Sentir un picar en los ojos, las cierra y las abre. Siente formarse con lentitud una gota en la parte inferior de ellos, un ligero descender del líquido y cierra los ojos con fuerza mientras abre su boca para gritar. Siente la pequeña gota abandonar su ojo y resbalar por su mejilla al tiempo que un desagradable nudo en la garganta le impide hablar, dejando que de sus gritos de soledad no se comprenda palabra. Siente llegar el río de lágrimas que se ha formado llegar a la boca, saboreando el ligero sabor de sal, pero no se detiene, el río continua , parte a sus labios, parte a su cuello.
Si bajara la vista no reconocerá nada al tener los ojos bajo agua, pero verá varios puntos oscuros que han dejado sus lágrimas al caer. Lleva sus manos, brazos, a los ojos; intentando parar todo, pero no lo consigue, solo aumentan. Sus ojos estarán rojos, el nudo en su garganta incrementa, siente una dificultad para respirar pero los gritos no se detienen. “¿Cómo?” se preguntará “¿Cómo ha llegado a esto? ¿Qué ha hecho para parar así?”
Y a pesar de necesitar respuesta escucha la soledad, el silencio, un cuarto vacío. No hay ayuda, amor o calor que le ayuden parar ese llanto de insoportable dolor. Lleva sus manos al pecho, se arquea hacia delante y se deja caer de rodillas. Se encoge en si misma, agarrando, tirando de sus ropas, intentando desgarrarse, arrancarse el dolor. Se arraña en un abrazo a si misma, la sangre brota pero el dolor de su corazón no le deja sentirlo y las lágrimas impedirán verlo. Sigue chillando, la garganta le duele, le quema, le sangra por sus propias uñas pero nadie viene a ayudarla, nadie la coge en sus brazos y explica lo que
ocurre. Esta sola, sola tirada en el suelo. Los arañazos continúan, la piel queda desgarrada pero no siente nada; solo quiere, desea que el dolor en su pecho pare.
Luego, después de varias horas de sufrimiento, vislumbra algo en su alrededor, algo brillante. Un espejo le sonríe y ve en el su reflejo. Un rostro inundado de lagrimas, ojos rojos como la sangre. Ve su cuerpo, heridas en todos los lugares, la ropa desgarrada. Deja caerlo asustada y se rompe en pedazos. Su reflejo se multiplica y vuelve a incrementar el dolor. No conocía la multitud, nunca la sintió, nunca la vio. Acerca su mano a uno de los cristales, lo agarra con fuerza, como si su vida dependiera de ello y no siente como se corta la piel de tu mano y la sangre fluye fuera de ella. Intenta detenerse pero no puede, su mano parece moverse por propia voluntad, guiada por su corazón. Ve acercarla poco a poco a ella. Después, por fin había conseguido calmar el dolor, mientras su sangre manaba de su pecho. Sueño… un sueño la invade y cae al suelo. Su vista desaparece, todo
se vuelve negro y, finalmente, en un ultimo aliento sonríe. El dolor, la soledad, la tristeza, todo se había ido…

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