Locos, tontos e ingenuos

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Mucho temo amor mío que la noche ha llegado, y por atiborrada de estrellas que la encontremos, su luz no
acalorará tu torso tatuado.

Tatuada estás con las marcas del
día anterior, las sutiles llagas que rasgué en tu lienzo marrón. Asegúrate de
guardarlas, no olvides atesorar hasta la más mínima prueba, ¿prueba de qué? Te
preguntarás, prueba de que fuimos y existimos, prueba de que pudimos pero no
quisimos, de lo tontos, de lo amargos, de lo desquebrajados que quedamos.

Guardaré en tu nombre
también una partícula por cada vez, una pequeña muestra de materia que me
recuerde como es, como es esta vida y sus vaivenes y cuán grandes los ojos se
abren tras las cosas que no tienes.

 

Para al menos recordar como
caí en este funcionalismo existencial, consistente en derrotarse y aceptar por
buena la causalidad.

 

Míranos, tan jóvenes y tan
demacrados, apenas dos décadas y los pliegues de nuestras arrugas ya encierran las historias del
tiempo cuando éramos malcriados. Pero somos más sabios y tenemos más conciencia,
y lo puedo demostrar, pues aun hoy tras tu ausencia, te he espero con
paciencia.

 

Fuimos locos, fuimos tontos, fuimos ingenuos
peones de un juego sin final de partida. Fuiste la locura, encarnada en tu
prosa reprimida, y así fui la tontería de perderme en el hoyuelo en tu mejilla,
de repente nos convertimos en ingenuos, ya nada tenemos, ya nada perdemos. 

Comentarios

  1. Josette

    19 abril, 2013

    “pues aun hoy tras tu ausencia, te espero con paciencia.” Me identifico con esta poesía… Es muy linda.

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