A través del cristal

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    Era una mañana lluviosa, observaba cada gota caer a través de la ventana, lenta pero suavemente se deslizaban por el cristal; sí, así es, la lluvia me calmaba… me calmaba cada vez que sentía la necesidad de cometer un asesinato, y eso era justo lo que acababa de hacer. Una desconocida reposaba sobre la baldosa de mi casa, sin pulso, sin vida, tan tranquila como la brisa del verano. Lo más extraño, lo que más me desconcertaba, era que cada vez que sentía el cuerpo sin vida de un extraño entre mis gruesas manos, me apoderaba de toda su energía, me sentía dueño de la vida; tener ese poder de decidir quién se queda y quién se va me hace pensar que soy un Dios, como alguien con el derecho de sentir ese último y suave suspiro rozando mi mejilla.

    Cada muerte era diferente, a algunas las torturaba, otras decidían suicidarse, a veces las estrangulaba, en fin… De vez en cuando me pregunto por qué hago esta clase de cosas, qué me hace ser un asesino; así que comienzo a pensar en mi pasado, busco entre esa nube negra de mis recuerdos, y después de un rato doy con el abismo que significó mi niñez; mi madre empezó a torturarme desde que mi padre nos abandonó por otra mujer, ella descargaba su furia conmigo, me quemaba con colillas de cigarro, me arrojaba objetos como sartenes, me encerraba en un pequeño establo durante días, sin comida y sin agua, lo único que podía hacer era observar la lluvia, y su sonido me relajaba. Hasta que le diagnosticaron cáncer en su etapa terminal, y al fin se despidió de este mundo, con el corazón repleto de rencor; antes de que sus ojos se cerraran por última vez, logré ver en ellos una profunda oscuridad, ni el más mínimo destello de luz existía en sus pardos ojos.

    Un recuerdo inminente interrumpió mis pensamientos: la extraña seguía tirada en el piso, tan pálida como un papel. Decidí disfrutar de las últimas gotas de lluvia, antes de llamar a la policía y abandonar el lugar; sí, ésa era mi rutina, vigilar a alguien durante semanas, incluso meses, hasta conocer su horario como la palma de mi mano, y luego atacar a mi presa, para al final llamar a un agente y que se encontrara con el cadáver. Vivía como un nómada, sin propósito alguno mas que el de matar. No me preocupaba la idea de ser atrapado, solía ser bastante cuidadoso, por ésta razón cada muerte era distinta, para que no lograran identificar un modus operandi; pero ya nada de eso me importaba, sólo quería descansar hundido bajo la lluvia; ya no tenía nada que perder, ni familia , ni amigos, nada… Estaba solo en este frío mundo, donde nada ni nadie es lo que parece, donde sólo una gota de lluvia es tan cristalina y transparente como lo debería ser un alma pura… En fin, ya no tengo más nada que decir, espero que hayas disfrutado mis últimas palabras, porque lo más probable es que ahorita esté colgado de un árbol.

    Comentarios

    1. Angela98Gonzalez

      22 febrero, 2013

      Me ha gustado mucho.
      Tema interesante, muy buen vocabulario, engancha desde el principio, y se muestra claro. Un voto bien merecido. Un saludo :)

    2. volivar

      23 febrero, 2013

      DA SILVA TAHELY: maravillosa la forma de presentarte en esta red literaria. Te doy la bienvenida, y se aseguro que llegarás a los lugares que ocupan los grandes en el arte literario.
      M i voto
      Volivar

    3. Da Silva Tahely

      24 febrero, 2013

      ¡Muchas gracias a todos! me animan sus buenos comentarios y me impulsan a seguir escribiendo, espero que disfruten de mis próximos artículos

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