Muerte en la arena

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-¡Jubal! Jubal! Jubal! Jubal! Jubal! Jubal!

Los gritos me estremecen. Pese a estar aún encerrado en mi celda llegan claramente a mis oídos. La aclaman, la
adoran y ella les da lo que quieren. Sé que soy el siguiente y los gritos me dicen que compartiré el final de mis antecesores. Todos muertos, asesinados por su belleza atemporal. Se dice que por cada muerte, los dioses le regalan un año de juventud. Éramos catorce, los mejores de Stormheaven y ella sola ya ha acabado con trece. Yo llevo media vida sobreviviendo en la arena, ella lleva diez vidas, ¿cómo puedo derrotarla?, ¿cómo puedo salir de este coliseo con vida? La respuesta es sencilla, no puedo. Aún así lucharé como siempre he hecho, por mi vida y por mi libertad y el precio será su muerte.

Escucho bajar a los carceleros. Sus risas y sus chistes sobre las muertes de mis compañeros me atraviesan como puñales. La dama ha disfrutado, eso dicen, que se relamía con la sangre que le ha salpicado en sus labios carmesís. La sangre de mi pueblo, sangre ascarniana. Pronto tendrá más, aunque ésta no la va a saborear. Abren la jaula y me empujan para que salga. Se colocan detrás de mí y vuelven a empujarme para que camine. Yo les dejo, que se crean superiores, me da igual, hoy sólo tengo un enemigo. No puedo desperdiciar mi rabia en causas perdidas, sólo tendré una oportunidad, si la suerte me acompaña, y no la podré dejar escapar.

Llegamos a la puerta de la arena, me sueltan los grilletes y me dan mis espadas, las mismas que me forjó mi padre y que por un capricho del destino conseguí recuperar. Son Muerte y Arena, los instrumentos que me llevarán a mi libertad. La puerta se abre y la luz del día me deslumbra. La gente ruge, pobres plebeyos que ignoran sus problemas con las muertes de otros. Ellos son más esclavos que nosotros.

Entro en el círculo de muerte y allí la veo, plantada en medio rodeada de los trece cadáveres decapitados que siguen desangrándose a sus pies, como adoradores de una nueva deidad. Jubal, la asesina favorita de lord Seraphiston. Jubal, la dama eterna. La miro a los ojos y sé que miro a mi muerte, pero no me importa, no he venido para rendirme y no lo haré.

Ella está completamente desnuda, sólo lleva su látigo y su lanza, las armas que tantas victorias le han dado. No tiene ningún arañazo en su escultural cuerpo perlado de sudor. Si no fuese porque ya la había visto luchar antes, estaría aterrorizado. Su respiración es tranquila, veo su pecho subir y bajar a un ritmo tan pausado que me parece increíble que haya estado luchando a muerte hasta ahora. Su piel es pálida como la luna, decorada con tatuajes de color negro, como su pelo, recogido en una trenza y sus ojos carentes de misericordia. Es tan bella que duele mirarla, pero aún así consigo mantenerme firme. Le gusta. Sonríe, mostrando sus dientes manchados de sangre.

Decido no mostrarme inferior a ella, no demostrar que sé cuál es mi destino. Me quito la coraza, el casco, los guantes, las botas y los pantalones. Si he de morir, moriré con mi orgullo intacto, de igual a igual. Si ella lucha desnuda, yo también lo haré. Vuelve a sonreír, pero esta vez es diferente. No es sólo su boca, también sus ojos. Se araña los muslos con las uñas y se muerde el labio.

Veo la lujuria en sus gestos. No por mí, lo tengo claro, si no por el combate que va a librar. No está acostumbrada a que la traten sin temor y eso la excita. Grita y hace estallar su látigo, ya está lista. Yo hago movimientos de calentamiento. Me arrodillo y escribo el nombre de mi madre y de mi padre en la arena. Yo también estoy listo.

-Tú eres el favorito de Stormheaven. ¿Cuál es tu nombre?- Me dice para mi sorpresa.

Su voz, pese a ser casi un susurro, me llega fuerte y clara. Está acostumbrada a mandar y que se cumplan sus órdenes. No le voy a llevar la contraria, pero tampoco le voy a seguir el juego.

-¿Qué te importa el nombre de otro cadáver a tus pies?- Le respondo serio.

Se queda sorprendida, no está acostumbrada a que la contraríen. Reacciona rápido y suelta una carcajada. Se da la vuelta dándome la espalda. No sé que pretende. Se señala un tatuaje que cubre su perfecta piel. Parecen letras, pero no atisbo a distinguir lo que pone.

-No es que me importe tu nombre Stormheaven. Sólo quiero tu inicial, que acompañará al resto de los que he
matado- Me dice divertida.

Así que es eso. Un recuerdo de sus grandes gestas en el coliseo. O un castigo, de todas las vidas que ha segado y
que siempre tendrá detrás.

-Como ya te he dicho, mi nombre no es de tu incumbencia. Pero quién soy yo para no darle a alguien su último deseo-
Frunce el ceño con mi declaración-. Si una letra es lo que quieres, yo te la daré. La uve es la letra que me acompaña pero más no tendrás de mí. Sólo mis espadas y mi sangre.

No le satisface mi respuesta. Una mueca de disgusto, desaparece tan rápido como aparece. Vuelve a reír. No puede
dejarse avasallar por sus víctimas.

-No sé si eres muy valiente o muy estúpido- Me dice, seria, pese a la risa con la que acompaña la frase-. Pero por ahora tu respuesta me vale.

-No me importa si te vale mi respuesta. Igual que no me importa tu opinión sobre mí- Le digo, cansado ya de toda esta pérdida de tiempo-. Ya basta de cháchara. Mejor que hablen nuestras armas.

Grita de rabia. No le gusta que le quiten su chuchería. Igual que no le gusta que le quiten la iniciativa. Ya no oculta su disgusto y esa puede ser mi oportunidad. La rabia le podría hacer bajar la guardia. Será muy poco tiempo, pero tendré que aprovecharlo.

Se va acercando poco a poco hasta mí posición. Tiene ventaja y lo sabe. Tanto con el látigo, como con la lanza tiene más alcance que yo con mis espadas. Es una de las bases de su estilo de lucha. Es por eso que pocas veces la hieren.

Aumenta la velocidad con la que se acerca. Intento mantener la distancia. No lo consigo. Me ataca con la lanza. Esquivo. Demasiado lento. Me hiere en el brazo. Sólo es un rasguño. Aún así me enfurezco. No debía haber bajado la guardia. Retrocedo. Ella vuelve a sonreír. La sangre le ha calmado. Eso es malo para mí.

Tengo que evitar que se acerque hasta el alcance de su lanza. Me muevo rápido, pero ella más. Atacarla sería un suicidio. Es mejor ir respondiendo a sus movimientos. No sé cuanto aguantaré. Ella lleva trece combates seguidos. Se debería agotar antes.

Se cansa del juego. Necesita más sangre. Utiliza su látigo. Consigo interponer el brazo. Se enrosca en él. Estira hacia ella. Tiene mucha fuerza. Pero el cansancio hace que no consiga desequilibrarme. Ataca con la lanza. Se la bloqueo con mi espada. Ahora es ella la que está en desventaja.

Cojo el látigo y estiro hacia mí. No se lo espera. El bloqueo la ha desequilibrado y no puede responder al tirón. Sus reflejos son increíbles. Consigue esquivar mi tajo en el último momento. Una herida superficial en su pecho. Con el siguiente movimiento corto el látigo. Ella cae hacia atrás. Es mi oportunidad. Fallo la estocada. Ha conseguido dar una voltereta y esquivarla. Su látigo está cortado, su lanza está a mis pies.

La gente enmudece. Ya no corean su nombre. Creen que ella va a morir. Yo sé que se equivocan. Cojo la lanza. Ella me mira con rabia. La rompo por la mitad. La lanzo lejos de ella. Su orgullo está tocado. La he herido y desarmado. Sé que un animal es más peligroso cuando está acorralado y ella lo está ahora mismo. Puedo esperar cualquier cosa.

Ahora ha perdido su ventaja y lo sabe. Todos los que venimos de Stormheaven luchamos con espada. Aunque coja la de uno de los caídos ya no tiene la distancia. Puedo derrotarla. Se levanta. Ya se ha acabado el descanso.

-¡Mátala!- Se escucha entre el público.

El grito me pilla desprevenido. A ella también. Me mira. Veo el miedo en sus ojos. No por lo que yo le pueda hacer. Ha perdido el favor de su público. Poco a poco el que había sido el grito de alguien disgustado se convierte en un coro de voces entonando la misma palabra.

-¡Mátala! ¡Mátala! ¡Mátala! ¡Mátala! ¡Mátala! ¡Mátala!- Retumba por todo el estadio.

-¡Sileeeeeeeeeeeeeeeeeencio!- Grito de rabia.

No sé porque he gritado. Ella me vuelve a mirar. Sus preciosos ojos negros están completamente abiertos. La he sorprendido. No puedo evitar que una sonrisa asome por mi cara.

-¡¿No queréis espectáculo?!- Les pregunto, alzando mis brazos- ¡Lo estáis teniendo! ¡Lo mejor de la casa Stormheaven contra la mejor de la casa Seraphiston! ¡De igual a igual! ¡Ella os ha dado la muerte de trece grandes guerreros y así se lo pagáis! ¡No merecéis este combate! ¡Si queréis espectáculo callaos de una vez! ¡Si queréis muerte os habéis equivocado bastardos!

La gente ruge. No les gusta que les digan lo que deben hacer. Ya se lo dicen demasiadas veces al día. Me da igual. Este es mi momento. No el suyo. La oportunidad de enfrentarme a la mejor y derrotarla. Mi pueblo ha caído en desgracia. Pero yo aún no.

-Bonito discurso- Me dice Jubal, con un hilo de voz-. Espero que puedas cumplir lo que has dicho.

-¡Coge un arma y ven a luchar!- Le digo aún con la rabia provocada por el público-. Veamos cómo eres de buena en
las distancias cortas.

-En las distancias cortas soy igual de buena, pero en las muy cortas soy mejor. Lástima que eso no lo vayas a comprobar- Responde ella melosa.

Ese comentario lascivo no me lo esperaba. Una pena que tenga razón. Coge una de las espadas de mis compañeros
caídos. Hace varios movimientos para comprobar el equilibrio. Esa espada no es de ella, eso me da ventaja. Ahora empieza lo bueno.

-Muy bien, pequeño- Dice, volviendo a ser ella misma-. Démosles algo que no olvidarán en sus vidas.

-No te preocupes- Le respondo-. La muerte de Jubal no es algo que se olvide con facilidad.

-Chico, es imposible que Jubal muera- Me dice, en un tono amargo que no acabo de entender-. Ella tiene el favor de
los dioses.

-¿De verdad? Pues me han dicho que sin cabeza no puedes vivir, con favor de los dioses o sin él- Respondo de forma
cortante.

-Muy bien, niño. Será una lástima desmembrar tan hermoso cuerpo, hay partes que no merecen ser desperdiciadas- Me
dice, mirando directamente la parte a la que se refiere.

-Gracias. A mí me sabe mal tener que desfigurar tan bello rostro y cortar tan suave piel- Respondo y me pongo en
posición de ataque.

Se lanza sobre mí dispuesta a ensartarme. La espada le pesa demasiado para atacarme con su gracilidad habitual. Consigo bloquear la estocada apartando su arma con Arena. Eso deja su flanco al descubierto. Hueco que aprovecho para atacar con Muerte. Sus increíbles reflejos la vuelven a salvar. Justo, para que sólo sea otra herida superficial.

Me mira con los dientes apretados. Lo ha comprendido. Tendrá que cambiar de táctica si quiere ganarme. Ya no puede llevar la iniciativa. Está cansada. Con un arma que no es la suya. En un combate que no le gusta. Mira a su alrededor. Tiene que haber algo que le ayude. Ya lo ha visto. Esto se pone interesante. Veamos cómo es de buena muy de cerca.

Se levanta. Se toca el costado herido. La herida no es profunda, pero el cansancio hace que sea dolorosa al respirar. Tira la espada. Se dirige a los cadáveres. Coge una daga de uno y va a por otra. Otra costumbre Stormheaven. Siempre llevamos una daga en la bota. Puede salvarte la vida. Por suerte para ella mis espadas son cortas. Podrá defenderse con las dagas. Ahora será ella la que defienda. Los dos estaremos en una posición que nos disgusta. El combate será más rápido.

-Venga chico, no hagas esperar a una mujer con ganas de fiesta- Me dice con una sonrisa.

-No querría hacerte esperar, sobretodo sabiendo las ganas que tienes, pero ¿no prefieres llevar tú la iniciativa?- Le respondo, esta vez siguiéndole su juego.

-Normalmente sí, pero contigo estoy más que dispuesta a hacer de sumisa- Me responde divertida.

-Que amable. Ahora entiendo que tengas tantos hombres a tus pies- Digo, sin perder de vista a esos hombres buenos que están tirados en el suelo.

Se ríe. Es la risa más increíble que he oído nunca. Nada comparado con las anteriores. Está es de verdad. Ataco. Mis
golpes son fuertes y precisos. Sus bloqueos rápidos y firmes. Nuestra sangre brota de los cortes que van surgiendo por nuestros cuerpos. Ella ha recuperado la velocidad que la caracteriza.

Sus golpes buscan hacer el máximo daño. Busca los tendones y las venas de brazos y piernas. Bloquea y ataca, bloquea y ataca. Me cuesta mantenerle el ritmo pese a que yo no he mantenido ningún combate anterior. Es increíble. Un animal perfectamente desarrollado para la caza. Y yo soy su presa. Está completamente eufórica. No puede evitar soltar jadeos de puro placer. El sudor hace que su piel sea más resplandeciente. Y sus enormes y preciosos ojos negros me devoran. Ojalá no tuviese que matarla.

El público ha enmudecido por el espectáculo que les estamos proporcionando. Es como si ya no estuviesen. Ahora estamos solos. Ella y yo. En nuestro baile mortal. Como una pareja haciendo el amor. Siento su respiración en mi cara. Veo como sus firmes pechos suben y bajan. Es una imagen hipnotizadora. Pierdo la concentración.

Intenta golpearme con la rodilla en el estómago. Me recupero a tiempo. Le doy una patada en el pie de apoyo. Pierde el equilibrio. Cae de rodillas. Intenta cortarme el pene con una de sus dagas. Puedo echarme hacia atrás. Me ha ido muy justo. Tengo la respiración acelerada. No es de cansancio. Es por ella. A Jubal le pasa lo mismo. Puedo verlo en su cara. Tenemos que acabar con esto.

Volvemos a la lucha. Ella me lanza arena a la cara. Me ciega por un momento. Eso no me va a detener. Se levanta y ataca con todas sus fuerzas. La esquivo girando sobre mí. Con un rápido movimiento la desarmo al golpearle las manos y le clavo a Arena en el costado. Es una herida mortal. Me sitúo en su espalda. Le pongo a Muerte en el cuello. Todo ha terminado.

-Es tu final- Le digo, triste-. Los dioses no te han protegido.

-Los dioses me han dado todo lo que había deseado. Les doy las gracias- Dice serena, tranquila esperando su fin.

No sé bien a qué se refiere. Pese a que he ganado tengo un nudo en el estómago. He conocido a alguien como yo. Y la he matado. Esta es mi vida. Matar o que te maten. Siempre elijo matar. Aunque me duela.

-¿Cuál es tu nombre? Por favor- Me suplica.

La vida se le está escapando. Su voz no es más que un simple susurro. Sé lo que debo hacer. Acerco mi boca a su oído. Trago saliva. No entiendo porque me cuesta tanto. Noto su piel caliente contra la mía. Mi voz no quiere salir. La obligo, debo hacerlo.

-Mi nombre es Silván- Digo por fin, pero me siento mal.

-No empieza por uve. O me mentiste antes o me mientes ahora- Me dice ella perspicaz pese a su situación.

No, debo decirle la verdad. Ella lo merece. Merece saber mi nombre de verdad. El nombre que llevaba mi padre con
orgullo. No el nombre de esclavo que me dieron.

-Tienes razón- Le digo al fin-. Esees el nombre que me dieron cuando llegué a la casa Stormheaven. El nombre que me puso mi madre es Válinor. El mismo que el de mi padre.

-No puede ser- Me dice incrédula-. Ese nombre es el de los reyes de Ascarnia. No puede ser verdad.

-Sí que lo es- Le respondo con rotundidad-. Mi padre era el rey y yo soy un príncipe sin reino. Nadie lo sabe.
Y nadie más lo sabrá.

-Pero…

No la dejo terminar la frase. Con un rápido gesto la degüello. Saco a Arena del costado. Muere antes de caer al suelo. La gente empieza a gritar. No me importa. Sé lo que debo hacer. No lo hago. En vez de eso le marco una uve en su espalda con la punta de Muerte. La inicial de su última víctima. Porque con ella ha muerto una parte de mí. Ahora me doy cuenta. Hoy ha muerto Válinor, príncipe de Ascarnia. Sólo vive Silván, el gladiador de la casa Stormheaven. Esta es la vida que llevo. Matar o que te maten. Y yo siempre elijo matar.

Comentarios

  1. Batu

    19 abril, 2013

    TIenes clase, escribes muy bien. no es facile scribir este tipo de historias sin caer en tópicas (muy mañadados), en esta frase está todo:
    “Se va acercando poco a poco hasta mí posición. Tiene ventaja y lo sabe. Tanto con el látigo, como con la lanza tiene más alcance que yo con mis espadas. Es una de las bases de su estilo de lucha. Es por eso que pocas veces la hieren.”
    Mi voto. Abrazo

  2. Mabel

    19 abril, 2013

    Me ha gustado mucho tu cuento, te doy mi voto y un abrazo

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