La lluvia empapaba el cristal iluminado por la mortecina luz de una farola, mientras, el ulular del viento se colaba entre las ventanas cerradas a cal y canto de la habitación. La penumbra inundaba las paredes donde se reproducían extrañas formas fantasmagóricas. Aovillada en la cama observé la puerta de madera de la habitación alquilada. El silencio era roto únicamente por el aullar del fuerte viento, que hacía estrellar las gotas de lluvia contra el cristal. La atmósfera opresiva me provocaba escalofríos. Comencé a balancearme como si fuera un péndulo. La vida llegaba a cambiar en tan solo una décima de segundo. Paré bruscamente y tanteé la colcha áspera en busca de su cuerpo. Giré lentamente la cabeza y lo observé. Permanecía inmóvil. Su pecho subía pausadamente, estaba dormido.
El calor que desprendía me quemaba. Mis mejillas se encendieron al descubrir la desnudez de su cuerpo con mis dedos helados que se deslizaron temblorosos por su brazo. Cerré los ojos en un acto de timidez.
Noté como salía de mi cuerpo. Me vi a misma con los ojos cerrados y a él durmiendo plácidamente sobre su cama. Caminé despacio pero decidida. Iba erguida y segura de mí misma. Era mi única oportunidad. Me senté a su lado y mi mano acarició dulcemente su mejilla. El ritmo de su respiración cambió, pero al momento volvió a la normalidad. Solté el aire que había retenido sin darme a penas cuenta. Mis dedos memorizaron su rostro perfecto; recorriendo su fina nariz, sus labios entreabiertos, por los que se escapaba el delicioso aliento que me hizo cosquillas. Acerqué mi rostro inhalando su penetrante olor a lluvia. Me coloqué sobre él para sentirlo más cerca. Su pelo castaño estaba pegado sobre su frente alta y sus párpados se movían al compás de sus sueños.
Mis labios estaban deseando rozarse con los suyos. Había soñado con el sabor que tendrían, la textura, el sentimiento que me provocarían. Ahora que lo tenía delante no era capaz. En los sueños todo era mucho más fácil.
La electricidad fluyó entre nosotros como si de un rayo se tratara. Mis labios rozaron su mejilla. Su piel suave y deliciosa me provocó un intenso escalofrío. Miré hacia la ventana. La calle apenas se distinguía. El agua comenzaba a emborronarlo todo y el viento aullaba como un lobo en busca de su manada. Ya nada existía. Sabía que aquello no era real y notaba una fuerte presión dentro de mí intentando escapar. Mis palabras derramaron sobre su oído todo lo que sentía.
El viento era cada vez más fuerte, el cristal de la ventana vibró y la lluvia golpeó con ferocidad. Un relámpago estalló en el cielo. La intensa luz iluminó la habitación mostrándome la extraña apariencia de todo cuanto nos rodeaba.
Abrí los ojos. Estaba tumbada en la cama. Miré hacia la ventana. Pequeñas gotas se desdibujaban ante la luz de la farola que parpadeaba. Mis ojos localizaron su cuerpo en la cama de al lado. Estaba de espaldas a mí. Suspiré y me di la vuelta intentando conciliar el sueño perdido debido a la tormenta.


Lidyfeliz
No sé por qué se llama tributo a Amaral, pero lo escribiste muy bien. Es cierto: en los sueños todo es más fácil, tanto el amor, como la vida y hasta la muerte. Te felicito. Mi voto
RafaSastre
Gran relato, EstaNoche. Mi voto. Un abrazo.
Eva.Franco
Excelente relato, me cautivó. Un sueño atrapado en un segundo convertido en eternidad.
Mi voto y un abrazo.
Sandra.Legal
Guauuu Excelente!!! Me encantó tu manera de decir, ese cúmulo de sensaciones.
Mis felicitaciones y mi voto
Saludos
Sandra
volivar
Estanoche: lindas descripciones de un ambiente angustiante. Te felicito por esto tan hermoso que nos has compartido.
Mi voto
Volivar
El Moli
Un sueño inundado de sentimientos. Que hermosa manera de decir.
Felicitaciones, Un abrazo junto a mi voto