Mis ojos yermos, sin color, sin luz,
aprendieron a imaginar la forma del viento y el color del espacio vacío,
sintieron el olor del sol y el calor de la flor porque estabas tú,
y sintieron el azul del agua y el candor del rio.
Aprendí a mirar con las palmas de las manos
y descubrí los colores con el dorso en tus mejillas,
conocí el amor con mi dedo índice entre tus labios,
y mire el dolor un par de veces en tus lágrimas,
chiquilla.
Tus dedos pusieron luz en mis parpados inertes,
y tu risa traviesa ilumino el camino mientras te buscaba,
a través de mi desbordada ilusión pude verte,
y mi mente y corazón estaban ciertos que te amaba.
Mi ceguera idealizo un mundo perfecto,
con tus ojos y tu claridad siempre brillo mi añoranza,
me olvide por un momento de todos mis defectos,
y puse todo lo que soy en una vana esperanza.
Un día cualquiera abriste los ojos y te cegó la verdad,
no viste vida en mis ojos y el dolor te golpeo sin piedad,
no podías seguir amando a un ciego, era la cruel realidad,
no podías encadenarte a una eterna oscuridad.
Mis ojos secos, aprendieron a llorar sin ti,
las tinieblas borraron la memoria del color y me olvidaste tú,
ciego en el principio y cegado sin remedio hasta el fin,
ciego porque arrancaste mi mirar y te robaste la luz.

LUIS_GONZALEZ
Hermoso poema, felicitaciones…
Mabel
Luis, me ha encantado, mi voto y un abrazo
VIMON
Buen poema. Luis.
Eva.Franco
Luis qué manera de sentir a un personaje. Al leerlo sentí la fuerza del invidente que mira con sus manos y siente los colores con las sensaciones de su piel. ¡Hermoso!