Esa mañana, los gélidos vientos
invernales arrebataban el alma del transeúnte con cada suspiro, convirtiéndola
en escarcha vaporizada. Los árboles de la avenida “Las acacias” se desperezaban
agitados por el viento, sacudiéndose la nieve de sus infinitas ramificaciones,
ofreciendo al público, un sinuoso espectáculo de nudismo arbóreo. Flanqueando
la calzada, se sucedía un repertorio de obras maestras de la arquitectura, en
las que la mampostería o cara vista brillaban por su ausencia, cediéndole la
función de adornar sendas fachadas, a genialidades esculpidas en mármol y
granito. En el cruce con la Avenida “Sta Marta”, dejando atrás los ministerios
y bancos más importantes, coronando la intersección, se alzaba una construcción
colosal, cuya imponencia se veía acentuada por la inquisitiva y eternamente
vigilante mirada de las gárgolas, que custodiaban sus alturas más vertiginosas.
La comisaría central de policía de “Los Salvados”, estaba moteada por
innumerables ventanales encajados en la fachada. Una silueta delgada y
pensativa observaba, mientras fumaba tras el cristal de una de las esquinas.
-Maldita
sea chico, corren malos tiempos… – dijo el comisario Petterson ensimismado,
mientras le daba otra calada a su cigarrillo de tabaco cubano – tenemos que
salir de este atolladero o perderemos el control de la ciudad.
Dicho esto se volvió y se dirigió hacia su
escritorio, con su característica forma de caminar; secuela de un
inquebrantable orgullo y honor, que alumbró los recovecos más tenebrosos de la
urbe, pero aquello fue en tiempos remotos. Ahora esos días son recuerdos
polvorientos, en forma de estatuillas y medallas al valor que plagaban la pared
a la espalda de su asiento.
-Alguien
está tramando algo muy turbio, han aparecido más fiambres – añadió y se sentó.
- ¿Tan pronto? – Contestó Pedro
Lacruz, acomodado al otro lado del escritorio – no tiene sentido, hace tres
días encontramos a ese desgraciado de “El Cerilla”
-Pero aquello era un ajuste de
cuentas, probablemente interna en la organización. El sujeto apareció en la
bahía, atado al mástil de un pequeño bote de vela, con los ojos hundidos en sus órbitas, estrangulado y con una caja
de fósforos ardiendo en su cavidad bucal, lo cual hizo que lo localizásemos
fácilmente – dio otra calada a su cigarrillo.
- En cuanto a ese caso, ¿Quién es
nuestro principal sospechoso?
- Ese canalla de Peet “El Gordo”, su
obesa cabeza lidera la lista. Sabemos que ese “Cerilla” traía pequeñas
cantidades de whisky desde Europa, pero no tenemos constancia de que tuviese
alguna relación con “El Gordo”, lo que nos hace sospechar es la pintoresca
puesta en escena de sus asesinatos – dijo con tono repulsivo – pero no tenemos
pruebas, no hay huellas, restos, nada…
- ¿Y qué me dice de estos nuevos
cadáveres?
- Estos son una verdadera incógnita,
solo sabemos que son cuatro rusos que controlaban unos cuantos burdeles en el
barrio de “La Esperanza”, todos han sido asesinados por arma blanca excepto uno
que fue estrangulado de la misma forma que “El Cerilla” y aparentemente
utilizado como escudo humano.
- ¿Por arma blanca? – Dijo Pedro con
una expresión de evidente incredulidad — ¿No habéis encontrado casquillos ni
balas?
- En efecto, pero tan solo de las
armas de los propios rusos. Esto significa que si ese escurridizo asesino es el
mismo en ambos asesinatos…
- Alguien está haciéndose con el
control del crimen en “Los salvados” – Concluyó Pedro – Iré a echar un vistazo
– se levantó, recogió su abrigo y su sombrero, y se fue.
A Pedro Lacruz nunca le había
gustado ese barrio, a pesar de haber tenido que hacerle numerosas visitas
durante su carrera como detective debido a su incesante actividad criminal,
cada vez que cruzaba sus tenebrosas callejuelas y callejones le invadía el
desasosiego. Aquellos edificios hablaban en silencio de la decadencia en la que
podía llegar a caer una ciudad si nadie controla a los que la empujan al
desastre. Cuando alzaba la vista alcanzaba a ver curiosos asomados por las
ventanas que automáticamente las cerraban al ser descubiertos, y los
transeúntes con los que se cruzaba lo miraban con desconfianza, amenazantes, o
simplemente no miraban nada. Caminaba deprisa, siempre alerta, era consciente
que cada recodo o esquina era un peligro en potencia, pero prefería respirar e
impregnarse de la atmósfera en la que actuaba en vez de observarla tras los
cristales de un automóvil. No hubo incidentes en el camino, finalmente llegó a
la dirección que le habían indicado. Un edificio de tres plantas, fachada de
ladrillo caravista, para no desentonar con la estética del lugar. Estaba
acordonado. El portal estaba custodiado por dos agentes uniformados que
hicieron señas al verlo acercarse, y del interior salió una mujer joven vestida
con el atuendo habitual de un detective.
-Teniente Irene del Castillo – se
presentó ofreciéndole su delicada mano diestra – le estábamos esperando.
-¿Irene del Castillo? – preguntó Pedro.
Instintivamente sintió la necesidad de entablar conversación con esa mujer
cuando sus profundos ojos negros lo miraron y su sonrisa deslumbró con un
repertorio dental perfecto. Era realmente hermosa, incluso bajo el sombrero y
el abrigo de campaña irradiaba una belleza que contrastaba drásticamente con el
entorno en el que se encontraban – ¿Es usted Hispana?
- Mis Padres son Inmigrantes
Europeos, de España, al igual que los suyos – le explicaba mientras subían
escaleras en dirección a la escena del crimen.
- Española, vaya, no hay muchos con
nuestras raíces por aquí – esa afirmación sonó tanto a estupidez que Pedro se
sonrojó.
- No, somos especiales – respondió
esta con una sonrisa cómplice que hizo que Pedro todavía se ruborizase más –
esta las escena, bien agentes pueden dejarnos solos – ordenó a los dos hombres
uniformados que custodiaban la puerta de la vivienda.
- ¿El edificio está desalojado? –
Preguntó Pedro
- No ha hecho falta hacerlo,
prácticamente no vive nadie aquí, solo hay algunos vecinos en la primera
planta, bien empecemos – dicho esto se quitó el abrigo y el sombrero dejando a
la vista una preciosa melena negra recogida en una coleta, calzaba unas botas
de caña alta que se sobreponían a un pantalón de pana lo suficientemente
ajustado para intuir unos muslos fuertes seguidos de una esbelta y delgada
silueta. De la cintura salían dos tirantes que se cruzaban en la espalda y
abrazaban una camisa ancha blanca. Y enganchado a estos, a la altura de las
axilas los ornamentos reglamentarios, la placa y la pistola.
Lo primero con lo que se toparon al
acceder a la vivienda fueron dos cuerpos tendidos en el suelo a apenas un metro
escaso de la puerta, uno había sido degollado y yacía boca abajo y el otro
mostraba signos de haber luchado por su vida, principalmente en la expresión
final de su cara, reflejando un tremendo esfuerzo, o dolor. Pero esta
resistencia fue inútil al recibir varias puñaladas en el abdomen y una de
gracia en el gaznate. Al alzar la vista y encontrarse con el salón principal,
el panorama era desolador. El suelo estaba teñido de sangre que caía desde la mesa de madera carcomida
sobre la que la que yacía el tercer hombre, dejado caer de una forma brutal
sobre esta, con la barriga destrozada por lo que parecía un disparo de escopeta
y las marcas características en el cuello, cuando se realiza un
estrangulamiento con un cable de acero, en el suelo, justo bajo donde su brazo
derecho se descolgaba sin vida había pequeña pistola. El cuarto, que descansaba
plácidamente en medio del corredor que salía del salón y daba a las
habitaciones presentaba una única herida en el cráneo, posiblemente realizada
por un arma blanca, y en sus manos pálidas como la nieve sostenía una escopeta
recortada. En cuanto al entorno, tan
solo había signos de pelea en la entrada y en el salón, donde una de las cuatro
sillas que rodeaban la mesa había sido arrojada al suelo. Y en las paredes se
distinguían las marcas de los disparos fallidos de escopeta y de la pequeña
pistola.
-Bien ¿Cuál es la hipótesis? –
preguntó Pedro con tono académico, como cuando un profesor le pregunta a un
alumno acerca de una lección, una vez hubo observado la escena en exhaustivo
silencio.
- El sujeto vino aquí solo, y se
reunió con el tipo que está abrazando esa mesa – comenzó Irene – en principio
no sabemos si él pensaba que el ruso estaría solo o no, podemos suponer que sí,
pero que estaba preparado para cualquier eventualidad. Prosigo. Por lo que
parece, la reunión no acabó del todo bien, así que en un rápido movimiento este
atrapó a su oponente y lo comenzó a estrangular con un cable. Al confirmarse
los problemas, el que esperaba pacientemente en la habitación salió en ayuda de
su camarada disparando la escopeta, pero contra todo lo que esperaba solo
alcanzó la pared en dos ocasiones y el vientre de su compañero que fue
utilizado por nuestro misterioso asesino como escudo humano, después cayó
fulminado por una daga arrojadiza que impactó entre sus cejas. Hasta ahí está
claro, inverosímil pero posible, el enigma reside en cómo pudo acabar con los
de la puerta si él ya estaba dentro de la casa.
-¿habéis comprobado las viviendas
contiguas? – Preguntó Pedro mientras se dirigía a una de las habitaciones y
abría una ventana.
- no podemos entrar en ellas, no
tenemos orden y no presentan signos de que hubiesen forzado las cerraduras.
- Sí pero, ¿y si las hubiese abierto
desde dentro? – Se asomó por la ventana y con prácticamente medio cuerpo sobre
el vacío, comenzó a mirar a ambos lados – ¡Exacto! – Exclamó, y comenzó a
deslizarse por el exterior a través de una cornisa de escasos centímetros.
- ¿Qué diablos estás haciendo? –
preguntó con un hilo de voz aterrada.
- Estoy investigando – confirmó
Pedro y desapareció
Al
cabo de unos minutos se abrió la puerta de la vivienda vecina y en el pasillo,
apoyada contra la pared con expresión de obvia desaprobación esperaba Irene.
-¿Y bien? – preguntó y se cruzó de
brazos.
- Ahora la hipótesis está completa –
afirmó Pedro con satisfacción.
- Sorpréndeme.
- Todo encaja con tu reconstrucción,
pero nuestro amigo enigmático también escuchó los pasos que venían apresurados
por el pasillo, así que salió por la ventana, alcanzó la otra vivienda, rompió
el cristal, entró y esperó. Cuando escuchó que sus enemigos entraban en el
apartamento salió sigilosamente y los sorprendió por la espalda. Y lo mejor de
todo es que al romper la ventana se olvidó esto – dijo mostrando un minúsculo trozo
de tela.
- Bien por lo menos ya tenemos algo,
me has sorprendido.
- Te equivocas, todavía no tenemos
nada.


volivar
Royaltynho: me gustado; bien desarrollado el tema, con suspenso, felicidades.
Mi voto
Volivar
Royaltynho
muchas gracias, lo que pasa es que veo que se ha pegado de mi documento word de una forma un poco extaña, las primeras palabras de las frases se han quedado solitarias, pero bueno. gangsters continua, la proxima semana, cuarto capitulo. mas trama, mas intriga,, mas peet el gordo