Ciego

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Mis ojos yermos, sin color, sin luz,

aprendieron a imaginar la forma del viento y el color del espacio vacío,

sintieron el olor del sol y el calor de la flor porque estabas tú,

y sintieron el azul del agua y el candor del rio.

 

Aprendí a mirar con las palmas de las manos

y descubrí los colores con el dorso en tus mejillas,

conocí el amor con mi dedo índice entre tus labios,

y mire el dolor un par de veces en tus lágrimas,
chiquilla.

 

Tus dedos pusieron luz en mis parpados inertes,

y tu risa traviesa ilumino el camino mientras te buscaba,

a través de mi desbordada ilusión pude verte,

y mi mente y corazón estaban ciertos que te amaba.

 

Mi ceguera idealizo un mundo perfecto,

con tus ojos y tu claridad siempre brillo mi añoranza,

me olvide por un momento de todos mis defectos,

y puse todo lo que soy en una vana esperanza.

Un día cualquiera abriste los ojos y te cegó la verdad,

no viste vida en mis ojos y el dolor te golpeo sin piedad,

no podías seguir amando a un ciego, era la cruel realidad,

no podías encadenarte a una eterna oscuridad.

 

Mis ojos secos, aprendieron a llorar sin ti,

las tinieblas borraron la memoria del color y me olvidaste tú,

ciego en el principio y cegado sin remedio hasta el fin,

ciego porque arrancaste mi mirar y te robaste la luz.

Comentarios

  1. Mabel

    15 abril, 2013

    Luis, me ha encantado, mi voto y un abrazo

  2. Eva.Franco

    17 abril, 2013

    Luis qué manera de sentir a un personaje. Al leerlo sentí la fuerza del invidente que mira con sus manos y siente los colores con las sensaciones de su piel. ¡Hermoso!

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