A veces, tienes que hacer lo imperdonable; sólo para perdonarte. Y eso. Precisamente eso, buscaba yo. Hacer lo imperdonable.
Nuestra historia de amor, no es que fuera diferente a otras. Lo que tengo seguro; es que lo que nunca emergió de nuestro océano de noches cafeínicas, fue la indiferencia.
Ahora mis noches, son hilvanes de un reloj infinito. Un reloj, que nunca nos señaló. Nunca notamos que esas agujas, que hoy son pespuntes de mis recuerdos, nos hicieran más extraños. Todo lo contrario, nos fueron reconociendo en jirones de sensaciones que nos tatuaron la tela del alma.
Nos conocimos de la manera más poética, en una librería. Él, tenía catorce años. Al principio, yo esperaba otro tipo de persona. Siempre pensé que me enamoraría envenenadamente de un hombre mayor. Siempre y hasta ese abstruso momento.
Desde que nos conocimos y hasta nuestra primera cita. He de decir, indeleble cita, pasaron dos meses. Todo esto provocaba que cuando pasaba cerca de mí y me miraba de soslayo, sólo tuviera ganas de corcovear como una yegua desdentada. ¿Quién me lo iba a decir a mi? Que la primera vez que le vi, me pareció un adolescente eclipsado por el fulgor de la poesía realista.
Se me olvidaba……..era escritor. Y en eso consistió nuestra primera cita, en escribir. Por eso afirmé que había sido indeleble, jamás pude borrar cada una de las palabras que escribió en aquella carta. Pero lo más curioso, es que esa carta de amor era para otra chica. Puso tanto afán en escribirla, y me miraba de una manera tan concentrada, que sólo me quedó una cosa……el amor. El mismo que siento hoy, y no miento, el mismo. El mismo que no mutó a cariño con los años.
Creamos un universo con cinco hijos. He de confesar, aunque esté mal decirlo, que los dos siempre estuvimos más orgullosos del primero. Pensábamos que nunca vería la luz, aunque sabíamos que le arrojaríamos a una luz cegadora y que nuestra misión como padres, era acunarle en la utópica libertad. Y la verdad, no le fue mal. Luego llegó el segundo, y así hasta el último, el quinto. Este fue el más rebelde de todos. No obstante, se podía deber a que la rutina de las noches abrillantadas por la cera de nuestras perfiladas palabras; nos había conformado como una pareja de decrépitos ensimismados.
Aún recuerdo cuando nos acariciábamos con la temblorosa mano del que no quiere caer en la mal interpretada cursilería y me escribió: “Amarte, es deletrear las palabras que envuelven los silencios”.
A raíz de ese poema, empezó a ser reconocido como un poeta de culto. Yo estaba tan emocionada y asustada que un día hasta me dio por cambiar de “look”. Me cambié de color, escribía azul.
Se me olvidaba……es que yo era su pluma. Nuestros cinco hijos, fueron cinco libros. Y lo imperdonable, es haber escrito esta carta de manos de otra poeta; que es su hija pequeña. Ahora me tapará, y procederán a quemarnos. Nuestras cenizas se fundirán como el humo de tantos y tantos cigarros que compartimos.
Nos confinaremos en una caja, donde recorreremos incesantemente el finito inacabado de nuestros recuerdos.
David EPC ©
“Cuaderno de Italia” (Poetízate)
Todos los derechos reservados y copyright a nombre de David EPC.
Mr. D BOOKS


Sandra.Legal
Fascinante! No agrego por ahora nada más. Mis felicitacioes y mi voto. A partir de este instante tu humilde seguidora. Saludos. Sandra
elpotro
Espectacular narración!!!!!!!!!! De donde se desprenden sensaciones y sentimientos
jberrioc
Los pelos de punta, que bueno!!! Voto.