La isla de las Tír na mBans (3/3 Final)

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La primavera llegó con adelanto
cubriendo las islas de un inusitado y resplandeciente verdor. Atrás había
quedado la fatídica noche y el aciago día que le siguió, cuando el azul de los
cielos fue cubierto por el bruno espeso que exudaban las hogueras y la arena se
tiñó de rojo por la sangre derramada. Las intensas lluvias habían limpiado
cualquier vestigio de la infausta barbarie, pero en la memoria de todos
quedaría registrado el terrible suceso como una marca a fuego sobre la piel.

Muchas de las hermanas de
Priskal, incluida su madre, habían sido reclamadas el fatídico día por el gran
Salik Nanuc Ob Jital Kalef y ahora lo acompañaban en su gobierno de oscuridad.
Los cuerpos desprovistos de espíritus fueron trasladados hasta el Altozano
Sagrado del Osario Norte, donde se les dio sepultura y se les rindió culto
durante días hasta que el primer dolor mitigó. Hasta allí también fueron
trasladados los cuerpos de los pennetóns que habían perecido luchando mano a
mano con ellas, demostrando una inigualable fiereza. En cada uno de los túmulos
se erigieron moajís mirando hacia el mar por donde habían llegado los
diabólicos, convirtiendo aquel lugar de silencio en un enorme bosque de piedra
que jamás les haría olvidar la tragedia.

Los cuerpos sin vida de los
diabólicos fueron arrojados directamente a las hogueras, que durante semanas
permanecieron encendidas. Los que sobrevivieron fueron llevados hasta la isla
de los Colmillos Largos. Allí ataron sus cuerpos a los árboles y abrieron sus
abdómenes haciendo desbordar sus entrañas que les procuraría una muerte
dolorosa y lenta, dejándolos después a merced de los felinos para que diesen
buena cuenta de ellas.

 

Priskal pudo ver en sus ojos aterrorizados suplicar
clemencia. Pero esos mismos ojos fueron los que habían manifestado una
inusitada crueldad mientras era poseída una y otra vez por sus cuerpos
malolientes. Los pennetóns siempre le habían parecido unos bárbaros. Recordaba
la noche de su primera entrega durante los ritos sagrados de la fertilidad,
cuando llena de dolor e incomodidad todo se le había antojado una ignominia.
Sin embargo, ahora se daba cuenta del cuidado y la delicadeza con el que el
príjoda la había tratado en todo momento.

 

No. No habría clemencia para los diabólicos.

 

¿Por qué habían venido hasta allí sembrando caos y
desolación? ¿Qué mal le habían hecho ellos para aquel atroz comportamiento?
¿Qué buscaban? Priskal se hacía esas preguntas y no encontraba las respuestas.

 

También, a menudo, se preguntaba
que hubiera sucedido si en vez de ser atacada la isla de los pennetóns, los
bárbaros hubieran decidido incursionar primero en la suya. ¿Se habrían
percatado sus hermanos de lo que les estaba sucediendo? Probablemente no. Ellos
no disponían de guardianes ya que no necesitaban protegerse de sí mismos y no
los necesitaban para cazar. Tampoco ellas lo habrían advertido de no ser por
Borjj y su peculiar sentido para detectar la amenaza.

 

Priskal Az Jabel Shidé D’ja ya no
mira más hacia el horizonte con aire soñador. Ni se hace preguntas sobre lo que
hay tras él. Sentada sobre una piedra en
lo alto del Altozano Sagrado Norte, contempla a su mascota, que a pesar de
haber alcanzado ya la madurez, sigue correteando en pos de alcanzar una de las
coloridas mariposas que revolotean sobre su cabeza como si todo siguiera igual.
Como si nada hubiera ocurrido tiempo atrás.

 

El ocaso está cerca y Priskal se dispone a descender la
colina para regresar al nuevo poblado, ahora construido entre la espesura del
bosque. Su abultado vientre le impide caminar con soltura. A su paso, los dos
vigías apostados oteando el horizonte le hacen una reverencia como corresponde
al trato que se le debe dar a la Rajayá. El más joven corre hasta ella para
ayudarla en el descenso, pero se contiene ante el gruñido de Borjj que rápidamente
es calmado por la voz de Priskal.

 

El pennetón se acerca temeroso y
le ofrece una de sus manos que ella acepta agradecida. Su rostro se le hace
conocido. Como Borjj, a notado su presencia en otras ocasiones revoloteando a
su alrededor. Quizás debiera tomarlo como compañero como ya muchas de sus
hermanas han hecho. Las cosas están cambiando tanto y tan deprisa que a veces
siente un vértigo inexplicable.

 

La convivencia entre los pennetóns y las rajiyás no es
fácil, pero deben permanecer unidos para aunar fuerzas porque Priskal sabe que
más tarde o temprano los diabólicos vendrán con sus enormes kayaks para seguir
sembrando el caos y la desolación.

 

Cerca del bosque de piedra Priskal detiene sus pasos y mira
el alto moají bajo el cual yace el cuerpo sin espíritu la última Rajayá. Sus
manos acarician el abultado vientre en el que, al igual que en muchas de sus
hermanas, sigue creciendo la semilla que plantó el diablo. Proclamar que
aquellas semillas tienen derecho a nacer, a crecer y a vivir ha sido probablemente
la decisión más difícil que de todas ha tenido que tomar. Los púberos, xoxijás
o príjodas, sean cuales sean sus rasgos, serán amados sin distinción; y como
Borjj, educados desde su primer llanto para respetar a la Madre Tierra y al
Padre Cielo por igual. Vendrán tiempos inciertos, tiempos de cambios…, épocas
difíciles a las que todos tendrán que saberse adaptar y hacer frente.

 

Abrumada por los pensamientos que
le ocasiona el futuro incierto continúa su camino. Esta vez es ella quien
solicita la mano la príjoda, que se ha rezagado para darle algo de intimidad
ante la tumba de su madre. Priskal ve el repentino brillo que asoma en los ojos
del pennetóns con aquel sencillo gesto. Piensa nuevamente en ese futuro y
decide que no sería malo afrontarlo al lado de un compañero con el que poder
hablar de sus inquietudes en las largas tardes de verano, o acurrucada entre
sus cálidos brazos en las frías noches de invierno.

 

La vida es sencilla. O debería serlo. Y mientras camina
cogida por una fuerte mano que la sustenta, piensa en los tiempos llenos de
cambios en los que viven y que los invita, desde la fe, a mirar con esperanza
el futuro que se le avecina.

 

 

El rollo completo de esta historia lo podéis encontrar
leyendo mi perfíl o haciendo clic
acuá.

Comentarios

  1. alca

    6 abril, 2013

    Felicidades por el relato. Un saludo.

  2. lepanchotcagag

    18 abril, 2013

    Con este relato si es verdad que me sorprendiste mariav, tienes un dominio descriptivo maravilloso, tu creatividad no tiene limites, he leido algunos pocos de los foristas en apenas una casi una semana que estoy entre vosotros, es lo mejor que me he tropezado, tienes pasta de escritor. Coloca un apendice o diccionario con esos raros nombres de tu historia que me parecen indu, ayudaria a los lectores, tenemos mucho que aprender de ti no solo en el aspecto literario sino en lo informatico, que bien se ven esos collares brillantes que titilan constantemente. Tienes que corregir en unos de los parrafos un salto en una palabra, ibas a decir cambiaria sus hasta entonces tranquilas vidas, pero no te distes cuente que aparece, a hata entonces. NO entiendo como la gente no te ha votado masivamente este maravilloso relato. mi voto, besos y abrazos.

    • Mariav

      19 abril, 2013

      Me alegra saber que te gustan mis historias. Sin duda, como iras descubriendo, hay compañeros que escriben infinitamente mejor que yo, a los que siempre es un gusto leer, que sin duda son mejor ejemplo para aprender sobre literatura.
      Lo de la informática me ha dejado coja. Mis conocimientos sobre la materias son escasos, como de andar por casa para poder ir tirando, así que no entiendo a qué te refieres con eso de “que bien se ven esos collares brillantes que titilan constantemente”
      Agradezco los elogios así como el tiempo que me has dedicado a leerme, y por supuesto la corrección. Lo del apéndice de los nombres ya lo había pensado, pero al final decidí no incluirlo porque creo que se entienden bastante bien.
      Gracias una vez más por leerme y el voto. Besos y abrazos para ti también.

  3. lepanchotcagag

    19 abril, 2013

    MARIAV, al final de tu relato dice hacer clic aqui, y aparece la historia de la isla de las tir na mbans, donde aparecen unos collares con mucho brillo. A eso me refiero en cuanto a la informatica. Saludos.

    • Mariav

      20 abril, 2013

      Wow, lepan, eso no es saber informatica, eso se dice sin más ser hortera, y al respecto yo lo soy mucho, jajaja.
      Gracias por responderme.

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