Gangsters. Capítulo III

Escrito por
| 9 2 |

    Esa mañana, los gélidos vientos

    invernales arrebataban el alma del transeúnte con cada suspiro, convirtiéndola
    en escarcha vaporizada. Los árboles de la avenida “Las acacias” se desperezaban
    agitados por el viento, sacudiéndose la nieve de sus infinitas ramificaciones,
    ofreciendo al público, un sinuoso espectáculo de nudismo arbóreo. Flanqueando
    la calzada, se sucedía un repertorio de obras maestras de la arquitectura, en
    las que la mampostería o cara vista brillaban por su ausencia, cediéndole la
    función de adornar sendas fachadas, a genialidades esculpidas en mármol y
    granito. En el cruce con la Avenida “Sta Marta”, dejando atrás los ministerios
    y bancos más importantes, coronando la intersección, se alzaba una construcción
    colosal, cuya imponencia se veía acentuada por la inquisitiva y eternamente
    vigilante mirada de las gárgolas, que custodiaban sus alturas más vertiginosas.
    La comisaría central de policía de “Los Salvados”, estaba moteada por
    innumerables ventanales encajados en la fachada. Una silueta delgada y
    pensativa observaba, mientras fumaba tras el cristal de una de las esquinas.

    -Maldita
    sea chico, corren malos tiempos… – dijo el comisario Petterson ensimismado,
    mientras le daba otra calada a su cigarrillo de tabaco cubano – tenemos que
    salir de este atolladero o perderemos el control de la ciudad.

    Dicho esto se volvió y se dirigió hacia su
    escritorio, con su característica forma de caminar; secuela de un
    inquebrantable orgullo y honor, que alumbró los recovecos más tenebrosos de la
    urbe, pero aquello fue en tiempos remotos. Ahora esos días son recuerdos
    polvorientos, en forma de estatuillas y medallas al valor que plagaban la pared
    a la espalda de su asiento.

    -Alguien
    está tramando algo muy turbio, han aparecido más fiambres – añadió y se sentó.

    - ¿Tan pronto? – Contestó Pedro
    Lacruz, acomodado al otro lado del escritorio – no tiene sentido, hace tres
    días encontramos a ese desgraciado de “El Cerilla”

    -Pero aquello era un ajuste de
    cuentas, probablemente interna en la organización. El sujeto apareció en la
    bahía, atado al mástil de un pequeño bote de vela, con los ojos hundidos en sus órbitas, estrangulado y con una caja
    de fósforos ardiendo en su cavidad bucal, lo cual hizo que lo localizásemos
    fácilmente – dio otra calada a su cigarrillo.

    - En cuanto a ese caso, ¿Quién es
    nuestro principal sospechoso?

    - Ese canalla de Peet “El Gordo”, su
    obesa cabeza lidera la lista. Sabemos que ese “Cerilla” traía pequeñas
    cantidades de whisky desde Europa, pero no tenemos constancia de que tuviese
    alguna relación con “El Gordo”, lo que nos hace sospechar es la pintoresca
    puesta en escena de sus asesinatos – dijo con tono repulsivo – pero no tenemos
    pruebas, no hay huellas, restos, nada…

    - ¿Y qué me dice de estos nuevos
    cadáveres?

    - Estos son una verdadera incógnita,
    solo sabemos que son cuatro rusos que controlaban unos cuantos burdeles en el
    barrio de “La Esperanza”, todos han sido asesinados por arma blanca excepto uno
    que fue estrangulado de la misma forma que “El Cerilla” y aparentemente
    utilizado como escudo humano.

    - ¿Por arma blanca? – Dijo Pedro con
    una expresión de evidente incredulidad — ¿No habéis encontrado casquillos ni
    balas?

    - En efecto, pero tan solo de las
    armas de los propios rusos. Esto significa que si ese escurridizo asesino es el
    mismo en ambos asesinatos…

    - Alguien está haciéndose con el
    control del crimen en “Los salvados” – Concluyó Pedro – Iré a echar un vistazo
    – se levantó, recogió su abrigo y su sombrero, y se fue.

    A Pedro Lacruz nunca le había
    gustado ese barrio, a pesar de haber tenido que hacerle numerosas visitas
    durante su carrera como detective debido a su incesante actividad criminal,
    cada vez que cruzaba sus tenebrosas callejuelas y callejones le invadía el
    desasosiego. Aquellos edificios hablaban en silencio de la decadencia en la que
    podía llegar a caer una ciudad si nadie controla a los que la empujan al
    desastre. Cuando alzaba la vista alcanzaba a ver curiosos asomados por las
    ventanas que automáticamente las cerraban al ser descubiertos, y los
    transeúntes con los que se cruzaba lo miraban con desconfianza, amenazantes, o
    simplemente no miraban nada. Caminaba deprisa, siempre alerta, era consciente
    que cada recodo o esquina era un peligro en potencia, pero prefería respirar e
    impregnarse de la atmósfera en la que actuaba en vez de observarla tras los
    cristales de un automóvil. No hubo incidentes en el camino, finalmente llegó a
    la dirección que le habían indicado. Un edificio de tres plantas, fachada de
    ladrillo caravista, para no desentonar con la estética del lugar. Estaba
    acordonado. El portal estaba custodiado por dos agentes uniformados que
    hicieron señas al verlo acercarse, y del interior salió una mujer joven vestida
    con el atuendo habitual de un detective.

    -Teniente Irene del Castillo – se
    presentó ofreciéndole su delicada mano diestra – le estábamos esperando.

    -¿Irene del Castillo? – preguntó Pedro.
    Instintivamente sintió la necesidad de entablar conversación con esa mujer
    cuando sus profundos ojos negros lo miraron y su sonrisa deslumbró con un
    repertorio dental perfecto. Era realmente hermosa, incluso bajo el sombrero y
    el abrigo de campaña irradiaba una belleza que contrastaba drásticamente con el
    entorno en el que se encontraban – ¿Es usted Hispana?

    - Mis Padres son Inmigrantes
    Europeos, de España, al igual que los suyos – le explicaba mientras subían
    escaleras en dirección a la escena del crimen.

    - Española, vaya, no hay muchos con
    nuestras raíces por aquí – esa afirmación sonó tanto a estupidez que Pedro se
    sonrojó.

    - No, somos especiales – respondió
    esta con una sonrisa cómplice que hizo que Pedro todavía se ruborizase más –
    esta las escena, bien agentes pueden dejarnos solos – ordenó a los dos hombres
    uniformados que custodiaban la puerta de la vivienda.

    - ¿El edificio está desalojado? –
    Preguntó Pedro

    - No ha hecho falta hacerlo,
    prácticamente no vive nadie aquí, solo hay algunos vecinos en la primera
    planta, bien empecemos – dicho esto se quitó el abrigo y el sombrero dejando a
    la vista una preciosa melena negra recogida en una coleta, calzaba unas botas
    de caña alta que se sobreponían a un pantalón de pana lo suficientemente
    ajustado para intuir unos muslos fuertes seguidos de una esbelta y delgada
    silueta. De la cintura salían dos tirantes que se cruzaban en la espalda y
    abrazaban una camisa ancha blanca. Y enganchado a estos, a la altura de las
    axilas los ornamentos reglamentarios, la placa y la pistola.

    Lo primero con lo que se toparon al
    acceder a la vivienda fueron dos cuerpos tendidos en el suelo a apenas un metro
    escaso de la puerta, uno había sido degollado y yacía boca abajo y el otro
    mostraba signos de haber luchado por su vida, principalmente en la expresión
    final de su cara, reflejando un tremendo esfuerzo, o dolor. Pero esta
    resistencia fue inútil al recibir varias puñaladas en el abdomen y una de
    gracia en el gaznate. Al alzar la vista y encontrarse con el salón principal,
    el panorama era desolador. El suelo estaba teñido de sangre que caía desde la mesa de madera carcomida
    sobre la que la que yacía el tercer hombre, dejado caer de una forma brutal
    sobre esta, con la barriga destrozada por lo que parecía un disparo de escopeta
    y las marcas características en el cuello, cuando se realiza un
    estrangulamiento con un cable de acero, en el suelo, justo bajo donde su brazo
    derecho se descolgaba sin vida había pequeña pistola. El cuarto, que descansaba
    plácidamente en medio del corredor que salía del salón y daba a las
    habitaciones presentaba una única herida en el cráneo, posiblemente realizada
    por un arma blanca, y en sus manos pálidas como la nieve sostenía una escopeta
    recortada. En cuanto al entorno, tan
    solo había signos de pelea en la entrada y en el salón, donde una de las cuatro
    sillas que rodeaban la mesa había sido arrojada al suelo. Y en las paredes se
    distinguían las marcas de los disparos fallidos de escopeta y de la pequeña
    pistola.

    -Bien ¿Cuál es la hipótesis? –
    preguntó Pedro con tono académico, como cuando un profesor le pregunta a un
    alumno acerca de una lección, una vez hubo observado la escena en exhaustivo
    silencio.

    - El sujeto vino aquí solo, y se
    reunió con el tipo que está abrazando esa mesa – comenzó Irene – en principio
    no sabemos si él pensaba que el ruso estaría solo o no, podemos suponer que sí,
    pero que estaba preparado para cualquier eventualidad. Prosigo. Por lo que
    parece, la reunión no acabó del todo bien, así que en un rápido movimiento este
    atrapó a su oponente y lo comenzó a estrangular con un cable. Al confirmarse
    los problemas, el que esperaba pacientemente en la habitación salió en ayuda de
    su camarada disparando la escopeta, pero contra todo lo que esperaba solo
    alcanzó la pared en dos ocasiones y el vientre de su compañero que fue
    utilizado por nuestro misterioso asesino como escudo humano, después cayó
    fulminado por una daga arrojadiza que impactó entre sus cejas. Hasta ahí está
    claro, inverosímil pero posible, el enigma reside en cómo pudo acabar con los
    de la puerta si él ya estaba dentro de la casa.

    -¿habéis comprobado las viviendas
    contiguas? – Preguntó Pedro mientras se dirigía a una de las habitaciones y
    abría una ventana.

    - no podemos entrar en ellas, no
    tenemos orden y no presentan signos de que hubiesen forzado las cerraduras.

    - Sí pero, ¿y si las hubiese abierto
    desde dentro? – Se asomó por la ventana y con prácticamente medio cuerpo sobre
    el vacío, comenzó a mirar a ambos lados – ¡Exacto! – Exclamó, y comenzó a
    deslizarse por el exterior a través de una cornisa de escasos centímetros.

    - ¿Qué diablos estás haciendo? –
    preguntó con un hilo de voz aterrada.

    - Estoy investigando – confirmó
    Pedro y desapareció

    Al
    cabo de unos minutos se abrió la puerta de la vivienda vecina y en el pasillo,
    apoyada contra la pared con expresión de obvia desaprobación esperaba Irene.

    -¿Y bien? – preguntó y se cruzó de
    brazos.

    - Ahora la hipótesis está completa –
    afirmó Pedro con satisfacción.

    - Sorpréndeme.

    - Todo encaja con tu reconstrucción,
    pero nuestro amigo enigmático también escuchó los pasos que venían apresurados
    por el pasillo, así que salió por la ventana, alcanzó la otra vivienda, rompió
    el cristal, entró y esperó. Cuando escuchó que sus enemigos entraban en el
    apartamento salió sigilosamente y los sorprendió por la espalda. Y lo mejor de
    todo es que al romper la ventana se olvidó esto – dijo mostrando un minúsculo trozo
    de tela.

    - Bien por lo menos ya tenemos algo,
    me has sorprendido.

    - Te equivocas, todavía no tenemos
    nada.

    Comentarios

    1. volivar

      27 marzo, 2013

      Royaltynho: me gustado; bien desarrollado el tema, con suspenso, felicidades.
      Mi voto
      Volivar

      • Royaltynho

        28 marzo, 2013

        muchas gracias, lo que pasa es que veo que se ha pegado de mi documento word de una forma un poco extaña, las primeras palabras de las frases se han quedado solitarias, pero bueno. gangsters continua, la proxima semana, cuarto capitulo. mas trama, mas intriga,, mas peet el gordo

    Escribir un comentario