No hace falta que me cuentes

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Y no hace falta que me cuentes, que ya sé que me estarás esperando, descalza, en el pequeño prado de la iglesia, junto al acantilado.

No me digas que me esperas, como todos los años, en la cuesta empedrada que lleva a las últimas casas de la isla. Estarás sonriente y calma, avistando nuestro coche rojo y matrícula de España, sorteando gente y un caos de tablas de surf.

Desde el invierno de este Mediterráneo atormentado imagino ya tu Océano amplio y nítido. No necesito cerrar los ojos para ver el oleaje, escucho la espuma silbando sobre la arena. No hace falta que me escribas. Gracias por las fotos del último verano.

Me encantó tu correo electrónico con las explicaciones, tan líricas, tan tuyas, sobre el nombre de la Isla. Las ballenas ahora no se ven, pero quedan los nombres, y los gestos de la gente de la aldea, y los carteles de las carreteras. Parece que la vida allí se sumerge al atardecer, cuando el sol de poniente se eclipsa detrás de las Berlengas, forzando el amanecer en América.

Ya oigo el acento de esas familias de Lisboa, con sus pelos canosos, a la antigua, y sus sirvientas africanas, en sus adorados audis de carrocería familiar. Cargados de niños cobrizos y delgados, que ya corren descalzos por la Travessa do Por Do Sol.

Las sombrillas de colores chillones se agitan solitarias a la hora de la bica, ese café negro y bebido en dos sorbos, con vistas a la ensenada, que inaugura la siesta. Los paraventos de rayas anaranjadas y azules son los muros que protegen esas pequeñas bibliotecas de verano, sus miles de libros reflejando en silencio la claridad del Atlántico en sus solapas.

Espérame, no hace falta que me cuentes, que ya cruzo tu llanura, ya atravesamos el inmaculado Vasco da Gama, que parece volar sobre el mar del rio Tejo. Ya sabes, llegaremos como todos los años, sobre las cinco y media de la tarde. A esa hora la isla estará envuelta por la bruma fría del verano, y desde la altura de la autopista se verán las dunas con sus kilómetros de calma.

No hace falta que me cuentes, que nos dirás benvindo, viajem y obrigado. Todas esas palabras tan mágicas que no se dicen a este lado. Todas esas risas, esos paseos de señoras que se agarran del brazo sin prisas, con la marea baja, y de fondo los gritos de gaviotas surfeando.

No me cuentes por favor, déjalo para el verano.

Comentarios

  1. LUIS_GONZALEZ

    12 marzo, 2013

    Increíble relato lleno de imágenes y vivencias que fueron y esperan ser disfrutadas, mi voto…

  2. Jose María S Alfonso

    12 marzo, 2013

    Gracias por tu entusiasta comentario. Me alegra tanto haberte causado ese placer en la lectura, que para eso escribo…un abrazo.

  3. SALAMANDRA

    12 marzo, 2013

    Que paisajes mas bellos dibujaste con tu pluma Jose Maria
    Hasta me dieron ganas de ir a Portugal.

  4. VIMON

    12 marzo, 2013

    Un texto muy poético, José María, que amerita una felicitación y, por supuesto, mi voto.

    • Jose María S Alfonso

      13 marzo, 2013

      Gracias Vimon por tu comentario, es un placer escribir aquí en Falsaria, para mis amigos , un abrazo !

  5. jose maria s Alfonso

    13 marzo, 2013

    A quien quiera que me dio el décimo voto yo le doy un beso. Ole!

  6. nanky

    15 marzo, 2013

    José María es más que una hermosa descripción, guarda un perfume de tu esencia. Un gran saludo desde Buenos Aires. Estoy atrasadísimo con las lecturas, sabes qué pasó con Volivar?

  7. José Maria s Alfonso

    15 marzo, 2013

    Gracias amigo Diego ! Por tu comentario deduzco que ves un estilo en mi escritura.
    Un abrazo !
    Por cierto que no sé que ocurre con Volivar. Quizá ande muy liado con su periódico

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