El mendigo de las condolencias

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    PEDRO: Rabí, condoliente le dicen al hombre, con el dolor de los demás es juramento y unión, cuando los dolores son tantos, tantos los que están en dolor, a Él vienen para que Él mitigue su dolor, dicen que le quita el dolor a la gente.

     

    MAESTRO: Todo aquel que en nombre de mi Padre hace las cosas de mi Padre, de mí parte, pero aquel que sin nombrar a mi Padre hace las cosas de mi Padre no es más ni menos hijo de mi Padre, es mi hermano condoliente, porque todo aquel que ajeno al camino es, no reconoce sandalias, ni yerto, ni porfía, madura el dolor en espina y en condolencias ni sufre; claudica la presencia en el corazón cuando el corazón es yerto y muerto en espinas.

     

    MENDIGO: No tengo el yerto ni la vara, ni la ponchuela de la verdad; no te sé maestro ni sabio, ni contento en alabanza, sólo sé que todos te dicen Maestro ¿Tienes acaso dolor alguno que vienes a mí?

     

    MAESTRO: No me contento en dolor, ni sufro en dolor, porfío con el frío en las noches igual que tú; de tanto caminar, los pies se me hinchan; las luchas ya fueron y las excusas son muchas, no mitigo el dolor de los demás, ni los demás mitigan mi dolor, en dolor ya fui y aún mucho dolor me espera, pero si el que lucha y siente el camino, aún con pies hinchados porfiará en dolor; no derramaré lágrimas en el camino, de lágrimas están llenos los caminos, tan sólo recogeré lágrimas que es eso mucho decir, mucho decir para aquel que espera que mucho yo diga ¿Es la cantidad de mi dolor acaso la misma que la tuya?

     

    MENDIGO: Se conduele el alma en el camino, Maestro te dicen, Maestro te reconozco; yo no porfío en dolores, en dolores porfían los demás en mí, soy de cabeza rapada y calva, mi manto me cubre del frío y del calor, tú eres maestro y también tienes manto en la cabeza.

     

    MAESTRO: Yo no fui ni seré sudor y frío de mantos, los mantos quedarán, la porfía de la gente en dolor manto frío siempre será, siempre tendrán porfías en dolor; desde la casa de mi Padre nadie viene en dolor a la tierra, sino que la porfía al venir los cubre con su manto.

     

    MENDIGO: La casa de tu Padre ¿Es tu Padre el mismo de los tiempos del mío y del tiempo de mis abuelos? ¿Qué Padre es que te hace tan solo y tan suave y tan fuerte en firmeza de palabras?

     

    MAESTRO: Mi Padre, ay mi Padre, mi Padre sabe, supo y siempre sabrá que las palabras del hijo son las palabras del Padre, Él siempre lo sabrá, pero el hijo de un padre no es más que todos sus hermanos.

    Las manos de tierra labran las cosas de la tierra. Mis manos no son de la tierra, pero labrarán las cosas de la tierra, no sólo labrarán, sino que llevarán al hastío y llevarán al llanto a aquel que en llanto quiera vivir; mis manos no son de la tierra, pero por la tierra las daré, porque no es hermano aquel que de cerca siente, sino aquel que viniendo de tan lejos, labra con los hermanos de la tierra, porque no es la distancia fruto de la distancia, sino que es fruto en la distancia y si el hijo que no es de la tierra ¿Es su Padre de la tierra?

     

    MENDIGO: Tu Padre es Padre de la tierra.

     

    MAESTRO: Benditas son tus palabras, porque mitigas el dolor, cuán dolientes serían los hombres si condolientes no hubieran, mitigarían su pena con aguas de olvido, con aguas de olvido nacen y en aguas de más olvido se bañan.

     

    PEDRO: Maestro, mira la luz que surca los cielos, camina de aquí para allá y cansarse no puede, las luces que iluminan las casas por dentro gastan su grasa y su prone en gastarse ¿Por qué esta luz no gasta su grasa y más rápida es?

     

    MENDIGO: Es la luz que comparte las noches del mendigo de las condolencias, es la luz que me ha dicho que mendigo en condolencias yo seré, y que en una noche cualquiera ya mendigo en condolencias no seré y que un pastor, con pies dormidos e hinchados, con vara de yerto mi fin marcará y que un nuevo comienzo mi vida tendrá y ahora que te miro Maestro, me doy cuenta, eres tú el que debía venir…

     

    MAESTRO: Soy el que debía venir y a ti Pedro te digo ¿Por qué porfiar en la luz que tantas veces has visto? ¿Por qué tu fe no se abre a ver que siempre sigues nuestros pasos? . Siempre respondes lo mismo, la luz que no come su grasa no es luz, sólo es manto de ilusión que no existe. Te digo Pedro, que cuando me haya yo ido, la luz siempre contigo estará y conocerás al que mueve la luz y recién comprenderás lo que tantas veces te he dicho; el mendigo de las condolencias habla con la luz y ésta le ha dicho de mi llegada y mi semblanza, comprendes ahora que la luz con muchos habla.

    A ti mendigo te digo la ofrenta, ofrenta es mi voz a tus anhelos y suspiros, soy el que tenía que venir y tú eres aquel que las luces me han dicho y estas palabras fueron: “la tierra yerta, herida está en lugares, donde un hombre mitiga dolores ajenos, no ha puesto tiempo a su dolor; tú que vienes desde nuestras estrellas llevarás la palabra que mitigará su dolor; su rostro curtido, sombrío y frío marcará las huellas, por tu Padre preguntará y te dirá _tu Padre es Padre de la tierra_”.

     

    La luz de las estrellas, el ángel ungido en verde fulgor me ha dicho hace dos lunas y dos soles que el tiempo es ungido, aunque tú Pedro conmigo todo este camino conmigo has hecho, todas las noches dormías porque la luz porfiaba en tus sueños para que no despiertes y yo pueda orar y acercarme a la luz y a los ángeles ungidos; porque tu sueño debía ser para que no sufra tu semblante, ni tus ojos se dañen; mis ojos no se dañan, porque esa luz siempre dentro de mis ojos ha estado.

     

    A ti mendigo, es el fin de tus palabras que al dolor ahuyentan y que mas bien toman el dolor ajeno, tú me has dicho que has reconocido a mi Padre y es porque al igual que yo tenemos manos que no son de la tierra, y el camino por más que las arrugue o las lastime, en el mismo cielo han estado; del lugar de cuatro lunas y cuatro soles has venido y yo puedo decirte, pues muchas son las moradas de mi Padre para los hijos que reconocen que muchas son las moradas. Hermano eres entonces, la estrella y la luz juntas mañana te dirán que mendigo ya no serás y que deberás seguir otras luces de otros colores, ahora ve, ve con mis manos y con mis palabras, contigo siempre estarán…..

     

    MENDIGO: Eres tú el que debía venir, la luz me lo ha dicho y ahora mira, tú te vas y antes que tú estará, porque a mí me ha dicho que así como estuvo cuando a la tierra has venido, cuando te vayas más grande será.

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

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