Planilandia. Lori Meyers

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    Lori Meyers – Planilandia

    Sentía que todo había cambiado. Que una vez se marchó ya daba igual cómo era yo y lo que había sucedido. Lo peor era pensar que nada volvería a ser igual. Me daba igual dejar de ver a los de siempre y no salir de casa. Lo malo era no estar con él. Cada pequeño detalle me lo recordaba. Lo mejor que podía hacer era borrar esa alegría que nos había unido y lo que yo creía que nos hacía mejorar. Aún recordaba todas las tonterías que había dicho la última vez que nos vimos. Desde aquel momento, comprendí que era la única que había estado en esa relación, que para él únicamente había sido una simple amistad. Lo peor era que pensaba que todo se debía a mis absurdos complejos y defectos, pero no, que todo había sido mentira. Me costaba borrar todos mis recuerdos y pensar que nada de eso había sido real.

    Me levanté del ordenador y dejé de escuchar la canción de Planilandia de Lori Meyers. Y sin pensarlo salí por la puerta por primera vez desde hacía meses. El sol me cegó y tuve que pararme para que mis ojos se acostumbraran a esa luminosidad.
    La vida parecía haber continuado sin mí. Plantas y animales continuaban con sus rituales, mientras que mis vecinos se fueron acercando a mi para preguntarme dónde me había metido todos esos meses. La mentira me salió sola. Les dije que había estado de viaje y que unos amigos habían cuidado del jardín y de la casa. No supe cómo contar que me había recluido en aquella casa llena de recuerdos amargos hasta que al oír esa canción algo me había hecho salir de mi cárcel. Sin más dilación y mientras mi mente repetía una y otra vez las estrofas de Planilandia, me metí en el coche con la absoluta certeza de que debía ir a verle. Era la prueba de fuego. Si podía verle sin derramar una sola lágrima y sin sentir absolutamente nada, lo había consigo.

    Los edificios acristalados relucían entre el cielo azul de finales de invierno, mientras el sol, ya en su cenit, calentaba con fuerza.
    Aparqué frente a las oficinas donde trabajaba y me adentré en ese armazón impersonal de metal con la intención de pasearme por el hall en un intento de verle sin tener que enfrentarme con sus ojos azules. Pero mi plan, enseguida se vino a abajo cuando la recepcionista me llamó con un saludo afectuoso al verme entrar.
    Me recordaba de las veces anteriores que había ido allí, así que continué con mi mentira y le dije que había pasado por allí y que quería verle. Ella sonriente, tecleó en el ordenador y cogió el teléfono para llamar a su oficina, que estaba en el piso treinta.
    Seguí el ritual y pasé a una sala que estaba a la izquierda de los ascensores y para sentarme en los incómodos, pero modernos, sofás de piel blanca que rodeaban las paredes del salón. Comencé a sentirme nerviosa. Notaba cientos de punzones perforando mi estómago y cómo mi visión iba perdiendo nitidez. Respiré hondo. Al coger el bolso, sentí el iPod. Lo saqué y navegué entra las canciones hasta dar con aquella que hace unas horas me había dado esperanzas.
    Unas guitarras potentes y los segundos previos de música sin letra que daban pie al comienzo de la voz me dio unas fuerzas hasta ahora desconocidas. No entendía muy bien porqué esa canción producía esos sentimientos en mí.
    Me descubrí cantando emocionada:

    A veces pienso que no existen todos mis complejos
    Qué salen de mi mente, de un recóndito lugar
    Me aterra y me impide concentrarme en los recuerdos
    Y convertirme en una ameba y un antisocial

    Seguía el ritmo con los pies y mis manos se morían por dar palmas cuando la canción llegaba a su cenit con el estribillo.
    Alguien carraspeó y levanté la vista hacía la puerta. La respiración se me cortó y noté el rubor en mis mejillas.
    Seguía igual de guapo, sus ojos azules me taladraron y su ceño fruncido mostraba los primeros signos de la edad. El traje que llevaba era como su segunda piel. Su pelo se mantenía firme por la gomina, pero aún así, cuando estaba estresado siempre se le escapa algún mechón rozando su frente inmaculada.
    Me arranqué los cascos y me levanté en un intento por manterme serena.
    Mantuvimos una conversación cordial. Nos sentamos en la sala de espera y allí nos pusimos al día en nuestras vidas. Estaba sorprendida de cómo mis palabras salían de mi boca. Las mentiras de que había estado de viaje cobraron validez con él allí presente, e incluso mi mente creó imágenes de lugares que había visitado.
    Después de una despedida como si fuéramos viejos amigos se marchó dejándome allí sentada y mirando mi reflejo en los grandes ventanales. Recogí el bolso del suelo y me coloqué los cascos sabiendo que ya no volvería a ser la misma.

    Comentarios

    1. minerva

      6 febrero, 2013

      Bonito micro relato, me ha gustado como lo narras la historia. Te doy mi voto.
      minerva

    2. DavidRubio

      7 febrero, 2013

      Excelente relato. Consigues, o por lo menos eso es lo que yo he percibido, plasmar algo muy dificil de conseguir. Mostrar, no decir, que ambos son totalmente incompatibles. Son como dos universos que pueden verse pero no conectar. La frialdad del encuentro final borda esa idea. “Yo fui la única en esa relación”. El encuentro final lo corrobora. Hace tiempo vi a Carl Sagan hablando de Planilandia para explicar como podría percibirse la tercera dimensión en un universo de dos dimensiones. Como esta relación. Perdona por el rollo. Me encantan tus historias y tu forma de narrar. Un saludo.

      • EstaNoche

        7 febrero, 2013

        Muchas Gracias David por tu rollo, que para mi no ha sido nada aburrido, sino más bien unas palabras que han sabido expresar algo que yo casi ni me había dado cuenta.
        Gracias por tus palabras!!!

    3. Anonima

      7 febrero, 2013

      ¡Me ha encantado tu relato! En serio, sin palabras, porque creo que no es nada fácil plasmar todo ese sentimiento que ellos han puesto en una canción en unos párrafos. ¡Gracias! Un beso, no dejes de escribir.

      • EstaNoche

        7 febrero, 2013

        Gracias! si la verdad es que cuando me he parado a pensar lo que decía la canción he entendido la grandeza de Lori Meyers que son capaces de poner en unas cuantas estrofas algo que a mi me ha dado para unos parráfos.

    4. Lidyfeliz

      7 febrero, 2013

      La vida sigue, siempre. Muy bien escrito EstaNoche, te felicito. Mi voto

    5. Pemortes

      8 febrero, 2013

      Totalmente profesional, muy bueno…. mi voto.

      Pdt ( “manterme” serena), se te ha escapo una silaba en el teclado.

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