Encendió su cigarrillo de forma tan lenta que le deleitaba el saber que aquel momento duraría para siempre. El humo ascendía por la estancia en busca de un sitio donde posarse, buscando un camino el cual pudiera transitar sin límite alguno, pero el observaba detenida y divertidamente como los esfuerzos le resultaban inútiles pues solo encontró las viejas tablas del techo. Sin haber dado una sola calada, se reclino en su silla viendo como la nicotina desaparecía lentamente en el cigarro. Con una mueca de sonrisa, acariciaba cuidadosamente el papel que encerraba lo que su familia denominaba su pronta partida. Al pensar en el argumento que sus hijos le daban para dejar el cigarrillo, no pudo evitar soltar un leve bufido. Le parecía gracioso que el fin de su vida fuera a causa de un mal, pero placentero, hábito y no su sátira barata que derrochaba cada vez que escribía.
Dando el primer toque al cigarrillo con sus labios, el tiempo se esfumo como lo hacía normalmente, y la magia se perdió en el humo que descendía a sus pulmones. Allí supo que no todo era para siempre, en algún momento el fin llegaría. Pero eso era lo que lo mantenía despierto un domingo de abril, en la madrugada; el final de su novela. Después de los grandes giros que desarrolla todo genio en su obra, no hallaba la forma de dar un ligero pero determinante toque final a su trama. Las ideas, como habían venido, se marcharon sin dejar rastro alguno. Los bellos personajes estaban estancados en una especie de limbo donde su rumbo no era determinado, donde sus vidas habían perdido interés y donde sus actos no valieron la pena relatar. Curiosamente, entendió que había caído en el vicio de la rutina, el cáncer de la vida.
Ahora que sus pensamientos estaban dispersos, una pequeña luz de esperanza se albergaba en su corazón donde creía que del humo surgiría tan esperada idea. Pero, incluso en su estado de desesperación, se rio de sí mismo por ver que aquella esperanza no era más que un triste ápice de mediocridad. Pues bien, las ideas se habían agotado y la trama se perdió en un montón de hojas que deshecho. Abatido, claudico en su labor. Mientras llevaba su cigarrillo a la boca, pensaba en que iba a pasar ahora, su mente le había abandonado y el tan elogiado don se escondía tímidamente en la blancura que era su imaginación. Con las grandes vicisitudes que encontró, se dedicó a ver como el humo seguía apaciguado, sin salida, estancado en un mundo tan pequeño que su forma, de por si indomable, lograba encajar en pequeñas partículas unidas que conformaban una cosa, una forma.
Se encontraba tan absorto en la nimiedad del entorno, que había olvidado la gran opera que sonaba de fondo, a bajo volumen, en la radiola que había heredado. Los sonidos, sin ser invitados, empezaron a aparecer en el ambiente del hombre. De igual manera que un invitado inesperado, penetraron sigilosamente en el aire sin que su presencia pudiera ser fácil de notar. Paso a paso, abriéndose camino, pudo ubicarse como espectador de primera fila en el espectáculo que armaba el humo, danzado esentidamente en el centro, sin lugar a donde ir. La música se percató de que la hostilidad formada por el humo encerrado, provocaba que los demás elementos se sintieran en la obligación de apartarse de la escena. Ahora, todos con la mirada fija en
aquella bella danza donde el más ansioso por ver era el escritor, el espectáculo se transformó en algo apacible y tierno de ver. Pero las notas aun eran débiles para imponerse, el simple sonido de los instrumentos no bastaba para dominar al sumiso pero hostil humo que estaba ya impaciente por su forma limitada y contenida. Llego a primera fila, pero sus esfuerzos resultaron infructíferos que aún no lograba captar la atención del danzante.
Curiosamente, el hombre no se enteraba, aun, de la presencia de la música que esperaba pacientemente en la primera fila. Con la rutina del humo en el techo aprendida de memoria, la vista de este crítico se desplazó, sin mayor interés, por la estancia buscando algo que pudiera ayudarle. Fue en ese momento donde un gran estruendo salió de la radiola, una voz imponente que cantaba desde lo alto para llegar a lo bajo y subir de nuevo de una forma que resultara bella, pudo llamar la atención. Pero no
se percató en el origen, su atención se desvió para aquel espectador que esperaba con ansias por danzar.
Ahora, la música vestida de forma elegante, galante por la armoniosa unión de la música y la voz, dirigía su mirada determinante a los ojos del escritor que, con cierta mueca de asombro, reparo en quien le desafiaba sin descaro, sin saber que, en ese momento y lugar, era el dueño de la vida y quien decidía la muerte en ese baile de inspiración. Repuesto de la sorpresa, el hombre, sin bajar la mirada, invito a la música para que pudiera danzar con el ya agotado humo.
Con paso firme, la mirada fija en la nueva forma del humo, se acercó decididamente sin mostrar pizca alguna de debilidad. El humo, encarando el momento, capto que venían para domarle. Resistente, por un nuevo cigarrillo que había encendido el escritor, acepto su pareja de baile sin conocerle aun. A pesar de que su forma estaba definida por los límites de la habitación,
el humo tenía en su esencia la libertad propia de las no-formas, lo cual provocaba en el ambiente cierto sentimiento de tensión. Pero aun así, acepto la invitación a bailar. Juntos, unidos por los pasos del más fino baile jamás imaginado, se desplazaron por la estancia sin encontrar obstáculo alguno. Con el refinamiento más puro antes visto por el hombre, los pasos del baile se realizaba con el toque fino propio de los expertos, con la tranquilidad inamovible de los amantes y con el amor únicamente visto en los más puros de corazón, y esto sin aun conocerse.
Mientras observaba como la música se trataba de imponer en el humo, este se percató de algo peculiar. El humo, habiendo notado ya el ánimo de imposición que tenía la música, se dejó guiar. Pero el crítico, inspirado en el baile se irguió en la silla, tomo la pluma que reposaba en el escritorio, y redacto su ansiado final.
“Recostado en el viejo sillón de cuero que había heredado de su padre, machacado por la vejez y olvidado por la humanidad, encendió la vieja radiola, el único recuerdo que había quedado se juventud bohemia, y escucho la notas liberadoras que el soprano imprimía en la opera. Cerro los ojos, las notas entraban de una forma humilde y bella por sus odios, sintió como recorrían su cuerpo buscando en los más profundo de su ser aquel haz de luz que queda aún después de viejos. Su jovial espíritu, que nunca había muerto, salió danzando por la estancia en busca de un nuevo mundo, mientras él, el agotado cuerpo, yacía yerto en la silla, viendo cómo se cerraba la puerta de la vida. ”
Satisfecho por el final que había plasmado, encendió un cigarrillo mientras se reclinaba, nuevamente, en la silla. Aun el humo y la música danzaban encima de su cabeza, sin necesidad de espectadores, viéndose a los ojos y descubriendo su esencia. Pero el humo, en tanto gozaba del tacto de la música, comprendió que no necesitaba un camino sin límites ni forma para poder ser libre pues la esencia de esta no es más que liberar el espíritu de la forma. Y, de una forma inexplicable, el tiempo se detuvo para que aquel momento durara para siempre.


AaronSuspense
Siento una identificación completa con el cuento. Es un homenaje a la inspiración de un escritor, en un momento muy íntimo.
¡Felicitaciones y Bienvenido!
¡Saludos!
Mabel
Me ha encantado, te doy mi voto y un abrazo
volivar
Trovador, te felicito por esta narración tan bien elaborada, con un lindo estilo, que cumple con lo que exige un buen texto literario: claridad, precisión, lógica en el desarrollo. todo muy bien.
Además muy bien cuidado el uso de las herramientas, las palabras, acentuadas, punteadas.
Eres bueno en esto, Adelante, bienvenido, El mundo literario te espera.
mi voto volivar (Jorge Martínez. México)
Sandra.Legal
Fascinante relato. Muy bien llevado. Una metáfora que crea el clima para que el lector vivencie ese instante, ese momento en que la inspiración se hace cómplice de la razón y juntas dan a luz textos como éstos. Me quedé maravillada. Felicitaciones Trovador
Bienvenido y un fuerte abrazo.
Te sigo leyendo.
Escribo.por.gusto
Me siento totalmente identificada. Estoy estancada con un proyecto concreto y la sensación es la misma. Gracias por tu relato y bienvenido!!
WalterBarba
Los pequeños detalles, el uso de los recursos literarios que se funde en la historia y casi son imperceptibles, es simplemente excelente la forma en que escribís. Muy interesante, debo leer más! tienes mi voto