Atenea la hechicera

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Detrás de las cortinas se encontraba esa misteriosa mujer, de tez morena oscura, ojos penetrantes y achinados, con la mirada perdida, una pañoleta roja con negro cubría su ondulado cabello negro. Era una mujer de más o menos cincuenta años, tenía mucho tiempo en el oficio de adivinar el futuro y según hacer algunos hechizos; no usaba bola de cristal, ni leía la palma de la mano, no hacía uso del tarot. La mayoría de la gente quedaba sorprendida porque leía la fortuna simplemente con mirar a la persona a los ojos. Su nombre, Atenea, como la diosa griega de la sabiduría.

–¿Quieres que Atenea te diga la fortuna? –preguntó Sofía a su novio Ricardo.

Ricardo con actitud de no creer en esas cosas, le dijo a su novia que no, que eso es para ignorantes sin oficios, que esas mujeres solo son unas mentirosas que dicen cualquier cosa solo para sacar dinero a los incautos.

–Anda amor –insistió Sofía, y lo tomó de la mano casi arrastrándolo a la carpa de la pitonisa.

Los novios entraron a la carpa de Atenea, se escuchó la voz ronca y misteriosa de la mujer, levantaron las cortinas y la vieron allí sentada en el suelo, con las piernas cruzadas, tenía un vestido negro que cubría todo su cuerpo; invitó a los jóvenes a sentarse con ella, y con la mano estirada hizo un movimiento para que la pareja se sentara en el piso. Una vela alumbraba la humilde carpa, no había nada que adornada ese lugar.

–Ricardo es tu nombre –dijo la bruja al chico, éste sorprendido se levantó de brinco y le preguntó, cómo lo sabía.

–Siéntate, no dije que te levantaras –Ricardo se sentó, sudaba frío del temor, algo no le gustaba de esa misteriosa mujer. Sofía en cambio estaba como hipnotizada, no decía nada y permaneció como una estatua con una sonrisa de tonta.

–¿Qué le hiciste a mi novia?, la verdad no le gusta estar aquí, yo vine casi obligado, ¿Qué eres? ¿Acaso eres el Demonio?, o Qué? –preguntó el joven a la pitonisa. Estaba muy asustado, su rostro irradiaba terror, sudaba mucho frío.

Gritó, cerrando los ojos –¡Yaaaaaa! –de repente se vio en un lugar extraño, oscuro. Comenzó a sentir que el miedo cubría todo su cuerpo, su corazón latía demasiado. Era un sueño del cual había despertado. Encendió una vela y sintió que dos chicos se dirigían hacia su carpa, y como siempre los invitó a sentarse.

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