Pasaron años sin que Gabriela olvidara el día que Leonardo desapareció con el hombre del traje. Recordaba los gritos en el baño de la escuela antes de callar secamente, sin dejar pista de su paradero. Recordaba un día que caminaban de regreso a la casa.
- Alguien me sigue -, susurró. - Ese hombre quiere llevarme… Me lo dice en sueños.
Gabriela, hermana mayor, creyó a su hermano un miedoso y no le tomó importancia. Se volvió casi paranoico después de aquel campamento de verano. Alguna historia de noche que no logró olvidar, seguramente. Sin embargo, después de un tiempo, comenzó con gritos muy fuertes en medio de pesadillas que no lo dejaban dormir. Hasta su desaparición.
Aún se culpaba.
Diez años más tarde, recordaba a Leonardo en una foto tomada antes de su desenlace. Era muy tarde. Guardaba sus cosas para mudarse a un departamento más grande al día siguiente, después de terminar la universidad. Descubrió el álbum de fotografías de su hermano entre los documentos, guardado con recelo por ella misma años antes. Acariciaba la foto mientras lo observaba: llevaba shorts y una camiseta llena de barro. Llevaba ojeras por su perturbación nocturna. Había un columpio y muchos niños alrededor. Detrás del parque había un bosque, un camino y un… ¿hombre?
Gabriela se inclinó a observar más de cerca. Un sujeto alto, delgado, cuyo rostro era imperceptible. A sus espaldas aparecían tentáculos enormes, como si fueran su sombra, rodeándolo. Miraba a Leonardo. Se estremeció tan fuerte que soltó el álbum de fotos: su hermano decía la verdad.
Nerviosa, se puso de pie y fue a la cocina por una taza de té para calmarse. Un extraño aire inundó la sala y su piel, sudando frío. Preparada la infusión, oyó un papel arrugándose en la sala. No había nadie con ella. Caminó lentamente con la taza en las manos cuando descubrió un tentáculo que emergía desde la fotografía al exterior, apoyándose en el suelo. La taza cayó. Apareció un segundo tentáculo, y un tercero y hasta un cuarto y un quinto, con el mismo gesto. El shock permitía admirar la escena, pero no gritar. Una mancha se erigió, tomando forma humana. Un hombre delgado, con traje y cabeza sin rostro ni orificios extendió sus tentáculos alrededor de ella mientras se acercaba. Gabriela retrocedió como un cachorro asustado hasta chocar con la pared. Se sentó en el suelo abrazando sus rodillas mientras se miraban frente a frente.
Sin semblante, el ente sonreía.
- ¡¡¡AAAAAAAAAAAHHHH!!! ¡¡AAH!! ¡¡AAH!! ¡¡¡NOOOOOOO!!! ¡¡¡AAAAAHHH!!!
Los vecinos acudieron a la puerta, pero nadie respondió. Cinco minutos después, habían tirado la puerta encontrando nada más que desorden.


LUCIA UO
Buenísimo.
Que miedo. Aterrador.
un abrazo y un corazón
RafaSastre
Intriga y terror envueltas en una enorme fantasía. Muy bueno, Aaron. Cuenta con mi voto.
Eva.Franco
Muy bueno Aaron. tiene todos los elementos para impactar y atrapar en el miedo y el suspenso. Felicitaciones, muy buen trabajo.
Mi voto sin dudar.
Orfeo
Un relato singular y aterrador, que deja abiertas todas las incógnitas, muy sugerente.
Gödel
Tu texto ejerce un excelente acercamiento al suspenso fantástico. Me gustó. Saludos.