Vivir como un vampiro (operación a la vista)

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    Uso lentes desde los doce años, cuando no leía bien absolutamente nada. El Dr me detectó ojo perezoso, y si no usaba lentes todo el día, me podía subir la miopía. No usaba los lentes, en las clases me sentaba adelante o le preguntaba al de mi costado que decía en la pizarra. Luego ya a los veinte años empecé a usar los lentes, la medida era bastante más alta. La miopía me traicionaba. Un día en una pelea me reventaron la nariz y con ella mis lentes. Desde ahí empezó mi fanatismo por querer operarme.

    No fue después de años que aceptaron operarme. Justo cuando ya me había acostumbrado a los lentes. No sé cuántos lentes tuve, quizás treinta o más, la medida variaba, los doctores variaban y todo me parecía un desperdicio al borde neón del sol.

    Hace unos días me operé. Pensé que iba ser bastante más sencillo, bastante más, digamos, bonito. No. Piña cuñado, la belleza cuesta. La sala de operaciones estaba bastante helada, una señorita, al parecer la enfermera me aplicaba las gotas más ardientes del planeta, justo en ese momento, quise salir corriendo. Pero no pude, soy cobarde para todo. Me llamaron por mi apellido. Entré, me dijeron que cierre los ojos y me guiaron hacia una máquina que sonaba y sonaba. Luego de otras gotas en los ojos y una pastilla previa, entró el Dr, el mismo que me había prometido una operación indolora. Me habló con su voz leve y suave, como imitando a un ángel, pero sin salir de su libreto de científico. Y me colocó un aparato para que pueda operar sin complicaciones. Mi única labor era mirar una luz roja fijamente, una luz roja que se combinaba y se escondía tras una luz verde. Pero tenía que mirar sólo la luz roja. En eso, sonó fuerte, fuerte, como un taladro. Luego, quemado, quemado, el olor era a quemado. Sigue mirando la luz roja Isaacito, me decía. Y, así fueron los dos ojos, todo duró 10 minutos. Veía borroso, los ojos ardían, palpitaban. Mientras me colocaban unos parches transparentes, como en el volante repartido en la clínica.

    Ya han pasado dos días, veo televisión bastante claro. Tengo que estar con lentes oscuros, el cuarto es totalmente cerrado, las cortinas verde, verde, salpican un poco de luz solar. En la mesa están las dos gotas que me tengo que echar cada dos horas, con estricta rigurosidad. Aún no puedo estar en la computadora y es por eso que sólo escribo alguna sonsera sin sentido en un block amarillo.

    Y ahora, así me paso el día, con lentes oscuros y en un cuarto oscuro, donde cuelga un Jesucristo. Me resigno a ser un vampiro. Un vampiro que ya no usará lentes.

     

    Epígrafe

    La siguiente columna, fue escrita por otras manos. Es decir, la dicté al segundo día que me operaron la vista y me sacaron para siempre la miopía.

    Comentarios

    1. J.Stark

      7 enero, 2013

      Indolora para el doctor, claro jajaja Al menos todo salió bien, me alegro. Saludos

    2. LUCIA UO

      7 enero, 2013

      Querido Hermanito.
      Como lamento que hayas tenido que pasar por esa experiencia. Que cosa tienen los doctores. Es lo que tienen que decir porque sino nadie se opera.
      Cuídate.
      Un corazón rojo, un gran abrazo y mis deseos por tu pronta recuperación.

    3. Lidyfeliz

      7 enero, 2013

      No sé si operarme o no, Eduardo. Después de lo que contaste, me da miedo y creo que seguiré con todos los anteojos de los que te conté en Los Unos y Los Otros, te acordás. Pero igual lo escribiste muy bien, tan bien, que da miedo. Mi voto

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