Tal vez haya cambiado también mi tristeza,
como si yo fuese no mío,
por mí mismo olvidado.
Salvatore Quasimodo
Ya me acostumbre a la soledad. Ya me acostumbre a estar solo, distraído, ebrio, olvidado. Pero así es la vida, una mezcla de tristeza y alegrías como si fuesen golpes simultáneos, a eso se limita hoy mi vida. A la agrupación de sensaciones raras. Y eso me demostró mi viaje al norte, específicamente a las playas de todo el Norte, desde Trujillo hasta Piura, esas playas que en su celeste andar, me hicieron encontrar cierta felicidad.
El vuelo me fue mal, porque mis oídos se taparon, y el afán por dormir, era horrible. Pero, luego ya ahí, en el primer mar, que visitaba después de tanto, estaban mis píes pasmados en esas arenas. Pero mi rumbo era otro, un recuerdo zig.zag, que navegaba por mi pecho destruido. Encontrar la cabañita que supuestamente tendría que alquilar años atrás para vivir con un amor que se fue. Es así que casi no encuentro la dichosa cabañita, y claro, está idéntica como la vi por internet hace años.
Tenía una hamaca, unas palmeras pequeñas, era grande, y estaba vacía. Al entrar sentí que estaba llegando al lugar que siempre fue mío, pero se me perdió como se me pierden todas las cosas, por las cuales no lucho. De pronto, me pongo a escribir una carta en una de las hojas del hotel donde me hospedé, y mientras acabo y salgo de la cabaña, encuentro una rubia mirando no sé qué, en el ancho e infinito mar.
Se llamaba Brittany, así como las señoritas star rock, era de New York, y estaba de pasada en Perú, le gustaba la playa y había venido con algunas amigas y amigos, le pareció curiosa esa cabañita junto a la playa y había venido. Me preguntó con esos ojos azules y enormes si yo vivía ahí, le mentí y le dije que sí, mientras ella hablaba no sé de qué yo observaba esos ojos enormes y lindos.
Luego saco un poco de hierba y confundiéndose con el ruido del mar celeste, se puso a fumar sin el menor cuidado. La garganta raspaba y yo la veía más bella y ella se reía de todo, me tocaba el cabello, el rostro. Y me besaba, claro, me besaba, como no olvidarlo, me besaba.
Y luego de un par de horas, de extraña pasión, me prometió vernos en New York, un día de estos, y desapareció para siempre de mi vida.
Y ahora que escribo esto ya en Lima, pienso que fue un ángel. A todos no le pasa eso, una diosa newyorkina navegando entre las playas celestes de Lima, y al encontrarse con un flaco extraño, fumar una hierba al ritmo tulipán de la vida, y hacer todo lo que la mente, nos dicte. Y así se fue Brittany, entre la noche cayendo, entre la arena, haciéndome adiós con esa sonrisa y esos ojos azules.
Y quizás, cuando ella vaya a buscarme en esa cabaña, jamás me encuentre, jamás. O quizás, si voy a New York, algún día, me encuentre con ella, y nos pongamos a dibujar nuestros rostros y besarnos, como ese día.
Dónde estará ella no lo sé, pero tampoco sé dónde estoy yo. Y eso es un suspiro que todo está saliendo como lo pensé y como lo quiero. Olvidarme de todo y comenzar de nuevo, sobre todo olvidarme de esos amores traicioneros, esos falsos amores. Qué como dice Lavoe, se encuentran al doblar de cada esquina.





LUCIA UO
¡¡Que foto tan bonita, guapo hermanito!!.
Tú eres genial. Ya llegará ese amor que no es traicionero.
Es que has vivido demasiado rápido.
Danza lento, verás que te va mejor. Tu alma es bella.
Escribes genial.
Me encanta.
Un gran abrazo y un corazón
EduardoFlores
Gracias Lu, por leerme y por siempre estar ahí.
Lidyfeliz
Hay que acostumbrarsea estar solo, así cuando aparece alguien, es como un duende o un ángel que nos despierta. Hermoso relato, Mi voto