Argona hambrienta de compañía,
ya exenta del esplendor lozano de tu pasado.
En agónica soledad, frígida tu alma;
Implacable, extrae constante,
en la continuidad de mis favores,
el ardor de mi sangre y el vigor de la vida,
inyectándome día con día tu fatal veneno.
Llegaste hasta mi, cubierta de invierno.
Tendiéndome tus brazos cual niña frágil,
sabiendo, que yo a ti no me negaría.
Exigiste mi lealtad y cuidados.
Y me impregnaste;
Con tus grises mañanas.
Con tus largas noches.
Con tus ramas vacías,
tus días cortos, en los que no se alcanza
ni a apreciar la nada.
Con el filo de la muerte invades mi cuerpo
y mi voluntad impotente te sigue tras el recuerdo;
De tiempos de ventura, de dicha, salud y fortuna,
expedida por tu maternal mano derecha.
Certera, en el vaticinio hacia mi persona,
de numerosos peligros me protegías,
presentándome ahora factura al cobro, con mi vida.
¡Piedad! clamo al cielo.
¡Me libere de ese aciago día!
En que tu imagen de rabia inflexible
convierta mi alma en la gélida piedra
con la que lacras para siempre a todas tus presas.

manuc
felicitaciones!!
cariños y voto
manuc
SALAMANDRA
Estupenda alegoría Anael te felicito.
Macotela
Ya no habías escrito amiga se te extrañan tus magníficos poemas
va mi voto.
Omar Leon
Tuve que leerla cuatro veces Anael y aun así apenas la comprendí que fuerte reclamo.
Rubén Vázquez Charolet
Excelente poema, mi voto y abrazo
volivar
Anael: es un gran poema, muy hermoso como todos los que nos haces el gran favor de compartirnos. Es muy grande la inspiración de que eres dueña y señora.
te felicito y te doy mi voto.
Volivar
Irma
… y me dejas con recuerdos y agonías… la vida tiene sus tragos amargos. Admiro la sinfonía que guardan tus palabras, incluso para darle forma a un reclamo. Anael, un beso en la distancia y mi voto, por supuesto!