Por un instante todo se detuvo. Asistimos perplejos al momento. Nada se movía, tampoco se escuchaba. El cielo de pronto era una masa gris plomo, cerrado, macizo que parecía caería irremediablemente sobre nuestras cabezas.
Los vientos comenzaron a surcar, violentos, despiadados. Las maderas del barco comenzaron a gemir dolorosamente.
La lluvia comenzó a caer, punzante, torrencial.
Las olas que comienzan a elevarse imponentes, caóticas, con hambre de destrucción, 10, 20, 30 metros de altura, rompiendo en forma constante.
El estrépito que se escucha es el de 100 montañas chocando unas con otras.
La visibilidad es nula completamente.
Nuestro barco allí, en medio de aquella tormenta, era una cáscara de nuez; subía y bajaba decenas de metros, a merced de los caprichos de ese mar furioso.
Siete de una tripulación de veinticinco éramos los refugiados en aquel camarote. Teníamos la esperanza, remota, que en algún lugar de la nave había más personas con vida. No hablábamos.
De pronto se escuchó un estruendo que nos dejó aturdidos. El barco se había partido en dos y comenzaba a hundirse.
Nos aferramos a nuestros chalecos salvavidas y nos abrazamos intentando ser uno solo.
Ana, María, Santa, Luis, Leo, José y yo, Facundo. Estábamos aterrorizados, algunos rezaban encomendando su alma a Dios, otros lloraban, Ana y José se besaban pensando era el último beso.
En un rapto de fe, tomé una maleta en la cual guardé la brújula, bengalas, cuchillos, una pequeña caja metálica donde metí algunos medicamentos, fósforos y una pistola. Tenía una pequeña esperanza de supervivencia. Todos portábamos un tubo de oxígeno.
Sentimos el descenso al fondo del mar, en el trayecto nos golpeaban todo tipo de elementos, utensilios, materiales, hasta los cuerpos muertos de algunos compañeros. Perdimos la noción del tiempo.
La suerte estuvo de nuestro lado. La mitad del barco en la que estábamos se acomodó en una meseta de rocas.
Nos sentimos aliviados, nos reconocimos y comenzamos el ascenso. Nuestra profundidad rondaría los 100 metros.
Poco antes de salir a la superficie, nos detuvimos para buscar desde allí algún bote que se mantuviera a flote. Fue María la que pudo detectar uno. Todos nos dirigimos hacia el lugar donde se encontraba.
Rodeamos el mismo e intentamos abordarlo. La tarea fue trabajosa dada la violencia de la tormenta que complicaba cualquiera de nuestros movimientos en el agua.
Los hombres fueron los primeros en subir e inmediatamente ayudaron a las mujeres.
Los 7 habíamos abordado. Nos quedamos abrazados y juntos en el piso del bote, brindándonos calor y alentándonos. Sabíamos que más no podíamos hacer. Estábamos a merced del mar.
Sentimos en cada una de nuestras almas, la fragilidad del hombre frente a la furia de la naturaleza desatada. Sin darnos cuenta, nos dormimos todos.
Comenzamos a despertarnos al rato, lentamente, uno por uno. Solo Santa no despertó. Estaba muerta.
Leo intentó reanimarla pero era tarde. Ana la abrazó desconsoladamente, José intentó calmarla pero sin resultados, las lágrimas estallaron en los rostros de todos. Los gritos de dolor se los devoró el mar.
Santa era la más bella de todas, su cabello rubio, sus ojos verdes, su sonrisa franca y cristalina, su bondad, su calidez. Tenía 21 años.
Más calmados decidimos taparla con una lona y dejarla en un extremo del bote. Luis propuso dejar a Santa en el mar, idea rechazada por todos.
Hasta ese momento nadie se había percatado que la tormenta había cedido. El mar negro, oscuro, estaba calmo, la luna iluminaba su superficie y el cielo estaba iluminado por un sinfín de estrellas, muy pegadas unas a otras. El espectáculo era magnifico, era como si el universo estuviera encima de nuestras cabezas. No divisamos restos de nuestro barco.
Estábamos a la deriva. El reloj de Ana marcaba las 2 de la mañana.
Revisamos el bote y encontramos la caja de supervivencia, la cual estaba repleta de alimentos enlatados, botellas de agua, algunos dulces, bengalas y un manual.
Bebimos un poco de agua, nadie quiso comer nada y decidimos hacer guardias de 2 horas cada uno para que el resto pudiera descansar. La primera le tocó en suerte a Luis.
Nos acomodamos en el bote y nos tapamos con todo lo que teníamos a mano ya que el frío estaba hostigando duramente nuestros cuerpos. Nos abrazamos muy fuerte.
Comenzamos a dormir cuando los gritos de Luis nos sobresaltaron sobremanera.
-¡Estamos salvados, estamos salvados!
Todos comenzamos a preguntar que ocurría.
-Allí,- señalando hacia la inmensidad del mar. ¿Acaso no las ven?
-No, dije. ¿Qué ves Luis por favor?-
-Las dos carabelas.
Hicimos un gran esfuerzo para poder ver lo que estaba viendo Luis. Queríamos creer que realmente algo había. Pero era en vano. Nada había allí.
-Cálmate por favor Luis. Estás alucinando. No hay ninguna embarcación en ningún lado. ¿Tomaste agua del mar?
-Son unos idiotas, ¿Acaso no las ven?
-No Luis allí no hay nada, le respondió María en un intento por rescatarlo de ese momento.
Pero José si las vio.
-Si, si, allí están. No se mueven. Tiremos una bengala para llamar su atención.-
Luis corrió hacia la caja e inmediatamente disparó la primera señal. Aguardamos todos unos minutos pero nada ocurrió.
Solo José y Luis vieron como comenzaban a alejarse las carabelas. Presos de desesperación, se tiraron al mar y comenzaron a nadar frenéticamente hacia ellas, en medio de nuestros gritos rogándoles regresaran. La negrura de la noche se los fagocitó. En pocos minutos dejamos de verlos, también de escuchar sus gritos.
María y Ana lloraban desconsoladamente. Con Leo intentábamos calmarlas pero la situación era tan dramática que poco podía hacerse.
En pocas horas, tres de nuestros compañeros habían muerto.
Logramos la calma en el bote con sumo esfuerzo.
Leo se ofreció para la guardia. Las chicas intentarían dormir, yo también a sabiendas que no lo lograría.
Pasó un rato. Ana como María estaban dormidas. Cada tanto miraba a Leo. Quería estar atento a cualquier inconveniente que se presentara. Era mi mejor amigo. Nos conocíamos de la escuela primaria.
Miré el reloj. Marcaba las 3.15 horas.
Creo haber dormido unos minutos. Me desperté sobresaltado. Miré a las chicas que seguían durmiendo y desvié la vista al lugar donde se encontraba Leo…pero no estaba. Sin hacer ruido me incorporé con el fin de ubicar a mi amigo.
En el bote no estaba. Busqué desesperadamente en el agua. Tal vez se había caído, por diferentes motivos. No importaba. Tan solo quería encontrarlo.
Tiré una bengala al mar para iluminarlo. Fue allí que se despertaron Ana y María.
Asistí aterrorizado al momento en que Leo inexplicablemente flotaba sobre el agua y se alejaba del bote con dos mujeres desnudas, de largas cabelleras, que lo ayudaban a desplazarse. Lentamente. A los costados, restos de embarcaciones, maderas, hierros, utensilios antiguos, ¿huesos de seres humanos? Estábamos en un cementerio de barcos.
-¡Leooo!-grité con todas mis fuerzas. María y Ana, instintivamente comenzaron a gritar también.
Entonces ocurrió algo que no olvidaré jamás mientras viva.
El mar, debajo de los pies de mi mejor amigo, se iluminó. Una luz brillante emanó del agua. Del fondo. Llegaba hasta el cielo. ¿Qué era? ¿Qué estaba ocurriendo?
Pude ver como Leo se daba vuelta y sonriendo, levantaba su brazo derecho en señal de saludo. Seguía flotando en el agua con la ayuda de las mujeres; parecían sirenas…
Pero de pronto la luz se extinguió. Y todo desapareció. Leo, los seres, todo. La oscuridad tan solo.
Estuve a punto de tirarme al agua para rescatar a mi amigo. ¿Qué había ocurrido? ¿Fue verdad lo que vi? ¿O solo un sueño, una alucinación? Estaba muy confundido.
María gritaba y lloraba desconsoladamente. Ana se quedó en silencio en un rincón del bote.
Miraba fijamente un punto y se cuerpo se mecía hacia atrás y hacia adelante.
Estaba en shock. Abracé fuertemente a María para calmarla. Logrado a medias, le pedí me ayudara con Ana.
Comenzamos a caminar hacia ella. Profirió un feroz alarido que heló nuestra sangre. La vimos correr hacia la caja y rápidamente sacó el revólver.
Mirando a María, le dijo:
-Quédate donde estás Santa, no te me acerques, tú estás muerta. Estabas allí tapada y ahora estás caminando.
María Intentó vanamente explicarle que no era Santa. Pero Ana estaba enajenada. Le apuntó al pecho y le descerrajó dos disparos que le provocaron la muerte al instante.
Al verla tirada, muerta en el piso, Ana recobró la lucidez y tomó conciencia de lo que había hecho.
Presa de la desesperación, el dolor y la culpa, se disparó una bala en la cabeza.
Quedé solo, absolutamente solo en medio del mar y con todos mis amigos muertos. No entendía, no podía. Grité, lloré, insulté…
Desesperado tomé la pistola, me la puse en la cien pero no tuve el valor para jalar el gatillo.
Cuando ya no tenía más lagrimas me incorporé y decidí tomar el control de la situación.
Eran las 5 de la mañana y el sol comenzaba a asomar por el horizonte.
Acomodé los tres cuerpos en un costado del bote y los tapé con las lonas.
Bebí un poco de agua y abrí una lata de jamón, la cual devoré con fruición.
Tomé un remo y comencé a remar enérgicamente. Quería salvar mi vida.
Hasta que sentí una mano en mi hombro.
El terror se apoderó de mí, los escalofríos recorrieron mi espalda una y otra vez sin detenerse.
Me di vuelta lentamente y mi espanto ante la vista de Ana, Santa y María de pie, mirándome…
Abrí los ojos. Estaba en una habitación de hospital. El frasco de suero conectado a mi brazo izquierdo.
-¡Facundo, despertaste!- Reconocí la voz emocionada de mi madre.
-Néstor, se despertó, ven por favor.-
Reconocí los pesados pasos de mi padre acercándose.
-¿Cómo te sientes hijo?
-Creo que bien. Aunque muy confundido. ¿Cómo llegué aquí, que ocurrió?
-Lo último que recuerdo es que estaba en el bote, remando hasta que…nada, no puedo recordar nada.
-Santa nos contó todo-. Dijo mi madre.
-¿Perdón, quien? Dije con voz agitada.
-Cálmate por favor. Si, Santa nos contó como remaron con María y con Ana para llegar a la costa de la isla, donde los encontraron. Todo un día.
Estabas inconsciente. El helicóptero de la isla te trasladó hasta aquí. Hace 5 días que estás internado.
-¡Que alegría hijo estés bien! - Dijo Elsa.
Mi cabeza estaba a punto de estallar. Mis amigas estaban muertas, las vi morir, no era posible lo que me narraban.
-¿Dónde están las chicas?
-Se quedaron en la isla. Lamentablemente hemos perdido el contacto con ellas. ¡Desaparecieron!, dijo mi madre muy alegremente.
Les pedí a todos se fueran de la habitación. Estaba muy confundido y quería pensar.
Una vez solo, cerré fuertemente los ojos e intenté recordar.
Las imágenes en mi cabeza eran intermitentes, confusas. Hasta que todo se aclaró.
En el bote, la mano en mi hombro es la de Santa. Está radiante. María y Ana me miran regalándome una gran sonrisa.
Me siento muy bien, liviano, como si el viento fuera capaz de levantarme en el aire.
Escucho unas palabras: ¡Tú escribirás la historia! No se quien las dice.
De pronto el calor que me agobia, el sol que me quema la piel, los delfines que marcan el rumbo del bote. Hacia la isla.
Llegamos a la costa, la arena blanca. Estoy tirado sobre ella.
Me incorporo, miro hacia el mar.
Veo la carabela antigua que se aleja de la costa. Puedo distinguir los rostros de Leo, José y Luis. Había mas personas. No las conozco.
Sus brazos en alto. Los sigo con la vista hasta que se desvanecen. Desaparecen en el horizonte.
María, Ana y Santa, nobles almas, deciden quedarse en el mar para ayudar a los náufragos. Me lo dicen, escucho sus voces.
A veinte años de aquella noche, aún no estoy seguro.
Por eso vivo en este faro.
Quiero saber. Quiero volver a verlas.
F I N

El Moli
Richard, has vuelto con todo, este relato es sensacional amigo. Me atrapó, no pude dejar de leer.
No imaginaba como estabas, por lo de tu ciudad, el hecho de no tener comunicación fue un problema.
Me alegra verte bien.
Un gran abrazo.
Luis
Richard
Mi buen amigo.
Mas que un regreso es un reencuentro con buenos amigos y excelentes personas.
Es un placer para mi haber contado una historia y que haya sido un buen momento su lectura. Además sirvió para establecer nuevamente contacto.
Muchas gracias amigo mio y solo espero que estés muy bien.
Un gran abrazo.
Jorge II
Muy bueno Richard, como siempre. Te dejo mi voto.
Richard
¿Como va Jorge?
Ojalá muy bien.
Muchas gracias por estar ahí.
Y me alegra saber que te gustó el cuento.
Un gran abrazo.
LUCIA UO
Me encantó.
El final espectacular.
Muy bueno. Me atrapó.
Un gran abrazo y un corazón
Richard
Lucia querida!
Muchas gracias.
Tan cálida como siempre.
Un beso grande
nanky
Muy buen relato, se extrañaban tus letras. Un gran saludo y voto desde Buenos Aires.
Richard
Muchas gracias mi amigo.
Y yo extrañaba esto. Escribir aqui e interactuar con los buenos escritores y mejores personas es muy fuerte. No se puede uno alejar de un día para otro.
Estoy aprendiendo a manejar mejor mis tiempos lo que me permitió volver aunque sea por un rato.
Un gran abrazo
VIMON
Excelente regreso, Richard. Un gran relato fantástico. Sólo, si me permites una pequeña sugerencia, yo quitaría las preguntas que se hace el protagonista a la mitad del relato, porque me parece que salen sobrando. “¿Qué era? ¿Qué estaba ocurriendo? ¿Qué había ocurrido? ¿Fué verdad lo que vi? Etc, etc,etc”. Un abrazo enorme y mi voto.
Richard
¡El faro de Falsaria!
Como siempre muchas gracias por tu lectura, tu aliento, tu aporte y por tus enseñanzas. Ha sido muy importante para mi todo este tiempo.
Espero estés muy bien mi amigo.
Un gran abrazo.
María Enriqueta Roland
Richard, no creo haber estado en contacto anteriormente y desde hace mucho tiempo he tenido dificultades para entrar en Falsaria, algunas técnica ( que aún persisten) y otras personales que serán superadas. Me gustó tu cuento y mucho más las recomendaciones de VIMON, siempre atento a todo los que escribimos.Yo por mi parte sólo lo hago por impulso y por eso agradezco las correcciones de lo que saben.
Un saludo desde Mar del Plata junto con mi voto.
Richard
Hola María.
Muchas gracias. Yo si estoy casi seguro que hemos tenido contacto hace unos meses. No importa. Me alegra saber que el cuento ha sido de tu agrado.
Y de marplatense a marplatense, te mando un beso.
Aunque hace 30 años que me radiqué en Buenos Aires, no me olvido de mi viejo barrio La Perla, el colegio, la playa San Sebastián, el centro, Alem, el puerto y tantos lugares tan fascinantes. Tampoco me olvido de mis amigos.
Muchas gracias.
SALAMANDRA
Richard Magnifico regreso se te extrañaba.
Richard
Yo tambien mi amigo, yo tambien.
Un gran abrazo y muchas gracias.
Sandra.Legal
Extraordinario relato. Me atrapó en su supenso e intriga. Excelente!!!!
Mis felicitaciones y mi voto
Saludos
Richard
Hola Sandra.
Sos muy amable, muchas gracias.
Me alegra saber que te ha gustado.
Es lo que busco.
Un beso.
Mabel
Me parece estupendo el relato, ¡ Vaya historia! Sobrecogedora, un abrazo y mi voto
Richard
Hola Mabel.
Muchisimas gracias.
Lo más importante es que te haya gustado.
Un beso.
LUIS_GONZALEZ
Cuando veo un cuento con tu firma sé que me espera un gran cuento, y éste no me defraudó, mi voto…
Richard
Y cuando yo veo que te has acercado a mis cuentos me siento sumamente honrado y complacido.
Muchas gracias Luis.
Un gran abrazo.
volivar
Richard, qué gusto volver a leer tus narrativa, siempre sorprendente. La que hoy nos compartes es extraordinaria, con ese gran final, como los que acostumbras, inesperados. Felicidades. amigo.
Mi voto
Volivar
Richard
Mi maestro y amigo Jorge.
Que placer retomar el contacto.
Muchas gracias por tus palabras y por la constancia.
Eres grande Jorge, muy grande.
Un gran abrazo.
gabrielc
Te felicito Ichard, por tan genial historia. Me atrapó desde el primer instante. Final increíble. Nome lo esperaba!
Genial
Richard
Hola Gabriel.
Una gran alegría saber que te gustó el cuento y el hecho de haberte acercado a este rincón.
Muchas gracias y bienvenido.
Un abrazo.
Eva.Franco
Excelente relato Richard de principio a fin. Ha sido un placer leer tu trabajo.
Mi voto y mis respetos.
Richard
Hola Eva.
Muchas gracias. Eres sumamente amable.
Me alegra sobremanera saber que te gustó el cuento. Es lo que importa.
Un beso
oscardacunha
¡Por fin! No hace falta que te diga que te extrañaba, sabes que soy adicto tus relatos en los que me haces vivir la fantasía con la maestría de tu estilo. Esta vez naufragué contigo, sentí el terror de la soledad y hasta lloré por los amigos perdidos. Ahora busco tu faro yo también quiero saber.
Un gran abrazo Amigo.
Richard
¡Mi buen amigo!
Que alegria este reencuentro.
Siento que El naufragio ha generado la excusa perfecta para volver a este lugar que tanto me ha brindado.
Este último fin de semana tuve tiempo libre, lo escribí y pensé: ¿A quien o quienes se los regalo?
Y no dudé un instante: A vos, al Moli, a Vimón, a Volivar, Nanky, Jorge, Salamandra, Luis, Lucia, Cenicienta, Eva, Gudea y tantos más que no sé si continúan por aqui o no.
Se extraña, no es facil alejarse de los amigos.
Muchas gracias, de corazón.
Un fuerte abrazo
Butterfly
Richard! Tanto tiempo….realmente extrañé tus relatos, tu talento…genial como siempre.
Voto y beso, claro…:)
Richard
Hola.
¡Enorme alegría encontrarme nuevamente con vos.!
Muchas gracias por tus palabras. Tan generosa como siempre.
Te mando un beso grande.
Richard.
DavidRubio
Buen relato fantástico sin duda. Saludos