil.

    -¿Por qué, mami, por qué no es tan fácil?

    -No puedo decirte por qué, pero no lo es. Confía en mí, por favor –Jessica vuelve a agacharse y besa a la niña en la punta de la nariz. Sabe que si le contara a su hija que si dejala Compañíalas perseguirían y las matarían podría causarle a la pequeña un gran trauma, y no quiere eso para ella. Es lo más importante de su vida, y no permitiría que le pasara nada malo.

    Por suerte para ella, su hija es una jovencita bastante madura y comprensiva para su edad, y decide que ya está bien de preguntas, que han salido a pasarlo bien y eso es lo que quiere hacer a toda costa.

    -¡Mami, mami, mami! –Comienza a gritar la niña de repente, sacando a Jessica de su ensimismamiento.

    -¿Qué, cariño, qué?

    -¿Podemos ir al Burguer King, sí, podemos? Va… Llévame al Burguer King, hace tiempo que no me llevas a comer una hamburguesa.

    Su madre mira su reloj de pulsera y luego sonríe.

    -Vale, pero si me prometes sacar diez en todo a partir del próximo trimestre. Incluido Matemáticas.

    -¿Matemáticas también?

    -Sobretodo en Matemáticas, si no, no hay Burguer King.

    -Eres una chantajista –Laura da un fuerte pisotón en el suelo, para demostrar lo indignada que está, pero luego dedica a su madre una dulce sonrisa.

    -¡Niña! ¿Qué me has llamado? –Jessica, por su parte, visiblemente sorprendida por el vocabulario usado por la chiquilla, comienza a caminar en pos de ésta, que ya se dirige a la carrera hacia la hamburguesería, mientras le grita con aire alegre…:

    -¡CHANTAJISTA, MAMI! Lo oí el otro día en la tele, y te va que ni pintado.

    -¡Serás…! –Riendo ella también, alcanza a la pequeña y comienza a hacerle cosquillas en los costados haciéndola reír de contento, para gozo de los demás transeúntes del complejo de ocio, que las miran complacidos.

    Ambas dos pasan el resto del fin de semana disfrutando de su merecida y mutua compañía.

    Ese Sábado por la noche, tras cenar hamburguesas en el Burguer King, deciden pasar la noche jugando a la consola y comiendo dulces y palomitas en casa. Y el Domingo lo pasan paseando y comiendo en una pizzería de Blooming Groove, ajenas a lo que el Destino les tiene reservado que, como se verá más tarde, no es demasiado agradable…

    Cuando llega la noche del Domingo, la niña está tan felizmente agotada, que ni rechista cuando su madre la manda a la cama a las nueve y media de la noche.

    Una vez queda a solas, Jessica vuelve a conectar su móvil dela Compañía, encontrándose con un nuevo mensaje, al parecer urgente…

     

    CAPÍTULO 4º

    NUEVA MISION

    Lunes, 21:00 de la noche. Jessica Montoya ya ha dejado a su hija a cargo de la vecina y conduce su convertible a gran velocidad por la carretera que separa Blooming Groove de la ciudad de New York. Se dirige hacia la central dela Compañía, ubicada, como todos saben, bajo el estadio de los Yankees. Sabe que su Jefe no la va a recibir con los brazos abiertos y la sonrisa en la boca por escaquearse de sus deberes como agente dela Compañíapero… Su hija es infinitamente más importante que cualquier estúpida misión, y no se arrepiente de haber pasado con ella el fin de semana.

    -Se presenta la agente Jessika Hot.

    -Bienvenida a la central, agente Jessika Hot. Espero que haya pasado un buen fin de semana –nuestra amiga sonríe al oír la modulada voz femenina del ordenador central y, por un momento deja atrás sus prejuicios contra los ordenadores, piensa por un momento que por qué no todos los seres humanos serán tan simpáticos y agradables como ese montón de chips y cables.

    -Gracias, ordenador. ¿Te he dicho alguna vez que eres un encanto? –Y, ni corta ni perezosa, estampa un beso en el lector de huellas del sofisticado computador.

    Instantes más tarde, en el despacho del Jefe…

    -Buenas noches, agente. ¿Ha recibido ya el informe de su nueva misión?

    -Sí. Lo he leído de camino hacia aquí.

    -¿Y bien? ¿No va a hacer ningún comentario sarcástico de los suyos esta vez?

    -No. Sólo decir que ese tipo me parece de lo más inofensivo. Alguien que tuvo la mala suerte de estar en el lugar equivocado, en el momento más inoportuno. ¡Por Dios, Jefe, no es más que un inofensivo escritor que sólo ha publicado un libro y vive todavía con su madre! Si tan sólo sale de marcha con los amigos una vez cada mes y medio.

    -Así es, y este fin de semana tiene pensado salir. Será el momento oportuno para que se encargue de él.

    -¿Y si me niego? –Jessika Hot tabalea sobre los brazos del cómodo sillón de piel, y frunce el ceño, pues conoce muy bien la respuesta.

    -Ya sabe lo qué pasará en ese caso. La misión será asignada a otra de sus compañeras, y a usted se le abrirá un expediente disciplinario.

    -Está bien, está bien –con gesto cansado y derrotado, la agente Jessika Hot se alza del sillón y se dirige hacia la puerta del despacho-. Este fin de semana entonces, ¿No?

    -El Viernes por la noche piensa ir con sus amigos a una discoteca llamada Webster Hall. Intercéptelo allí y haga aquello para lo que la pagamos.

    -De acuerdo, Señor. La misión se llevará a cabo tal y cómo se me ha ordenado –la bella asesina se alza del sillón y se dirige hacia la puerta del despacho, que ya empieza a abrirse para dejarla salir.

    -Un momento, agente…

    -¿Sí?

    -Debe firmar este documento que nos autoriza a usar medidas extremas en caso de que usted no cumpla su parte del trato.

    -Sólo quiero que sepan una cosa –Jessika firma el papel y,

    encarándose con su inmediato superior, añade con un leve susurro-: Si se atreven a acercarse a mi hija a menos de un kilómetro…

    -Entendido. Puede retirarse –el hombre intenta fingir serenidad, pero el simple aroma de la bella y joven mujer tan cerca de su persona ha logrado alterarlo, y necesita algo para bajar el repentino estrés que la amenaza de la joven le ha causado.

    Una vez fuera del despacho del Jefe, la guapa agente se encamina hacia su recinto privado, supuestamente un lugar donde puede descansar sin ser molestada entre misión y misión.

    -¿Qué, cariño, problemas con el Gran Hombre?

    -Hola, Letizia –Jessika se vuelve hacia su compañera, e intenta esbozar una sonrisa-. Nada que el encanto femenino no pueda manejar.

    -No le hagas demasiado caso. No es más que un pobre viejo al que ya no se le empina. Yo creo que por eso nos manda asesinar a hombres más jóvenes y atractivos que él, para sentirse más hombre y eliminar competencia. ¿Por qué te crees que nos tiene a nosotras como agentes dela Compañía?

    -Letizia, no tengo muchas ganas de hablar. Necesito pasar un tiempo a solas –y, sin añadir una palabra más, la agente Jessika Hot abre la puerta de su sala privada y entra, dejando a su compañera con la palabra en la boca.

     

    CAPÍTULO 5º

    OBJETIVO: JOHN BOWMAN

    Viernes, 01:30 de la noche, John Bowman y sus dos amigos llegan ala Webster Halldispuestos a pasarlo sino en grande, por lo menos lo mejor que puedan.

    El ambiente dentro del local es inmejorable: Buena música, chicas guapas y alcohol, justo lo que ellos buscan a esas horas de la noche, aunque lo de las chicas les da un poco igual, ninguno se ha atrevido nunca a decirle nada a ninguna; tanto es así que John se considera un fracasado en su relación con las mujeres y tendría que ocurrir un milagro para que eso cambiase.

    03:00 de la madrugada, mientras suena la canción de moda, su amigo Michael se le acerca y le grita al oído…

    -JOHN, AQUELLA TÍA DE ALLÍ NO HACE MÁS QUE MIRARTE…

    -No me vengas con coñas, por favor. Te tengo dicho que no me van.

    -Pero que es en serio, tío. Esa pava de ahí detrás no ha hecho más que mirarte desde que entró. Para mí que le gustas.

    John se gira y lanza una furtiva mirada sobre la misteriosa

    desconocida. Rubia, buenas tetas, buen culo, justo como lo gustan a él, y se echa a reír.

    -Vamos, Mike. ¿Pretendes que me crea que una tía como esa puede estar interesada en mí? –Pero entonces ocurre lo que jamás en la vida hubiera imaginado John Bowman que pudiera ocurrir…

    La misteriosa joven se le acerca, le toca el hombro y con la voz más suave y angelical que jamás haya escuchado le dice al oído…:

    -Perdona, ¿eres John Bowman, el escritor?

    -S-sí, soy yo –temblando como un flan, el joven traga saliva, e intenta sonreír a la desconocida.

    -¿Me invitas a un cubata y charlamos?

    -¡Hostia, tú, qué John ha ligado! –Sin poder creer lo que está viendo, Michael da un codazo a su amigo Alex, quien no se ha enterado de lo ocurrido y ha seguido a su aire, ajeno a toda la escena entre John y la misteriosa desconocida.

    Una vez a solas en una de las barras de la discoteca, y convencido ya de que no se trata de ninguna broma, John se lanza con la chica.

    -Así que dices que conoces mi obra…

    -Sí. LeíLA GENTE DELESPEJO hace algún tiempo, y me impactó. Y desde entonces siempre he tenido ganas de conocerte en persona.

    -Ahá. ¿Y tú, cómo te llamas, a qué te dedicas?

    -Me llamo Jessica, y soy secretaria en una empresa.

    -Yo estoy en paro.

    -Vaya, lo siento. Pero bueno, el libro se vendió bastante bien.

    -Sí, no me puedo quejar –John sonríe tímidamente, y este gesto hace que su acompañante se lance a reír con divertidas carcajadas.

    -Oye, ¿que te parece si tú y yo nos marchamos a algún lugar más íntimo y discreto?

    -Pero mis amigos…

    -Seguro que lo entienden –Jessica le dedica un pícaro guiño y, tomándolo de la mano, lo arrastra hacia la salida, mientras él se afana por escribir un sms al móvil de uno de sus amigos, explicándoles la situación.

    Cinco minutos más tarde, en el apartamento secreto de la asesina enla QuintaAvenida…

    -¿A cuántos has traído aquí antes de mí?

    -Oh, vamos. Sé que lo estás deseando.

    -No digo que no, pero no estoy acostumbrado a que una chica tan guapa y sexy como tú me invite a su apartamento a…

    -Eh. No pienses que hago esto con todos los hombres que conozco. Tengo mis principios y mi dignidad; no soy una cualquiera –con gesto apesadumbrado, Jessika se deja caer sobre la cama.

    -Perdona. Seguro que es culpa mía –y, más apesadumbrado aún, el escritor se sienta a su lado y comienza a acariciarle los hombros desnudos con delicadeza.

    -¿Culpa tuya, por qué?

    -Me he acostumbrado a pagar por sexo, y hacerlo sin que me cobren, se me hace un pelín raro, sólo eso –John se ha lanzado ya a por todas y besa el cuello de la joven con ternura exquisita.

    -Mmm… Tú sólo déjame hacer a mí, encanto –y, lanzando una sensual y divertida risita, Jessika Hot empuja al joven escritor contra la cabecera de la cama, y comienza a desabrocharle los pantalones, y a subirle la camisa y la camiseta, besando su abdomen y jugando con su miembro ya erecto.

    Tras veinte intensos minutos de sexo calmado y placentero, la joven sonríe a su amante, le acaricia la rasurada mejilla, y le susurra al oído…:

    -¿Sabes una cosa, encanto?

    -Dime.

    -Soy una asesina, y tú eras mi objetivo…

    -¿¡QUÉÉÉ!? –John Bowman nota como se le hiela la sangre en las venas, traga saliva, y comienza a temblar de pies a cabeza, y no de frío precisamente-. N-no hablas en serio, ¿verdad?

    -Oh, sí. Pertenezco a una sociedad secreta, financiada por ciertos sectores del Gobierno estadounidense, llamadaLa Compañíay, por lo visto, tienen cierto interés en que tú desaparezcas del mapa cuanto antes.

    -¿Eso quiere decir que me vas a matar? –John agacha la cabeza y, ante la sorpresa de su bella verdugo, lanza una carcajada.

    -¿Qué te hace tanta gracia?

    -Bueno, siempre tuve la sensación de que la palmaría después de pegar un polvo. Y éste ha sido el mejor de mi vida. Si he de morir, prefiero que sea a tus manos.

    -¿Quién ha dicho que vayas a morir hoy, encanto?

    -Pensaba que habías dicho…

    -He dicho que eras mi objetivo, no que pensara matarte –Jessika Hot pone un dedo sobre los labios del escritor, y luego va bajando poco a poco su mano hacia el miembro de éste hasta rodearlo, comenzando a masturbarlo suavemente-. No puedo matar a alguien tan tierno y dulce como tú, encanto. Además, eres bastante bueno en la cama, y no quiero perder la oportunidad de volver a hacerlo contigo…

    -Pero, tus jefes…

    -Chist. De eso me encargo yo. Tú no te dejes ver demasiado durante una temporada y déjamelo todo a mí –la joven, que ya ha empezado a chupar el sexo del escritor, le dedica un guiño, y sigue con la sensual tarea, hasta lograr que el miembro de John alcance una nueva erección.

     

    CAPÍTULO 6º

    UN MES MÁS TARDE…

    Ha pasado un mes desde que la asesina Jessika Hot decidiese no cumplir la orden directa de acabar con la vida del escritor John Bowman y le ayudase a iniciar una nueva vida lejos de todo lo que conoce, amigos, familia, todo y ahora, el joven escritor vive solo en la pequeña granja de su familia, a unos ciento cincuenta kilómetros de la ciudad de New York, creyéndose a salvo de la peligrosa Compañía.

    Por su parte, Jessica Montoya también ha seguido su vida y sus misiones como miembro activo de la secreta agencia gubernamental de asesinas.

    Acaba de completar una misión en la que ha tenido que acabar con la vida de un peligroso jefe terrorista del grupo proislamista Fundación Tierra Santa parala Ayuday el Desarrollo, que se ocultaba en Manhattan, creyéndose a salvo dela Justiciaestadounidense y se encuentra en un bar, celebrándolo con dos de sus compañeras.

    -El muy cabrón, aparte de tenerla pequeña, era un auténtico cerdo. Nunca me había sentido más satisfecha matando a alguien.

    -Brindo por eso, cariño –una de sus compañeras, una guapa chica de raza negra, alza su cubata y dedica una agradable sonrisa a Jessica, que queda pensativa, como si quisiera decir algo pero no encontrase las palabras.

    -¿En qué piensas, Jessika? –Su otra compañera, una atractiva pelirroja, le propina un ligero codazo, que la saca de su ensimismamiento.

    -Oh… En nada en particular, y en todo –Jessika Hot intenta sonreír, pero sólo consigue una extraña y triste mueca.

    -Aún sigues pensando en el escritor, ¿verdad, cariño? –Karmen, la chica de color, estira su mano y roza con ella la de la joven nacida en Colombia.

    -¡No! ¿Por qué crees eso? Ese asunto es agua pasada, además, está muerto.

    -¿Seguro que lo está? –Blanka, la pelirroja sonríe misteriosamente a sus dos amigas, y añade en un tono aún más misterioso-: Todas sabemos que, en un principio, te opusiste con uñas y dientes a llevar a cabo la misión, y que el Jefe te metió una buena bronca por ello.

    -Bueno, ¿no puedo opinar acaso acerca de las misiones que nos encomiendan?

    -Oh, claro que sí. –sus dos bellas compañeras intercambian guiños de complicidad.

    Además, si había alguien que no merecía morir ese era John Bowman.

    -Pero así son las cosas. Él está muerto y tú sigues con tu vida y realizando misiones paraLa Compañía.

    -La maldita Compañía. No sabes las ganas que tengo de coger al Jefe por el cuello y apretar, y apretar…

    -¿Te lo follarías primero? Ya sabes, como hacemos con todos nuestros objetivos… -Karmen dedica una sonrisa a Jessika.

    -¿A ese viejo bastardo? ¡Ni loca! –Y, al escuchar este comentario, las tres amigas se unen en un coro de divertidas carcajadas.

    Dos días después, durante una misión en la que le han encargado acabar con la vida de un peligroso terrorista Iraní…

    -Eres una joven muy bonita, si te vinieras conmigo te haría la reina de mi harem particular. En mi país tengo a muchas chicas jóvenes y lindas a mi servicio.

    -No lo dudo, encanto –Jessika parece más cansada que de

    costumbre, como si de verdad se estuviera hartando de todo este mundo de los asesinatos por encargo, y comete un error que casi le cuesta la vida…

    -Pero también sé reconocer a una asesina profesional en cuanto la veo –un rápido movimiento, y la presa se convierte en cazador, tomando a la guapa asesina con la guardia baja y rodeando su bello cuello con un fuerte y bronceado brazo, apretando la frágil tráquea de la joven-. ¡Dime quién te envía!

    -¿Te has vuelto loco? –No es la primera vez que Jessika Hot se ve en una situación parecida, pero nunca de forma tan estúpida. Por suerte ha sido entrenada para salir de conflictos como éste, y mantiene la serenidad, dejando que el iraní se confíe lo bastante como para contraatacar con un fuerte codazo al estómago del hombre y una poderosa llave que lanza al terrorista por encima de la cabeza de la joven, aterrizando duramente contra el sólido suelo de la habitación.

    El tipo no tiene tiempo de levantarse para contraatacar, Jessika se ahorcaja sobre él y, con un rápido movimiento de ambas manos, le rompe el cuello con un sonoro chasquido.

    -Maldita Compañía –murmura la guapa joven una vez ha hecho la pertinente llamada para que su hombre de confianza se lleve el cadáver del extremista muerto.

    Mientras, en el despacho del Jefe deLa Compañía, las cosas no pintan demasiado bien para nuestra protagonista. Alguien ha descubierto que John Bowman sigue vivito y coleando en una pequeña granja propiedad de su familia…

    CAPÍTULO 7º

    LAS IRAS DE LA COMPAÑÍA

    22:00 de la noche. En el despacho del Jefe deLa Compañía, éste parece realmente cabreado y a punto de estallar tras recibir una noticia más que impactante y unas imágenes que no dejan lugar a dudas…

    El escritor John Bowman sigue vivo, oculto en una pequeña granja familiar y, lo que es peor, su verdugo no ha recibido todavía su merecido castigo…

    -¡QUIERO ALA AGENTE JESSIKAHOT EN MI DESPACHO DENTRO DE CINCO MINUTOS, O EMPEZARÁN A RODAR CABEZAS!

    -Sí, Señor. Ya he enviado a varias agentes a buscarla. Estará aquí en el plazo establecido –si la computadora central del complejo tuviera sentimientos, ahora mismo estaría temblando de miedo.

    -¿Quién lo sabía y me lo ha ocultado? Maldita sea. ¿Quién? –El viejo pasea de un lado para otro en el despacho, como una furiosa bestia enjaulada, con los puños y los labios tan apretados, que casi los tiene blancos-. Cuando me entere de quien me ha ocultado esta información… Que se prepare; le haré pagar por su traición –se detiene un momento ante su mesa de metal y mármol y, rabioso, arrasa con todo lo que hay encima del mueble, tirándolo al suelo.

    -Señor. La agente Jessika Hot acaba de llegar.

    -Bien. Hacedla pasar –una extraña sonrisa aparece en el rostro del anciano cuando la joven asesina pide permiso para entrar en el despacho de su inmediato superior.

    -¿Quería verme, Jefe?

    -Sí, Agente Jessika Hot –sin dejar de sonreír con esa extraña sonrisa, el anciano hace un gesto a nuestra protagonista para que se acerque a la mesa-. ¿Recuerda usted a John Bowman?

    -Sí, Señor. Fue mi objetivo hace un mes –de repente, la bella joven comienza a sospechar que esta no es una simple reunión de rutina, y siente como un sudor frío va empapando su cuerpo-. ¿Pasa algo con él?

    -Oh, nada. Es sólo que me jode mucho averiguar por terceras personas que una de mis agentes no ha llevado a cabo una misión que le fue encomendada –el viejo se ha levantado de su cómoda silla reclinable, y se encara con su subordinada tan cerca que ésta puede oler su cara loción de afeitar-. ¿Me puede dar una explicación acerca de lo que le estoy hablando?

    -No sé de qué me habla, Señor, en serio. El objetivo John Bowman fue eliminado tal y como se me ordenó.

    -¿Cree usted que me chupo el dedo, agente? –El Jefe vuelve tras su mesa de mármol y metal y, con un brusco movimiento, hace girar la pantalla de plasma que hay encima de la mesa, donde puede verse una clara y nítida imagen del escritor sentado a la puerta de la casa de la pequeña granja familiar-. Si el objetivo John Bowman está tan muerto cómo usted afirma… ¿Quién es el individuo de la grabación? ¿QUIÉN, DÍGAME USTED, QUIÉN?

    -Señor… Le juro que estaba muerto cuando lo dejé en el apartamento… - Jessika, sabiéndose pillada y en desventaja, va retrocediendo hacia la puerta…

    -¿Dónde cree que va, agente Jessika Hot? –El anciano, por su parte ya ha tomado todas las medidas necesarias, y dos agentes esperan a Jessika a la salida del despacho. Por desgracia para ellas, no cuentan con el exhaustivo entrenamiento con el que cuenta nuestra protagonista, y son fácilmente noqueadas por ésta que, libre de momento, corre hacia los ascensores, mientras el Jefe grita y se desgañita lanzando maldiciones e improperios contra ella y las dos agentes que la han dejado escapar.

    Una vez en el garaje deLa Compañía, nuestra amiga lo tiene claro… Escapar es la única opción que le queda si quiere seguir viviendo…

    Mientras, arriba, el anciano pone en marcha la maquinaría para atrapar a la traidora…

    CAPÍTULO 8º

    HUYENDO

    ¡De qué forma puede cambiar la vida de una persona en tan sólo diez minutos!

    Hace exactamente eso, diez minutos, que la asesina Jessika Hot estaba hablando con su superior, quien la acusaba de saltarse las reglas y de no terminar un trabajo, y ahora se dirige conduciendo su convertible a toda velocidad por las calles de New York, en busca de su hija Laura, que la espera en Blooming Groove y que se va a sorprender mucho cuando la vea llegar en traje de faena.

    -¡Idiota, idiota, idiota! –La guapa asesina golpea el volante de su auto en un intento por infligirse un castigo que cree merecido-. Debí romperle el cuello como a todos, pero no. Tuve que dejarle con vida y ayudarle a escapar. Y ahora la más mortífera sociedad de asesinas del Mundo me sigue los talones para ajustarme las cuentas.

    Llegados a la autovía, la bella asesina pisa a fondo el acelerador y enfila en busca de la salida de Blooming Groove, donde la espera su hija sumida en un plácido sueño, sin sospechar el lío en que se ha metido su madre.

    Mientras, en el despacho del Jefe…

    -Recuerden que la quiero viva, tanto a ella como a la niña. Aún podemos reeducarlas y convertirlas en miembros útiles deLa Compañía.

    -¿Qué hay del objetivo John Bowman, Señor?

    -Daremos a la agente Jessika Hot otra oportunidad para probar su valía y su fidelidad para con nosotros.

    -De acuerdo, Señor –la agente Letizia Hot no lo dice en voz alta, pero está muy contenta de haber sido la elegida para dar caza a su compañera fugada. Tenía muchas ganas de demostrarle quién es la que manda enLa Compañía-. Sidesea algo más…

    -No, agente –el anciano dedica una extraña sonrisa a la bella mujer y hace un gesto, invitándola a marcharse.

    Una vez queda solo, trastea con el ordenador hasta dar con la ficha de la agente fugada, una ficha que sólo él sabe que existe, y donde viene información personal detallada de Jessica Montoya, el nombre de sus padres, de sus anteriores parejas, de su hija… Todo está en esa ficha y por eso el viejo cree que juega con ventaja, y sonríe primero, y ríe después a carcajada limpia, llenando el silencio del frío despacho.

    -Te tengo en mis manos, maldita perra traidora…

    Mientras, en la autovía, dos potentes motocicletas conducidas por dos asesinas deLa Compañíase acercan peligrosamente al auto de la huída Jessika Hot. Ambas motoristas van armadas con sendas uzzis y abren fuego sobre el coche de nuestra protagonista que intenta por todos los medios no perder el control y llegar sana y salva a casa junto a Laura.

    -¿Qué demonios creen que están haciendo, agentes? ¡Quiero a la agente Jessika Hot viva! ¡Quiero que sufra por su traición!

    -Perdone, Señor. Nosotras pensamos que…

    -Déjense de pensar y atiendan. Quiero que hagan lo siguiente –ambas asesina reciben la misma información. La dirección de Jessica Montoya en Blooming Groove, y la orden de raptar a su pequeña…

    Una vez recibidas las órdenes, las motoristas, para sorpresa de Jessica, dejan de asediarla y se limitan a adelantar al convertible, perdiéndose pronto en la lejanía.

    Un minuto más tarde, un helicóptero negro pasa volando por encima de nuestra protagonista, aunque ella no da mayor importancia al hecho, cometiendo un gravísimo error.

    Son las 10:30 de la noche cuando Jessica Montoya se encuentra cara a cara con la mayor tragedia de su vida…

    La puerta de su domicilio forzada… La mujer que cuida a su hija muerta, con el cuello partido, firma inequívoca de las asesinas deLa Compañía… Y lo que es más trágico… Ni rastro de Laura por ningún lado…

    Jessica está a punto de sumirse en la más profunda desesperación, cuando suena su móvil…

    -¿Sí?

    -Querida mía. Si quieres volver a ver a tu hija sana y salva ya sabes lo qué tienes que hacer.

    -¡DEVUÉLVAME A MI HIJA, MALDITO HIJO DE PUTAAA! –Pero la asesina Jessika Hot le grita ya al aire, puesto que el ruin Jefe deLa Compañíaya ha colgado…

     

    CAPÍTULO 9º

    LAURA EN PELIGRO

    Hace cinco minutos que el mundo de Jessica Montoya cambió por completo, y no precisamente para mejor.

    Todo comenzó hace cosa de un mes cuando, dejándose guiar por su instinto y su corazón en vez de por las órdenes de la agencia ultra secreta para la que trabajaba, decidió perdonar la vida de John Bowman y le ayudó a escapar y a esconderse.

    Por desgracia, no contaba con los satélites espía deLa Compañía, que acabaron por encontrar al escritor en su refugio en la granja de su familia, lo que cabreó en grado sumo a su inmediato superior, quien envió a varias agentes en su búsqueda, después de que ella lograse huir de la base secreta deLa Compañía.

    En medio de la persecución, el Jefe decidió cambiar de táctica y atacar a su ex agente allí donde más le duele. Ordenando el secuestro de su hija de diez años, Laura…

    Y aquí estamos ahora, con la asesina Jessika Hot a punto de estallar en gritos o en llantos, o en Dios sabe qué, antes de reaccionar finalmente y ponerse a cavilar un plan para rescatar a su hija y salir del atolladero en que se ha metido por su buen corazón.

    Mientras, en el helicóptero deLa Compañía…

    -¡QUIERO IR CON MI MAMÁ! ¡DÉJENME IR CON MI MAMÁ!

    -Maldita mocosa –la agente Letizia Hot ni siquiera intenta disimular el odio que siente por la pequeña rehén y rabiosa, la coge del brazo y la zarandea con violencia-. ¡Cómo no te calles, te tiro del helicóptero, mocosa asquerosa!

    Volvamos con Jessika Hot quien, sin perder ni un minuto, sale de su casa hasta la calle y sube a su auto poco después.

    -Ordenador, localízame todos los helicópteros deLa Compañíade inmediato.

    -Sí, Agente Jessika Hot –un levísimo zumbido y el computador de a bordo del convertible inicia la secuencia de rastreo de los aparatos deLa Compañía-. Tresde ellos se encuentran en el hangar deLa Compañía. Elcuarto se encuentra volando hacia la granja de la familia Bowman. Nos saca casi media hora de ventaja.

    -Gracias, ordenador –la guapa asesina se abrocha el cinturón, enciende el motor del auto, y pisa a fondo el acelerador. Ya sabe hacia dónde se dirige el helicóptero, y sabe que si se da prisa, aún puede hacer algo para salvar a su hija y al escritor.

    Mientras, en la granja de su familia, John Bowman , ajeno a todo lo que está ocurriendo en New York, se dispone a escribir un ratito antes de irse a la cama. Acaba de echar dos troncos a la chimenea para caldear el saloncito y está esperando a que su portátil se encienda.

    No sabe muy bien por qué, pero ese día lo ha pasado pensando en la misteriosa Jessica y, de pronto, sin saber tampoco por qué, nota como un escalofrío recorre su espalda y, lentamente, alza la cabeza y mira hacia la puerta del saloncito.

    Por otra parte, en el helicóptero…

    -Piloto, ¿cuánto falta para llegar?

    -Poco, agente Letizia Hot. Ya casi estamos.

    -Ya sabe lo que tiene que hacer. Aterrice antes de llegar a la granja; la niña y yo iremos hasta la casa andando.

    -Sí, Señora. Pero la niña se congelará si la saca ahí afuera con este frío. Estamos a diez bajo cero.

    -Tu menor problema será preocuparte de la mocosa si la operación falla, piloto. Limítate a hacer lo que le digo y quizás no se convierta en una baja colateral.

    -Sí, Señora –el piloto calla como una tumba, pero por dentro arde de odio hacia la bella y fría asesina.

    Y así, veinte minutos más tarde, Letizia Hot y su jovencísima rehén se plantan ante la puerta de la casa del escritor. La pobre Laura tiembla de frío mientras su captora la empuja violentamente y la obliga a tocar la campanilla de la entrada.

    -Ya va, ya va –John Bowman, sin sospechar lo que le espera al otro lado, abre la puerta, arrepintiéndose de inmediato.

    -Adentro, guapo. Tenemos que esperar a una amiga en común –de un fuerte empujón la asesina aparta al escritor a un lado, y entra seguida por la niña, que corre a calentarse al fuego de la chimenea.

    -¿Qué significa esto? ¿Quiénes sois vosotras?

    -¿Te acuerdas de Jessica?

    -S-sí, claro que me acuerdo…

    -Pues ella es su hija, y yo soy… Una compañera de trabajo. Ella vendrá en seguida a terminar un trabajito, y a recuperar a su hija.

    -¿Un trabajo? –El escritor siente como un escalofrío recorre su espalda al comprender de qué trabajo habla la bella desconocida.

    -Sí. Una vez tú estés muerto, nosotras tres nos podremos marchar y seguir con nuestras felices vidas, como si nada hubiera pasado.

    -En eso te equivocas, Letizia –en ese instante, la voz de Jessika Hot suena tras la brasileña y ésta, lívida como el papel, se da la vuelta…

     

    CAPÍTULO 10º

    LA DECISION DE JESSIKA HOT

    Hace cinco minutos que la agente deLa Compañía LetiziaHot llegó a la granja de la familia Bowman, donde se ocultaba el escritor John Bowman , dado por muerto durante semanas, en compañía de la hija de su compañera, la también asesina deLa Compañía, Jessika Hot.

    Se encontraba advirtiendo al escritor de su posible destino, cuando Jessika Hot entró en escena de forma repentina.

    Ahora, las dos asesinas se miran a los ojos, dispuestas a entablar un salvaje combate cuerpo a cuerpo, ante la atenta mirada del escritor y de la pequeña Laura.

    -Bien, Jessika. Ahora vamos a comprobar por fin quién de las dos es la mejor –Letizia se coloca en posición de combate.

    -Yo lucho por mi hija. ¿Por qué luchas tú? –Jessika hace lo mismo, sin perder de vista ni un instante a su adversaria.

    -El Jefe sabrá recompensarme si acabo contigo y con el escritor –Letizia lanza una carcajada y añade-: De tu hija nos encargaremos luego. La convertiremos en mejor asesina de lo que tú fuiste jamás.

    -¡ESO NUNCA! –Rugiendo rabiosa, Jessika Hot se lanza hacia delante, preparada para dar un golpe mortal de kárate al cuello de su rival.

    -Buen intento –Letizia esquiva el ataque y golpea con su rodilla el bajo vientre de la rubia-. Pero tu preocupación por tu pequeña zorrita te hace lenta y previsible. No eres rival para mí –agarra los rubios cabellos de la colombiana y le asesta dos puñetazos en el rostro, reventándole el labio-. ¿Me oyes, puta tetuda? ¡No eres rival para mí!

    Por desgracia para ella, Jessika no es ninguna novata en el arte de la lucha cuerpo a cuerpo, y logra zafarse de la presa y contraatacar con una potente patada a la entrepierna de su adversaria, que cae y rueda por el suelo doblada sobre sí misma.

    Aprovechando esto, nuestra protagonista se dirige al escritor…

    -Toma a mi hija y sácala de aquí. Tengo el coche ahí afuera.

    ¡Vamos!

    -S-sí –temblando a causa de la emoción y de los nervios, John Bowman toma a la niña de la mano y la saca de la casa.

    Por su parte, Letizia, aprovechando este momento, ataca a Jessika por la espalda, lanzándole una patada a la parte trasera de la rodilla y haciéndola caer al suelo.

    -¿Es que no aprendiste nada de nuestros instructores de combate? ¡Nunca des la espalda a un rival hasta estar segura de que está muerto o no se puede mover! –Después se acuclilla sobre ella y, cogiéndola del cuello, comienza a apretar con todas sus fuerzas, en un intento por estrangularla.

    Está a punto de lograrlo cuando…

    -¡DEJA A MI MAMÁ EN PAZ! –Laura, a pesar de los esfuerzos del escritor por retenerla fuera, a salvo de la pelea, ha logrado volver a entrar y, furiosa, golpea la espalda de la pelirroja asesina, momento que aprovecha Jessika Hot para librarse de la presa y asestarle dos fuertes golpes, un puntapié en el estomago y un gancho de izquierda que noquea a la asesina brasileña.

    -Calma, mi amor, calma –con lágrimas en los ojos, la bella y

    dolorida joven, abraza a su hija y la acuna contra su pecho-. Ya acabó todo. A la mañana siguiente, enla Jefaturade Policía de New York, una visiblemente alterada Jessica Montoya da parte al Comisario Jefe de toda la trama de asesinatos perpetrada porLa Compañía, abriendo asíla Cajade los Truenos. Entre los futuros objetivos deLa Compañía, nombres tan importantes como el del Presidente del Gobierno estadounidense o un alto cargo dela Iglesia Católica.

    -Señorita, sólo una pregunta.

    -¿Sí?

    -¿Cómo sabe usted todo esto?

    -Eso es confidencial –con una sonrisa en los labios, y sintiéndose libre por primera vez en muchos años, Jessica Montoya abandonala Jefaturade Policía y monta en su monovolumen.

    FIN

    EPÍLOGO

    Viernes, 00:30 de la noche, en un pisito dela QuintaAvenida…

    Jessica Montoya y John Bowman acaban de hacer el amor…

    -¿Sabes, John…?

    -Dime, niña…

    -Creo que nunca te agradeceré lo bastante que me abrieras los ojos aquella noche…

    -Bueno, yo sé de una manera… -Y, soltando una risita, el escritor se lanza sobre los enormes pechos de la ex asesina…

     

    SUR

    LA VENGANZA DEL JEFE

    CAPÍTULO 1º

    REGRESO DE VACACIONES

    Ha pasado casi un año desde que Jessica Montoya dejara su trabajo como asesina a sueldo y su vida transcurre todo lo tranquila y normal que cabe esperar en sus circunstancias.

    Estamos en Septiembre y ella y su hija Laura acaban de volver de Colombia de pasar un mes con su madre y su familia.

    Son las 17:00 de la tarde y Jessica recién termina de llegar a su casa tras una mañana de compras por New York en compañía de su hija y su amiga Gabriela.

    -¿Lo has llamado ya? –Gabi sonríe mientras hace esta pregunta.

    -¿A quién?

    -No te hagas la tonta. Lo sabes perfectamente.

    -No sé. Quizás dejo que sea él quién llame. La cagó bien cagada antes de irme de vacaciones.

    -Ya, pero porqué te quiere…

    -¿Tú crees? –Jessica también sonríe con aire un tanto soñador.

    -Y tú a él también. Sólo hay que ver la carita que has puesto cuando te has acordado de él.

    -Anda ya. No seas boba.

    -Ya, ya. Yo seré todo lo boba que tú quieras, pero…

    -John y yo sólo somos amigos. Buenos amigos eso sí, pero nada más.

    -Bueno, tú sabrás –Gabriela se levanta de la silla y recoge su bolso-. Pero él está coladito por ti, y no es mal tipo –dicho esto, se despide de su amiga y de la hija de ésta y sale de la cafetería donde ha quedado con Jessica.

    Esa tarde, por más de una vez, Jessica Montoya toma su móvil y lo mira y lo remira, sin atreverse a dar el paso, sin atreverse a llamar a John.

    Finalmente, después de cenar, a eso de las once y media de la noche, se decide…

    -¿Sí? –Desde el otro lado de la línea, le llega la voz del escritor-. ¿Jessica? ¿Eres tú?

    -Hola… -La guapa joven siente como su corazón se acelera tras su voluminoso pecho.

    Durante cerca de media hora, ambos amigos permanecen hablando como si nunca hubieran discutido. Por fin, antes de despedirse, conciertan una cita para el día siguiente en el apartamento.

    Y al día siguiente…

    -Hola, niña. ¿Qué tal por Colombia? ¿Cómo están tu madre y tus hermanos? ¿Pensaste en mí?

    -¡Deja de preguntarme y cómeme el coño, joder! –Sin poder aguantar más, la bella ex asesina a sueldo toma a su amante de la nuca y lo besa con pasión en la boca.

    Algo más tarde, tras media hora de sexo intenso y placentero…

    -Mi familia está bien, gracias a Dios. Y sí, he pensado mucho en ti durante mi estancia en Colombia.

    -¿Y qué has pensado? –John acaricia suavemente los pezones de Jessica con su índice derecho.

    -Bueno. Como te dije ya varias veces, mi vida es muy complicada; no tengo intención de atarme a nadie. Creo que así estamos muy bien. Dar un paso más sería joderlo todo, se perdería el encanto, la magia.

    El escritor abre la boca para decir algo, pero se calla; respeta demasiado la opinión de su amiga. En vez de eso, vuelve a bajar lentamente por la cama, hasta situarse de nuevo frente al húmedo sexo de la joven…

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

    CAPÍTULO 2º

    EL SECUESTRO DE GABRIELA

    Son las 08:00 de la mañana, y Jessica Montoya despierta en su casa de Blooming Groove con una sonrisa en sus sensuales labios. No sabe por qué y no le importa lo más mínimo, pero presiente que ese va a ser un día tranquilo y apacible, se siente en paz consigo misma.

    No sabe cuánto se equivoca.

    A las nueve de la mañana se levanta de la cama y se dirige a la cocina donde Laura ya la espera delante de un gran tazón de leche con cereales.

    -Hola, mi amor –saluda a su hija con un beso en la mejilla-. Te has levantado temprano. ¿No podías dormir?

    -Bueno, más o menos –la niña responde al saludo con una sonrisa y otro beso y luego lanza la pregunta, de esa manera tan directa que tienen los niños-. ¿Qué sientes por John? ¿Te gusta?

    -¡Niña! ¿A qué viene la preguntadera? –Su madre no puede menos que lanzar una divertida y sana carcajada.

    -Va, mami. Dímelo, te gusta, ¿verdad?

    -¿Por qué dices eso?

    -No sé… Se te ve feliz desde que lo conoces.

    -Bueno. Somos amigos y sí, soy feliz con él. Pero sólo somos amigos, nada más.

    -Ya –la niña, como toda respuesta, guiña un ojo a su madre, y sigue disfrutando de su desayuno.

    Esa tarde, después de comer, Jessica queda con su amiga Gabriela a discutir unos asuntos del trabajo.

    Son las 16:30 y la espera en el Village Tart para tomarse un café con ella y charlar, cuando uno de los camareros se le acerca y le entrega un sobre blanco.

    -¿Qué es esto? –Pregunta intrigada. Pero el mesero ya se aleja para seguir con las tareas propias de su puesto.

    Con gesto nervioso abre el sobre y extrae una nota escrita a mano con trazos firmes y en mayúscula…

    TENGO A SU AMIGA GABRIELA. SI QUIERE VOLVER A VERLA CON VIDA, LLAME A ESTE NÚMERO… 212 123-6767.

    Una vez leída la nota, y tras memorizar el número de móvil, Jessica Montoya se levanta de la mesa sin haber tocado su café, y se dirige a las escaleras que conducen al piso inferior del restaurante.

    Su primera idea es acudir ala Policía, pero sabe que sería un grave error y que la vida de su amiga podría correr grave peligro.

    Una vez en la calle y lejos de la mirada de posibles curiosos, saca su celular y marca el número escrito en la breve nota.

    -¿Señorita Montoya? –La voz, gravemente distorsionada, le llega alta y clara a través del teléfono móvil.

    -¿Dónde está mi amiga? ¿Qué quieren que haga? –Su voz suena demasiado alterada para su gusto, y hace un terrible esfuerzo por mantener la calma.

    -Calma, señorita Montoya. ¿O debería llamarla Jessika Hot? ¿No era ese su nombre de batalla? –Al otro lado de la línea suena una risita ahogada, y Jessica pierde los nervios.

    -¿QUIÉN COÑO ES USTED? ¿CÓMO SABE ESO?

    -Le he dicho que se calme. ¿Acaso está gritando en medio de la calle? –La voz distorsionada sigue sonando de lo más calmada, como si lo tuviera todo bajo control.

    -De acuerdo, seguiré su juego por el momento –Jessica cierra y abre el puño izquierdo e inspira profundamente-. ¿Qué quiere que haga?

    -Eso está mucho mejor, ¿ve cómo no es tan difícil que lleguemos a entendernos? –Tras esto, el misterioso interlocutor telefónico da a nuestra protagonista unas instrucciones harto precisas…

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

    CAPÍTULO 3º

    VUELTA AL “TRABAJO”

    Son las 17:00 de la tarde, y Jessica Montoya se dirige hacia su Ford Mustang aparcado frente al restaurante donde había quedado con su amiga Gabriela.

    Camina con paso rápido y nervioso, tanto es así que cuando llega a la puerta de su automóvil, a punto está de dejar caer las llaves al suelo.

    -Mierda…

    -¿Le ocurre algo, señorita?

    -¿Eh? –Alza la mirada para encontrarse con un caballero elegantemente vestido, que le sonríe desde las alturas-. No, gracias. Está todo bajo control.

    -Yo creo que no, señorita Hot –de repente, el desconocido la empuja contra el coche y le susurra algo al oído-: Será mejor que colabore tal y como le dijo a mi compañero hace unos instantes por teléfono, o su amiga Gabriela lo va a pasar muy mal.

    -Jodido hijo de puta –Jessica intenta liberarse de la presa, pero le es imposible, el desconocido la tiene bien sujeta contra el coche, con su rodilla clavada en su bajovientre.

    -Y recuerde. Nada de acudir ala Policía. Silo hace, no sólo

    mataremos a su amiga Gabriela, también iremos a por su hija y a por el escritor- dicho esto, el hombre se aleja del coche, no sin antes propinar un fuerte rodillazo en la entrepierna a la joven y de dejar una foto con un nombre escrito al dorso, sobre el Ford Mustang.

    Cuando nuestra protagonista se recupera del golpe, lo primero que hace es mirar la fotografía. Un desconocido pero… ¿Qué importa un desconocido cuando está en juego la vida de aquellos a los que amas?

    Esa noche, tras averiguar algo más sobre su víctima, Jessica Montoya sale de su casa tras pedir a su vecina que se haga cargo de Laura.

    Por lo que ha podido averiguar, se trata de Frank Hurley, traficante de poca monta con contactos en las altas esferas de la prensa Neoyorquina. Suele frecuentar salas de fiesta nocturnas y puticlubs de alto standing, por lo que no le es difícil localizarlo…

    -Hola, guapo… ¿Me invitas a una copa? –Se ha puesto su ropa de faena más sugerente y sensual y Hurley sonríe gratamente sorprendido ante la propuesta de tan bella y rotunda hembra.

    -Claro, preciosa –el camello hace un gesto al camarero-. ¿Qué quieres tomar?

    -Algo suave, el alcohol se me sube pronto a la cabeza, y me da por hacer locuras –Jessica lanza una risita.

    -¿Cómo te llamas, y de qué clase de locuras hablamos?

    -Jessika, con k –los dedos de la joven acarician el abultado vientre de Hurley y van bajando hasta su bragueta-. ¿Qué tenemos aquí? Eres todo un semental…

    -E-estoy casado. No soy de ese tipo de hombres –Hurley aparta la mano de la joven y se retira de ella.

    -Chist –Jessika pone su índice sobre los labios del hombre-. No tiene por qué enterarse nadie –después, lo toma de la mano y lo arrastra fuera del local.

    Tardarán días en encontrar el cuerpo sin vida de Frank Hurley.

    Cuando Jessika Hot acaba su trabajo siente una mezcla de repulsión y excitación que la hacen vomitar.

    Al día siguiente, la despierta el sonido de su móvil. Son las 08:00 de la mañana.

    -¿Sí…? ¿Quién es…?

    -¿J-Jessica? –Es la voz de Gabi, temblorosa y terriblemente asustada y angustiada.

    -¿Gabi? –La voz de su amiga la saca de su ensoñación-. ¿Estás bien? ¿Dónde estás? Puedo ir a buscarte, puedo…

    -No se precipite, señorita Montoya –la voz de Gabriela es sustituida por la voz distorsionada del día anterior, y Jessica siente como el odio y la frustración arden en su interior.

    -¿Qué quiere? Ya hice mi parte, deje ir a mi amiga.

    -Oh sí. Hizo un gran trabajo eliminando a un camello de poca monta. Pero queremos más de usted, mucho más…

    CAPÍTULO 4º

    MENTIRAS

    Lo que la joven Jessica Montoya siente en ese momento sólo se puede definir como rabia y odio, tan profundos que dan miedo.

    -¿Qué quiere que haga ahora? ¿A quién tengo que matar? –Aprieta con tanta fuerza su móvil, que sus nudillos se ponen blancos.

    -Tranquila, señorita Montoya –por su parte, la voz distorsionada sigue sonando totalmente calmada, como si lo tuviera todo bajo control-. Le daremos nuevas instrucciones a lo largo del día. Y recuerde, si intenta avisar ala Policíao hacer algo que nosotros creamos inconveniente, su amiga muere, y tras su amiga sus seres queridos.

    -¿POR QUÉ NO ME MATAN A MÍ TAMBIÉN Y ACABAMOS ANTES?

    -Tranquila, señorita Montoya, tranquila. Usted nos está siendo útil. Todo a su debido tiempo –dicho esto, el misterioso interlocutor corta la comunicación, dejando a Jessica mirando el móvil ya mudo.

    Es la voz de su hija la que la saca de su abstracción.

    -¿Mami? ¿Estás bien? Te oí gritar…

    -No pasa nada, cariño –miente la joven con una naturalidad que la asusta.

    -Vale, mamá –oye los pasos de su hija alejándose y, temblando de furia, comienza a vestirse.

    Cinco minutos más tarde, en la cocina…

    -Te preparé un zumo de naranja y unas tostadas, pero creo que las quemé –Laura dedica a su madre un divertido mohín de asco que hace reír a la joven.

    -Gracias, mi amor –Jessica se acerca a su hija y la besa en la mejilla- . Seguro que están deliciosas –toma la tarrina de la margarina y comienza a untar las tostadas algo chamuscadas-. Con un poquito de esto y un poquito de mermelada no se notará nada –se obliga a comérselas a pesar de que no tiene ni pizca de hambre.

    -¿Qué se cuenta Gabi?

    Jessica siente como el bocado que acaba de dar se atraganta en su garganta, y tose.

    -Ahí está, con sus cosas. Ya sabes cómo es Gabriela.

    -¿Mamá, seguro que estás bien?

    -Sí, cariño. Estoy bien –se obliga a sonreír y a seguir comiendo las tostadas chamuscadas que con tanto cariño le ha preparado su hija.

    Esa tarde, mientras ambas ven la tele en el salón, vuelve a sonar su celular y ella a punto está de dejarlo caer. Por suerte, es John quien la llama.

    -Hola, mi amor. ¿Cómo estás? –Intenta aparentar una calma que no siente, pero no puede hacer otra cosa, se moriría si por su culpa alguno de sus seres queridos sufriera algún daño.

    -Hola, niña. ¿Qué tal lo llevas?

    -Bien, bien. Estoy viendo la tele con Laura. ¿Querías algo?

    -Bueno…, me preguntaba si te apetecería salir esta tarde a tomar algo, podemos quedar en New York, cerca del apartamento.

    -Ay, mi amor, me va a resultar imposible –la nueva mentira surge de su boca con total naturalidad.

    -¿Por? ¿Qué puede haber más importante que pasar un ratito con tu escritor favorito?

    -Lo siento de veras, John. Me es imposible –y sin saber qué más añadir, cuelga.

    -¿Mamá? ¿Seguro que estás bien?

    -¡TE HE DICHO QUE SÍ, MALDITA SEA! –Se arrepiente en el acto de su reacción, pero ya es tarde y Laura ya se ha levantado del sofá y encerrado en su cuarto, llorando.

    Está a punto de levantarse para ir tras su hija, cuando su móvil vuelve a sonar.

    Esta vez sí son ellos…

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

    CAPÍTULO 5º

    NUEVAS INSTRUCCIONES

    -Me gusta la rapidez con la que atiende nuestras llamadas, señorita Montoya –hay un deje de satisfacción en la voz distorsionada-. Casi se diría que disfruta con lo que hace.

    -¡Váyase a la mierda!

    -Bueno, vayamos al grano. Tengo un nuevo trabajo para usted; un mensajero llegará en media hora a su casa con unas fotos y las instrucciones.

    -¿A quién tengo que matar ahora?

    -No hable muy alto, ¿acaso quiere que su preciosa hija se entere de que su madre es en verdad una asesina a sangre fría?

    -¡No meta a mi hija en esto, o juro por Dios que…!

    -Vamos, vamos, cálmese. Ya sabe lo que puede pasar si usted pierde los nervios y hace algo que no nos guste –al otro lado de la línea suena lo que parece una risita de satisfacción.

    -Quiero hablar con mi amiga.

    -Creo que no lo entiende, somos nosotros los que damos las órdenes y usted, puta engreída, quien las cumple.

    -Sí quiere que siga colaborando, quiero hablar con Gabriela, saber que sigue viva.

    Hasta ella llega un cuchicheo y, un instante después…

    -¿J-Jessica, e-eres t-tú?

    -¿Gabi, estás bien? ¿Te han hecho algo?

    -M-me han dicho que si no haces lo que te digan, m-me matarán.

    -¿Gabriela, Gabriela? –Pero su amiga ya ha sido apartada bruscamente del teléfono.

    -Ya la ha oído. Ahora será mejor que esté atenta al timbre; nuestro mensajero llegará en cualquier momento –dicho esto, la voz desfigurada cuelga.

    Veinte minutos después, suena el timbre y Jessica, temblando como una hoja, se levanta a abrir a abrir la puerta. Cuando se acerca al buzón encuentra un sobre marrón, de los acolchados, que abre con las tijeras, dejando caer una foto con un nombre escrito detrás: Vincent Cole.

    No sabe quién es pero, ¿qué importa eso? Ese hombre debe morir si quiere que sus seres queridos sigan viviendo. Pero esta idea no hace que se sienta mejor.

    Dentro del sobre hay un papel con toda la información necesaria sobre su nuevo objetivo. Se trata de un Fiscal, uno de los buenos, ha enviado a la cárcel a mucha gente indeseable, ella no conoce a ninguno, no importa, no es de su incumbencia. Todo lo que importa es que ese hombre debe morir para que Laura, John o Gabriela no mueran por motivos desconocidos aún para ella.

    Sin embargo, ese nombre y esa cara le resultan vagamente familiares.

    -¿De qué me suenan este nombre y esta cara? –Se pregunta en voz baja cuando Laura sale de su cuarto y le habla, sacándola de sus pensamientos.

    Con rápido gesto, guarda las fotos, el sobre y el papel bajo el sofá y se vuelve hacia la pequeña

    -¿Mamá? –La voz de la niña suena triste, afligida.

    -¿Sí, mi amor?

    -¿Se te ha pasado el enfado?

    -Mi cielo –se levanta y, acercándose a la pequeña, la atrae hacia sí, acunándola contra su amplio busto-. Mami no estaba enfadada, sólo un poquito nerviosa –se inclina y besa a la niña en la frente-. ¿Me perdonas y preparamos palomitas?

    -¿Te irás esta noche también?

    -No. Esta noche me quedaré contigo, prometido –vuelve a besar a su hija en la frente.

    Esa noche decide no hacer caso de las órdenes de los chantajistas.

    Como castigo, Gabriela recibirá una brutal paliza.

    CAPÍTULO 6º

    EL FISCAL COLE

    A la mañana siguiente vuelve a sonar el teléfono móvil de Jessica Montoya. Son las 08:30 de la mañana.

    -¿Qué le dijimos sobre cumplir nuestras órdenes? –Esta vez, la voz distorsionada suena furiosa

    -Y-yo… -Aún dormida, nuestra joven protagonista responde a la llamada.

    -Por su culpa, mis hombres han tenido que golpear a su amiga. Está grave pero vivirá, si usted hace lo que le pedimos…

    -¡Maldito hijo de puta!

    -Queremos a Cole muerto mañana; a él y a su familia. O la próxima vez la paliza la recibirá su hija o su amigo el escritor. ¿Le ha quedado claro?

    Jessica tarda en responder.

    -¿HA QUEDADO CLARO? ¡RESPONDA, MALDITA SEA!

    -S-sí…, ha quedado claro –cuando finalmente lo hace, lágrimas de impotencia y desesperación resbalan por sus mejillas.

    -Bien. Será esta noche; como pudo comprobar, dentro del sobre iba toda la información necesaria para hacerse cargo del Fiscal.

    -Sí –de nuevo, la rabia y el odio invadiéndola toda, cada fibra de su ser.

    -De acuerdo. Recuerde que la integridad física de sus seres queridos depende únicamente de lo que usted haga a partir de este momento.

    -No lo olvidaré –esta vez es ella la que corta la comunicación, dejando a su misterioso interlocutor con la palabra en la boca.

    Esa noche, tras pedir una vez más a su vecina que se haga cargo de Laura, Jessika Hot vuelve a salir a cazar…

    Son las 23:00 de la noche, y en el domicilio de Vincent Cole reina el más absoluto silencio mientras el Fiscal repasa los últimos informes del día.

    Afuera, en el jardín, una esbelta figura femenina se desliza envuelta en la oscuridad de la noche.

    Sigilosa cual gato ladrón, se cuela en la casa y llega hasta el

    despacho de Cole.

    -¿Quién coño es usted? ¿Cómo diablos ha entrado?

    -Chist –Jessika se lleva un dedo a los labios-. Hágame caso si quiere vivir.

    -¿De qué va todo esto? –Sorprendido y furioso por haber visto comprometida la seguridad de su hogar, el Fiscal observa como la intrusa lo ata de pies y manos y luego lo noquea de un certero golpe de kárate.

    Cinco minutos más tarde, una vez que la asesina ha reunido a toda la familia Cole en el salón de la enorme casa…

    -¿Quién es usted? ¿Quién la envía? –Vincent Cole, ya recuperado del golpe recibido, clava una mirada furibunda en la joven encapuchada.

    -No lo sé. Pero gente a la que amo puede correr peligro de muerte si no hago lo que ellos me dicen. Ya han secuestrado a una amiga mía, y la matarán si no… -No puede acabar la frase.

    -¿Va a matarnos? –Pregunta entonces el hijo mayor de la familia, un niño que, por su aspecto, no debe ser mucho mayor que Laura.

    -No, pequeño –Jessika se acerca a él y le acaricia los rubios cabellos-. Si hacéis todo lo que yo os diga, no os pasará nada. Prometido.

    -¿Qué quiere que hagamos? –En la pregunta de Vincent Cole hay mucha convicción y un profundo valor.

    Cuando su joven raptora termina de hablar, todos los miembros de la familia Cole asienten con la cabeza. Hay temor en sus rostros, pero también una gran determinación.

    -¿Qué hará usted, señorita? –Pregunta el Fiscal mientras Jessika desata a su mujer y a sus dos hijos.

    -No lo sé. Imagino que lo que tendría que haber hecho desde el primer momento.

    -¿Irá ala Policía?

    -No. Al menos de momento.

    Una vez el clan Cole ha salido por la puerta, Jessika Hot sale por la puerta de atrás y se dirige a un coche negro aparcado en las inmediaciones…

    -No te muevas, o te rompo el cuello.

    El secuaz de los chantajistas, un tipo de claro origen latino, queda de inmediato paralizado por la sorpresa.

    CAPÍTULO 7º

    MOVIMIENTO CALCULADO

    Son las 00:30 de la medianoche, y en las inmediaciones de la ahora desierta vivienda de la familia del Fiscal Vincent Cole tiene lugar esta conversación…

    -Vas a llevarme junto a tus jefes si no quieres que te mate –una hermosa mujer, sensualmente embutida en un traje negro, retuerce el brazo de un individuo de aspecto malencarado.

    -Si la llevo, serán ellos los que me maten.

    -Si no me llevas, yo me aseguraré de que tu muerte sea muuuy lenta y muuuy dolorosa –la mujer guiña un ojo al hombre, que siente como el sudor corre por su cuerpo a chorros.

    Veinte minutos más tarde, en una vieja fábrica abandonada, dos hombres comienzan a preocuparse

    -Algo ha salido mal.

    -¿Por qué lo dices?

    -Felipe tendría que haber llamado hace veinte minutos. Esa puta tendría que haber eliminado al Fiscal hace rato y estar ya muerta. Te digo que algo ha salido mal.

    -Felipe es un incompetente, te lo advertí cuando lo contrataste.

    -¿Tengo que recordarte que tú tampoco pusiste demasiadas objeciones cuando lo hice?

    -Bueno, démosle algo más de margen. Si no tenemos noticias en media hora, cogemos a la otra zorra y nos largamos de aquí.

    -¡No, nos largamos ya! –El hombre se acerca a la guapa joven que permanece tendida en el suelo, cubierta de moratones y sangre seca y la obliga a levantarse.

    -¿Dónde crees que vas? –Su compañero lo coge del brazo y lo obliga a detenerse.

    -¿Qué adónde voy? Tenemos que salir de aquí lo antes posible, antes de que esa perra desquiciada venga y nos haga picadillo.

    -Parece que la conoces bien…

    -Sí, la conozco lo suficiente para saber de qué es capaz cuando se la cabrea –el segundo hombre deja caer de nuevo a la mujer al suelo, desmayada.

    -¿Me a vas a contar de una puñetera vez de qué va todo esto? ¿A qué se debe tu obsesión por esa mujer?

    -Hace un año, esa mujer hizo que yo ingresara en prisión. Es muy peligrosa, si se entera de que esto es cosa mía… No se conformará con volver a meterme en la cárcel.

    -Entiendo –su compañero parece sopesar lo que acaba de oír y luego asiente con la cabeza-. Tenemos que pensar cómo acabar con ella antes de que ella acabe con nosotros.

    -Sí. Lo primero es salir de aquí –dicho esto, ambos criminales salen de la fábrica, dejando atrás a una maltrecha Gabriela.

    Cuando Jessica llega cinco minutos más tarde…

    -¡GABRIELA! –Espantada por el aspecto que presenta su amiga, la joven asesina corre junto a la chica y se inclina sobre ella, acunándola contra su amplio busto.

    -¿J-Jessica, eres t-tú?

    -Calma, mi amor, calma –furiosa, se vuelve hacia el hombre que la acompaña-. ¿Tienes un móvil? ¡Llama a un médico, joder!

    -S-se han ido –Gabriela intenta hablar, pero de sus labios sólo sale un ronco susurro-. D-dijeron que te iban a matar. D-dijo que te c-conocía…

    -Calla. Ahora vendrá un médico y te pondrás bien –sigue meciendo a su amiga contra su pecho. Lágrimas de rabia resbalan por su bello rostro.

    Más tarde, una vez que la ambulancia se ha hecho cargo de

    Gabriela…

    -Tenemos que movernos rápido. Mi hija corre grave peligro.

    -¿Qué vas a hacer conmigo? –Felipe mira con recelo a la asesina, que le dedica una peculiar sonrisa.

    -De momento me eres necesario. Aunque no a fondo, parece que conoces a los tipos que secuestraron a mi amiga e intentaron tenderme la trampa –tras esto, vuelve a coger al matón por el brazo y lo empuja fuera de la factoría abandonada.

    Es la 01:30 de la noche, y ésta se presenta larga y peligrosa…

     

    CAPÍTULO 8º

    AL ACECHO

    02:00 de la madrugada. Un coche negro ronda las inmediaciones del domicilio de Jessica Montoya. En su interior, dos hombres discuten.

    -Te digo que tendríamos que salir de aquí lo antes posible, largarnos lo más lejos que podamos.

    -¡Calla de una vez, maldita sea! Esa puta está a punto de llegar a por su hija, si la esperamos aquí podremos acabar con ella de una vez por todas.

    -Tío, te has vuelto loco. Tu obsesión con esa mujer es algo enfermizo –el primer hombre detiene el auto y se dispone a abrir la puerta del vehículo cuando…

    -Si te bajas del coche, eres hombre muerto –el segundo hombre saca una automática de la guantera y le pone el cañón en la nuca.

    -P-pero…

    -Estamos juntos en esto. Si yo caigo, tú caes conmigo; sabías dónde te metías cuando te hablé de ello.

    -De acuerdo. Estamos los dos con la mierda hasta el cuello –el primer hombre vuelve a cerrar la puerta del auto y se acomoda de nuevo tras el volante-. Pero será mejor que tengas un buen plan para acabar con esa loca o…

    -¡Lo tengo, maldita sea, te he dicho que lo tengo!

    -¿Cuál es tu plan? ¿Esperar dando vueltas hasta que aparezca?

    -¡Escúchame, joder! Jessika Hot es una asesina fría y calculadora, pero también es madre. Si sospecha que su hija pueda correr algún peligro, acudirá en su ayuda; es como una leona cuidando de sus cachorros. Eso es lo que la va a perder y hacer posible que lleve a cabo mi venganza –hay tanta convicción en las palabras de su compinche, que el conductor del automóvil no puede menos que asentir con la cabeza.

    Mientras tanto, a varios kilómetros de Blooming Groove…

    -¿Qué piensas hacer ahora? –Felipe, con las manos atadas a la espalda, sonríe por algún motivo sólo conocido por él-. Tienes miedo de mi jefe. Te tiene bien cogida, mala pécora.

    -¡Calla, te he dicho que te calles! –Jessika, furiosa, le propina una fuerte bofetada que le rompe el labio-. Tú no tienes ni idea de a qué o a quién tengo yo miedo. ¿Me oyes? ¡NO TIENES NI PUTA IDEA! –Está perdiendo el control, y eso no le gusta, no le gusta ni un ápice.

    -¡Me has hecho sangre! ¡Me has roto el labio y me has hecho sangre! –Gime de repente el matón –Cuando mi jefe te coja, te voy a follar como a la puta que eres, te voy a meter el cañón de mi pistola por el coño y me voy a correr sobre esas enormes tetas tuyas mientras te vuelo la jodida cabeza ¿ME OYES PUTA? ¡TE VOY A VOLAR LOS PUTOS SESOS CON MI PISTOLA MIENTRAS TE DOY POR CULOOO!

    Pero Jessica no lo escucha, está pensando en Laura, sola en casa sin defensa posible alguna salvo la ayuda de la vecina.

    Pero el criminal sigue hablando…

    -Y también nos follaremos a tu hijita. Oh, sí. Mis amigos y yo montaremos una orgía con tu pequeña putita, y antes de matarte te obligaremos a ver como nos la jodemos –y ese es su gran error. Jessika Hot, simplemente le rompe el cuello con un brutal y efectivo movimiento.

    Tras esto, deja caer el cuerpo sin vida fuera del coche y pone de nuevo rumbo a Blooming Groove.

    -Tranquila, mi amor. Mami va a buscarte. Mami no dejará que te pase nada malo –va recitando como si de una letanía se tratase mientras pone el vehículo a toda velocidad…

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

    CAPÍTULO 9º

    EL ROSTRO DEL ENEMIGO

    Son casi las tres de la madrugada, y una exhausta y furiosa Jessica Montoya acaba de aparcar su automóvil cerca de su domicilio y sale del auto dispuesta a todo.

    En ese preciso momento, en otro coche no lejos del de nuestra protagonista…

    -Ahí la tienes, dispuesta a salvar a su cachorro en peligro –el copiloto del auto sonríe. Es una sonrisa cruel y despiadada sin un ápice de humor.

    -¿Vamos ya? –Su compañero saca un revólver de debajo del asiento y abre la puerta.

    -¡No! Dejemos que se confíe, que piense que está a salvo, y cuando lo haga… Quiero saborear cada momento de mi venganza –de nuevo esa sonrisa que provoca escalofríos hasta a su propio compinche.

    -¿Qué piensas hacer con ella cuando la tengas?

    -No lo sé. Sólo sé que quiero que sufra tanto o más de lo que yo sufrí durante mi permanencia en la cárcel –el hombre golpea el salpicadero del coche con furia.

    -¿Fue Cole el que te mandó allá, verdad?

    -Sí. También nos encargaremos de él cuando terminemos con ella. De él y del Juez. Todos lo van a pagar muy caro. Pero ella, ay ella. Esa puerca me las va a pagar todas juntas. Mataremos a todos sus seres queridos delante de ella, les volaremos los sesos delante de ella, y cuando piense que todo ha acabado…

    -Cálmate. Me estás dando miedo a mí también –pide el conductor del auto, tragando saliva.

    Mientras tanto, en casa de Jessica…

    -Laura, despierta, mi amor –nuestra protagonista ha llegado hasta su casa y se encuentra en la habitación de su hija, que duerme plácidamente.

    -¿Mamá, eres tú? –La niña entreabre los ojos y mira a su madre, sin saber si lo que está viendo es un sueño o no.

    -Sí, cariño. Soy yo –la mujer toma la ropa de la pequeña y se la tiende con gesto impaciente-. Vamos, tienes que vestirte. Tenemos que irnos.

    -¿Qué pasa, mami? –La niña, asustada, comienza a sollozar-. Tengo miedo, mami.

    En ese momento desde la puerta del cuarto les llega la voz de la vecina, que estaba durmiendo en el sofá del comedor.

    -¿Qué pasa, Jessica? ¿Dónde se supone que vais a ir a las tantas de la madrugada?

    -Señora Rose, no se preocupe. Todo está bajo control.

    -Voy a llamar ala Policía.

    -No, no lo haga, por favor. Por lo menos hasta que yo la avise.

    -¿De qué va todo esto, Jessica? No son horas de que una niña pequeña salga de casa.

    -Viene conmigo. La niña estará a salvo si la saco de aquí –se acerca a la mujer y la besa en la mejilla-. Gracias, Rose. Es usted una buena vecina.

    Tras esto, y una vez que Laura ha terminado de vestirse, la toma en brazos y sale de la vivienda.

    Por desgracia, cuando llegan a la calle…

    -Vaya, vaya, vaya. Mira a quién tenemos aquí, a la señorita Jessika Hot y a su retoño. Una niña muy guapa, se convertirá en una mujer muy hermosa cuando crezca.

    -¡TÚ! –Por fin Jessica reconoce al causante de sus pesadillas-. Te hacía pudriéndote en la cárcel.

    -Tengo dinero, y tengo contactos –el hombre que fuera su jefe enla Compañíadurante más de dos años le dedica una extraña sonrisa exenta de humor-. Pero aún así sufrí una auténtica pesadilla durante mi estancia en prisión.

    -¿Y qué piensas hacer ahora? ¿Acaso buscas venganza? –Jessika deja a la pequeña en el suelo y le pide que se ponga detrás de ella.

    -Más o menos –el criminal sigue sonriendo mientras juguetea con su arma-, pero primero voy a divertirme.

    -¿Qué vas a hacer? –Jessika se coloca en posición defensiva, siguiendo todos los movimientos de su rival.

    -Bueno, siempre me pregunté qué se sentiría al tocar esas enormes tetas tuyas –y con gesto lascivo comienza a acariciar los pechos de la joven con sus manos y con la punta del cañón de su arma—Mmm… Deliciosos.

    -Atrévete a tocarme de nuevo y… -De nuevo la rabia inundando su cuerpo.

    -¿Y qué? ¿Qué piensas hacer? –El hombre se aparta un paso del alcance de la joven asesina.

    Mientras, y sin que Jessica se dé cuenta, el compinche del ex director dela Compañíaha ido acercándose por detrás, hasta llegar donde están nuestra protagonista y la pequeña Laura. Cuando Jessica se percata, ya es demasiado tarde, y el criminal amenaza a la niña sujetándola por el cuello y apuntándole con su arma.

    -Un movimiento en falso y le vuelo la cabeza a esta zorrita.

    -Atrévete a hacerle el más mínimo daño y…

    -No estás en condiciones de amenazar, preciosa. Mi amigo y yo te tenemos cogida.

    -¿Tu amigo y tú? –Jessika, a pesar de lo grave de su situación, sonríe con sorna-. ¿Crees de verdad que ese impresentable es tu amigo?

    -¿Q-qué quieres decir? –El hombre titubea. Laura gime asustada.

    -¿Qué crees que hará contigo cuando todo esto acabe?

    -¡C-calla de una vez, furcia! –El hombre, con mano temblorosa, apunta a la joven asesina con su pistola.

    Jessika Hot sigue hablando.

    -Cuando todo esto acabe, tu “amigo” se librará de ti con tanta rapidez que sentirás vértigo.

    Hace un gesto, imperceptible para el criminal, pero que Laura capta a la perfección y se aparta con un rápido movimiento, dejando al criminal al descubierto.

    Luego todo ocurre muy deprisa.

    El chantajista abre fuego a ciegas, Jessica se mueve rápido, esquivando las balas y llegando hasta el hombre. Lo noquea con un golpe en el cuello y luego, arma en mano, se gira hacia el ex director dela Compañía.

    -Te tengo, cabrón –un certero disparo en el centro de la frente, y el criminal cae al suelo fulminado.

    Algo más tarde, cuando yala Policíase ha hecho cargo del cómplice del ex director de la agencia secreta…

    -¿Ya acabó todo, mami? –Soñolienta y exhausta, Laura se acurruca contra el amplio busto de su madre, que la acuna y le susurra dulcemente al oído.

    -Sí, mi amor. Ya acabó todo.

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

    CAPÍTULO 10º

    VUELTA A LA RUTINA

    10:30 de la mañana. Hospital Lenox Hill deNew York…

    -¿Qué querían esos tipos de ti, Jessica? –Gabriela dolorida pero ya fuera de peligro dedica a su amiga una mirada cargada de interrogantes.

    -Olvídate de ellos, mi amor. Ya pasó todo.

    -No puedo. No todos los días la secuestran a una para llegar hasta sus amigas.

    -Bueno…, digamos que ninguno de los dos te volverá a molestar –Jessica Montoya sonríe y sale de la habitación tras dar un beso a su amiga en el preciso instante en que un atractivo médico entra en la habitación.

    Desde la cama, Gabi le grita.

    -¡Llama a John, queda con él!

    -¡Lo haré, tranquila!

    17:30 de la tarde. En el apartamento dela QuintaAvenida…

    -Así que volviste a ser una chica mala –John Bowman saca un pastel de nata de una bolsa y lo enseña sonriente a su amante y amiga.

    -Bueno… -Jessica sonríe con picardía y lame la nata del dulce mientras desliza los tirantitos de su escueto vestido hacia los lados-. Pero sólo un poquito, y por qué me obligaron. Sabes que sólo me gusta ser mala y traviesa contigo…

    -Mmm. Me encanta que seas mala y traviesa conmigo, niña –John unta uno de sus dedos en la nata y después lo pasa por los oscuros pezones de su amiga.

    -Lo sé, mi amor, lo sé –Jessica toma el pastel y le da un bocado, luego se deja caer sobre la cama y hace un gesto a su amigo para que se tumbe a su lado-. Ven aquí, hazme eso que sabes que me gusta tanto…

    21:00 de la noche. Casa de Jessica Montoya…

    -¿Mamá?

    -¿Sí, mi amor?

    -¿Volverías a hacerlo de nuevo?

    -¿El qué, mi vida?

    -¿Matar al hombre malo? ¿Volverías a dispararle como hiciste el otro día?

    -Si el hombre malo volviese a amenazarte a ti o a cualquiera de las personas que amo. Lo volvería a hacer sin dudarlo –Jessica se levanta y camina hacia la puerta del salón.

    -¿Vas a la cocina, mami?

    -Sí. ¿Quieres algo?

    -¿Puedes hacer palomitas?

    -Después de cenar si quieres.

    -Mami…

    -¿Qué, mi amor?

    -Te quiero.

    -Y yo a ti, mi amor. Y yo a ti.

    Dicho esto, madre e hija se sonríen mutuamente.

    FIN

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

    ESTE

    LULÚ,

    REFLEJO LETAL

    CAPÍTULO 1º

    RUBIA Y PELIGROSA

    09:30 de la mañana. Aeropuerto Laguardia de New York. El Boeing 757-procedente de París toma tierra en la pista número cinco y los doscientos veinte pasajeros comienzan a descender del avión; entre ellos destaca una preciosa joven de cabellos rubios y bellos ojos castaños, aunque un tanto fríos y distantes. Camina con paso firme, contoneando leve y sugerentemente las caderas, haciendo que todos los hombres que pasan a su lado se vuelvan para disfrutarla, alguno incluso se atreve a lanzar un silbido de admiración y algún que otro piropo un tanto subido de tono.

    La rubia llega ala Terminaly se dirige a la mesa de aduanas.

    -¿Nombre? –Pregunta la señorita encargada de los pasaportes, mostrando su sonrisa más profesional.

    -Lulú Mendoza.

    -¿Qué le trae a España? ¿Negocios o placer?

    -Un poco de ambos –Lulú le devuelve la sonrisa. Una sonrisa fría y calculada al milímetro, que hace que la encargada de los pasaportes se estremezca levemente.

    -Bien. Que tenga una feliz estancia en nuestro país, señorita

    Mendoza.

    -Gracias, igualmente –y Lulú se aleja del mostrador, meneando sus sensuales caderas para deleite de los varones presentes enla Terminal.

    12:30 del mediodía. Lulú Mendoza, ya instalada en una suite del Hotel Eurostars Wall Street de New York, cerca del puerto, como a ella le gusta, se prepara para llevar a cabo un pequeño trabajo.

    Antes de salir, y según su costumbre, se mete en el jacuzzi y se adormece mientras escucha música clásica en su Ipod. Está así durante una hora, más o menos. Cuando sale de la bañera, se seca bien con las caras toallas del hotel, frotando a conciencia cada centímetro de su bronceada piel mientras tararea la entrada de las Valkirias de Wagner.

    Le encanta Wagner por encima de todos los demás compositores, considera su obra como perfecta para hacer el amor de forma salvaje y desenfrenada.

    Espera poder hacerlo en loe Estados Unidos, ha oído maravillas acerca de los americanos, lleva días sin echar un buen polvo y se siente necesitada de amor y cariño…, y de una buena polla.

    Cuando termina de secarse bien, se viste. Escoge bien la ropa que va a ponerse, algo sugerente pero no demasiado llamativo, no quiere llamar demasiado la atención, cosa difícil cuando la naturaleza la ha dotado de un cuerpo tan sugerente y sensual, en el cual destacan unos enormes pechos talla 125 y unas no menos sugerentes caderas talla 90, que han sido, literalmente, la perdición de muchos hombres a lo largo de su vida.

    Finalmente escoge una blusa de color blanco y una falda de tubo negra, que se amolda a su figura como un guante.

    Una vez vestida, sale al pasillo y se encamina hacia el ascensor

    Una mujer, escandalizada, reprende a su marido por lanzar una lasciva mirada a la joven cuando ésta entra en el ascensor en el momento en que ellos salen del elevador.

    Ella, divertida, sonríe y guiña un ojo al hombre, provocando las iras de la mujer, que se gira y le grita varios improperios.

    Una vez en la calle, se dirige al auto que ha alquilado nada más llegar a New York. Es un deportivo de alta gama, le gusta el lujo y los coches caros, y se lo puede permitir.

    Conduce toda la tarde recorriendo las calles de New York y, aunque parece que su rumbo es errático, sabe muy bien lo que busca, y cuando por fin lo encuentra, se da por satisfecha y vuelve al hotel.

    Esa noche, tras cenar en el restaurante del hotel, Lulú vuelve a salir, esta vez pide un taxi que la deja cerca del centro, desde allí recorre andando las pocas calles que la separan de su destino.

    Va silbando música de Wagner.

    Cuando lleva andadas varias manzanas se detiene y espera.

    -Ahí estás, jodido cabrón –susurra para sí misma cuando Nicolás Ortega sale de su domicilio con intención de ir a visitar a su amante, una jovencita treinta años más joven que él.

    En cuatro rápidas zancadas cruza la calle y se encara con el empresario colombiano afincado en New York desde hace diez años.

    -Disculpe, señor Ortega…

    -¿Eh, qué…? –Es todo lo que el colombiano acierta a decir antes de que la guapa asesina le vuele la cabeza de un certero disparo casi a quemarropa.

    Tras esto, Lulú Mendoza se aleja del lugar silbando otra composición de Wagner.

     

    CAPÍTULO 2º

    EL NOTICIARIO DE LAS 15:00

    Son las 15:00 en punto de la tarde, y Jessica Montoya termina de poner la mesa para que ella y Laura coman.

    En la tele está dando comienzo el telediario de sobremesa. Malas noticias y muertes por doquier, como es habitual en estos tiempos que corren.

    -¿Me pasas el salero, mami?

    -Podrías levantarte tú y cogerlo –replica la joven madre, pero se lo tiende con una sonrisa.

    -Gracias, mami. Eres la mejor –la niña sonríe primero y luego se lanza en una divertida carcajada. No parece recordar nada de lo ocurrido tiempo atrás, cuando fue secuestrada por una psicópata primero y amenazada de muerte por un asesino después.

    Su madre le dedica una sonrisa cargada de amor maternal.

    -¿Por qué me miras así, mami?

    -Porque te quiero. Anda, come, o se te enfriará el guisado.

    -Mamá…

    -¿Sí, mi vida?

    -A veces pienso que estás un poco loca…

    Jessica va a responder a la afirmación de su hija, cuando algo en la televisión llama su atención.

    -Calla, Laura. Quiero oír esto.

    En la pantalla, la locutora del noticiario comienza a hablar…

    -Esta mañana fue encontrado el cuerpo sin vida del empresario colombiano Emiliano Ortega. Emiliano. Ortega llevaba cerca de diez años afincado en los Estados Unidos y, aunque se le llegó a relacionar con cárteles colombianos de la droga y el tráfico de blancas, nunca se pudo probar su implicación en dichos asuntos. A pesar de eso, se sospecha que pudo haber sido asesinado por motivos aún desconocidos.

    La Policíainiciará de inmediato una investigación.

    El entierro se celebrará mañana.

    Después pasa a otra noticia de alcance internacional, acerca del dictador Gadafi, que sigue en paradero desconocido a pesar de los esfuerzos de sus perseguidores por encontrarlo.

    -¿Pasa algo, mamá?

    -¿Eh? No, nada. ¿Por qué?

    -No sé. Te has quedado como atontada –la pequeña suelta otra divertida risita, y su madre, fingiéndose enfadada, la regaña.

    -Como no te termines la comida, te voy a dar yo a ti atontamiento.

    Pero su hija tiene razón, viendo la noticia se ha quedado, por un brevísimo instante, como traspuesta.

    Cuando terminan de comer y de recoger la mesa, ambas dos se sientan en el sofá del comedor a ver la tele.

    -¿Qué te gustaría hacer este fin de semana? –Pregunta de repente la joven madre, girándose hacia su hija.

    -No sé…

    -¿Te gustaría que te llevase al Time Warner Center de compras? Tienes ropa que se te está quedando pequeña. Has dado un buen estirón este último año.

    -Mamá…

    -¿Qué, mi vida?

    -Estás rara –dicho esto, la niña propina a su madre un cojinazo y estalla en carcajadas.

    Son las cinco de la tarde cuando suena el teléfono. Es Gabriela para preguntar si pueden quedar al día siguiente.

    Desde su secuestro, la joven venezolana se muestra algo reticente en compañía de Jessica, esto se debe al hecho de que la colombiana sigue negándose a contarle los verdaderos motivos por los que los dos criminales la secuestraron y torturaron. Pero ha decidido dar una segunda oportunidad a su amistad.

    -De acuerdo. Nos puedes acompañar al Time Warner Center a comprar ropa para la pequeñaja –al oír esto, Laura vuelve a propinar a su madre otro golpe con el cojín.

    -¿Vendrá Gabi con nosotras?

    -Sí.

    -Gabi me cae bien, es simpática.

    -Sí que lo es –Jessica gira la cabeza hacia su hija y le pregunta-: ¿Y John cómo te cae?

    -No sé. Parece simpático pero…

    -¿Pero qué?

    -Es un poco demasiado calladito para mi gusto –dicho esto, vuelve a la carga con un nuevo golpe de cojín, y ambas se enzarzan en una pelea a cojinazos, entre risas y burlas.

     

    CAPÍTULO 3º

    LULÚ SALE DE CAZA

    Es Viernes por la noche, y Lulú tiene planes.

    Ha pasado una hora y media metida en el jacuzzi, relajándose, escuchando su música favorita en su Ipod.

    Ha pedido para cenar una ensalada César y un poco de helado de nata. Le encanta la nata, casi tanto como la música clásica.

    Después de cenar y de relajarse en el jacuzzi se ha vestido con su ropa más sugerente y ha salido del hotel. Esta vez ha cogido su deportivo alquilado y se ha encaminado al centro de la ciudad, al exclusivo club nocturno “Sweet Dreams” de New York. Ha sonreído al portero quién, ruborizándose hasta la raíz de sus castaños cabellos, la ha dejado pasar.

    Una vez dentro, se ha dirigido a la barra y ha preguntado por alguien.

    -Está en su despacho, en la planta alta –le ha respondido el guapo camarero sin poder apartar la vista de su pronunciado escote-. ¿Quiere que le diga algo? Puedo llamarlo…

    -Gracias, encanto. Quiero darle una sorpresa –Lulú ha sonreído al barman y se ha alejado de la barra contoneando sus caderas, dejando al pobre muchacho con una erección de caballo entre las piernas.

    Ha subido las escaleras hasta el primer piso y se ha acercado a la puerta con el cartelito de privado.

    Ha golpeado suavemente con los nudillos y ha esperado respuesta.

    -¿Sí? ¿Quién es? –Una voz varonil, con un fuerte acento sudamericano, ha respondido desde el interior del despacho. Y ella ha empujado la puerta.

    -Hola. Tengo un recado para usted, señor Cardona.

    -Vaya… -Edelmiro Cardona ha abierto y cerrado la boca sin saber qué decir ante la visión de tan rotunda hembra. Finalmente, ha logrado tartamudear-: ¿Q-quién es usted? ¿Q-quién la envía?

    Lulú se ha limitado a acercarse y a poner su mano derecha en la ya abultada bragueta del colombiano.

    -¿De verdad importa eso? –Ha preguntado Lulú al oído de Cardona, haciéndole cosquillas en la oreja y haciéndole soltar una risita nerviosa.

    Luego han hecho el amor. Bueno, más bien han follado como bestias en celo. Sobre la mesa, tirados en el suelo del despacho, sentados en la cómoda silla con respaldo abatible, en el confortable sillón de cuero de más de seis mil dólares fabricado expresamente para Edelmiro Cardona totalmente a mano.

    Cuando han terminado, Lulú ha sonreído satisfecha, ha cogido la corbata del hombre y lo ha estrangulado. La víctima no ha ofrecido demasiada resistencia, la sesión amatoria lo ha dejado exhausto y sin fuerzas.

    Tras esto, la bella asesina ha salido del despacho y ha bajado las escaleras hasta la sala de fiestas.

    -Buenas noches, encanto –ha sonreído al joven y guapo camarero, quien ha sentido su miembro ponerse de nuevo como una roca dentro de sus pantalones, y ha salido a la calle, a la ya fresca noche Neoyorquina de Otoño.

    Una vez en el hotel, se ha desvestido sin prisas y se ha metido en la cama. Sin remordimientos de ningún tipo por el crimen que acaba de cometer.

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

    CAPÍTULO 4º

    LA POLICÍA SACA CONCLUSIONES

    Son las 09:15 de la mañana, han pasado dos días desde el último asesinato perpetrado por Lulú Mendoza, y el Comisario Jefe, Arthur Bellisario está que echa chispas ante el informe sobre la nueva víctima de la que la prensa ya llamala Rubia Letal.

    -¿Puede alguien venir a mi despacho ahora mismo? Tú, Bergen, y tú, Broome, venid aquí.

    -¿Sí, Jefe? –Peter Bergen, recién salido dela Academiade Policía definido por sus compañeros como un asqueroso lameculos, se acerca, raudo y servicial, a la llamada de su superior.

    Gabriel Broome, con más de quince años de servicio a sus espaldas, tarda algo más, pero al final también acude al despacho de Bellisario. Si algo ha aprendido en estos tres lustros es a no hacer enfadar aún más a su inmediato superior. También él considera que Bergen es un lameculos asqueroso. Pero se guarda muy bien de decírselo a la cara, como el resto de sus compañeros; amén de un lameculos es un enchufado. Un primo segundo de su padre es el Subinspector primero de la ciudad de New York. Pero en más de una ocasión ha sentido unas ganas enormes de meterle una buena patada en el culo.

    -¿Qué me podéis decir de esto? –Cepeda señala el informe acerca del último asesinato.

    -Edelmiro Cardona, un tipo indeseable dueño de varios clubes nocturnos y locales de alterne –responde Broome tras echar un breve vistazo al informe.

    -Alguien, al parecer una mujer rubia, lo asesinó hace dos noches en uno de sus locales –termina Bergen con voz chillona.

    -La misma mujer que, según un único testigo, acabó con la vida de Emiliano Ortega.

    -¿La hemos detenido ya? –Pregunta Broome volviendo a coger los papeles para echar un vistazo a la descripción de la posible sospechosa hecha por los testigos de ambos crímenes.

    -No, aún no hemos movido ficha. Quería asegurarme de que era ella.

    -¿Ella? –Inquiere Bergen con su odiosa voz aguda y penetrante- ¿Acaso sabe usted quién asesinó a esos dos hombres?

    -Bueno, tengo una ligera sospecha. Y la detallada descripción hecha por los testigos… -Cepeda toma el informe que le tiende Broome y lee en voz alta-: Rubia, grandes pechos, por sus rasgos se diría que procede de algún país de Centro o Sudamérica.

    -¿Cree qué es ella, Comisario? –Broome conoce la respuesta, pero aún así pregunta.

    -Sí. Jessica Montoya, alias Jessika Hot.

    -¿De quién estamos hablando? –Pregunta Bergen, deseoso por conocer todos los detalles de la historia.

    -Hace un año nos ayudó a destapar una trama para asesinar a varios miembros de la clase política estadounidense, y creemos que tuvo algo que ver con la muerte de su antiguo jefe semanas atrás –Cepeda hace una pausa para dar una calada a su cigarrillo-. Pero esto… Pensábamos que se había retirado. Se la ha visto en compañía de su hija y de ese escritor de novelas de terror, John no sé qué. Pero la descripción coincide con la suya.

    -¿Qué quiere que hagamos? Podemos ir a detenerla si así lo desea –ofrece Bergen deseoso de agradar a su superior.

    -No, no la detendremos. La pondremos bajo vigilancia pero sin detenerla.

    -Después de todas las pruebas. ¿Aún tiene dudas acerca de su culpabilidad? –Broome vuelve a coger el informe y vuelve a ojearlo con más atención.

    -No lo sé…, cuando la conocí me pareció cualquier cosa, menos una asesina a sangre fría. Además, por lo que ella misma nos contó, sus métodos difieren bastante de los usados por esta nueva asesina.

    -La gente cambia, Jefe, la gente cambia –sentencia Broome volviendo a dejar el informe sobre el escritorio de Bellisario y saliendo del despacho del Comisario Jefe Bellisario seguido por Bergen.

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

    CAPÍTULO 5º

    BAJO VIGILANCIA

    A la mañana siguiente en New York, donde Jessica a quedado a almorzar con John Bowman…

    -¿Y bien? ¿De qué va tu nuevo libro? Estoy impaciente por saberlo.

    -Bueno, quiero seguir adaptando las historias que contaba a mis amigos de pequeño, pero tengo tantas, que no sé por cual seguir.

    -¿Me lo dedicarás? –La guapa colombiana sonríe a su amigo

    -Mmm. No sé… -John, por su parte, se hace el desentendido ante la pregunta de su amiga-. ¿Qué harás tú por mí si te lo dedico?

    -Ya pensaré algo –responde Jessica guiñando un ojo al escritor.

    -Sí, seguro que lo harás –y, dicho esto, ambos se unen en una alegre carcajada, para asombro de los demás ocupantes del local, que los miran divertidos.

    Al cabo de unos instantes, John pregunta en tono un tanto preocupado.

    -¿Pasa algo, niña? Te veo pensativa.

    -No, nada…

    -¿Seguro?

    -Bueno, sí. Pero no es nada que deba preocuparte.

    -Niña, sabes que todo lo tuyo me importa, aunque a ti te cueste aceptarlo –el escritor estira la mano y aprieta cariñosamente la de la bella joven.

    -Se trata de Gabriela. Después de lo que pasó por mi culpa hace unas semanas…

    -¿Aún no le has contado la verdad?

    -No. Quiero hacerlo pero…

    Mientras, en la calle…

    -¡Joder, menuda hembra! –El agente de Policía Peter Bergen se lleva la mano a la bragueta-. Si mi novia tuviera ese par de melones… ¡Bufff!

    -Bergen, deja de decir barbaridades, y atiende a lo que estás haciendo –pide Gabriel Broome, dando un bocado al bocadillo de atún que le ha preparado su mujer esa mañana para el almuerzo.

    -Ya lo sé, ya lo sé –replica Bergen molesto por la regañina de su compañero-; pero no me dirás que la muy puta no está buena.

    -Joder, Bergen, eres un jodido obseso sexual. Esa puta como tú la llamas, si quisiera, podría partirte el cuello con tanta facilidad que te cagarías en los pantalones.

    -Calla, ya salen –Bergen da un codazo a su compañero para indicarle que la joven y su acompañante abandonan la cafetería donde estaban almorzando.

    -¿Te apetece que quedemos mañana a…? –Pregunta John cogiendo la mano de Jessica entre las suyas.

    -Mmm…, no sé, tengo que pensármelo –por su parte, la joven sonríe con aire enigmático y da un beso al escritor en la mejilla.

    -Si no puedes, no puedes. No pasa nada –John suspira y se encoge de hombros con aire resignado.

    -No es eso, tonto. Es sólo que, como te he dicho hace un rato, me gustaría hablar con Gabi, explicárselo todo.

    -¿Ves? –Pregunta entonces él, dando un beso a su amante en los labios-. Por eso te quiero tanto, por lo buena amiga que eres.

    Tras esto, se despiden y marchan cada uno por su lado. Jessica hacia su auto y John hacia la parada de autobuses.

    -¿Qué hacemos? –Pregunta Bergen poniendo en marcha el coche de incógnito-. ¿La seguimos?

    -Sí, pero ten cuidado, que no nos descubra –se apresura a responder Broome. Mas, en ese momento…

    -Agentes… ¿Me pueden explicar por qué diablos llevan toda la mañana siguiéndome y vigilándome?

    -Eh…, yo… ¡Mierda! –Broome practica con la joven su mejor sonrisa, mientras que Bergen no puede apartar la vista de los enormes pechos de la mujer.

    Cinco minutos más tarde, de nuevo en la cafetería…

    -Así que hay una asesina suelta por ahí que se parece a mí, y el Comisario Bellisario pensó que era yo. ¿Es eso?

    -Básicamente así es –replica Broome nervioso.

    -Bueno. Hay muchas colombianas rubias y con grandes tetas por ahí. De eso estoy segura.

    -Ya, pero…

    -¿Pero qué?

    -Ninguna con una técnica tan depurada para asesinar como la suya, señorita Montoya.

    -Vaya. No sé si tomarme eso como un cumplido o como una afrenta –con gesto divertido, Jessica enarca una ceja.

    Después, y alzándose de su asiento, añade…

    -Créame, agente Broome. Su jefe debería gastar más tiempo en atrapar a la verdadera culpable y menos en molestar a gente inocente –dicho esto, sale del local, dejando a ambos policías con cara de tontos.

    Esa noche, y para confirmar las palabras de Jessica, aparece otro, cadáver, asesinado, según el Forense, a la misma hora en que los agentes Broome y Bergen conversaban con Jessica Montoya en la cafetería.

    Otro colombiano venido a más en nuestro país y, como en los otros dos casos, los testigos afirmarán en sus declaraciones que lo mató una guapa rubia de rasgos latinos, con grandes tetas y buen culo.

     

     

     

     

    CAPÍTULO 6º

    LA DISCULPA A GABRIELA

    Cuando Jessica llama a Gabriela esa misma tarde, la respuesta de su amiga es tan fría que, por un momento, se siente tentada a colgar sin más.

    Pero se lo piensa mejor y habla.

    -Gabi, me gustaría hablar contigo.

    -¿Sobre?

    -Lo que pasó estás semanas atrás. Creo que te debo una explicación.

    -Sí. Yo también lo creo. Creo que, después de que eso hijos de puta me secuestrasen y me diesen una paliza de muerte, me lo debes.

    -¡Gabi, por favor! –Pide la colombiana con tono casi de súplica.

    -Está bien. Si quieres que hablemos, hablaremos. Pero no te prometo nada.

    -De acuerdo –Jessica siente que ha logrado algo; un pequeño triunfo quizás-. ¿Te parece bien que quedemos mañana en el Village Tart?

    -En cualquier sitio, menos en ése. Como comprenderás, me trae malos recuerdos –la voz de la venezolana suena ahora algo más cálida-. Podemos quedar en alguna cafetería del Time Warner Center.

    -Vale. ¿Mañana a las diez y media de la mañana a almorzar?

    -Por mí perfecto –dicho esto, ambas amigas se despiden con cariños y besos, y Jessica Montoya siente que sí, que ha logrado algo.

    A la mañana siguiente, en una cafetería de Time Warner Center…

    -Sé que hace tiempo debería haberte contado esto… -Comienza Jessica una vez la camarera les ha servido lo que han pedido-. Pero no encontraba tiempo; por h o por b siempre surgían otras cosas que me lo impedían.

    -¿Quieres hacer el favor de ir al grano y contarme de una vez eso tan importante que tenías que contarme?

    -Está bien. El caso es que mi vida es mucho más complicada de lo que en un principio pudieras pensar… -Y así, Jessica Montoya explica a su amiga sus peripecias trabajando parala Compañía. Decómo conoció a John Bowman y de cómo él le hizo ver que era posible otra vida lejos de las insidias y las conspiraciones de la red de asesinos para la que trabajaba. Le cuenta también quién era el hombre que la secuestró y el por qué no pudo hacer nada hasta no tenerlo todo lo bastante claro como para actuar.

    Cuando termina, Gabriela suspira hondamente y sonríe.

    -¿Eso es lo que te resultaba tan difícil de explicarme?

    -¿No te extraña nada de lo que te he contado?

    -Bueno, digamos que siempre sospeché que ocultabas algo. Pero jamás pensé que fuera algo taaan gordo.

    -Vaya… Me alegro que te lo tomes tan bien –también Jessica sonríe, dando por finalizado la pequeña riña habida entre las dos amigas.

    Tras unos instantes de silencio, la venezolana pregunta…

    -¿Has oído algo sobre los colombianos asesinados?

    -Sí –susurra Jessica como temerosa de que alguien más pueda escucharla, cosa que no pasa desapercibida para su amiga.

    -Uis. Tú sabes algo, y me lo vas a contar.

    -Bueno… Los conocía a los tres, de hace mucho tiempo, eso sí.

    -¿Ah, sí? –Inquiere Gabriela intrigada-. ¿De qué, si puede saberse?

    -Hace mucho tiempo, de una época que prefiero considerar enterrada y olvidada.

    -¿Una mala experiencia?

    -La peor de mi vida. La época en la que conocí al padre biológico de Laura.

    -Un mal bicho, imagino.

    -De la peor calaña –hay mucha rabia acumulada en la voz de la joven colombiana-. Por suerte, está cumpliendo una larga condena en una cárcel de Colombia. Ojalá se pudra allí dentro.

    -Lo siento –se disculpa Gabriela, apretando una de las manos de su amiga con una suya.

    -Tranquila –Jessica intenta sonreír, logrando únicamente una triste mueca-; tú no tienes la culpa de que me juntase con ese hijo de puta.

    -De todos modos, lo siento –vuelve a disculparse la guapa

    venezolana, para seguidamente añadir en un tono lo más jovial posible-: ¿Qué te parece si nos olvidamos de todo esto y hablamos de cosas menos truculentas y desagradables?

    -¡Claro! –Más animada, la colombiana sonríe, esta vez es una sonrisa sincera y bonita-. ¿De qué quieres que hablemos?

    -No sé… ¿Qué sabes de John? –Y así las dejamos, hablando sobre el escritor.

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

    CAPÍTULO 7º

    LULÚ HACE UNAS LLAMADAS

    Son las 21:30 de la noche. Lulú Mendoza acaba de pedir la cena y espera a que se la suban, mientras lo hace, toma el teléfono de encima de la mesita de la suite y marca un número de Colombia. No le preocupa la factura del hotel, el dinero no es problema.

    Cuando finalmente le llega la voz desde el otro lado del océano, sonríe.

    -¡Hola, mi amor! Sí, todo va según lo planeamos.La Policíade aquí se ha fijado en ella, no creo que me cause problemas para seguir con la venganza. Sí, mi amor, pagarán todos por su traición.

    La joven asesina hace una pausa para agradecer al botones la cena con una sonrisa y una más que excelente propina.

    Luego, sigue hablando al teléfono.

    -Sí, sé que quieres hacerte cargo tú mismo de ella. Pero me gustaría probar si es tan buena como he oído decir por ahí –Lulú lanza una divertida risita-. Tengo ganas de conocer a mi hermana mayor. Nueva pausa para probar el bistec con salsa que le acaban de subir.

    -Mmm, delicioso. No, no era a ti, mi amor. Estaba probando la cena. La comida de este país es mejor de lo que me habían contado. Creo que comprendo por qué tu querida Jessica huyó aquí cuando te traicionó.

    Del otro lado de la línea le llegan varias preguntas más, que Lulú responde con presteza y acierto.

    -No, no he visto a ninguna de las dos. Entiendo que quieras tener a tu hija contigo, la criaremos entre los dos una vez acabemos con la puta de su madre. Sí, mi amor, pronto seremos una familia feliz –tras esto, la bella asesina se despide de su interlocutor con un cariñoso beso y un hasta pronto.

    Media hora más tarde, una vez ha dado buena cuenta de su cena, vuelve a coger el teléfono y marca otro número, esta vez a uno de New York.

    -¿Sigue interesado en mi oferta, agente Bergen? –Del otro lado de la línea le llega la aguda y recalcitrante voz del agente de Policía Peter Bergen quien, ansioso por obtener el beneplácito de sus superiores, no lo dudó un instante cuando la peligrosa Lulú le ofreció un trato…

    -S-sí, sigo interesado ¿Para cuándo llevaremos a cabo nuestro plan?

    -Pronto –Lulú sonríe. De repente se siente excitada y con ganas de sexo, y por eso le propone algo al joven Policía…

    -¿¡Q-quééé!? –Bergen no sabe bien si tomar en serio la propuesta de la asesina pero, por otro lado, no puede rechazar la sugerente oferta y acaba aceptando.

    Media hora más tarde, el novato agente se persona en la recepción del Hotel donde se aloja la peligrosa asesina.

    -B-buenas…, ¿la suite de la señorita Mendoza? –Pregunta titubeante al serio recepcionista.

    -Es la 304. Pero no son horas de visitas, señor…

    -No se preocupe –en ese momento, una sonriente Lulú sale de uno de los ascensores y se acerca al mostrador. En su mano lleva un fajo de billetes de cien dólares, que entrega al sorprendido recepcionista al tiempo que le guiña un ojo y le susurra con su voz más sensual y sugerente- : Es un amigo, un buen amigo.

    Después, toma la mano del agente Bergen y vuelve a encaminarse hacia el elevador.

    Tras cerca de una hora de hacer el amor, ambos quedan tendidos sobre la cómoda cama de la suite del hotel.

    -¿Por qué haces esto? –Pregunta Bergen mientras acaricia los grandes pechos de la joven.

    -Bueno –Lulú toma la mano del Policía y la baja hasta su húmedo sexo-. Un poco por diversión y otro poco por hacer feliz a alguien a quien amo…

    -¿Tienes pareja?

    -Sí, pero es algo más que mi pareja –suavemente, la bella asesina toma el flácido miembro de Bergen y empieza a masturbarlo.

    -¿La conoces en persona? –Pregunta el joven agente mientras su pene se va endureciendo gracias a las caricias de su amante.

    -No. Quiero que sea parte de la sorpresa.

    -¿Piensas matarla?

    -No. La matarás tú. Tú eres el que quiere convertirse en un héroe –dicho esto, la guapa asesina se desliza hacia abajo y comienza a mamar la dura de verga del inexperto Policía…

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

    CAPÍTULO 8º

    JÉSSICA RECIBE UNA CARTA

    Tras pasar la mañana con su amiga Gabriela, reavivando y reforzando la amistad que creía perdida, Jessica Montoya regresa a su casa.

    Son las 12:30 y Laura aún no ha salido del colegio, por lo que tiene tiempo de relajarse y probarse los modelitos que ha comprado en el Time Warner Center, uno de ellos un sugerente vestido que piensa ponerse para su próxima cita con John.

    Lleva un rato probándose la ropa nueva, cuando suena el timbre de la puerta principal…

    -¿Jessica Montoya? –Pregunta una voz desde el otro lado de la entrada.

    -Sí, soy yo…

    -Traigo una carta para usted. Es certificada, tiene que firmarla.

    -De acuerdo. Espere un segundo –a toda prisa se pone una camiseta y unos viejos vaqueros rotos y abre la puerta.

    Una vez recogida la carta, vuelve a entrar en su casa, donde la abre tras mirar el remitente.

    -Qué raro –se dice al comprobar que no trae nombre alguno en la parte destinada al expedidor.

    Cuando por fin la abre y la lee, su rostro primero se pone de un blanco enfermizo. Luego rojo de ira.

    La carta en cuestión dice lo siguiente…:

    “Querida Jessica. Ya me he hecho cargo de mis antiguos socios. Eres la siguiente, pero de ti y de tu pequeña ramera me haré cargo personalmente. Pienso hacerte pagar cada uno de los años que pasé en prisión por tu culpa. Me dirijo a los Estados Unidos y pienso convertir tu vida en un infierno. No intentes huir ni alertar a nadie, estás a mi merced”.

    Firmado…: Jonas

    Tras leer la carta, su primera tentación es destruirla para que no la vea Laura, luego se lo piensa mejor y la dobla cuidadosamente y se la guarda en el bolsillo trasero de sus viejos jeans.

    Después, con manos temblorosas coge su móvil y hace dos llamadas, una a John y otra a Gabriela, para advertirlos de que, quizás corran peligro si se acercan a ella. Una vez hechas estas dos llamadas hace una tercera al Comisario Bellisario.

    -¿Sí? –La voz firme y varonil del maduro Comisario Neoyorquino llega hasta ella y suspira aliviada.

    -¿Comisario? Soy Jessica Montoya; tengo algo que contarle…

    -¿De qué se trata? Debe saber que hemos retirado la orden de vigilancia contra usted.

    -Lo sé –Jessica intenta mantener la calma y aspira hondamente antes de seguir hablando-. No se trata de eso.

    -¿De qué se trata, entonces?

    -No puedo contárselo por teléfono. Es imprescindible que sea en persona.

    -¿Dónde y cuándo, señorita Montoya?

    -Mañana por la tarde. En el centro de la ciudad.

    -¿A qué hora?

    -Sobre las cinco y media –va a añadir algo más, pero en ese momento vuelve a sonar el timbre de la entrada, y en vez de seguir hablando cuelga.

    Es Laura, que vuelve del colegio.

    -Hola, mami –la pequeña entra en el piso y da un beso a su madre.

    -Hola, cielo. ¿Qué tal en el cole? –Jessica devuelve el beso a la pequeña y por el momento, logra apartar de su mente la amenazadora carta…

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

    CAPÍTULO 9º

    LA CITA CON BELLISARIO

    Son las 17:30 en punto cuando el Comisario Jefe Arthur Bellisario llega al lugar donde ha quedado con la joven Jessica Montoya.

    La encuentra sentada en una de las mesas del local, con la diestra alzada para ser vista.

    -Hola, Comisario.

    -Señorita Montoya –Cepeda toma asiento frente a la joven y pide un café con leche. Jessica ha pedido un té y lo bebe a sorbos cortos y rápidos.

    Una vez tiene el café con leche delante, Arthur Bellisario clava sus oscuros ojos en la colombiana y lanza la pregunta…

    -¿Qué es eso tan importante que tenía que contarme?

    Jessica da otro sorbo a su infusión y responde. Se la ve nerviosa y no hace otra cosa que mirar en torno suyo, como un animal acorralado.

    -Sé quién mató a los tres colombianos.

    -Sí, nosotros también –Cepeda sonríe. Le gusta esta joven, le recuerda en cierto modo a su hija, muerta hace algún tiempo por culpa de un conductor borracho.

    -No. No me entiende –ella agita la cabeza, negando las palabras del Policía-. La mano ejecutora fue esa mujer que, según parece, se parece tanto a mí. Pero el que ordenó esas muertes es otra persona.

    -¿Quién, señorita Montoya?

    -Se llama Jonas Cardona –Jessica hace una pausa y después, en un leve susurro, añade-: Y es el padre biológico de mi hija.

    -Entiendo… -Cepeda termina su bebida y, con aire nervioso e impaciente, comienza a tabalear con los dedos sobre la mesa de la cafetería-. ¿Qué más me puede contar acerca de ese individuo?

    -Cuando yo lo conocí era un traficante de medio pelo en Colombia. Yo era una niña y me enamoré de él como una estúpida. Poco antes de dejarme embarazada, hizo tratos con los tres hombres muertos estos días atrás; pero algo salió mal y acabamos traicionándolo y enviándolo a prisión.

    -¿Entonces…?

    -Bueno, por lo visto logró salir antes de tiempo de la cárcel. Y ahora busca venganza.

    -Entiendo –Arthur Bellisario asiente con un leve cabeceo de su calva cabeza-. ¿Me está pidiendo protección?

    -No, al menos no para mí –Jessica sostiene la mirada del veterano Policía, pero sin que haya en sus bonitos ojos castaños el más mínimo atisbo de desafío hacia su contertulio-. Se trata de mi hija. Ese bastardo la ha amenazado de muerte, y tengo miedo por ella.

    -¿Cuándo la ha amenazado? ¿Ha hablado con él recientemente?

    -Me mandó esta carta –la joven se levanta un momento para sacar la doblada misiva del bolsillo trasero de sus pantalones-. La recibí ayer; en ella me informa de sus implicaciones en las tres muertes de estos días atrás.

    Arthur Bellisario toma la carta y la lee con interés.

    -Esto es una prueba, señorita Montoya. Con ella queda usted totalmente exculpada de cualquier posible cargo.

    -Ya lo sé –Jessica lanza un profundo suspiro-. Pero, si quiere que le diga la verdad, no son los cargos lo que me preocupan. Como le he dicho, me preocupa más la seguridad de Laura y de las personas que están a mi alrededor. Son ellos los que corren peligro.

    -Comprendo –el Comisario se alza dispuesto a marcharse ya, pero antes tiende su mano a la guapa y preocupada mujer-. Déme una lista con sus más allegados y yo me encargaré de que estén bajo protección oficial lo antes posible.

    -¿Hará eso por mí, Comisario? –Jessica sonríe esperanzada.

    -Prometido –tras esto, Arthur Bellisario sale del local, dejando a la bella colombiana apurando su infusión.

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

    CAPÍTULO 10º

    HEMBRAS LETALES

    Un Viernes cualquiera. Son las 13:00 de la tarde y Jessica Montoya acude al colegio donde su hija cursa quinto de primaria para recogerla y llevarla sana y salva a casa…

    -Hola, señorita Montoya, ¿se les ha olvidado algo? –Pregunta solícita la maestra de la pequeña Laura.

    -Vengo a recoger a mi hija. ¿No ha salido todavía?

    -¿Se trata de una broma, señorita Montoya? –La docente clava en nuestra joven protagonista una mirada cargada de recelo-. Hace menos de veinte minutos que usted y un agente de Policía recogieron a Laura y se la llevaron. ¿No se acuerda? –La mujer hace una pausa al ver que Jessica se lleva la mano a la sien como si se encontrase indispuesta-. ¿Se encuentra bien, quiere un vaso de agua?

    -N-no –rechaza la joven madre mientras se aleja de la puerta del aula andando de espaldas- ¿Cómo era esa gente? ¿Dijeron dónde se dirigían?

    -Ella era idéntica a usted, en el más mínimo detalle, y él era un Policía joven y con cara de tonto. Y no, que yo recuerde, no dijeron a dónde se dirigían –responde la maestra para añadir seguidamente-. No sabía que tuviera una hermana gemela.

    -Créame. Esa mujer no es mi hermana gemela –dicho esto, Jessica sale a toda velocidad del centro escolar y monta en su Ford Mustang.

    Mientras, no lejos de allí…

    -¿Quién eres? Sé que no eres mi madre. ¿Qué le has hecho a mi madre? –Laura mira alternativamente a Lulú y al agente Bergen, que le sonríen de forma paternal.

    -Eres una chica lista, guapa y lista. Tu papá se alegrará mucho de verte.

    -Mi papá vive en New Jersey. Lo veo de vez en cuando.

    -No, cielo. Tu papá de verdad –Lulú, con gesto tierno, acaricia los cabellos de la niña-. Tu mamá fue mala con él y no dejó que os conocierais. Pero pronto vas a estar de nuevo con él.

    -¿Y con mi madre?

    -No, niña –responde Bergen con una horrible mueca-. Tu madre es una mujer mala, y va a ir a la cárcel por hacer cosas malas.

    -¡Eso es mentira! –De repente, la pequeña salta de la silla y, tras propinar un empujón al corrupto agente de Policía, sale corriendo en dirección a la puerta de la habitación donde la pareja la mantiene retenida.

    -¡Jodida mocosa! –Exclama Peter Bergen, dispuesto a castigar a la pequeña.

    -Ni se te ocurra –la voz de Lulú es tajante y fría como el acero-. Si tocas un solo pelo de la niña, te rompo el cuello aquí mismo.

    -D-de acuerdo –pálido de miedo, Peter Bergen vuelve a su sitio.

    Tras abroncar a su compinche, Lulú saca un móvil y hace una llamada.

    -Hola, querida. Tenemos a tu hija. Si quieres volver a verla con vida, será mejor que hagas todo lo que te digamos.

    -¿Qué clase de juego macabro es éste, maldita puta? –Jessica, que ha puesto el manos libres para poder seguir conduciendo sin distraerse, da un volantazo haciendo derrapar a su vehículo-. Si le tocas un solo pelo a mi hija…

    -Calma, calma, hermanita –Lulú, por su parte, sonríe satisfecha imaginando la desesperación dibujada en el rostro de Jessica-. La niña está bien. Cuando esto termine, ella y yo nos reuniremos con su padre y nos haremos cargo de ella como se merece.

    -¡JAMÁS DEJARÉ QUE ESE BASTARDO SE ACERQUE A MI HIJA! –Grita Jessica al móvil, furiosa-. ¡JAMÁS! –Pero su rival ya ha colgado, dejándola con la palabra en la boca y con un profundo sentimiento de frustración corroyendo sus entrañas.

    Poco después recibe un sms con las instrucciones a seguir para llegar donde los dos criminales mantienen retenida a Laura.

    Cuando llega al lugar y baja del coche, un leve escalofrío recorre su espalda y, por un momento, se arrepiente de haberse citado con Bellisario días atrás.

    -Hola, querida –una sonriente Lulú la espera en el umbral del pequeño apartamento alquilado.

    -¡S-santo Cielo! –Los ojos de nuestra protagonista se abren como platos al comprobar que, efectivamente, la mujer que tiene delante, es idéntica a ella-. ¡Eres igual que yo!

    -Ya ves, maravillas de la clonación.

    -¿¡E-eres un clon!?

    -Así es. Soy el resultado de un costoso experimento financiado por tu querido Jonas.

    En ese momento, el agente Bergen aparece tras de Lulú. Lleva a Laura de la mano y, por la expresión de la niña, le está haciendo daño.

    -¡Joder! –Exclama mientras mira descaradamente el prominente busto de ambas mujeres –No sabría decir cuál de las dos me pone más cachondo.

    -¡Cierra la boca, maldito degenerado! –Espeta Lulú mientras toma a Laura de la mano, con una dulzura que no pasa desapercibida para la madre de la pequeña-. Ve con tu mamá, cariño.

    La niña mira a la mujer con justificado recelo. Luego sonríe y corre hacia Jessica, que la abraza con fuerza y la cubre de besos.

    -Es una cría estupenda –dice la despiadada asesina mientras la madre comprueba que la pequeña se encuentra en buenas condiciones-. Muy valiente. Y te quiere mucho.

    -¿Te han hecho daño, mi amor? –Pregunta Jessica mientras vuelve a besar a su hija en la frente y en la cara.

    -No, mami. Estoy bien –luego, en un susurro que tan sólo su madre puede oír, Laura añade-: Él es malo. Ella sólo parece triste…

    Su madre, como toda respuesta, la besa en la cabeza y la aparta a un lado.

    Una vez hecho esto, se vuelve de nuevo a la pareja de secuestradores.

    -¿Y bien, qué queréis de mí?

    -Sencillo. Que te entregues –explica Bergen sonriente, sin poder apartar la mirada del pecho de la joven colombiana.

    -¿Que me entregue?

    -Sí. Tú te confiesas culpable de la muerte de los tres colombianos, yo quedo como un héroe y todos salimos ganando. Más sencillo no puede ser.

    -¿Y mi hija? ¿Qué pasará con ella?

    -Tu pequeña ramera se queda con tu clon y con ese tal Jonas –Peter Bergen todavía sonríe cuando el puño de Jessica Montoya se estrella contra su cara…

    -¡Corre, cariño, corre! –Ordena la guapa y joven madre a su hija mientras se prepara para el inevitable enfrentamiento con su malvado clon…

    -Has cometido un gran error, hermanita mayor –Lulú es la primera en atacar, lanzando su pie contra el vientre de Jessica, alcanzando su objetivo.

    -¡Bufff, puta! –Pero Jessica reacciona rápido y ahora es ella la que conecta un poderoso gancho de izquierda sobre el mentón de su copia, que trastabilla hacia atrás, sus grandes pechos bamboleándose arriba y abajo.

    -¡Maldita zorra! ¡TE VOY A MATAAAR! –Rugiendo de rabia, Lulú se abalanza sobre Jessica, cayendo y rodando ambas por el suelo en una brutal y sangrienta lucha de gatas, arañándose y mordiéndose con furia y saña, rasgando sus vestimentas y quedando ambas semidesnudas, sus enormes pechos entrechocando y el sudor resbalando por sus cuerpos.

    Mientras, el agente Bergen ha recuperado el sentido y ha salido en pos de Laura que, asustada, no ha encontrado sitio donde refugiarse y se encuentra a merced del malvado y deshonesto Policía.

    -Ya te tengo, pequeña zorrita –Bergen se lleva la mano a la sangrante nariz-. Tú me vas a pagar lo que la puta de tu madre me ha hecho… -Mientras habla se va desabrochando la bragueta-. Mientras esas dos zorras se matan a golpes, tú y yo nos vamos a divertir… Oh, sí. Nos vamos a divertir mucho.

    -¡MAMÁÁÁ!

    En ese momento, en el que Lulú parece llevar la voz cantante en la pelea y sujeta a su rival contra el suelo, mientras le propina fuertes y dolorosos golpes sobre las mamas, Jessica reacciona al oír el grito angustiado de su hija, y golpea a su oponente en la cara con un furioso derechazo que deja a Lulú momentáneamente aturdida, el tiempo suficiente para que Jessica se libre de su presa y corra a socorrer a su pequeña.

    -¡Suéltala, jodido hijo de puta! –Susurra nuestra protagonista mientras intenta arreglar lo mejor que puede su rasgada blusa-. Suéltala ahora mismo o…

    -¿O qué, puta? –Bergen ríe mientras sujeta a la pequeña rodeando su cuello con su brazo izquierdo y apoya el cañón de su pistola en la sien de la niña-. Da un solo paso más y le vuelo la cabeza.

    “Oh, no. Otra vez no” –piensa Jessica recordando que semanas atrás vivió otra escena muy parecida a esta.

    -Eso es, quédate quietecita –ordena Bergen sin dejar de apuntar a la niña con el arma.

    -¡Bergen! –En ese instante, suena la voz de Lulú tras Jessica-. ¿Qué te dije acerca de hacerle daño a la niña? -Acto seguido un silbido y, seguidamente, el golpe seco del cuerpo del Policía al caer con el corazón atravesado por un cuchillo de monte.

    -¡Put…! –Pero el corrupto Peter Bergen no puede terminar la palabra, y esta muere entre sus sangrantes labios.

    -¿Por qué lo has hecho? –Pregunta Jessica mientras vuelve a abrazar a su pequeña, ahora temblorosa por el espanto.

    -No lo sé –Lulú sonríe, es una sonrisa sincera y franca-. Quizás no tenga tanta sangre fría como pensaba –luego, tras un leve instante de duda, añade en tono triste-: Puedes marcharte. Me entregaré ala Policía, estoy harta de tanta muerte.

    -¿Qué hará Jonas cuando se enteré de que lo has traicionado?

    -Seguramente me matará, pero de todos modos, la media de vida de los clones no es muy larga.

    -Puedo ayudarte –ofrece nuestra protagonista, sintiendo verdadera lástima por su clon.

    -Gracias, pero no –pero Lulú rechaza con otra sonrisa, esta vez triste y abatida-, ahora vete, y cuídate de él. No parará hasta dar contigo y terminar con su venganza- dicho esto, se deja caer de cuclillas en el suelo, en espera dela Policíaque, a juzgar por el ruido de las sirenas, ya se acerca, alertada seguramente por algún vecino.

    FIN

    EPÍLOGO 1º

    Al día siguiente, enla Comisaríade Policía…

    -Señorita Montoya, me alegro que todo haya acabado bien para usted y para su pequeña –Arthur Bellisario termina de leer la declaración de Jessica Montoya y le dedica una amplia y agradable sonrisa.

    Pero ella no sonríe, sabe que la pesadilla no ha hecho más que empezar…

    EPÍLOGO 2º

    Aeropuerto de Laguardia, un hombre, elegantemente vestido de blanco, se acerca al mostrador de aduanas y sonríe a la joven encargada, mostrando su dorada dentadura…

    -Buenas, señor. ¿Negocios o placer?

    -Un poco de ambos…

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

    OESTE

    UNA AMENAZA DEL PASADO

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

    CAPÍTULO 1º

    NEGOCIOS Y PLACER

    Ha pasado una semana desde que Jessica Montoya recibiera una amenazadora misiva del padre de su hija y de su enfrentamiento con su clon, un peligrosa asesina que respondía al nombre de Lulú.

    Es Viernes al mediodía y está a punto de terminar su jornada laboral y de ir a recoger a Laura al colegio.

    Al no tener nuevas noticias sobre Jonas sus ánimos se han calmado un poco, pero aún sigue alerta por lo que pueda pasar…

    Mientras, en la suite número 304 del Hotel Conrad de New York, el llamado Jonas Cardona se ducha y se afeita mientras tararea una tonada de su Colombia natal.

    Tiene negocios que atender en New York, asuntos urgentes. Pero también tiene la sana intención de pasarlo bien, y es lo que va a hacer esa tarde. Ha quedado con la guapa encargada de aduanas del aeropuerto y piensa aprovechar el momento al máximo.

    Son las 14:00 en punto cuando sale del hotel y se encamina con paso firme hacia el deportivo que alquiló nada más llegar a New York.

    En ese preciso momento, Jessica y Laura llegan a la casa en la que viven.

    La niña, afectada por los sucesos ocurridos en su vida durante los últimos días, lleva algún tiempo sin hablar casi, y ha perdido incluso las ganas de comer, cosa que preocupa a su madre. Para colmo, ha empezado a hacer preguntas sobre su verdadero padre, preguntas que Jessica no sabe cómo afrontar.

    -¿Qué te apetece comer hoy, cielo?

    -No lo sé, mami. No tengo hambre –la niña deja caer la mochila del colegio en medio del pasillo y se encierra en su cuarto.

    Su madre, con aire abatido, deja escapar un sollozo y maldice en voz alta al padre de la pequeña.

    Poco después, mientras dan cuenta, sin demasiado apetito de un plato de sopa, la niña vuelve a la carga…

    -¿De verdad era mi padre un hombre malo, mami?

    -Laura, ya te he dicho que cuando tengas más edad te hablaré de él y de todo lo que me hizo antes de que tú nacieras. Ahora, por favor, cómete la sopa antes de que se enfríe.

    -¡PERO YO QUIERO SABERLO! –Como tantas otras veces a lo largo de la última semana, Laura pierde los estribos, y a punto está de tirar el plato de sopa al suelo al levantarse de improviso y golpearlo sin querer-. ¡Eres mala, mami! –Y luego, sabiendo que eso le duele a su madre más que cualquier otra cosa-: ¡En cuanto pueda me marcho con él, quizás así conozca la verdad! –Palabras demasiado maduras para una niña de apenas once años.

    Mientras, en un lujoso restaurante de la capital…

     

    -Estás realmente encantadora –un sonriente Jonas retira una de las sillas de la mesa para que su guapa acompañante se siente.

    -Gracias, eres todo un caballero –ella le devuelve la sonrisa y le besa levemente en la mejilla, es un beso amistoso sin ningún atisbo de interés sexual por parte de ella. Pero él está dispuesto a hacer que eso cambie a lo largo de la cita.

    Poco después, mientras disfrutan del excelente menú del lujoso restaurante…

    -El otro día, cuando nos conocimos en el aeropuerto, me dijiste que venías a New York por negocios y placer. ¿Me puedes hablar un poco de ambos?

    -Si me prometes que no te vas a aburrir –Jonas vuelve a sonreír, mostrando sus dientes de oro a su acompañante, que alza su mano derecha como si fuera a hacer un solemne juramento.

    -Prometido.

    -He venido a conocer mujeres hermosas y a arreglar un pequeño asunto familiar.

    -¿Algo relacionado con herencias? –Pregunta ella, solícita-. Si es así, tengo un amigo que te puede echar una mano si se lo pido.

    -No, es algo mucho más personal, pero gracias por el ofrecimiento –Jonas mira a su compañera con detenimiento mientras piensa en cuál será la forma más lenta y dolorosa para acabar con ella…

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    -¿Por qué me miras así? –Pregunta ella un tanto nerviosa.

    -No sé. Quizás porqué me recuerdas a alguien que conocí hace tiempo –es la respuesta de él. Y no miente.

    Esa noche, tras pasar el resto del día con ella, arroja su cadáver sin vida a una de las dársenas del puerto…

    Mientras lo hace, tiene una brutal erección pensando en otra persona, alguien que, hace once años, se atrevió a traicionarlo.

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

    CAPÍTULO 2º

    EL ASESINO LAS PREFIERE RUBIAS Y TETUDAS

    Son las 09:30 de la mañana y el Comisario Jefe Arthur Bellisario ya lleva una hora en su oficina.

    Esa mañana, nada más llegar ala Jefaturale informaron de un hecho terrible y macabro. El hallazgo de un tercer cadáver en el puerto de New York.

    -¡Maldita sea! –Furioso, mira hacia la puerta de su despacho, donde alguien acaba de dar un par de golpes-. ¿Acaso no dejé dicho que no me molestaran en al menos un par de horas? ¡Estoy ocupado!

    -¿Comisario? –Es el Agente Broome quien, tímidamente, asoma la cabeza por el quicio de la puerta.

    -Ah, Broome, es usted –cambiando su semblante por uno más amable, Arthur Bellisario da permiso a su subordinado para entrar-. Pase, pase. Perdone mi humor; no llevo un muy buen día que digamos.

    -Lo sé, Comisario –Gabriel Broome entra en el despacho. Aún se refleja en su cara el duro golpe que supuso para él enterarse de que su compañero, el Agente Peter Bergen, era un Policía corrupto.

    -¿Qué tiene que contarme?

    -Hemos identificado a la última víctima –Broome deja sobre la atestada mesa de Bellisario un informe-. Se trata de Mary Fillmore. Secretaria. Veinticinco años…

    -No me diga más –interrumpe su superior alzando la mano derecha-. Rubia y con buenas tetas.

    -S-sí –Broome aparta la mirada como avergonzado-. Ese parece ser el patrón a seguir por el asesino.

    -Dígame, Agente Broome –Cepeda toma el informe y lo ojea sin demasiado interés antes de volver a dejarlo sobre un enorme montón de papeles.

    -¿Sí?

    -¿No le recuerdan a nadie estás mujeres?

    -En principio no… -Gabriel Broome hace una pausa para pensar mejor su respuesta-. ¿A usted sí?

    -Sí. Maldita sea. Por desgracia sí.

    Mientras, en ese mismo instante, en una cafetería de New York… -¿Qué era eso tan urgente que querías contarme? –John Bowman clava sus ojos azul grisáceo en su amiga y amante Jessica Montoya.

    -Verás, John… -Comienza la guapa colombiana desviando los ojos de la inquisitiva mirada del escritor-. Imagino que recuerdas cuando te hablé del padre de Laura.

    -Sí, claro –John asiente con la cabeza-. Pero eso es agua pasada. ¿O no?

    -Yo pensaba que sí –Jessica se muerde el labio inferior con aire nervioso.

    -¿Pero…? –John le toma las manos y las estrecha con fuerza entre las suyas-. Vamos, niña. Sabes que puedes contarme cualquier cosa, que te apoyaré siempre.

    -Está en New York.

    -¿¡Qué!? ¿Estás segura de ello?

    -Muy segura –y, tras esta impactante noticia, le cuenta todo acerca de la carta recibida días atrás y de otra carta recibida el día anterior en la que Jonas Cardona se confesaba autor de otros tres asesinatos cometidos durante los últimos días en la ciudad.

    -¿Has ido ala Policía?

    -Todavía no –ahora es ella la que aprieta las manos del escritor con fuerza, buscando su apoyo y su aprobación.

    -Pues deberías.

    -Ya lo sé. Pero no es eso de lo que quería hablarte.

    -¿Entonces?

    -El padre de mi hija es un hombre muy peligroso, y está obsesionado conmigo. Y no me gustaría verte en peligro por mi culpa.

    John va a abrir la boca para protestar, pero Jessica acalla la protesta dándole un beso intenso y profundo.

    -Tengo que alejarlo de ti y de Gabi. Si os relaciona conmigo, corréis peligro, mucho peligro.

    -¿Y Laura?

    -De Laura me encargo yo. Es su hija, no creo que se atreva a hacerle daño… -Es la respuesta de la joven, aunque no lo dice demasiado convencida.

    -De acuerdo –El escritor se encoge de hombros con aire resignado- Pero pensaba que éramos un equipo…

    -Y lo somos, mi vida, y lo somos. Pero no pienso ponerte en peligro por mi culpa. Sólo te pido que entiendas eso. Ese hombre es muy peligroso; es capaz de cualquier cosa.

    -Está bien –John intenta sonreír, pero está demasiado afectado por la noticia como para conseguir otra cosa que no sea una fea mueca, así qué, en vez de eso, pregunta a su amiga y amante-: ¿Y qué piensas hacer, tenderle una trampa y atraerlo hacia ti?

    -Aún no lo sé, maldita sea –responde Jessica con aire abatido.

    -Bueno, si existe una mujer con grandes recursos, esa eres tú –dicho esto, John besa a la joven en los labios, mientras su mano acaricia suavemente sus grandes pechos por encima del ajustado jersey de lana-. Seguro que algo se te ocurre.

    Mientras, en la suite número 304 del Hotel Conrad…

    -¡Uau, eres un amante total! –Una jovencita de apenas veinte años, rubia y con una más que estupenda delantera acaricia el velludo pecho de Jonas que, tendido boca arriba en la cama, se deleita pensando en el destino de su nueva amante a sus manos.

    CAPÍTULO 3º

    UNA NUEVA CARTA

    Ese mediodía, mientras espera a que su hija Laura salga de la escuela, Jessica Montoya saca otra carta de su bolso y la lee. Es una tercera nota, recibida el día anterior, y su contenido es muy explícito, si ella fuera una mujer corriente, estaría asustada, pero no lo es y, al leerla de nuevo con más tranquilidad, lo único que siente es un odio y una rabia inmensos hacia el autor de la misma…

    La carta está escrita a mano y reza así…:

    Querida Jessica. Tengo ganas de volver a verte, estoy decidido a olvidar todo el mal que me hiciste en el pasado y que vivamos los tres juntos, tú, yo y nuestra hija lejos de todo esto.

    Soy consciente de que en el pasado no fui bueno para ti, pero he cambiado. Puedo cambiar si decides venir conmigo.

    Por favor, necesito una respuesta, de no tenerla, no creo que pueda evitar seguir haciendo mal a más chicas inocentes.

    Su destino depende de ti, si vuelves conmigo la pesadilla habrá acabado. Si no, seguirán apareciendo cadáveres de chicas jóvenes y bonitas, como sabrás, las he matado porque me recordaban a ti.

    Pero te prometo, te juro que si me aceptas de nuevo en tu vida, huiremos de este lugar para que nadie vuelva a saber nunca de nosotros. Créeme cuando te digo que sólo tú puedes salvar a esas chicas.

    Te quiere…: Jonas

    -Maldito hijo de puta –masculla para sí la joven mientras vuelve a doblar el papel y a meterlo de nuevo en su bolso.

    -Hola, mami –la voz de Laura suena a su lado, sacándola de sus pensamientos-. ¿Qué es un h de p?

    -H-hola, mi amor –se inclina y besa a su hija en la frente. Luego con aire azorado por la vergüenza, desvía la atención de la niña hacia otros temas menos escabrosos-. ¿Te apetece comer hoy una graaan hamburguesa con queso y todas esas guarradas que tanto te gustan?

    -¡SÍÍÍ! ¡Jo, mami, eres la mejor mamá del mundo! –Feliz, la pequeña abraza a su madre y, por un momento, nuestra protagonista se olvida de la carta y de lo extraña que ha sido su vida durante los últimos días.

    Sin embargo, su felicidad se verá truncada muy pronto, antes de lo que cree.

    Pero mientras tanto, dejemos que disfrute junto a su hija de estos instantes de tranquilidad.

    En esos momentos,la Policíasaca del puerto de la ciudad el cadáver de la última víctima del asesino.

    -¿Mismas características, Broome? –Pregunta Arthur Bellisario a su subordinando cuando el cadáver es llevado al Anatómico Forense de New York.

    -Sí, Comisario –responde Gabriel Broome-. Rubia y buenas tetas.

    -Bien, imagino que es hora de hacer algo.

    -Perdone que le diga, Comisario. Pero creo que hace tiempo que debimos tomar cartas en el asunto.

    -Tiene razón, Agente Broome. Este asunto ha ido demasiado lejos, hace tiempo que teníamos que haber hablado con ella.

    Tras ello, Arthur Bellisario saca su móvil y marca un número…

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

    CAPÍTULO 4º

    EL TRÁGICO DESTINO DE LULÚ

    11:00 de la mañana del día siguiente, en la sección femenina de la cárcel de Bedford Hills, Lulú Mendoza recibe una noticia que la llena de preocupación y desasosiego…

    -Vamos, colombianita. Alguien ha pagado tu fianza y te espera fuera. Eres libre, ¡alegra esa cara! –La guardiana le sonríe desde su enorme cara de luna llena mientras abre la puerta de su celda.

    -¿Q-quién ha sido?

    -Bueno, no ha dicho su nombre; pero es un tipo muy atractivo. Y parecía muy interesado en ti. Deberías alegrarte, no todas tienen esa suerte.

    Poco después y una vez ya a las puertas del complejo penitenciario…

    -P-por favor. Llame ala Policía–susurra Lulú al guardia de la puerta mientras su liberador camina hacia ella desde el caro automóvil alquilado con paso firme y decidido y una ladina sonrisa en los labios-. ¡Por favor, avise al Comisario Bellisario, se lo ruego!

    Pero el guarda de la prisión desoye las súplicas de la bella asesina arrepentida. Sólo cuando ve como el desconocido la toma del brazo y la arrastra hacia el coche reacciona, pero luego se lo piensa mejor y decide que quizás sea mejor no meterse donde no le llaman.

    -Hola, mi amor –son palabras cariñosas, pero no hay cariño alguno en ellas cuando las pronuncia Jonas mientras acaricia los rubios cabellos de su antigua amante.

    -¿Q-qué vas a hacer c-conmigo?

    Él no responde, se limita a mirarla con expresión triste y algo cansada.

    -¿V-vas a m-matarme?

    -Chist –indica de repente el peligroso criminal mientras saca una pistola y acaricia con el cañón los abultados senos de la mujer-. Fuiste mala conmigo, muy mala…

    -Y-yo, lo s-siento –lágrimas de miedo y desesperación comienzan a rodar por los pómulos del clon-. Puedo serte útil. P-puedo hacer que confíes en mí de nuevo.

    -Es tarde para eso, mi amor –Jonas le pone el cañón en los labios mientras amartilla el arma-; tienes que aprender a afrontar tus errores, sean estos cuales sean –sigue sonriendo, pero sigue sin haber rastro de humor o de alegría en su mirada.

    -P-puedo cambiar, te lo juro –desesperada, Lulú vuelve la cara hacia su secuestrador.

    -¡Te he dicho que te calles! –Y le propina un brutal golpe con la pistola en la cara, abriéndole un feo corte en la mejilla-. ¿Ves lo que pasa cuando me haces perder los estribos? –Pregunta después besando la herida.

    -L-lo siento. N-no volverá a suceder –la mirada de ella es una viva súplica por conservar la vida ante la furia asesina de su captor.

    -No. En eso tienes razón –dicho esto, apoya el cañón de la pistola en la sien de la mujer y aprieta el gatillo. La sangre mancha la ventanilla del lado del pasajero, pero no parece importarle, de todos modos pensaba deshacerse del coche.

    Luego, desnuda el cadáver aún caliente y le hace el amor. Eyacula sobre las enormes tetas de Lulú…

    Esa noche, tras deshacerse del automóvil y del cadáver a la manera acostumbrada, vuelve a masturbarse pensando en ella y en su amada Jessica, tumbado en la cama de la suite 304 del Hotel Conrad de New York.

    A la mañana siguiente, cuando es hallado el cadáver del clon, el Comisario Arthur Bellisario vuelve a llamar Jessica Montoya.

    Esta vez tiene más suerte…

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

    CAPÍTULO 5º

    BELLISARIO AL TELÉFONO

    Cuando finalmente Jessica coge el móvil y oye la voz del Comisario Jefe Bellisario siente como su corazón da un vuelco.

    -¿Señorita Montoya?

    -¿S-sí?

    -¿Está ahí, señorita Montoya? ¿Puede hablar?

    -Sí, Comisario, estoy aquí. Puedo hablar, tranquilo.

    Sabe que la noticia que tiene que darle el veterano Policía es grave.

    Lo intuye, pero no se imagina cuán grave es…

    -Creemos que corre usted grave peligro.

    -Lo sé –responde ella intentando mantenerse serena-. Estoy preparándome para abandonar la ciudad y, si es necesario, el país.

    -Escúcheme, señorita Montoya. Tengo ante mí el cadáver de su clon. Lo encontramos esta mañana en el puerto, en el mismo sitio donde fueron encontradas las otras mujeres. Ese cabrón va a por usted.

    -Lo sé, Comisario. Lo he sabido desde el primer momento –Jessica sonríe pensando para sí “Vaya, por fin se dan cuenta de lo peligroso que puede llegar a ser ese hijo de puta. Ha hecho falta que mueran varias mujeres para que ello suceda, pero por fin se han dado cuenta”.

    -Señorita Montoya, si podemos hacer algo por usted… No dude en decírnoslo.

    -Lo tendré en cuenta, Comisario. ¿Pero no cree que es un poco tarde para ello? –Hay mucha amargura en las palabras de la joven colombiana.

    -Comprendo su reacción, señorita. Gran parte de esto es culpa nuestra. Debimos actuar mucho antes –se disculpa Bellisario, dolido por la reacción de la mujer-. Pero quizás aún no sea demasiado tarde.

    -Yo creo que sí lo es –Jessica está a punto de colgar sin añadir nada más, pero se arrepiente y se despide con un tímido gracias.

    Es después de colgar cuando se desahoga maldiciendo contra el padre de su hija y, ¿por qué no? Contra el Cuerpo de Policía de New York.

    Por suerte, Laura ya ha marchado al colegio con la vecina y ella está sola en casa.

    Después de soltar toda la rabia y la frustración que ha estado guardando dentro los últimos días, se viste y se prepara para marchar a la oficina.

    Tiene pensado hablar con su jefe para pedirle unos días de permiso.

    Quizás con una semana tenga suficiente. Debe salir de New York lo antes posible, alejar a ese jodido psicópata de la ciudad y de la gente que ama todo lo que pueda; se moriría si a John o Gabriela les ocurriese algo. Gabriela ya pasó bastante hace semanas cuando ese loco dela Compañíadecidió cobrarse venganza contra ella.

    Esto la lleva a pensar en lo siguiente…: “¿Por qué tengo que atraer a hombres tan peligrosos? ¿Es que John va a ser el único hombre decente en mi vida?” Este pensamiento la abruma pero también la hace sonreír un poquito al pensar en el escritor.

    -Bueno –se dice mientras se pasa un poco el cepillo por los rubios cabellos-. Hora de ir a trabajar.

    Algo más animada, sale de la casa y sale a la calle en busca de su Mustang.

    Su sorpresa es mayúscula cuando ve el papel sujeto al cristal delantero con uno de los limpiaparabrisas.

    Con manos temblorosas lo coge y lo lee…

    Tan sólo hay frase escrita en letra de imprenta…

    ¡BUUU! EL ESCRITOR ES MÍO…!

    Todavía temblando de pies a cabeza arruga el papel y se derrumba, cayendo de rodillas junto a su coche, ante la mirada de transeúntes, que no saben qué hacer y pasan de largo…

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

    CAPÍTULO 6º

    EL ASESINO Y EL ESCRITOR

    Cuando John Bowman recupera la consciencia lo primero que ve es una lámpara de esas de flexo apuntándole directamente a la cara, cegándolo.

    Luego siente el dolor…

    Y grita…

    -Vaya, por fin has despertado –la voz de su captor suena tras él, justo a su espalda.

    -¿Q-quién eres?

    -Bueno, eso no es que importe demasiado ahora. Sólo importa el hecho de que te has estado acostando con mi chica, y ya sabrás que los latinos somos gente muy celosa y posesiva, y que no nos gusta que los putos yankis nos toquen nuestras posesiones. Sobre todo a nuestras chicas –Jonas se inclina sobre el escritor y le sonríe, mostrándole sus dientes de oro.

    -¿Q-qué quieres de mí?

    -Es sencillo –antes de continuar hablando, y por simple y pura diversión, vuelve a aplicar el punzón al rojo a la blanca piel de John, que grita-. Quiero que me digas a dónde piensa marcharse esa puta desagradecida. Si lo haces así, tu muerte será rápida y poco indolora, si no… Bueno, tú que eres un escritor de relatos de terror, te imaginarás de qué estoy hablando.

    -¡NO LO SÉÉÉ, TE LO JURO! –Grita el escritor mientras ve como el punzón al rojo vuelve a acercarse a su cuerpo.

    -¡Deja de gritar, joder! –Pide de repente Jonas apartando el punzón del escritor.

    Luego sonríe divertido y se aproxima al oído de John.

    -¿Sabes? –Le susurra-. Es curioso pensar en lo que nos depara la vida algunas veces, ¿no crees?

    -¿Q-qué quieres decir? –John Bowman tiembla de pies a cabeza mientras siente el aliento mentolado del asesino en su rostro perlado en sudor.

    -Bueno. Piensa un momento en ti… ¿Quién te iba a decir a ti que el primer novio de la zorra que te estás tirando iba a resultar un cabrón psicópata que te iba a torturar hasta la muerte? –Dicho esto, lanza una sonora y divertida carcajada que hace estremecer a su cautivo.

    Mientras, en casa de Jessica Montoya…

    -¿Me puede poner con el Comisario Bellisario? –Lleva cerca de una hora intentando hacerse con el máximo representante dela Jefaturade Policía Neoyorquina, sin éxito.

    Finalmente, y cuando ya está a punto de darse por vencida y personarse enla Comisaría, le responde una agradable voz femenina, es una voz joven y bastante simpática.

    -¿Quién le digo que pregunta por él, señorita?

    -Por fin –deja escapar un suspiro de alivio.

    -¿Señorita?

    -Sí. Perdone. Jessica Montoya. El Comisario sabe quién soy.

    -De acuerdo. Espere un momento… -La agradable voz de la telefonista da paso al típico ruido de las centralitas.

    Medio minuto después llega hasta la guapa colombiana la madura y varonil voz de Arthur Bellisario.

    -¿Señorita Montoya, deseaba hablar conmigo?

    -¡Sí, por fin doy con usted!

    -¿De qué se trata? Debe de ser algo urgente si ha decidido hablar conmigo –Cepeda, en su despacho, mira la ficha abierta hace un año a una joven asesina conocida como Jessika Hot.

    -Se trata de mi amigo John, el escritor.

    -Lo conocemos. ¿Qué podemos hacer por él?

    -Está en peligro… É-él… –Jessica nota como se le quiebra la voz al intentar explicar lo ocurrido con John Bowman y la nota encontrada en el parabrisas de su coche.

    -¿Tiene que ver con el padre de su hija?

    -S-sí… -Finalmente, y sin poder aguantar más, Jessica se derrumba y rompe a llorar.

    -¿¡Señorita Montoya!? –Hay angustia y preocupación en la voz de Bellisario-. ¿Sigue ahí, señorita?

    Jessica sorbe los mocos que caen de su nariz y se enjuga las lágrimas de los ojos antes de responder con voz temblorosa.

    -S-sí, sigo aquí. Ese cabrón tiene a mi amigo…

    Mientras, y volviendo a Jonas Cardona y su cautivo…

    -¿Q-qué estás haciendo? –John, horrorizado, contempla como su captor prepara una vieja batería de coche y una palangana llena de agua.

    -Bueno. Lo del punzón al rojo es algo, digamos que un poco anticuado. Vamos a probar con la electricidad, algo mucho más moderno y divertido –el asesino sonríe, aunque más que una sonrisa es una espantosa y cruel mueca en la que brillan sus dientes de oro.

    Pronto, el viejo almacén abandonado se llena con los gritos del escritor y la risa del asesino…

    Esa noche, dos jóvenes encontrarán a John Bowman, moribundo y con el cuerpo repleto de quemaduras, tirado a la orilla de un camino.

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

    CAPÍTULO 7º

    LA NOTA DE LAURA

    Cuando Jessica recibe la terrible noticia del hallazgo de su amigo John malherido, no puede hacer otra cosa que sentir como un gran sentimiento de impotencia la invade y, furiosa, aporrea la mesa de su cocina mientras gruesos lagrimones se deslizan por su bello rostro.

    -Señorita Montoya –la voz de Bellisario suena tremendamente afligida y preocupada-. Si podemos hacer algo por usted…

    -N-no. Estoy b-bien, c-creo –Jessica intenta mantener la compostura, sin conseguirlo.

    -Creo que lo mejor será que hablemos en otro momento –sugiere Bellisario.

    -S-sí. Será lo mejor –responde la joven un poco más calmada.

    Antes de despedirse, el Comisario la informa acerca del hospital donde John se encuentra hospitalizado. Pero ella deniega con energía.

    -Lo siento. Pero lo último que necesito es ver a John tal y como debe estar en estos momentos. Además, por lo que me ha contado, no creo que a su familia le hiciera mucha gracia verme en el hospital.

    -De acuerdo. Cuando se vea dispuesta para hablar, no dude en hacerlo –Arthur Bellisario se despide con un amistoso y amable buenas tardes y cuelga.

    En ese momento, Laura abre la puerta de la casa y entra como un torbellino.

    -Hola, mami –la pequeña queda sorprendida ante el lamentable aspecto que presenta su madre y, con paso vacilante, se acerca a ella-. ¿Pasa algo, mamá? ¿Has estado llorando?

    -Sí, mi amor –y entonces, pensando que la pequeña ya es lo suficiente mayor para comprender lo que ocurre, se lo cuenta todo.

    Cuando termina, Laura clava en su madre una mirada solemne y dice…

    -¿Ese hombre quiere hacernos daño, mamita?

    -Sí. Ese hombre malvado quiere hacernos daño. Ya a hecho daño a un buen amigo mío, y sé que nada va a detenerlo si no lo hago yo.

    Entonces la niña comienza a boquear como un pez fuera del agua, como si quisiera decir algo y no le salieran las palabras. Hasta que su madre, asustada, la zarandea, suave pero firmemente, jalándola de los hombros.

    -¿Qué te pasa, Laura?

    -¡Un hombre se acercó a mí en el recreo y me dio esto! –Cuando por fin reacciona, saca un sobre doblado de su bolsillo y se lo da a su madre.

    -¿Por qué no me dijiste nada cuando fui a recogerte a mediodía? –Pregunta Jessica abriendo el sobre.

    -¡No me acordé! –Solloza la niña lanzándose a los brazos de su progenitora.

    -¿Cómo era ese hombre? –Pregunta la mujer mientras va leyendo la nota escrita a mano.

    La letra es inconfundible…

    El mensaje, también…

    Hola, Jessica. Tienes una hija preciosa, sería una lástima si le pasase algo…

    -¡Jodido cabrón! –Furiosa y ante la mirada asustada de su hija, Jessica Montoya se alza de su asiento y comienza a caminar por la cocina con una expresión asesina en su bello rostro y la nota arrugada en su puño derecho.

    -¿M-mamá? M-me estás asustando… -Solloza la niña sin dejar de mirar a su madre.

    -Perdona, mi amor. Perdóname, ¿Sí? –Con lágrimas de impotencia rodando por su rostro se acerca a su pequeña y la acuna contra su amplio busto.

    -¿Es del hombre malo? –Susurra Laura con voz asustada.

    -Sí, mi cielo. Es del hombre malo.

    -¿Va a venir a por nosotras? ¿Es culpa mía por no decírtelo antes, mami? –También la niña explota en llanto contra el ancho pecho de Jessica.

    -¡No digas eso jamás! –Con expresión adusta, la joven madre se aparta a su hija del regazo y la sacude con cierta violencia-. Tú no tienes la culpa de que tu padre sea un hijo de puta bastardo y asesino. ¿Me entiendes? ¡Quiero que me digas que lo entiendes!

    -S-sí, mamá. L-lo entiendo –más calmada, la niña intenta sonreír. Cosa que alegra sobremanera a su madre.

    Esa noche, dos figuras femeninas, una adulta y otra más juvenil, salen la calle y montan en un Ford Mustang blanco…

    CAPÍTULO 8º

    JOHN EN EL HOSPITAL

    -¿Dónde vamos, mami? –Pregunta Laura cuando ve que su madre toma el desvío hacia el hospital de Queens.

    -Voy a ver a John –Jessica se vuelve hacia su hija y le ofrece una mueca que intenta ser una sonrisa sin lograr nada más que quedarse en eso, una mueca-. ¿Me esperas en el coche? No tardo nada.

    -¿Pero, y el hombre malo…? –La niña le devuelve una expresión de puro terror

    -De acuerdo. Pero quédate en el hall del hospital, cerca de los guardias de seguridad. No creo que tu padre se atreva a hacerte nada si hay gente de por medio.

    Jessica aparca su Mustang cerca de la entrada del hospital, y con su hija fuertemente aferrada a su mano, camina hacia la puerta del centro.

    -Buenas noches –saluda acercándose al mostrador de recepción-. Me gustaría ver a John Bowman. ¿Sería tan amable de decirme en qué habitación se encuentra?

    -El señor Bowman aún no ha salido dela UVI–responde secamente la obesa enfermera encargada de los ingresos.

    -¿Me puede indicar dónde se encuentra, por favor? –Insiste la guapa colombiana con cierto deje de impaciencia en la voz.

    -Tome el primer ascensor hasta el sótano. Luego siga hacia la derecha –responde la enfermera con cara de cansancio y aburrimiento.

    Va a añadir algo, pero Jessica ya marcha en dirección a los ascensores.

    Una vez en el sótano, la joven sigue hacia la derecha tal y cómo le han indicado en el mostrador de recepción.

    Ante la puerta de la unidad de vigilancia intensiva puede ver a una joven, que por su aspecto y parecido físico ha de tratarse a la fuerza de la hermana pequeña de John, de la cual, lo único que sabe es que tiene una edad parecida a la suya.

    Cuando la ve llegar, la joven se levanta de la silla y clava en ella una extraña mirada que Jessica no consigue interpretar.

    -Hola… -Saluda tímidamente-. ¿Eres la hermana de John?

    -Sí. Tú debes de ser su amiga Jessica.

    -Sí, yo soy –le tiende la mano, que la hermana de John tarda un leve instante en aceptar y no sin cierta reticencia.

    -Yo soy Meggan, encantada.

    -¿Cómo está?

    -Mal. Los médicos dicen que hay que esperar a ver si supera esta noche –señala con un gesto al cristal, tras el cual puede verse al escritor tendido en una cama de hospital con el cuerpo, a excepción de la cabeza, cubierto de vendas.

    -Y-yo… -Comienza con voz temblorosa la joven colombiana.

    -Esto es culpa tuya. Tú lo metiste en esto –la acusación de Meggan es brutal, brutal y dolorosa, pero Jessica no replica; sabe que, aunque le duela, está diciendo la verdad.

    -¿Te ha hablado de mí? –Logra preguntar tras un brevísimo titubeo.

    -Sí. Mi hermano y yo no tenemos secretos el uno con el otro –ahora es la voz de Meggan la que se quiebra al hablar de John.

    -Mira, Meggan –comienza la colombiana apartando la mirada del escritor herido-. No sé qué te habrá contado. Pero yo quiero a tu hermano. Es una persona muy importante en mi vida…

    -Si eso es verdad. Si de verdad lo quieres tanto y es tan importante para ti como aseguras –Meggan toma las manos de Jessica entre las suyas y la aprieta con fuerza-. Si todo lo que mi hermano me ha contado de ti es cierto… ¡Atrapa al cabrón que le hizo esto! Hazlo por él…

    En ese momento, y como si de una especie de milagro se tratase, John abre los ojos y mira hacia el cristal, hacia Jessica.

    -J-Jessica…. –balbucea antes de volver a cerrarlos y quedar de nuevo sumido en un profundo y pesado sueño semicomatoso.

    La joven colombiana se acerca al cristal y deja un beso carmesí estampado en el mismo.

    Después vuelve al hall del hospital, donde la espera su hija con aire impaciente.

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

    CAPÍTULO 9º

    EL CÍRCULO SE CIERRA

    Tras su visita a su amigo en el hospital, Jessica Montoya parece cargada de nuevas energías. Su mirada es más firme, más decidida. Y eso es algo que le gusta, pero al mismo tiempo le asusta.

    “Debo mantenerme alerta por Laura” –Se dice mientras conduce a considerable velocidad por carreteras Neoyorquinas que ni sabía que existían, en un desesperado intento por alejar a su hija de su padre biológico, un cruel y despiadado asesino, al que unos tremendos deseos de venganza han llevado a perseguirla desde su Colombia natal hasta la ciudad del Hudson.

    -¿En qué piensas, mamá? –Pregunta Laura en medio de un sonoro bostezo.

    -En nada, cariño –ella gira la cabeza y le dedica una sonrisa tranquilizadora-. Intenta dormirte, anda.

    Y la niña cierra los ojos.

    Mientras, en New York capital, en el domicilio del Comisario Arthur Bellisario…

    -Muy bien, amigo. Vas a decirme hacia dónde se dirige esa puta, o tu esposa va a perder un ojo –hace veinte minutos que Jonas Cardona entró en la casa de Bellisario a la fuerza y mantiene al Comisario y a su esposa retenidos.

    Hace cinco minutos que, al ver que por las buenas no obtenía los resultados deseados, comenzó con la tortura.

    En estos momentos, tiene a Carlota, la mujer de Bellisario, atada a una silla. Mientras que él en una mano sostiene un cuchillo y con la otra jala fuertemente los cabellos de la mujer, tirando de su cabeza hacia atrás con fuerza brutal. En tanto que Bellisario, atado a otra silla, contempla la escena impotente.

    -¡TE DIGO QUE NO LO SÉ, MALDITA SEA!

    -¡NO ME MIENTAS, JODIDO HIJO DE PUTA! –Grita el asesino, clavando la punta del cuchillo en el muslo de su prisionera, arrancándole un alarido de espanto y dolor-. Sé que habéis hablado. Sé que te ha contado cosas.

    -Sí, es verdad. Hemos hablado, y me contó que pensaba largarse para huir de ti. Pero no me dijo dónde, te lo juro.

    -Mira, amigo –de repente, Jonas sonríe, pero es una sonrisa horrible, más propia de una hiena que de un ser humano-. Tengo la sensación de que dices la verdad, por eso y porqué me pillas de buen humor os voy a soltar –mientras habla va cortando las ligaduras con el cuchillo-. Pero, pero, pero. Para asegurarme de que no vas a hacer ninguna estupidez y no vas a seguirme, ni a intentar detenerme… -Pero entonces hace algo. Con gesto rápido hunde el cuchillo en el vientre de Carlota, la mujer de Arthur Bellisario, lo hunde hasta la empuñadura, luego corta las ligaduras que sujetan al Comisario y, silbando, sale de la casa.

    Una vez en la calle se encamina hacia un coche que ha robado con anterioridad.

    -Bien, pequeña putita tetuda –se dice en voz baja mientras pone la música del auto a todo volumen, sin importarle las protestas de los vecinos-. Me estoy cansando de este juego, y deberías saber que cuando me canso de algo soy peligroso, muy peligroso.

    Tras esto, pone el auto en marcha y enfila hacia Blooming Groove, hacia el domicilio de Jessica Montoya….

    Volvamos ahora con nuestra protagonista…

    Ella y Laura han llegado a un pequeño motel de carretera y han parado a descansar unas cuantas horas.

    Grave error, ya que su perseguidor es inteligente y una vez en Blooming Groove se las ha ingeniado para entrar en el domicilio de las dos chicas y ha encontrado algo, algo que, por error y con las prisas, se ha dejado Jessica sobre la mesa de la cocina…

    -Motel “New Moon”. El mejor lugar para pasar una noche tranquila. A sesenta kilómetros de la capital. Jacuzzi y televisión por cable en todas las habitaciones –sonríe y se guarda el folleto en el bolsillo trasero-. Ya os tengo, zorras. Ya os tengo a las dos…

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

    CAPÍTULO 10º

    EN MANOS DEL ENEMIGO

    Son las 03:30 cuando Jonas Cardona llega al motel “New Moon” y aparca el auto robado en el parking.

    -Perdone –saluda amablemente al encargado nocturno, que le devuelve el saludo con un leve cabeceo.

    -¿Qué desea? Sólo nos quedan dos habitaciones…

    -No busco alojamiento –el asesino alza la mano para atajar las palabras del encargado-. Sólo quiero saber si ha venido a alojarse una mujer joven con una niña de unos diez años.

    -¿Rubia con unas tetas bien grandes? –El encargado guiña un ojo con aire lascivo.

    -La misma –Jonas le devuelve el guiño y le muestra sus dientes de oro en una horrible sonrisa lobuna-. ¿En que habitación la ha alojado?

    -En la 12-C. Si quiere le acompaño…

    -No –rechaza el criminal con presteza-. Quiero darle una pequeña sorpresa. Se me escapó de casa hace dos días y se llevó a la niña.

    -Comprendo –el otro vuelve a guiñarle el ojo, comprensivo.

    Un instante después, y tras asegurarse de que el encargado nocturno no va a darle problemas de manera drástica y tajante, el peligroso asesino sale de la caseta de recepción y camina hacia la habitación ocupada por Jessica.

    Mientras, en la 12-C…

    -Mamá…

    -¿Sí, mi amor? –La joven se revuelve en su lecho y entreabre los ojos en el preciso instante en que el pomo de la puerta gira sobre sí mismo.

    -He oído algo afuera…

    En ese momento, la puerta se abre de golpe y un sonriente Jonas aparece en el umbral.

    Lleva en su mano el cuchillo con el que acaba de degollar al encargado nocturno, todavía goteando sangre.

    -¡Hola, cariño! ¡Papá está en casa!

    -¡NOOO! –Jessica intenta llegar a la puerta, pero es tarde y el criminal ya ha cerrado la puerta tras de sí de una patada.

    -¿Dónde crees que vas, perra desagradecida? –Con furia brutal, empuja a la joven contra la única silla visible en la habitación.

    -¡Mami, mami! –Sollozando asustada, la niña corre hacia su madre, mas es detenida en seco por su padre que, de un fuerte empujón la tira al suelo.

    -¡Maldito hijo de perra, si vuelves a tocarla…!

    -Bla, bla, bla –se burla el asesino.

    Después, se acerca a la mujer, y jalándola con fuerza del pelo le echa la cabeza hacia atrás y le dice al oído…

    -Siempre te gustó hablar más de la cuenta, muñeca –con rabia da un brutal tirón del cabello de la mujer-. ¡Siempre tuviste la lengua muy larga!

    -¿M-mami? –Desde el suelo, Laura se arrastra como puede hasta los pies de su madre, provocando en su padre una salvaje risotada.

    -¿Ves cómo se arrastra tu hija? ¡Así te vas a arrastrar tú antes de que salga el Sol suplicando perdón!

    -¡Eso ni lo sueñes, cabrón!

    -¿Ves? –Replica entonces Jonas, propinando a la joven una salvaje bofetada que le parte el labio-. Nunca supiste tener la boca cerrada.

    Luego, la obliga a levantarse y tras cerrar la puerta con el pestillo, la empuja contra la cama, cayendo la joven boca arriba, sus grandes pechos bamboleándose dentro del sujetador.

    -Que yo recuerde, sólo había una forma de hacerte tener la boca cerrada –mientras habla, se va desabrochando los pantalones hasta quedar en calzoncillos.

    -N-no serás capaz –Jessica abre unos ojos como platos mientras el hombre se baja los pantalones y queda con el miembro al aire, totalmente erecto.

    -Oh, sí. Claro que soy capaz. Soy capaz de muchas cosas por enseñarte algo de educación.

    -¡P-por favor, delante de la niña NOOO! –Suplica la aterrorizada y joven madre mientras el brutal asesino y ahora violador se tumba sobre ella tras destrozarle las bragas.

    -¡Calla, puta! O después de ti va la niña.

    Esta cruel amenaza es lo que da a Jessica las fuerzas necesarias para revelarse contra su atacante y su feo destino.

    -¡A mi hija no la tocas tú, sucio bastardo! –El golpe recibido en las pelotas hace que Jonas caiga de lado sobre la cama, agarrándose la entrepierna.

    -¡P-PUTAAA! –Aúlla mientras intenta incorporarse.

    Y entonces ocurre. Todo es muy rápido y ni tan sólo Jessica tiene tiempo de reaccionar cuando Laura, chillando a pleno pulmón, agarra el cuchillo previamente soltado por su padre, y lo hunde con todas sus fuerzas en el pecho del hombre…

    En ese momento, alguien da varios golpes en la puerta de la habitación. Cuando Jessica va a abrir se encuentra con dos personas, que la miran expectantes.

    -Perdonen, oímos jaleo y… -Antes de que el desconocido pueda añadir nada más, Jessica se desploma a los pies de la pareja.

    FIN

    EPÍLOGO 1º

    Son las cinco de la mañana cuandola Policíaretira los dos cuerpos del motel, el del encargado nocturno y el del asesino Jonas Cardona.

    Es Arthur Bellisario quien se hace cargo de todo. Ha dejado a su esposa bajo cuidados médicos y necesitaba algo que le hiciera olvidar lo ocurrido esa noche en su casa.

    -Señorita Montoya –con gesto preocupado se inclina sobre nuestra protagonista, que sigue como en estado de shock, abrazada a su hija, también víctima de una crisis nerviosa.

    -¿S-sí? ¡Hola, Comisario! –Logra balbucear la joven colombiana mirando al hombre desde su ensoñación.

    -Llévenlas a un hospital. ¡Vamos! ¿A qué están esperando, joder?

    Cuando las dos ambulancias se han llevado a la madre y a la hija, Arthur Bellisario queda mirando al cielo nocturno, pensando que quizás sea un buen momento para pensar en la jubilación…

    EPÍLOGO 2º

    Han pasado varias semanas y todo ha vuelto a la normalidad en la vida de Jessica Montoya y la pequeña Laura, o más o menos.

    Son las 16:00 y Jessica, tras comer con John en el Village Tart se encuentra ahora con éste en su apartamento dela QuintaAvenida…

    -Siento todo lo que ese cabrón te hizo pasar por mi culpa –suave y sensualmente, la joven va bajando por el torso del escritor, ahora cubierto por feas cicatrices de quemaduras, hasta llegar a su verga ya erecta.

    -¿Todos tus ex novios son así? –Pregunta él acariciando los rubios cabellos de ella y dejándola hacer…

    Jessica, con la boca llena responde algo parecido a no y él rompe a reír…

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

    Comentarios

    1. LUIS_GONZALEZ

      15 enero, 2013

      Acabo de pasar tu novela a papel para leerla tranquilo y te la comento…

    2. LUCIA UO

      15 enero, 2013

      He estado leyendo hasta el capitulo 3.
      Te dije que te iba a decir lo que en verdad pensaba aunque no te gustara.
      Escribes muy bien , tu trama es muy interesante.
      Lo que no me gustó es que nos encasilles y nos discrimines. Si no puedes hablar bien de mi país Colombia, te agradecería que ni siquiera la mencionaras. Porque todas las personas merecemos respeto y mi país lo merece más.
      La discriminación crea separación. El mensaje subliminal es: “Las o los colombianos son así”, Y no es así, cada persona es un mundo y cada caso es diferente.

      No necesitabas colocarle nacionalidad. Y fallaste también en eso, porque si vas a hablar de una chica colombiana, debes saber nuestros modismos y nuestra forma de hablar. Nosotras no hablamos como españoles, nunca diríamos: “Cómeme el coño, Joder”.
      2. Subestimas la inteligencia de una colombiana. ¿Crees que ella, si es colombiana es tan tonta como para ir a la policía y fuera de eso quedarse en la misma ciudad?.
      Me parece ilógico que sabiendo con quien está tratando se quede en el mismo país, haciendo la misma vida.
      3. Debes aprender que colombiano que se respete, no se vara ni en la punta de una bara. Si ya la encasillaste como colombiana, debes aprender a pensar como colombiana, a hablar como colombiana, a sentir y actuar como colombiana.

      4. Siendo colombiana y teniendo una doble vida, ¿Por qué asumes que ella es tan estúpida como para decir su verdadero nombre cuando está haciendo una misión?.
      Das por sentado que las colombianas somos putas, culonas y tetonas. Y si vamos a hablar de eso, nadie se salvaría. Ni siquiera los hombres. Las mujeres somos putas, los hombres ¿son machos?.

      También debes corregir donde colocas ambas dos, (dos) sobra.
      Debes cuidar cuando juntas las letras.
      Espero que no te moleste mi sinceridad. Pero igualmente chistaría, si la hubieses puesto mexicana, guatemalteca, salvadoreña o española. Aunque soy colombiana, El Salvador y Guatemala, las quiero como mi segunda patria, en México y España están mis mejores y más grandes amigos. La discriminación es odiosa en todos los sentidos y se debe combatir.

      Escribes muy bien te lo dije, tu novela es interesante para leer, tienes algunos errores de redacción pero son fáciles de corregir, leyéndola despacio.
      Me hubiera gustado que nos dieras capítulos por entregas,a sí hubiésemos podido disfrutarla más. Pero te preocupes, te leeré hasta el final y seré muy sincera contigo.

      Un gran abrazo y un corazón rojo.

      • JAVIER HARO HERRÁIZ

        15 enero, 2013

        HOla, Lucía…!!!

        A ver, reconozco que tengo errores a la hora de escribir, y no son pocos…

        Pero para empezar te diré que esta historia en cuestión está escrita y dedicada a una amiga especial colombiana y que le enKANHtó, así que…

        Bien es cierto que yo no tengo ni idea de vuestras costumbres ni forma de hablar, etc… Pero también es cierto que no pretendía encasillaros ni discriminaros, como ya te digo, mi amiga especial es colombiana y es la persona más maravillosa del mundo… Lo único que pretendo con mis escritos es que la gente se divierta leyendo y punto…
        Si te está gustando, como así creo, termínala y deja de pensar mal de mí, por favor…

        Un saludo desde Valencia…!!!

        P.D…: Zanx por tu sinceridad…

        • LUCIA UO

          15 enero, 2013

          1. No estoy pensando mal de ti.
          2. Te estoy diciendo los errores que tiene tu novela ya que dices que la protagonista es
          colombiana.
          Las colombianas, y más si son madres, piensan en sus hijos en primer lugar. Si son espías, se aseguran de proteger a sus hijas, antes que cualquier hombre y cualquier polvo por bueno que este sea.

          No son tan tontas para dejar cabos sueltos, como por ejemplo cuando ella decide dejar con vida al escritor. Si es madre, primero piensa con la cabeza y no con la vagina.
          Prepararía un plan de acción con antelación, sacaría a su hija del país, pero nunca la enviaría con sus padres ni a su país porque sabe que sería el primer lugar donde la buscarían. Por supuesto tampoco es tan boba como para no cubrir el flanco dejado por su hija en casa.
          Si pensara en dejar con vida ese hombre, porque le gusta, se enamoró o lo que sea, ella no es tan caída del zarzo, como para permitir que el escritor se quede en el país, con su misma identidad, y haciendo su vida normal. Presentaría un cadáver con la misma fisionomía del hombre en cuestión, y con respecto al escritor, le buscaría un salvoconducto, con una nueva identidad, en algún lugar del mundo donde nadie lo pueda rastrear. También has olvidado que el escritor iba con amigos, que luego preguntarían por él. Un mujer así, no dejaría rastro de nada.
          Estas son solo algunas de las incoherencias de tu novela, ya que la has encasillado como colombiana, si la pusiste así, debes pensar como mujer colombiana, cuando decides como actuará y definitivamente no hablará como española viviendo en Estados Unidos.

          No te preocupes que te leeré y te diré la verdad, aunque no te guste oírla.
          Puede que solo busques que alguien se divierta al leerte, pero debes también ser sensible a los sentimientos de los demás, debes unir no dividir. Respetar las idiosincrasias de los demás. Ponerte en el lugar de otros para sentir el dolor de los demás y no causar daño a nadie.
          Que cuando alguien te lea, no piense. “Es que ellos son así, o esto o lo otro”. Es cuestión de humanidad, de respetar los derechos fundamentales de las personas, que son incuestionables y inalienables.
          Ya sabes, la discriminación es odiosa, causa disgregación, separación, odio, guerras, dolor y violencia.

          Que tengas un buen día.
          Un gran abrazo.

    3. JAVIER HARO HERRÁIZ

      15 enero, 2013

      A ver, querida Lucía…

      Para empezar, soy escritor de obras de ficción, no un agente secreto ni un asesino, y como bien sabemos ambos, esto es una novela, no la vida real…

      En cuanto a incoherencias, pues sí, lo admito, hay unas cuantas, pero eso se debe a que lo mío, no sé si te lo he dicho ya, es el relato corto, no la novela…

      De todos modos, me gustaría que te la terminases y me dieses tu opinión una vez la hayas terminado de leer toda…

      Y como ya te digo, ese libro en cuestión está basado y dedicado en y a una persona real a la que tengo en gran estima, como comprenderás, lo último que se me ocurriria es poner algo que ofendiera a dicha persona, al menos a sabiendas…

      Un abrazo desde Valencia, no seas tan dura conmigo y disfruta de mis escritos, que para eso los mando a Falsaria :P …!!!

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