La brújula

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    Me encontraba perdido en la montaña, solitario, desamparado. Aquellas sensaciones invadían mi ser, me provocaban cierto nerviosismo y un sudor frío que aceleraba mi corazón. Busqué entre mis bolsillos una brújula, aquella había sido un regalo de un ser muy querido, un ser que dejé de ver. Al encontrarla en mi bolsillo interior donde solía guardarla suspiré con cierta tranquilidad. Tenía miedo de perder el único recuerdo que me quedaba de esa persona de manera física, el recuerdo que guardaba en mi interior jamás se vería borrado.

    Fijé mi vista en la aguja la cual parecía no tener rumbo, parecía ser que, había perdido el norte. Miré nuevamente aquel objeto metálico con grabados exóticos, un recuerdo caro y precioso, pero tenía algo diferente, algo que me llamaba la atención. La marca del norte había desaparecido, la aguja, perdida al no tener donde apuntar comenzó a bailar como si aquello fuera la solución al problema. Temblaba al imaginar tener que dormir en aquella montaña, en aquel paraje invernal donde las frías lluvias de noches pasadas habían dejado su huella. Busqué musgo a mi alrededor, con la esperanza de ubicar la dirección a mi hogar, pero el musgo no crecía. Busqué el sol y parecía ser que el no me buscaba a mi. Perdí la esperanza de volver a mi hogar y con torpeza quise visitar a quien me regaló su brújula, su esperanza y su amor, no era un amor de pareja sino uno mas fuerte, el de la amistad. Aquella chica de tiernos ojos me recordaba a una flor, una rosa quizás. Como si fuera un huerto nuestro lugar de reunión florecimos hasta alcanzar un tamaño considerable, pero me fui marchitando, fui apagando el color de mis ojos y con aquel último acto tuve que abandonar el jardín.
    Desamparado y sin hogar vagué a lugares desconocidos, cuevas oscuras y lugares misteriosos. Alguien me recogió, una luz cálida y reconfortante me inundaba cada vez que me miraba, había pasado la pesadilla y ya, no debía temer a la oscuridad. Durante aquel tiempo fui feliz y no es que ahora estuviera fuera de esa cálida luz, era como si el calor fuera insuficiente y la montaña, mi anterior lugar de cobijo durante mi destierro fuera nuevamente mi hogar. No estaba fuera de casa, estaba nuevamente, en mi hogar.

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