La Maldición que cayó sobre Thelmirrín

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La tierra de Thelmirrín desde
tiempos remotos fue hogar de los Reyes más sabios y fuertes, de los caballeros
más feroces y fieles. Por mucho tiempo fue el centro del planeta. Todos los
sucesos de relevante importancia acaecidos en el continente debían de ser
autorizados por los sabios del reino de Thelmirrín, sin excepción alguna.

Por mucho tiempo los caballeros de la orden del Basilisco fueron los hombres más
temidos en el mundo. Fueron adorados, por los pueblerinos de Thelmirrín
como Dioses de guerra. Estos caballeros
lucharon al lado del Rey Rufus y conquistaron cada rincón del continente,
feroces y violentas batallas se llevaron acabo en el continente de Leithithién
para la conquista del mismo. Y al final, el Rey Rufus fue capaz de gobernarlo
todo. En principio, sólo tres reinos decidieron unirse a su gobierno, La tierra de los Robles y el Rey
Adalberto fueron los primeros en
rendirse ante la fiera amenaza de Rufus; y luego, después de 5 largos años de
asedio por parte de los caballeros de la orden del basilisco, simultáneamente
lograron la rendición de los reinos de Morfus y Minas Thethien, de los reyes
Fez y Rudolf. Con la muerte del Rey Iesgros calló el último reino y Rufus logró
su cometido. Sin embargo, no fueron capaces de extender sus fronteras mas allá
del mar, y todos los reyes que rechazaron unirse al reino de Thelmirrín y
rendir tributo al Rey Rufus, fueron exiliados del continente Leithithién y
tuvieron que pedir posada en los países costeros de los continentes vecinos;
Raschien y Délmetron.

Pasaron
los años y el Rey Rufus gobernó con justicia y paz su continente y reino.
Adalberto, Fez y Rudolf continuaron gobernando sus tierras, pero no fueron más
llamados Reyes, a pesar de lo cual gozaban de los mismos privilegios.

 

El
tiempo superó a Rufus y la muerte llegó a su lecho; después de un largo año de
agonía. El reino se había quedado sin rey, empero, el heredero fue aún más
justo, sabio y digno de su puesto; su hijo Grei tomó posesión de la herencia y defendió el Imperio
de Leithithién. Porque al enterarse de la muerte de Rufus, los Reyes exiliados
quisieron recuperar lo que en algún tiempo había sido suyo.

Los
Caballeros del Basilisco defendieron las tierras de Leithithien, todos estaban
dispuestos a dejar incluso su vida, si de defender a su Rey se tratase. Y el
continente entero quedó intacto de las manos arcaicas de los Reyes del exilio.

El
destino llegó a Thelmirrín de nueva cuenta, y el Rey Grei murió siendo aún muy
joven, sin dejar descendencia. Pero su hermano menor, de nombre Ben tomó posesión del Imperio. Llegó la
muerte de Ben sin ningún suceso relevante en Leithithién, y su hijo Rufus reinó
hasta su muerte a manos de la reina, Fue entonces cuando se rompió la línea de
reyes de justicia, y Ioga, el hijo bastardo de Rufus gobernó durante 8 décadas
y a su muerte su hijo homónimo reinó el continente y a su vez heredó a Baldo, quien heredó a Guardo, y Guardo dejó
su trono a su hijo Rudolf. Pero el reino entró en conflicto pues los herederos
directos de Adalberto, Fez y Rudolf comenzaron a exigir sus tierras, pues querían
disociar sus reinos del Imperio de Thelmirrín. Sin embargo, los caballeros de
la orden del Basilisco sometieron a los gobernantes de la tierra de los Robles,
Morfus y Minas Thethién.

El
Rey Rudolf desterró a los rebeldes, y se unieron en el sentimiento de odio con
los descendientes de los antiguos Reyes exiliados de Leithithien. Por otro
lado, en el imperio no dejaba de comentarse, por parte de los sabios y
ancianos, el mal gobierno que se estaba llevando a cabo desde la posesión del
Rey Ioga, y planeaban una sublevación interna en contra del Rey, a pesar de lo
cual, los caballeros del basilisco se mantenían fieles al reino de Thelmirrín.
Dichos sucesos no se pudieron llevar a cabo, porque el imperio se derrumbó de
la noche a la mañana.

Cuenta la leyenda, que en tiempos
muy remotos, hace ya un par de eones, en los tiempos de Rudolf hijo de Guardo,
los descendientes de los Reyes del exilio unidos a la prole de Adalberto, Fez y
Rudolf se reunieron una noche de aquelarre, para recuperar lo que en algún
tiempo había sido suyo.

Cinco
fueron los magos que despertaron la furia del demonio, y cuatro los reyes sin
trono, que con su odio le dieron vida a la desolación de Thelmirrín. Iesgros, Méretron,
Léctor, Doroth, y Yume fueron los magos que unieron sus fuerzas en el interior
del volcán del destino y con sus poderes oscuros despertaron al Dragón.

Léctor
Visitó al Rey Rudolf en Thelmirrín, y el mago auguró una catástrofe en su
reino. Lo que Rudolf no sabía era que el mago sólo estaba contando una parte del
malévolo plan. Léctor era considerado
una eminencia religiosa en el continente de Leithithien, a pesar de ser oriundo
y vivir en Délmetron y a su paso sólo recibía adulaciones de los campesinos y
pueblerinos de Thelmirrín.

El
mago visitó a todos los sacerdotes y sabios del continente aconsejándoles que
abandonaran sus posesiones para salvar sus vidas huyendo a otros continentes, y
pocos fueron los que escucharon el sabio consejo del Mago Lector. Y fue el
propio mago quien dejo la simiente de la peste a su paso por los templos. Y en
su último intento por salvar a los inocentes del Thelmirrín, Léctor trató de
conminar a los habitantes del continente, mientras en la plaza mayor en la
capital Thelmirrín habló con las siguientes palabras:

 

“Señores, Desde tiempos lejanos
en que el Malévolo Rey Ioga y su descendencia han gobernado el pueblo de
Thelmirrín, se ha formado un monopolio de poder, y se ha centralizado la
voluntad de todo un pueblo en la voluntad de un solo hombre.

Desde aquel momento en que la
hembra mato al Rey de nombre Rufus, homónimo del creador del imperio. Y la
línea de los hombres justos dejó de serlo. Desde aquel preciso instante en que
Ioga se convirtió en Rey, y buscó el bien, no de un pueblo sino de él mismo, el
Dios que ustedes llaman Lot Mintur y en mi pueblo es conocido como Jo, decidió
dar una oportunidad a los malvados Reyes de Thelmirrín, que forman parte de los
Reyes bastardos.

Sin embargo, mis queridos
compañeros, los reyes llamados bastardos no respondieron a la Tregua de Lot
Mintur, y dieron rienda suelta a la voluntad propia y deshonesta. Pues… les
digo que su Dios está colérico y matará a todo el que no se arrepienta de los
pecados cometidos por Rudolf y su ascendencia.

¡Ahora!… es el momento de
escapar, y correr ante el destino que tienen preparado los fieles de
Thelmirrín. Pues Jo me ha revelado que primero morirán los inocentes, los más
justos y admirados, la pandemia comenzará en los sitios más sagrados para que
no puedan tener ni siquiera esperanza de sobrevivir si no escapan de una buena
vez… Y al final quien morirá será el responsable de todo esto… ¡Su Rey Rudolf!”
 

Los
sacerdotes que no escucharon el consejo de Léctor fueron los primeros en
enfermarse de la peste y morir, pues el virus fue depositado en los almacenes
de víveres en los templos y monasterios. Los síntomas no aparecían sino hasta
después del cuarto día de adquirida la enfermedad, y para ese entonces, el
portador ya habían contagiado por lo menos a diez personas más.

En
todo el continente reinó el pánico y en cuestión de cuatro meses el setenta por
ciento de la población había muerto. Sólo los caballeros de la orden del Basilisco
lograron superar la pandemia, un pequeño porcentaje de la población y la
Realeza de Thelmirrín parecieron ser inmunes a la peste. No obstante, lo peor
estaba a punto de venir.

Cuando
el Rey Rudolf creyó haber vencido la maldición del Malvado Lot Mintur,
comenzaron los planes de regeneración del reino con menos de la tercera parte
de la población. Pero entonces, de súbito, en el cielo, justo en el atardecer se
escuchó un fuerte rugido, casi como un relámpago.

En el pueblo
se escuchaban los ecos de la gente que gritaba horrorizada -¡Es un dragón!- La
desesperación en el remanente de la
población, hizo que la gente se dispersara y sólo los caballeros del basilisco
y la realeza de Thelmirrín se mantuvieron juntos en el castillo de la capital,
siendo éste la última resistencia que se mantenía de pie en todo el continente.

Le bastó una
noche al dragón para desolar los alrededores del castillo, pero después la
bestia desapareció, como si solo hubiese sido una ilusión.

Dos meses más
tarde los caballeros del Basilisco se atrevieron a salir del castillo y
comenzaron a levantar las ruinas de Thelmirrín, Sin embargo, más allá del
pueblo ya los estaban esperando los Reyes exiliados y los acorralaron de nueva
cuenta en el castillo, pero los caballeros de la orden del basilisco aún eran
muy feroces y fuertes y opusieron resistencia. Hasta que apareció Iesgros el
Rey Mago y maldijo a Thelmirrín:

“Yo maldigo a Thelmirrín, a sus
hipócritas Reyes y a sus temidos caballeros. Yo maldigo con todo el odio, que
en mi alma mora a los descendientes de los Reyes que exiliaron de su tierra a
mis padres y a toda la gente que mantuvo agazapada, durante siglos a mi familia
en los rincones más recónditos de Rachien y Délmetron… Y yo mismo, ayudado por
la voluntad del Bondadoso Lot Mintur, el único Dios de Justicia, he desolado
sus tierras, incluso las que en épocas pasadas fueron propiedad de mis padres.
Y los condeno a vivir por toda la eternidad exiliados del mundo, como sus
padres nos obligaron a vivir durante generaciones.”

Dicho
lo anterior, los Reyes exiliados continuaron siéndolo, pero vengaron su exilio.
Regresaron a sus recintos en Rachien y Délmetron donde ahora solo fueron parte
de la nobleza, y el continente de Leithithien quedó totalmente desierto a
excepción de Thelmirrín donde vivían los caballeros del basilisco, la realeza y
una pequeña porción del pueblo de Thelmirrín, pero la capital de lo que en
algún momento hubiera sido el reino más poderoso del mundo, fue separado
literalmente del mismo, pues un anillo montañoso apareció después de un
terremoto y a sus faldas un bosque encantado rodeaba a la ciudad de Thelmirrín.
Por si fuera poco, a todo aquel que se atreviera a cruzar el bosque encantado
le esperaba el peor de los destinos,
pues el Dragon se alimentaba de la carne de los hombres.

Durante
eones el pueblo de Thelmirrín se redujo a ruinas, donde vivían extraños seres,
victimas del destierro de Lot Mintur; ratas que lograron sobrevivir comiendo
cieno. La sangre de todos en Thelmirrín se mezcló, y los descendientes fueron siempre
hermanos, y se reprodujeron siempre entre hermanos, empero, sólo un hombre se
mantuvo vivo, agonizando eternamente el Rey Rudolf nunca fue capaz de morir.

En la celda principal del
castillo de Thelmirrín yace el cadáver olvidado del Mago Léctor quien cometió
el error de apiadarse de sus amigos. Entre sus manos aprieta, aún con fuerza el
pergamino que contiene la profecía del renacimiento de Thelmirrín.

“… En la penumbra de la noche
nacerá en la madriguera de las ratas el caballero de la orden del Basilisco. Él
y sólo él, tendrá la fuerza y la voluntad de velar la verdad y destruir la
ilusión con que Rudolf vive. Aquel hombre sereno, justo y feroz será la
reencarnación del grandioso Grei y reconstruirá el imperio que jamás debió ser
vencido“

 

 

Comments

  1. volivar

    27 marzo, 2013

    Mauro, paisano, gracias por compartir esta hermosa narración; te felicito por este talento literario.
    Mi voto
    Volivar

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