En París, bajo la lluvia

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Es 1958 y nunca hasta hoy visité París. Nunca hasta hoy tuve necesidad ni intención de ello, pero he de confesar que ahora me arrepiento de no haberlo hecho antes. La estampa que tengo ante mí, de un tipo bajo la lluvia protegiendo con su paraguas un violonchelo, compensa las calamidades de este viaje. Es una escena melancólica y entrañable, en la que un hombre de mediana edad con una gabardina y una gorra prefiere quedar empapado a que su instrumento sufra algún percance. Cualquiera podría intuir que es lo más parecido a una metáfora viviente.
Decía que ha sido un recorrido calamitoso, aunque no por su duración y las adversidades encontradas en el camino, que también las hubo y no relataré. Ha sido triste porque he viajado con un cadáver, concretamente con las cenizas de mi mejor amigo. Fernando me arrancó el compromiso de que cuando muriese, porque él era consciente de tener los días contados, yo personalmente derramaría sus restos en el Sena. Además, no debía hacerlo solo. Antes tenía que contactar con Gabrielle, su antigua novia, la única mujer a la que amó, para que me acompañase en el ritual de esparcir esos residuos bajo el Puente de los Inválidos, desde el lugar exacto donde se dieron el primer beso.
Esta mañana he conocido a Gabrielle, además de unos fascinantes ojos tiene una sonrisa maravillosa. Pensé que se negaría a complacer los deseos de un muerto, pero me equivoqué. Los franceses están hechos de otra pasta, eso es indudable. Después de la lúgubre ceremonia, a la que también ha asistido un aguacero que no estaba invitado, hemos tomado un café y nos hemos despedido con un beso. Luego he empezado a pasear y me he emocionado con la imagen del violonchelista. Ahora comprendo la metáfora: el chelo, o es un sueño, o es una mujer.
Vuelvo a pensar en los ojos y la sonrisa de Gabrielle; siento, estoy convencido, que me he enamorado de ella.

Comentarios

    • RafaSastre

      10 abril, 2013

      Gracias, mariposa. Me alegro de verte de nuevo por aquí.

  1. oscardacunha

    10 abril, 2013

    Preciso Rafa, muy nostálgico. Yo he visitado muchas veces París y nunca he visto el sol. París es una ciudad llena de colores y sensaciones bajo un cielo plomizo que en ocasiones llora, quizás de melancolía. No sabía descifrar tu metáfora, ambos chelo y mujer son estimables compañías, y que si las cuidamos nos regalan perfectas armonías.
    Un abrazo.

    • RafaSastre

      10 abril, 2013

      Muchas gracias por leer y sobre todo por esos maravillosos comentarios que siempre regalas. Un fuerte abrazo.

  2. VIMON

    10 abril, 2013

    Siempre tendremos París, dijo el viejo Bogart, y por algo lo dijo. Un relato de excelente manufactura, Rafa, pero no conocer París es sencillamente imperdonable…Un abrazote y mi voto.

  3. Lidyfeliz

    10 abril, 2013

    Qué hermoso, rafa. A la muerte siempre le sigue la vida para los que quedan. Bellísima imagen. Mi voto

  4. Lidyfeliz

    10 abril, 2013

    Perdón, Rafa… se puede saber qué sostenés en la mano derecha en tu foto? Gracias, pero me tiene superintrigada.

    • RafaSastre

      11 abril, 2013

      Lidy, es un cubilete de parchís ¿conoces ese juego? ¿lo practicáis en Argentina? Es muy popular aquí en España.

  5. AmilcarMartinez

    11 abril, 2013

    Hermosa historia…. Fantástico encuentro y la pena inmensa de andar cargando con las cenizas del mejor amigo… Atrapante, Rafa!! Dejo mi voto ♥ 10, que te catapulta a la portada. Un abrazo!

    • RafaSastre

      11 abril, 2013

      Muchas gracias, amigo Amílcar. Encantado de que te guste.

  6. LUIS_GONZALEZ

    11 abril, 2013

    Me atrapó el clima logrado en este escrito, muy bueno, mi voto…

  7. nanky

    11 abril, 2013

    Muy buen relato, me ha cautivado. Te envío mis felicitaciones, saludos y voto desde Buenos Aires.

  8. volivar

    13 abril, 2013

    RafaSastre: yo confirmo lo que dices de París; por motivos de pintura al óleo de este amigo tuyo, estuve en esa ciudad; a mí me llamó la atención una joven que tocaba un violín en la calle, cerca de una estatua; recuerdo que lo hacía con tal maestría que los transeúntes ns parábamos a escucharla con mucha atención. Yo quedé maravillado. Los que la rodeábamos le dejamos algunas monedas en el piso, pero a ella eso no le interesaba; con decirte que ni siquiera veía al piso; su vista estaba perdida en no sé qué, siempre con el arco en las cuerdas de su instrumento interpretando, contorneándose, fantásticas melodías.
    Y a diferencia tuya, a mí me era inposible enamorarme, aunque, vaya que si son bellas las francesas, claro no tanto como las españolas, las mexicanas, argentinas, venezolanas, peruanas y de los demás países latinos.
    bueno, amigo, un saludo, y una enorme felicitación por tan magnífico relato. Mi voto. volivar

    • RafaSastre

      13 abril, 2013

      Jorge: tus maravillosos comentarios imprimen energía en el que los recibe, por lo menos a mi me sucede. Muchas gracias. Y a ver si nos regalas algunas imágenes de tus óleos (desconocía esa faceta tuya). Se conoce que naciste para el arte, compañero. Un fuerte abrazo.

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