Como cada noche, Fran se levantó a las cuatro de la mañana. Se miró al espejo.
Un hombre de cara redonda, con ojos negros e hinchados lo observaba sin conocerlo. Apretó los párpados intentando recordar su juventud. Había perdido tantos años, que ahora sentía un amargor en su estómago que no podría ya reparar.
Ese día apenas había dormido. Se sentía nervioso por lo que le iba a deparar esa misma tarde. Trataría de vender el poco pan que iba a hacer y después se reuniría con el resto para cazar.
Se rió, le gustaba ese término. Cazar.
Aspiró el aire viciado que se colaba de la habitación y orgulloso se lavó la cara y se cepilló los dientes.
Le gustaba hacerlo sin ropa. Caminó desnudo por el pasillo hasta llegar a la cocina donde se encontraba el horno y la amasadora industrial. Sin nada que lo distrajera, se dispuso a colocar la harina sobre la mesa de trabajo. La esparció sintiendo cada partícula sobre su cuerpo. Aspiró inhalando el delicioso polvillo que lo hacía disfrutar como un niño. Echó agua en un pequeño cuenco, añadió la levadura fresca y lo vertió todo en la amasadora.
Puso a calentar el horno y sintió las primeras gotas de sudor escapándose por su espalda. Aún recordaba la primera vez que había entrado en aquel lugar. Era un santuario para él. Allí nadie lo molestaba y podía ser él mismo. Un escalofrío le recorrió la espalda al recordar la noche anterior. Los gritos desgarrando la noche cerrada.
Sonrió satisfecho, ese día harían justicia de nuevo.
Desde aquel día en que había encontrado a sus iguales se sentía diferente. A veces no podía evitar la angustia y la imagen de su hermana gritando pidiéndole ayuda. La cara malvada de la mujer con una sonrisa de superioridad se le clavaba en el estómago. Tragó con dificultad y observó las varillas amasando la harina.
La masa estaba lista y la sacó para darle forma. Introdujo los dedos en la materia pegajosa y cerró los ojos con fuerza. Era como acariciar los pechos de una mujer, jadeó imaginándose los pechos de la última que habían matado. No sabía si al resto le sucedía, pero a él a veces le daban ganas de metérsela a las malditas antes de desgarrarle la garganta.
Suspiró al ver frente a él a la última que había caído en sus trampas. Tenía una figura esbelta y era demasiado guapa para ser tan mala. Tenía unos pechos duros y grandes que se dibujaban detrás del vestido vaporoso que llevaba la noche anterior. Sus dedos acariciaron la masa. Sentía su piel suave y olía su aroma a miel.
Había estado mal hacer aquello con las granjas de sus competidores, por eso debía morir. Ellas se creían superiores con sus poderes mágicos. Malditas brujas, pensó. Con sus hechizos y su magia creían que iban a ser invencibles, a veces se preguntaba si estaba bien que ellos utilizaran sus mismas armas para derrotarlas, la voz del gran Maestre, reverberó en su cerebro. “Las pagamos con su misma medicina, nosotros solo nos defendemos.”
Se relamió pensando en el sabor de su piel y sintió la dureza de su mimbro que había tocado la superficie fría y metálica de la mesa. Se apoyó para recuperar la compostura.
Unos golpes secos lo sacaron del sueño. Soltó la masa a regañadientes y se puso la bata blanca que colgaba de un perchero junto a la puerta. Suspiró y se miró la entrepierna dolorida.
Cuando llegó la puerta el frío que se colaba por cada rendija había enfriado su erección hasta dejar su miembro flácido. Abrió la puerta y descubrió a una chica hermosa que lo sonreía. La lluvia le caía a ambos lado de la cara dándole un aspecto sensual. Sus ojos verdes lo miraron con curiosidad y la boca, de unos labios llenos y rosados, sonrieron.
–No tengo batería en el móvil y el coche se ha estropeado–soltó mirando hacía un descapotable de gran cilindrada.
Fran la observó y asintió sintiendo su corazón acelerado. Se apartó de la puerta y encendió la luz para que la chica viera el teléfono fijo que descansaba junto a la puerta de su cocina.
Llevaba un vestido pegado al cuerpo que mostraba su figura delgada y sus pechos sin sujetador. Se quedó frente a ella mirándola con los ojos brillantes.
Tenía que pensar en algo. Hacía tanto que una mujer no atravesaba esa puerta que la necesidad lo estaba obligando a hacer algo horrible. Se imaginó que la golpeaba con el paraguas y se ponía a horcajadas sobre ella penetrándola. Sintió la erección debajo de su bata. Se tocó los labios húmedos y visualizó el cuerpo cálido de la chica debajo del suyo.
Mientras la miraba pensando en cómo inmovilizarla no se había percatado de que alguien más había entrado. La puerta se cerró con un fuerte golpe, haciendo que Fran se girara y lo viera por primera vez.
Era un hombre alto y desgarbado. Su pose era de depredador. Tenía una mirada fría y sonreía con suficiencia, como los leones ante las cebras. Fran supo lo que era en cuanto vio sus colmillos afilados sobre su labio rosado. La palidez de su piel le daba un aspecto irreal. En un parpadeo se acercó a él y sintió su aliento helado y mortífero sobre su cara.
La chica rió con un tono casi de locura y le atrapó los brazos mientras el hombre sin perder la sonrisa le pasaba un dedo helado por la garganta. Su cuerpo reaccionó ante el contacto del hombre y el pulso se le aceleró.
–No sobreviviréis–sentenció Fran. No iba a permitir morir como un cobarde.
Forcejeó ante las manos suaves de la mujer y ésta le propinó un rodillazo contra la columna.
Fran chilló. El dolor fue insoportable y cayó de rodillas. Ambos rieron.
–Crees que unos cuantos humanos podrán con nosotros. Vuestra estupidez va más allá de lo que pensaba–soltó entre carcajeas el vampiro que lo miraba con intensidad.
Con un ligero movimiento de cabeza la chica ató las manos de Fran y se marchó dejándolo solo con el vampiro.
Las piernas no las sentía. Así que el vampiro lo arrastró por el piso hasta que llegaron a su adorada cocina.
Fran observó el horno caliente y los panecillos que reposaban sobre la mesa de trabajo. Parecía que había pasado una eternidad.
–¿Cómo quieres morir?–le preguntó subiéndolo con una sola mano sobre la mesa.
Acercó su rostro al de Fran que temblaba. Le arrancó la bata dejándolo completamente desnudo.
–Eres un poco pervertido ¿no? Y los degenerados somos nosotros–dijo mientras se paseaba a su alrededor como un gato frente a un ratón.
–Sí me matas sabrán que has sido tú–le escupió con la poca dignidad que le quedaba. Trató de moverse pero el vampiro le asestó un puñetazo en el costado.
–Créeme lo tengo todo planeado–añadió el vampiro que sonrió al ver la amasadora.
Dicho eso lo agarró como a una longaniza y lo metió en la amasadora. Fran gritaba y trataba de salir, pero el golpe en la espalda lo había dejado inmovilizado.
El vampiro sonrió satisfecho y encendió la máquina que produjo un ruido ensordecedor. Las varillas comenzaron a moverse y a cortar la carne de Fran que chillaba como un cerdo en un matadero. El vampiro salió de allí. Revisó cada parte de la entrada y vio con orgullo que su compañera lo esperaba vestida con un mono verde y una fregona que apestaba a lejía. Éste salió a la noche cerrada de principios de Abril y se metió en el coche a la espera de que ella terminara el trabajo.
Lo único que no sabían los humanos era que ellos, los sobrenaturales, eran más fríos y rencorosos; y que jamás se debía de cabrear a uno de ellos. No lo podían evitar.
EstaNoche

LUIS_GONZALEZ
Muy buena historia de vampiros, mi voto…
Sandra.Legal
No me agrada precisamente este género pero lo has narrado muy bien: Un cuento morboso y terrorífico. Mi voto.
Saludos
EstaNoche
Hola! Sandra, me alegra de que aunque no te guste este tipo de género te haya gustado el relato. Gracias por tu voto.
VIMON
Un relato truculento y muy bueno, saludos y mi voto.
Eva.Franco
Un poco morboso para mi estilo, pero indiscutiblemente muy bien elaborado. Tiene mucho misterio y el terro necesario que atrapa al lector. Mi voto.
EstaNoche
Gracias Eva por tus palabras y tu voto
Lidyfeliz
Qué buena historia truculenta, EstaNoche. De las que más me gustan. Muy bien llevada y con un final impredecible. Mi voto
Pemortes
Muy bueno, como nos tienes acostumbrados, mi voto.
Un saludo.
EstaNoche
Hola! muchas gracias por tus palabras y me alegra de que te gusten mis relatos!
volivar
EstaNoche: admirable ese estilo de narrar; directo, claro, preciso. Claro que el tema es terrible, pero tu narrativa tiene todo para ser una obra repleta de arte literario.
Mi voto
Volivar
EstaNoche
Muchas gracias Volivar!!!!
Butterfly
Muy buenooooooooo…sangriento, muy bien narrado ya que, me dio espantito. JA!
Voto y besoooooooooo!
lepanchotcagag
Esta noche, lo mejor del cuento fue la aparicion de los vampiros, cuando relatabas la exitacion del individuo con la masa de pan, me dije si la penetra o eyacula en ella, no como mas pan. Dios mio menos mal que vino dracula, mañana podre comer pan con mantequilla, me encanto este cuento y voto por el. Felicitaciones chupa sangre de la noche.
EstaNoche
La verdad es que habría sido desagradable, te voy a confesar que lo pensé, pero como buena amante del pan que soy, me eche para atrás, jeje. Gracias por tus palabras y tu voto
LUCIA UO
También pensé lo mismo con respecto al pan, ja ja ja.
No creo en los vampiros, pero que los hay los hay, eso dicen aunque no he visto ninguno.
El final no me lo esperaba.
Un gran abrazo