Lucha de realidades

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    La realidad es algo temerosa. Para alguien quien no la
    asume, no la acepta puede ser la peor pesadilla existente; pero para alguien
    quien para “sobrevivir” tiene la necesidad de la fantasía y a su vez de la
    realidad, vive aún peor, vive en la oscuridad.
    Imagina, sabe a perfección que sin estudios, sin dinero, sin trabajo está
    perdida y al tiempo tiene tales problemas “irreales” que no le permiten hacerte
    cargo de ello.
    Resulta que anda estudiando pero en su mente vuela el recuerdo de la persona a
    la que ama y que por razón que sea no “existe” en su mundo. Seguramente en lo más
    profundo lo sabe, pero esos sentimientos y la seguridad que siente con él le
    impiden aceptarlo, haciendo que viva parte de su vida en ese sueño.

    Resulta que camina por la calle, nunca había estado ahí pero
    recuerda hechos relacionados con el lugar. Se para y se pone a pensar y ve
    personas desconocidas que le hacen recordar <<¿Ha estado aquí antes? ¿Lo
    habrá visto en sueños?>> Esta confundida y su espíritu sigue sin saber
    que creer: en la realidad o en algo más.
    Duerme de noche y sueña bien. A la mañana siguiente resulta que todo ya lo sabía:
    que el teléfono iba a sonar, que su vecino iba a venir. Tiene miedo pero
    prefiere no decir nada por temor a las risas. Va pensando que esta confundida y
    tiene visiones sin sentido e intenta deshacerse de todo.
    Resulta que para olvidad necesita llamar a su amiga pero no encuentra el
    teléfono móvil, que extraño, si lo había dejado en la mesa minutos antes.
    Comienza a buscar: arriba, abajo, dentro, fuera… Nada, no está.
    Se rinde y se sienta para pensar y ¡mira! aquí está, en la mesa, que antes
    había estado vacía.
    Resulta que su amiga no puede quedar, esta fastidiada y se queda en casa.
    Hace calor pero no se quiere mover para encender el ventilador, suspira y se
    siente a escribir y leer y escucha como de repente se enciende. Mira con miedo
    y lo apaga, estaba sola en casa y nadie estaba cerca del interruptor. ¡Ya
    basta! No aguanta, han ocurrido demasiadas cosas y además ve lo que no se debe
    ver y escucha lo que no se debe escuchar. Manda al demonio la realidad que
    tanto se necesita y confía por alguna razón en esos brazos invisibles que la
    acunan cada noche, confía en las personas que aparecen y confía en su extraña
    suerte.
    A pesar de que le da miedo lo acepta pero no se lo dice a nadie, vive solo con
    ello, solo ella y esas cosas.
    Finalmente, al paso del tiempo se da cuenta que todo tiene sentido. Que algo
    que no debería estar existe dentro de ella causando todo esto.
    Llora, ríe, grita… no sabe qué hacer. Sangre, necesita verla aunque sea suya
    propia. La luna, la luz tan mágica que le permiten soñar cosas reales, que le
    permiten ver.
    La lluvia, la lluvia que cae al son de sus lágrimas y que permiten recordar,
    escuchar.
    Esto, lo que nos rodea no es real, no existe, son engaños que nos mantienen
    prisioneros, prisioneros en un mundo en donde la esperanza es un mito, en donde
    el bien y el mal han dejado de existir y solo son espejismos, en donde el poder
    y la insuficiencia ciegan los ojos.
    Intenta detenerlo, pero es imposible. Solo ella, solo ella sabe lo que ocurre.
    Sus instintos, sus sentimientos, sus recuerdos y los que son más que eso la
    avisan cada día. Algo…algo va a ocurrir.

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