Apenas tuve tiempo de despertarme y la pesadilla se transformó en realidad. Al pasar junto al espejo lo vi. Se reía con la boca muy abierta, desencajada, sujetándose el vientre con las manos. Cerré los ojos un momento y cuando los abrí, allí seguía el espectro, con aquellas convulsiones de risa silenciosa. Me aparté asqueada.
En la cocina me serví una infusión. Al depositarla sobre la mesa, la taza tintineó contra el plato. Quise poner en orden mis pensamientos.
Esa madrugada había llamado a Julián. La discusión, sin sentido, se prolongó hasta llegar a las vejaciones y las palabras afiladas, cargadas de hiel. Después de años de relación, uno tras otro, los reproches se amontonaban como naipes, y él se envolvía en la indiferencia; un escudo para no caer más hondo. Alcé la voz y, el monólogo, quedó interrumpido cuando él colgó.
El agotamiento me llevó del llanto rabioso al llanto discreto. Los sueños me atraparon en aquel espejo y aquella boca desfigurada por esa risa malévola.
Por favor, no me llames, leí en el móvil.
«También yo necesito silencio», pensé. Y no lo llamé.
Decidí ausentarme de la ciudad y pasar unos días en un refugio de montaña. Al cabo de una semana, regresé. Seguíamos sin comunicarnos.
Aquel día, desperté en mi cama, pero sin saber dónde estaba. El espectro se había adueñado otra vez de mi vigilia. Miré al espejo con horror. ¡Qué risa maligna! La cortina ondeó y, a un golpe de viento, restalló. Me incorporé de un salto.
Salí a la calle y me crucé con Luis, un compañero de trabajo de Julián.
—¿Y Julián? ¿Cómo evoluciona?
—¿Julián? ¡Ah!, Julián, … bien, bien —improvisé, y escondí las manos temblorosas en los bolsillos del abrigo—. Disculpa, llevo prisa.
Volví sobre mis pasos. Llamé a Julián. El móvil estaba apagado o fuera de cobertura. Hice varios intentos por comunicarme con alguno de sus familiares hasta que, por fin, su hermano atendió mi llamada. Me explicó que Julián había tenido un accidente de coche muy grave hacía una semana.
Al recoger las llaves, vi al espectro regodearse: las piernas en alto, las manos sujetándose la oronda barriga y aquellas muecas… Agarré el bolso al vuelo y en dos zancadas estaba en la calle de nuevo.
A Julián lo encontré inconsciente con la cabeza cubierta de vendas y gasas. Supe que tenía varias costillas rotas y contusiones por todo el cuerpo. Los médicos no supieron explicarme ¡cómo seguía vivo!. El impacto más fuerte se lo llevó en la cabeza. El rostro convertido en un amasijo de piel y músculos desgarrados. Aún era muy pronto para aventurar cuál sería su evolución y si tenía el sistema neurológico muy afectado.
A la salida del hospital, trastabillé. Me senté en un banco. «¡Julián ingresado con la cara destrozada desde hacía una semana! Me reto a que no lo llamara y, por orgullo, así lo hice. ¡Maldita sea!».
Regresé a casa despacio, tratando de entender qué vida nos esperaba. El espejo me devolvió la imagen de una mujer desorientada, hundida y profundamente triste y, al fondo, al espeluznante espectro, retorciéndose de risa en el suelo.

Sandra.Legal
Muy buen relato Julieta . Has retratado , a mi entender, el reflejo de la bronca socarrona y de la ira…
Me gustó. Enhorabuena. Mi voto
Un fuerte abrazo querida.
Julieta Vigo
Gracias, Sandra por la lectura y el comentario.
bearui
Hola Julieta,
Me ha gustado mucho este relato y sobre todo ese interrogante que dejas abierto al final.Me resulta chocante la palabra “trastabillé”, está en desuso y algún acento por ahí. Pero dan ganas de saber que va a pasar con los personajes.
Ando con mucho lío aunque sigo escribiendo.
Besos y mi voto.
Bea
Julieta Vigo
Gracias, Bea. La idea, siguiendo las recomendaciones de Óscar, era darle “esferidad” al relato. Por eso empieza y acaba con el espectro.
Por cierto, la palabra “trastabillar” (dar un traspié) me encanta.
Un besazo, princesa.
LUCIA UO
Querida Julieta.
Me encantó.
Lo disfruté de principio a fin.
No tiene desperdicio. Muchas reflexiones para meditar.
En algún momento nos podemos sentir identificados con la situación que describes.
Un gran abrazo y un corazón.
Julieta Vigo
Gracias, Lucía. Me alegra que hayas leído entre líneas.
Un beso.
LUIS_GONZALEZ
Muy buen cuento, me encantó,mi voto y felicitaciones…
Julieta Vigo
Gracias, Luis. Me divertí escribiéndolo, pero sobre todo, corrigiéndolo. Aprendí un montón.
Mabel
Julieta, me ha gustado mucho el cuento, como lo has narrado y la magia con la que me has envuelto en
ese misterioso cuento, un abrazo y mi voto.
Julieta Vigo
El espectro, Mabel, no deja de ser nuestro propio miedo o el destino que se ríe de nosotros. ¿Quién sabe?
Gracias por tu lectura y comentario.
volivar
JULIETA. siempre he admirado esa destreza para elaborar tus narraciones. Èsta refleja esas broncas matrimoniales, las desilusiones, las penas de un matrimonio en decancia. Y ese final, amiga, de toda una señora escritora.
Te felicito. Volivar
Julieta Vigo
Sobre todo, quería resaltar el daño que producen los reproches en cualquier relación, y el destino cruel que a veces depara a algunas vidas ya que no tienen la oportunidad de corregir esas actitudes y los efectos devastadores que producen.
Un abrazo, amigo.
Saraiba
Me dejaste en tensión durante toda la narración!!! Consigues que el lector sienta lo que describes en tu personaje. Eso desde mi punto de vista “¡¡éche a caña!!” Un voto por mi parte y a ver si llegas a portada!!
Julieta Vigo
Pues entonces, logré uno de los objetivos, “crear tensión”. Gracias por tu comentario y lectura.
nanky
Tienes un gran talento, excelente relato. Mis felicitaciones y un gran saludo desde Buenos Aires.
Julieta Vigo
Gracias, amigo, pero más que talento se trata de perseverancia, de trabajo de corrección hasta lograr un resultado digno.
DavidRubio
Buen relato Julieta. Un abrazo
Eva.Franco
Está increíble, realidades muy bien narradas por ti. felicitaciones. Me encantó.
Mi voto