Nos veíamos esporádicamente. La frecuencia era variable. A veces eran tres, cuatro y hasta cinco veces en un mes, en cambio otras… una vez cada cinco o cuatro meses. Nos arrendamos las vidas a un precio que nos convenía a los dos, hasta que llegó la inflación y la crisis terminó por hipotecarnos todo. Todo. Los sentimientos no quedaron indemnes. La carestía se hizo notar. Andábamos como locos vagando de acá para allá, a ver si entre un día u otro, podíamos llegar a encontrarnos. Sobrevivimos. Los años nos obligaron a flotar en la corriente. Yo sabía nadar, él no. Me preocupaba eso. Pensaba todas las noches si había logrado aferrarse a algo, si aún seguía entre nosotros, los que estamos más muertos que vivos, pero nunca tuve una respuesta. Sus sueños comenzaron a ser míos y suyos mis lunares. Sabía que en algún punto intermedio él pensaba en mí, así como yo también
pensaba en él. Descoordinadamente, pero lo hacíamos. Respetábamos nuestros espacios hasta llegar a la ansiedad, a la angustia, al desconsuelo y, finalmente, a la resignación. No entiendo qué querían que aprendiera. No entiendo por qué pasó lo que pasó, y quizá nunca lo entienda. Hay cosas que están hechas con la bruma de la mañana y el espesor de la noche. Hay cosas que jamás serán tan transparentes, como lo son los gobiernos y los contratos conyugales. Hay cosas que no tienen razón de ser, y sin embargo están ahí, porque no tienen nada mejor que hacer en la vida. Lo intentamos todo, pero nada de eso fue realmente suficiente como para quedarse, porque se nos olvidó algo: querernos.
volivar
Lucy: qué belleza con la que expresas las cosas del amor, o, más bien, del desamor. Felicidades.
Mi voto
Volivar
VIMON
Buen texto, Lucy. Saludos y mi voto.
Trigo
Me gustó mucho. Lleno de sentimiento e intriga, además de que esta escrito muy claro y preciso, impecable. Gracias.
AmilcarMartinez
Estupenda prosa poética. Congratulaciones, Lucy!! Dejo mi voto ♥ 6. que es lo mínimo que puedo hacer por este artículo.