Susurros - Juego de estrategias

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Era una noche común y corriente de verano, la luna recién se asomaba por sobre las montañas y las estrellas adornaban la ciudad con su resplandor. Era una noche romántica para cualquier pareja que quisiera disfrutar la agradable brisa, dando un paseo por las calles. Pero esta noche Alicia y Sebastián preferían conversar por teléfono hasta tarde, era su forma de compartir lo que les había sucedido durante el día, a pesar que no se habían visto hacía varios días.

Los minutos pasaron rápido y la conversación amena los mantuvo entretenidos sin notar el paso del tiempo. Pero el agotador día ya comenzaba a pesar en sus ojos y los bostezos aparecieron caprichosos. Antes de despedirse, un sonido extraño traspasó del auricular al oído de Sebastián dejándolo muy inquieto. Por unos segundos guardó silencio para ver si se repetía aquel ruido. Ella continuaba hablando y tras su voz se repetía constantemente un inquietante susurro.

— ¿Escuchaste eso? —preguntó él.

— ¿Qué cosa?

Alicia guardó silencio unos segundos conteniendo incluso la respiración, intentando percibir algo, pero no escuchó nada. Sin embargo esos segundos le permitieron a Sebastián oír con toda claridad.

—Esta noche la mataré…

Al instante se le erizaron todos los pelos y un profundo escalofrío recorrió toda su espalda. El susurro amenazante se repetía sin parar como una grabación constante y aterradora. Sin duda lo que él había escuchado, no lo había oído Alicia.

Sebastián intentó calmarse y no evidenciar lo sucedido, pero sus manos temblaban y su voz se apagaba, dejando que ella guiara el resto de la conversación. Su mente estaba maquinando la manera de inventar una excusa para ir a su casa, aunque ya estaban de acuerdo en que no se verían.

— ¿Harías una locura conmigo esta noche? —preguntó él insinuantemente.

Alicia con ánimos de pasar una agradable velada, hizo una pausa en lo que decía y le respondió que sí. Luego calló unos segundos esperando que Sebastián le diera los detalles de su plan nocturno. Pero él colgó el teléfono ante la sorpresa de ella y salió rápidamente de su casa rumbo a su auto. A los pocos minutos la llamó desde su celular, así no perdería la comunicación con ella durante el trayecto.

A ella no le extrañó para nada lo que él hacía, ya lo había hecho otras veces; la seducía mientras avanzaba por las calles, hasta que llegaba a su casa y la encontraba esperándolo ansiosa. Pero esa noche lo notó distinto, algo distraído y sin ánimos de seducirla, más bien hablaba de lo mismo que ya había conversado anteriormente.

En tiempo real, a Sebastián le tomaba unos treinta minutos llegar a su casa, pero dada la urgencia de la situación él aceleraba a fondo lo más que podía, intentando reducir esa brecha de tiempo lo más que pudiera.

Los minutos avanzaban y él ya no sabía de qué más hablar para mantenerla ocupada mientras se acercaba cada vez más a su casa. Cada esquina, cada luz roja era una eternidad en su camino, y una vez dada la luz verde aceleraba a fondo nuevamente para estar con ella lo antes posible.

Estaba tan concentrado en mantener una conversación coherente y manejar a la vez que durante todo el trayecto no había percibido aquel susurro nuevamente, hasta que entre las palabras de ella, se dejó oír otra vez.

—La hora ha llegado…

En ese preciso instante, en medio de la gastada conversación, sonó el timbre de la casa de Alicia.

—Amor espera, tocan a la puerta, iré a ver quién es y vuelvo.

Él no alcanzó a impedir que fuera, sólo escuchó sus pasos alejarse hacia la puerta y nuevamente aquel susurro se dejó oír con más claridad aún:

—La hora ha llegado…

El terror se apoderó de él, su corazón latía como si fuera a salirse de su pecho, gotas de sudor frío caían desde su frente por su cara haciendo caminos cargados de horror y desesperación. Por más que Sebastián intentaba escuchar algo a través del teléfono, nada se oía, sólo se percibía el vacío silencio de la habitación.

Comenzó a manejar de manera desesperada, dando las vueltas al borde de perder el control de su auto. Estuvo a punto de chocar en un par de ocasiones; pero seguía forzando el motor al máximo cada vez que podía. Mientras, ese silencio prolongado se volvía más aterrador aún que el mismo susurro.

Ya estaba a pocas cuadras cuando escuchó con alivio los pasos de Alicia acercándose nuevamente, sintió como se levantaba el auricular del teléfono y se cortó la llamada sin decir palabra alguna. Él se sobresaltó, su corazón latía con más desesperación que antes, sus manos sudorosas apenas sostenían con fuerza el ligero volante. Profundamente preocupado por ella, decidió llamarla nuevamente mientras continuaba acercándose a su casa.

— Aló ¿Quién es? —preguntó Alicia.

—Yo de nuevo… ¿Por qué me colgaste?

—Tú y tus bromas —dijo ella sorprendida— tocaste a la puerta para que te abriera, entraste, me diste un beso y fuiste directamente al dormitorio… ¿Ésta es otra de tus locuras para seducirme, señor extraño en el teléfono?

— ¡Qué dices! —Exclamó él— si yo recién estoy llegando a tu casa…

Sebastián se estacionó sin colgar la llamada, se apresuró a bajar y corrió hasta la puerta que estaba abierta. Entró a la sala oscura y al no ver a nadie acercó su teléfono para preguntarle a Alicia donde estaba. Mientras avanzaba sigilosamente por el pasillo ella le respondió:

—Acá estoy amor, esperándote en el dormitorio…

Por un momento se quedó petrificado pensando, si sería posible que ella planeara todo aquello tomando la iniciativa en esa noche de seducción y misterio. Él corrió por el pasillo hasta llegar a oscuras a la habitación. Al ver la silueta de Alicia recostada sobre la cama, sintió que volvía la respiración a su cuerpo. Sebastián le habló sin obtener respuesta, aún sostenía su celular en la mano sin haber cortado, entonces escuchó la voz al teléfono que decía:

—La hora ha llegado…

Él soltó el celular espantado y encendió la luz de la habitación. Ahí estaba Alicia sobre la cama bañada en un mar de sangre. Su corazón se paralizó por completo, su voz atorada en su garganta como si hubiera perdido la lengua. No podía creer lo que estaba viendo. Recorrió con su mirada todos los rincones de la habitación pero no había nadie más que ellos en el cuarto.

La sangre cubría todo su cuerpo apenas vestido con una lencería de encaje negro. Las paredes y el techo estaban salpicadas de rojo y cayendo desde los bordes hacia el suelo, las líneas de sangre que se esparcían por el piso. Alicia tenía los ojos abiertos, pétreos, perdidos en el infinito. Sebastián apenas podía tragar saliva, tenía un nudo infranqueable en la garganta y su cuerpo temblaba por completo.

No habían pasado ni dos minutos que estaba conversando con ella al teléfono y ahora la veía ahí muerta; él estaba totalmente choqueado y el terror hacía presa de todo su cuerpo. La vista se le nublaba por las lágrimas que comenzaron a brotar de sus ojos y llevó lentamente sus manos temblorosas a su cara, sin poder sacar ese grito desgarrador que se escondía en su interior. Encorvó la espalda llevando su cabeza en dirección a sus rodillas. Poco a poco sentía que se desplomaba sobre su humanidad.

En medio de ese silencio, prácticamente podía escuchar los latidos de su agitado corazón y el silbido agudo y delgado de su respiración que se apretaba en su pecho. No sabía qué hacer, sólo deseaba gritar sin poder hacerlo, quería correr hacia ella y abrazarla, pero sus pies permanecían anclados al suelo. Inmóviles como dos bloques de concreto. Rompiendo la tensión de esa escena macabra, se escuchó un fuerte grito desde la habitación de arriba.

— ¿Alicia? —pensó confundido.

Sin duda era su voz. Alzó la cabeza como impulsada por un resorte, enfocó su húmeda vista, y al mirar nuevamente sobre la cama, la imagen terrorífica de su amada muerta había desaparecido. No había nada en ese lugar, ni sangre, ni muerte, todo parecía completamente intacto.

Sin detenerse a pensar en lo sucedido, secó las lágrimas de sus mejillas y corrió a la habitación de arriba. Allí estaba ella, tendida en el suelo abrazada a las sábanas, llorando y notoriamente aterrada. Al verlo a contraluz volvió a gritar despavorida, pero al darse cuenta que era Sebastián, echó una mirada a la cama y se aferró a las sábanas con todas sus fuerzas. Sus uñas esmaltadas se enterraron en la tela produciendo un sonido como el crujido de una galleta.

Ella corrió a sus brazos y lo abrazó fuertemente sin dar crédito aún a lo que sus ojos veían. Intentaba decir palabras coherentes pero sólo balbuceos salían de su boca, su cuerpo temblaba por completo, su respiración agitada traspasaba el aire con un seseo que se convertía en un agudo silbido. Por un momento ella se soltó de sus brazos y se giró nuevamente hacia la cama.

— ¿Qué está pasando Sebastián? —dijo aún aterrada con los ojos impregnados de horror— Dime que no es una broma tuya por favor…

—No lo es amor, por favor cálmate…

—Te vi… estoy segura que te vi ahí en esa… esa cama… —las lágrimas interrumpían sus palabras— estabas… oh Dios… estabas muerto…

—Ya no digas más… cálmate…

Sebastián impidió que siguiera hablando pero tenía claro que ella había experimentado una visión muy similar a la de él. La abrazó fuertemente intentando calmarla, mientras ella no paraba de llorar y hablar frases incoherentes apenas reconocibles entre los sollozos. Ninguno podía explicar lo que había sucedido esa noche, pero Sebastián sentía la urgencia de salir de la casa lo antes posible.

Paso a paso se encaminaron escaleras abajo, las piernas de Alicia parecían doblarse cada dos pasos, mientras su cuerpo temblaba sin control. Cuando ya iban por el pasillo hacia la puerta que aún permanecía abierta, las luces se encendieron y comenzaron a parpadear. Las murallas se teñían de rojo, como si sangre fluyera a borbotones desde las esquinas y bañara el piso de la habitación.

Sebastián le tapó los ojos a Alicia para que no viera el horroroso ambiente que los envolvía. Mientras, continuaban avanzando por el pasillo hacia la salida. De pronto la puerta se cerró frente a ellos, Alicia se sobresaltó y soltó un pequeño grito ahogado por el pánico. Sebastián hizo que Alicia se arrodillara en el suelo mientras el rojo líquido viscoso comenzó a caerles encima, mientras él forcejeaba con la puerta.

Después de tirar de la manilla con todas sus fuerzas por enésima vez, ésta se abrió y ambos salieron de la casa aterrados. Apenas avanzaron unos metros desde la puerta, cuando la casa se iluminó completamente. El blanco resplandor que salía por puertas y ventanas se convirtió en llamas con una gran explosión.

Por unos pocos segundos habían logrado salvar sus vidas. Los vecinos salían a ver lo que ocurría, mientras en medio del fuego se oían voces aterradoras, mezcladas con el silbido de las llamas ondulantes, como susurros de muerte.

 

Freddy D. Astorga

http://metropolis-vii.blogspot.com

 

Comments

  1. Butterfly

    27 marzo, 2013

    Atrapante…excelente. Felicitaciones, Freddy ;)

    • metropolis_vii

      27 marzo, 2013

      muchas gracias Mariposa, estaba ansioso de que se publicara…. ha sido la historia más esperada por mi parte, un beso

  2. volivar

    27 marzo, 2013

    Metrópolis…. sencillamente fenomenal… uf, hasta yo estuve a punto de correr a esconderme.
    Mi voto
    Volivar

    • metropolis_vii

      27 marzo, 2013

      muchisimas gracias Volivar, esto es lo que me gusta hacer, transmitir ese vertigo, esa angustia y ese panico que envuelve a mis personajes, un abrazo

  3. Lidyfeliz

    27 marzo, 2013

    Por favor, metropolis!! No me dejaste respirar! Qué bien contado, con el suspenso justo. En lugar de un policial resultó un relato de género fantástico, pero no puedo más que decir EXCELENTE! mi voto

    • metropolis_vii

      27 marzo, 2013

      Muchas gracias lidy, creo que es mi fuerte, el suspenso y terror, un beso

  4. elpotro

    27 marzo, 2013

    juego de suspenso a full!!!!!!!!!! Muy bueno!!!!!!!

  5. RafaSastre

    27 marzo, 2013

    Gran relato de terror, Freddy. Muy conseguido el suspense al que nos sometes. Mi voto y un abrazo.

  6. LuchoBruce

    30 marzo, 2013

    Lo.dicho Freddy, mucho que aprender de ti, excelente un voto, portada mi saludo Escritor, Lucho.

    • metropolis_vii

      1 abril, 2013

      Muchas gracias Lucho, creo que publicar junto a todos ustedes es gratificante, todos con ideas geniales y su manera particular de relatar, yo encontre mi estilo y se los comparto.

  7. Eva Franco

    30 marzo, 2013

    Increíble amigo, de principio a fin. Definitivamente eres un gran escritor y éste el género que más dominas. Ha sido un placer leerte y contarte entre mis amigos.

    • metropolis_vii

      1 abril, 2013

      Muchas gracias Eva, tal como le comente a Lucho, me siento bendecido de contar con ustedes como compañeros de letras. un beso

  8. VIMON

    31 marzo, 2013

    Muy buen relato, Freddy, saludos y mi voto.

  9. Manuel Gamez

    1 abril, 2013

    Este tipo de cuentos, son los que me atraen enormemente, espero aprender mucho de ti y lograr escribir algo tan interesante, ¡como lo que tu escribes!

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