Entropía

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Desperté. Claridad extrema, todo blanco, con mucho brillo, mis ojos no podían soportarlo. Los cerré. Luego, al abrirlos, las imágenes comenzaron a aparecer frente a mi anestesiada visión.

-¡¿Pero qué veo?!

Aparentemente nada. Solo en apariencia era todo igual, pero yo sabía que no, yo sabía que era distinto. ¿Mejor?, no lo sé, solo distinto.

Fue entonces cuando decidí tranquilizarme. ¿Cómo podía  tranquilizarme sabiendo de la diferencia entre lo conocido y lo que veía?, ¿cómo tranquilizarme si no podía identificar esa diferencia? Mi cabeza completamente repleta, las ideas se agrandaban en mí, tanto que ya no tenían lugar, querían salir de mi mente.

Minutos de desesperación, hasta que me di cuenta de lo que pasaba…»no había sonidos». Solo silencio, estaba escuchando el silencio y no podía soportarlo. Sentía que mi cabeza estallaba una y otra vez. ¿Dónde estaban los pájaros?, ¿el sonido a ciudad despierta?, y lo más notable… ¿dónde estaba mi voz? No pude controlar la situación y comencé a presionarme los oídos con todas mis fuerzas hasta que sentí desvanecer. Fue solo un segundo. Después el estruendo volví a escuchar todo, o al menos lo que conozco, que quizás, terminó siendo lo que quería escuchar.

¿Qué estaba pasando? Todo lo que veía y escuchaba me parecía perfecto, aunque claro, no había salido de mi habitación. Pero… ¿por qué salir de una habitación que parecía perfecta?

Continuar con mi día, esa parecía la única forma para que todo volviese a la «normalidad». Sin embargo, surgió en mí una inmensa necesidad de leer, tan grande como jamás había sentido. La certeza de que la única forma de seguir viviendo era sumergiéndome en la lectura. Tome un libro que desconocía por completo. Creo que en ese momento, por primera vez, comencé a leer un libro sin saber siquiera cual era su título.

Solo quería leer. Desde la primera letra comenzó la experiencia más apasionante que he vivido. Cada párrafo, de los cuales ahora no recuerdo palabra alguna, me llenaba de sensaciones. Me envolvían aromas que elevaban mi alma, que me hacían recordar momentos maravillosos que, no sé por qué, había olvidado. Mi piel se estremecía, mi tacto se agudizaba.

Seguía leyendo, no podía dejar de hacerlo, no quería dejar de hacerlo.

Así sentí que pasaron días descubriendo ese libro eterno que con cada palabra iba creando fragmentos de mi vida, del mundo que vivía a mí alrededor. Yo era el protagonista de la historia, si es acaso que estaba leyendo una historia. Imaginaba a tal nivel que todo se hacía real, todo al alcance de mis manos. Rebalsaba de plenitud.

En un instante, súbitamente, me percate de la realidad de mi lectura. Luego de ese momento, una idea empezó a rondar y a ganar terreno sobre las demás. Esa fue la primera distracción que experimente desde el comienzo.

-¿Mi vida terminaría con el fin del libro?

Eso me preocupaba, pero mi fascinación hacia la lectura me impedía despegar la vista para observar cuantas páginas restaban leer, que en ese momento era lo mismo que pensar con cuanto tiempo de vida disponía.

Luego, sin más, y con tan solo desearlo, esa idea desapareció. Volví a ocuparme plenamente de las palabras ante mi vista, cada vez con mas intensidad, con mas interés…Hasta que en un momento, solo deje de hacerlo.

Ya no deseaba leer, no deseaba terminar con esa supuesta historia. No hacía falta.

Al mirar a mi alrededor, pude ver que toda la plenitud que sentía mientras leía, aun flotaba en el aire, todo se había materializado, todo estaba ahí, en mi habitación, que era perfecta.

¿Era feliz? Aun me lo pregunto…Solo sabía que mi realidad era la deseada y que, de hecho, debería acostumbrarme a convivir con esa perfección.

Ese fue el punto donde todo cambió. Es difícil de explicar, pero tenía todo lo que deseaba, y no me remito solo a lo material, mis ambiciones en lo que respecta a lo espiritual y sentimental estaban por completo cubiertas. Sin embargo, sentía que ya no era tan así. Encerrado en una prisión de vacío, temor. Mi vida no era mi vida, era de alguien más y ese alguien estaba en mí. Peleaba conmigo mismo. Fueron momentos difíciles, rodeado de una perfección que me agobiaba y me excluía del mundo que conocía y sabía disfrutar.

Todo era evidente, no tenia sorpresa, nada por descubrir.

Ya agotado, sin ánimos de de seguir en la lucha de retornar a lo conocido, una imagen vino a mí. Un punto en blanco en medio de la nada. El punto se agrandaba, crecía…Y yo…yo solo miraba lo que pasaba. Me preguntaba cómo podía ver el vacío, por qué sabía que lo que rodeaba el punto blanco era vacío. Lo importante era que lo sabía, y sabía que éste estaba desapareciendo, porque el punto crecía.

Para entonces, no tenía noción de donde me encontraba, solamente era el espectador de la desaparición de la nada…poco a poco…como no queriendo irse pero sabiendo que su tiempo termino. Pero… ¿Qué es la nada?, eso me pregunté segundos antes de darme cuenta de que en realidad, lo que se esfumaba era ese «TODO», supuestamente maravilloso, que mi mente empezó a crear esa mañana.

¿Cuántas cosas pueden imaginarse sin estar consciente de que lo hacemos?, ¿Cuánto tiempo puede pasar sin tener idea de lo que queremos? Esas respuestas las encontré ese día.

Para la primera, bien…podemos crear todo nuestro mundo real, todo nuestro imaginario de cosas, deseos, tristezas, alegrías, y lo que surja de la ambición por tener la vida que queremos.

Para la segunda, una respuesta mas concreta, la vida entera. Estas respuestas son las causantes de que dude de las preguntas, las certezas, de mí, de la perfección. Estas respuestas no hicieron mas que abrirme los ojos a lo que estaba sucediendo. Esa mañana, yo tuve la posibilidad de materializar mis ambiciones, mis sueños, y me encontré con que no sabía qué crear, o mejor dicho, me encontré con que mis creaciones no me generaban la satisfacción que pretendía. El libro eterno de mi vida, no era mas que un compendio de banalidades, imaginaciones carentes de imaginación que lo único que lograron fue mostrarme como un ser que traicionaba a su propia alma. De lo único que estaba seguro, era que el punto seguía alimentándose, y el todo que lo rodeaba, casi no podía distinguirse. De hecho, ya no existía.

Blanco, otra vez. Los ojos volvían a arder, mucho brillo…Pero en esta oportunidad no quería cerrarlos. No hubiese podido soportar nuevamente tener todo tan al alcance de mis manos. Tantas dudas, solo concentrándome en no cerrar los ojos.

Ya no tenía lágrimas, creo que se agotaron en el afán de mantener mis ojos abiertos.

Mi cuerpo pesaba, estaba demasiado cansado, no obtenía reacción al intentar moverme, y fue inevitable, me distraje, cerré los ojos.

-¿Y ahora qué? Fue lo primero que vino a mi mente.

-¿Qué debo hacer? ¿Arriesgarme a volver a empezar?

Cientos de preguntas, cuando ciertamente sabía que la pregunta mas importante era si podría volver a hacerlo.

Ya era mi tiempo, era mi hora…No podía dejar que la situación siga apoderándose de mi vida, junte valor y abrí mis ojos.

Mi habitación. Era mi habitación de todos los días, con sonidos, aromas y todo lo que siempre estuvo en ella. Podía escuchar mi voz…pero entonces… ¿acaso estaba soñando?

Desde ese día me pregunto si en realidad desperté. Si en realidad era un sueño. Pienso acerca de la perfección, si era tal, por qué no lo era, si dentro de mi perfección esta la vida que conozco. Lo cierto es que ahora todo es distinto, o al menos mi percepción lo es. Vivo distinto, ya que quizás, en cualquier momento vuelvo a despertar. Quizás la vida no sea mas que una sensación, una sensación que cambia, siempre diferente.

La sensación de despertar a nuestros deseos.

Comentarios

  1. NicolasMattera

    26 abril, 2013

    Muy bueno, Díafano, muy borgeano. Me ha recordado «El sueño del Coleridge» de Borges… («Un emperador mogol sueña en el siglo XIII con un palacio que edifica siguiendo el plano inspirado por su sueño. Muchos años después, en el siglo XVIII, un poeta inglés (Coleridge) reconstruye ese palacio (ya destruido) del que nada sabe en un poema que, a su vez, ha soñado en una tarde del verano de 1797 ó 1798…..»)
    A mi Borges me encata, mi voto. Un abrazo!

  2. Mabel

    26 abril, 2013

    Me ha encantado, eso de que la vida sea una percepción que va cambiado y es verdad, un abrazo y mi voto

    • diáfano

      26 abril, 2013

      Muchas Gracias Mabel, me alegro que te haya gustado!
      Saludos!

  3. gonzalez

    7 septiembre, 2015

    Espectacular! Me gusto mucho! Mi voto y un saludo!

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