En la noche de Reyes (Juego de temas)

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Dedicado con todo mi aprecio a Volivar

Hace ya un rato que no oigo nada en casa; apenas la respiración de Peque. Abro los ojos. Me levanto, busco mis zapatillas y mi bata de La Sirenita. Trato de no hacer ruido. Salgo al pasillo y, de puntillas, voy a la habitación de mamá. Duerme.

Vuelvo sobre mis pasos hasta la habitación de Peque. Abro lentamente la puerta. Tropiezo con su camión de juguete, hace un ruido terrible. Me quedo quieta. Menos mal, parece que mamá no se ha despertado; el sonido solo ha provocado que Peque se dé la vuelta en la cama. Me acerco a él, le toco el brazo.

—Despierta —susurro a su oído.

Él se hace el remolón.

—Venga, mamá ya duerme y todavía no han llegado.

Abre los ojos, pero se da la vuelta. Le vuelvo a zarandear con más fuerza y por fin consigo que se incorpore.

—Jo María, tengo sueño.

—Vamos Peque —Le destapo—. Dijimos que los esperaríamos despiertos, es de noche y deben estar a punto de llegar.

—¿Están los Reyes? —Peque da un brinco entusiasmado—. ¿Han dejado ya los regalos?

—No, te he dicho que debe faltar poco —Busco su mono de peluche—. Anda coge a Monín, ¿dónde has puesto tus zapatillas?

Recorremos el pasillo y llegamos al comedor. Peque se recuesta en el sofá. Hace frío; busco la mantita de lana con la que nos tapamos. La encuentro sobre la silla, al lado del árbol de Navidad. Veo sobre la mesa los tres vasos de leche y las galletas que hemos dejado para los Reyes Magos. En el suelo están nuestros zapatos para que pongan ahí los regalos. Me siento junto a Peque en el sofá y nos cubrimos con la manta. Él se apoya sobre mi hombro.

—María, mamá dice que los Reyes no vienen si los niños están despiertos.

—Ya te he dicho que si nos estamos quietos no pueden saber si dormimos o no —Miro la puerta de la entrada—. Cuando ya estén aquí nos levantamos y nos presentamos como te he explicado esta tarde. Venga, vamos a repasar lo que les vamos a pedir. Repite conmigo: “Queridos Reyes Magos…”

—María, tengo miedo.

—Peque, son los Reyes, ¿de qué vas a tener miedo?, es la única forma de que vuelva Papá —Le acaricio el pelo— ¿No quieres que regrese?

—Sí, pero ¿por qué no se lo hemos pedido por carta? En la cabalgata todos los niños se las daban en sus carrozas.

—¿Es que no te acuerdas de aquellas cartas que vimos el año pasado tiradas en la calzada? —Le cojo la mano— Cuando los Reyes se fueron no vimos a nadie recogerlas. ¿Cómo sabrían luego qué regalar a esos niños? No podemos arriesgarnos.

—He pedido el Supermegarobot 4000.

—Yo también quiero un juguete pero lo importante es que vuelva papá, ¿o es que no quieres tener un papá como los demás niños? —Le doy un beso.

—María —Peque me mira mientras juega con la oreja de Monín—. Quiero a papá pero no quiero que huela raro. Tampoco quiero que grite.

—Yo tampoco, por eso les esperamos —Le beso en la mejilla—. ¡Vamos a pedir todo a los Reyes! Ya verás cómo entonces papá volverá, pero sin gritar y sin oler raro. Repite conmigo “Queridos Reyes Magos. Este año nos hemos portado muy bien. Hemos obedecido en todo a papá y a mamá. En el cole los profes no están contentos pero el año que viene nos esforzaremos más. Perdonad si os hemos esperado despiertos pero temíamos que nuestra carta se perdiera entre tantas. Queremos pediros que papá vuelva. Nos quiere y nos ayuda con los deberes y nos compra juguetes. También queremos que mamá le haga caso en todo. Ella es muy buena pero a veces hace cosas que no le gustan a papá y entonces se enfada mucho y tampoco queremos que le grite ni le pegue. Cuando estaba papá, mamá siempre tenía arañazos y morados. Ella decía que los tenía porque era muy torpe y siempre andaba golpeándose con las puertas, pero sabemos que no es verdad. Haced que cuando vuelva tenga más paciencia y ya no huela raro nunca más. Todo eso nos haría muy felices. Gracias. Os hemos dejado tres vasos de leche y galletas para que tengáis fuerzas toda la noche y podáis llevar regalos a todos los niños.”

—Y también el Supermegarobot 4.000.

—Sí, también. Quédate acostado en el sofá —Peque se acurruca con Monín y le tapo.

Voy a la cocina a buscar un cubo de agua y meto unas piezas de construcción que cojo en la habitación de Peque. Vuelvo al comedor y dejo el cubo tras la puerta de la entrada.

—¿Qué haces María? —dice Peque.

—Calla —le susurro—. Es por si nos dormimos.

—¿Y si vienen por la terraza?

—¿Cómo van a venir por ahí?, ¿no los has visto esta tarde en la cabalgata? Nos han enseñado un manojo con todas las llaves de las casas con niños. Si tienen la llave será para entrar por la puerta.

Me recuesto junto a Peque. Se apoya en mi hombro y nos tapamos.

¿Cuánto dura la noche?, ¿igual que el día? Nunca he estado despierta tan tarde. Pero es necesario. Peque se ha dormido ya. Espero que no se le escape el pipí como cuando está en su cama. Por lo menos ya no tiene pesadillas. Yo tampoco.

Miro el recibidor. Allí fue la última vez que vi a papá. Mamá nos contaba un cuento en este mismo sofá cuando él llegó. Entró tambaleándose y se fue directamente a la cocina; sin darnos ningún beso. Había tortillas para cenar. El niño del cuento estaba a punto de salvar a la princesa del malvado dragón cuando papá exclamó: “¡Está fría!”. Mamá suspiró. Cerró el libro y nos dijo que seguiríamos mañana. Peque se enojó y dijo que no, quería que lo terminara ahora. Papá volvió a gritar desde la cocina: “¡Sabe horrible, ni una maldita tortilla sabes hacer!”. Mamá me dijo que fuera a acostarme porque tenía que calentar la cena de papá. Peque pataleó, se enrabietó. “¡Que vengas a prepararme un bocadillo!”, volvió a chillar papá. Antes de acostarme quise ir a la cocina a darle un beso, pero mamá me dijo que no, que ya se lo daría mañana. Peque lloraba y gritaba. Mamá le pidió que se callara. Papá volvió a vociferar: “¡Calla de una vez a ese crio y acuéstalos no sabes ni cuidar de tus hijos!, así van en el colegio”. Mamá llevo a rastras a Peque hasta su cama. Yo fui a mi habitación. Desde mi cama continuaba escuchando las voces de papá. Mamá le hablaba en susurros. Me sobresaltó el ruido de un plato al romperse y un enorme ajetreo de muebles. Escuché decir a mamá que se tranquilizara que estaban los niños. “¡Si quieres que me calme haz lo que tienes que hacer de una puñetera vez!” Sentí a mamá chillar y muchos golpes contra la pared y contra los muebles. Me tapé la cabeza con la almohada. Entonces sonó el timbre. Se sentían muchas voces desde el vestíbulo. De repente la puerta se abrió de golpe. Ahora era mi papá quien gritaba: “¡Dejadme!, ¡aquí no pasa nada!”. Todo se llenó de porrazos, de muebles arrastrados y sonidos de cristales rotos. El griterío despertó a Peque que empezó a llorar. Mamá exclamó “¡Mi niño!”. Otra voz le decía “¡Tranquila señora!”. Me cubrí toda entera con la sábana. Poco a poco los gritos de papá y el ruido se fueron alejando y la casa quedó casi en silencio, otra vez. Peque se calló. Al rato se abrió la puerta de mi habitación. Era mamá. Sin encender la luz se acercó a mi cama. Me destapé solo media cabeza. Ella me dio un beso. Le pregunté por papá y me dijo que estaba bien, que había resbalado con una silla y se iba al médico pero que no pasaba nada malo. La puerta de mi habitación estaba entreabierta. Por el resquicio distinguí a una mujer vestida de policía.

Desde entonces no ha vuelto papá. En el colegio hay niños que dicen que los Reyes son nuestros padres. No me lo creo. ¡Tienen que existir! ¿Es que no ven las carrozas o los regalos? Se lo pediré a Baltasar. Seguro que él comprenderá porqué estamos despiertos. Melchor y Gaspar, con esa barba, me da que son más serios.

¡Me he quedado dormida!, No, no, no. Me incorporo. La cabeza de Peque se cae sobre el respaldo. Miro los zapatos y los vasos de leche. Menos mal. No hay regalos todavía y los vasos siguen llenos de leche. Pero ya no está tan oscuro. ¿Cuándo vendrán? A lo mejor visitan las casas por orden alfabético. Mi apellido empieza por “V”. Me recuesto otra vez junto a Peque. Le arropo y le acomodo la cabeza bien puesta sobre el cojín. Oigo un ruido al otro lado del pasillo, en la habitación de mamá. ¡Por fin!. Pero, ¿Cómo han llegado hasta allí? Distingo el cubo tras la puerta de la entrada. ¿De verdad entran por las ventanas? Escucho pasos que vienen por el pasillo. Noto mi corazón golpeando mi pecho. ¿Cómo será verlos en persona?, ¿Vendrán con sacos? ¿Se enfadarán cuando nos vean? La puerta se abre. ¡Ya llegan!

Veo aparecer dos paquetes. Los lleva ¿mamá? Me quedo quieta observándola, acurrucada en el sofá no puede verme con tan poca luz. Deja un regalo sobre los zapatos de Peque; otro, al lado de los míos. Se detiene frente a la mesa. Coge un vaso de leche y se lo bebe. Hace lo mismo con los otros dos. La veo comerse las galletas. Está de pie mirando el Belén. Cuando termina, vuelve al pasillo. Pero, ¿dónde están los Reyes?

Poco a poco el comedor tiene más claridad. Peque sigue dormido. ¿Es que no van a venir? Me pongo en pie. Mis pasos me dirigen a la habitación de mamá. Cuando llego la veo tumbada. Me siento sobre la cama. Mamá abre los ojos y se incorpora.

— ¡Hola tesoro!, ¿ya han llegado los Reyes? —me dice acariciando mi brazo.

Mis ojos se humedecen. Y no quiero que lo hagan. No puedo moverme. A lo lejos oigo a mi hermano exclamar: “¡Ya han venido!, ¡Hala! ¡ El megasuperrobot 4000!”

—Cariño, ¿Qué te han traído? ¡Ve a mirarlo! ¿Qué te ocurre?

Noto que se me escapa una lágrima. Y no quiero, porque entonces le tendré que decir que la he visto dejar los regalos. Y ella me preguntará por qué estaba despierta. Y no sabré qué decirle porque a lo mejor se enfada por querer que vuelva papá. Y no sé si está bien que quiera eso. Y no sé qué puedo hacer si es verdad que no existen los Reyes.

— ¡María, ven de una vez! , ¡Te han traído la casa de Peppa Pig!,… ¡Y viene con Peppa, George, Mamá pig y Papá pig!

Comentarios

  1. AmilcarMartinez

    22 marzo, 2013

    Desgarradora historia y, el niño que se angustia por la relación de sus padres. La petició que realiza el pequeño a los reyes se parece más a un S.O.S. … Fantástico epílogo. Mi voto?

    • DavidRubio

      27 marzo, 2013

      Gracias, con retraso, por tu comentario. Tienes razón es un SOS. Un abrazo

  2. 1000Luna

    22 marzo, 2013

    Tremenda historia, David. Es increíble lo bien que escribes, me encanta. Cada detalle, cada sentimiento, se pueden ver y sentir.
    Sobre el tema, qué decir, sobran las palabras, como escribí en un micro, es como una cadena perpetua.

    Un abrazo y mi voto.

    • DavidRubio

      27 marzo, 2013

      Apreciada Verónica, te aseguro que saber de tu lectura es uno de los motivos que me animan a escribir. Conocerte ha sido de lo más grande que me ha ofrecido Falsaria

  3. LuchoBruce

    22 marzo, 2013

    Esteeee, david, que to te dejé con vida en mi batalla, que no tienes derecho a hacer llorar a este maricotas….excelente, mágico y sobrecogedor…te arruga el corazón en la forma en que te crees lo de los niños, un abrazo, Maestro y mi saludo y voto, Lucho

    • DavidRubio

      27 marzo, 2013

      Gracias Lucho, esos mismos sentimientos los «padecí» escribiéndolo. Un abrazo

  4. ROJO.NIEVE

    22 marzo, 2013

    Muy bien escrito, y aunque nunca me ha gustado explicarle a mis hijos la historia de los reyes me ha enternecido consiguiendo que lea la historia hasta el final.
    Que pena que estas historias sean reales.
    Buena aportación al universo de la imaginación y a las personas sensibles.
    Un saludo y un voto!

  5. volivar

    23 marzo, 2013

    Davidrubio: caramba, amigo, acabo de leer este relato, estremecedor, y me he quedado como Lucho, con los ojos inundados.
    Qué padres tan malditos somos, muy seguido. Más que padres, somos unos ogros que se tragan la felicidad de los pequeños hijos, sin el menor miramiento.
    Una obra maestra por la que, no sólo habrá que felicitarte, sino hacerte un monumento, si no de mármol, si de admiración y de agradecimiento por hacer conciencia en tus lectores de que ns debemos a los peques, a su inocencia.
    Mi voto, por supuesto.
    Volivar

    • DavidRubio

      27 marzo, 2013

      Maestro Volivar, me has dejado sin palabras. Un abrazo muy grande

  6. oscardacunha

    26 marzo, 2013

    Amigo David me dejas con los ojos húmedos. Tu relato magníficamente escrito. No he podido evitar identificarme con esa niña María, yo también fui niño, como todos, y pertenecí a esa variedad de soñadores que esperaban despiertos para pedirles a los reyes que, en este caso mi Ama, volviera. Pero sus heridas fueron tan grandes que nunca lo hizo. Jamás la culpé por ello, yo sí veía las puertas contra las que chocaba, pero lo que nunca he conseguido comprender ni disculpar es porqué lo hizo sola y me dejó a mi con ese señor que a veces olía raro. Ya con 17 años sus majestades me regalaron un físico de deportista y unos brazos poderosos. Desde entonces él dejó de oler raro, jamás volví a utilizar la violencia, y a día de hoy sigo detestándola y sufriendo por tantos niños que, como yo, conocieron la amargura de una familia rota por agresión.
    Un gran abrazo David.

    • DavidRubio

      27 marzo, 2013

      Apreciado Oscar, Dios quiera que lo aquí relatado y lo vivido por tí jamás vuelva a suceder. UN ABRAZO MUY FUERTE DE TODO CORAZON

  7. elpotro

    26 marzo, 2013

    Me llegó al alma, David!!!!!!!!!!!! Estupenda histroria, terrible, real y tierna!!!!!!!!!! mi voto!!!!!!!!!

    • DavidRubio

      27 marzo, 2013

      Gracias Potro, la historia me rondaba la cabeza pero no fue hasta que vi tu propuesta que no me animé a escribirla. Un abrazo

  8. RafaSastre

    26 marzo, 2013

    Estupendo, David. No me dio tiempo a leerlo cuando cerraron Falsaria. Has hecho un excelente trabajo. Una gran crítica, con mucha clase y sensibilidad.

    • DavidRubio

      26 marzo, 2013

      Apreciado Rafa gracias por tu comentario. Si hemos estado huérfanos estos días de Falsaria. A saltos boy haciéndome con los cambios luego me paso por tus últimos textos. Un abrazo

    • DavidRubio

      27 marzo, 2013

      Apreciado Vimon como siempre me honras con tu lectura. Un saludo

  9. DavidRubio

    27 marzo, 2013

    NO HE VISTO PUBLICADOS, PERO ME LLEGARON AL MAIL, LOS COMENTARIOS DE EVA F Y BUTTERFLY, MUCHÍSIMAS GRACIAS A LAS DOS POR VUESTRAS PALABRAS. UN ABRAZO

  10. Butterfly

    27 marzo, 2013

    Un relato MARAVILLOSO…conmovedor, me llegó al almita. Mi voto de nuevo y nuevo comentario, ya que lo merece. Besote, David! 🙂

  11. Lidyfeliz

    27 marzo, 2013

    Maravillosamente escrito, David. Se puede ver, escuchar, y hasta sentir con los niños. Una desgarradora denuncia. Te felicito. Mi voto

  12. nanky

    27 marzo, 2013

    David excelente relato, pulcritud en la escritura y un mensaje necesario!!! Un gran saludo y voto desde Buenos Aires.

    • DavidRubio

      28 marzo, 2013

      Muchas gracias por tus palabras Nanky. La verdad es que es un relato que lo escribí con lágrimas en los ojos. Saludos

  13. Jeremiaswayne

    28 marzo, 2013

    David, como siempre, no puedo hacer otra cosa que quitarme el sombrero ante esta maravilla que has parido. Es genial la sensibilidad y el buen hacer con que nos conduces a lo largo de esta historia, tan terrible como tierna y real. Mi voto (y no te doy más porque no puedo).

    • DavidRubio

      28 marzo, 2013

      Gracias Jeremias, es un orgullo que un extraordinario escritor como tú me haga esos comentarios. De hecho esta historia empezó a tomar forma con un maravilloso relato tuyo, aquel del padre en paro que acabó puff. Un abrazo.

  14. Eva.Franco

    29 marzo, 2013

    Fuerte David, estoy tratando de conocer el sistema y me he encontrado con un texto de tanta calidad y sentimiento. Me moviste el alma. Mi voto amigo y un abrazo.

  15. alinuski5

    29 marzo, 2013

    hola david,,, me encanta , me has llegado al alma,, pero no se porque no puedo darte mi voto,, me desepero ,, lo seguire intentando

    • DavidRubio

      6 abril, 2013

      Gracias Alinuski por tus palabras. Si el sistema está en modo prueba. Hasta hace un par de días no me llegaban las notificiaciones al mail. Parece que ya está en funcionamiento. El voto es verdad que a veces tarda en registrarse. Es mejor que antes por que te cambia el Me gusta por el Te gusta y es más claro. De todas formas te agradezco en mucho tu comentario.

  16. amatista2304

    17 abril, 2013

    Sin palabras, la violencia intrafamiliar es perniciosa de donde venga. Un abrazo.

    • DavidRubio

      24 abril, 2013

      Gracias por tus palabra. Perdona el retraso en responder tu comentario. Un abrazo

  17. Jesanbo

    24 abril, 2013

    Hacía semanas que apenas tenía tiempo de dar un vistazo rápido a los textos de Falsaria. Ahora tampoco me sobra pero cuando he empezado a leer este me ha enganchado.
    La pérdida de la inocencia con el trasfondo de la violencia (tal vez sea al revés). Muy bien tratado, Íntiimo, conmovedor y aleccionador. Enhorabuena, David. Un abrazo
    Jesús

    • DavidRubio

      24 abril, 2013

      Gracias por tu tiempo. Yo también ando escaso y en el ratito que tenemos o lo utilizamos para leer a los compañeros o para escribir. Agradezco en mucho tus palabras.

  18. Makuro.M.Clavier

    24 julio, 2013

    David,

    sin palabras. Me dejaste con la garganta anudada…

    Tan sagrada la inocencia de los niños, y tan descuidados que somos con ella.

    Un saludo, colega.

    • DavidRubio

      2 diciembre, 2013

      ¡Qué vergüenza! No te agradecí tu comentario… Mil gracias y perdón por el retraso. Un abrazo querido Makuro

  19. Manger

    18 noviembre, 2013

    Bueno, David. Creo que llego tarde para decir algo que no se haya dicho… ¿Genial, quizá? Un fuerte abrazo.

  20. Hanks

    19 noviembre, 2013

    David que gusto da leerte, no hay palabras, todas se quedan cortas.

    Saludos

    • DavidRubio

      3 diciembre, 2013

      Trato de dar lo mejor de mí. Pero sin duda es un comentario muy exagerado. Un abrazo

  21. Chatonaik

    2 diciembre, 2013

    Por algo soy tu fan, compañero. Maravillosa forma de relatar, de manejar el tema y las imágenes que este crea. No tengo más que mis respetos.
    Saludos, un abrazo.
    Alejandro Ramos.

  22. Mabel

    16 mayo, 2015

    Muy buena historia David. Un abrazo y mi voto desde Andalucía

  23. Iván.Aquino L.

    10 julio, 2016

    Mi más grande felicitación mi estimado David, es una historia fascinante.
    Merecido voto. Saludos.

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