Hay pelos pelirrojos flotando en el mar menor, los encontré un día paseando por Irlanda. Hacía un día precioso. Un día de esos en los que te quedas tumbado con los ojos cerrados, sintiendo los rayos del sol en cada centímetro de tu piel mientras que piensas que eres la persona más feliz del mundo. A los diez minutos empiezas a ser sincero con tu sombra, y reconoces que tomar el sol no mola tanto como dicen y entonces empiezas a pensar sobre ti mismo hasta que llegas a la conclusión de que no estás haciendo nada con tu vida. En ese momento compras un billete de avión barato de Raynair y vas a Irlanda. Vas a Irlanda y solo ves pelos pelirrojos, caras sonrientes y cosas verdes. Muchas cosas verdes, tantas como pelo hay en los dibujos de Daniela, aunque en esa ocasión el pelo es rosa, pero ¿qué más da? Pelo es y al fin y al cabo eso es lo que cuenta y al fin y al cabo soy yo la que escribe esto. Y el caso es que me encuentro en Irlanda. Estoy feliz porque estoy haciendo algo nuevo y porque camino a casa de mi familia irlandesa y porque he perdido el autobús y porque por una décima de segundo he pensado que estaba completamente perdida por lo que las hormigas de la excitación han empezado a picarme la planta de mis pies. Pero esa sensación dura poco porque a lo lejos veo aparecer el autobús que, según mi nueva familia irlandesa, debo coger para ir a su casa por lo que monto en el autobús sin sentir nada en los pies. Llego a la casa y me reciben la madre, el padre y el hijo, los tres pelirrojos con tres sonrisas, una de ellas con pelo pelirrojo encima de los labios, y vuelvo a sentir las hormigas en mis pies. Se adelanta la sonrisa peluda, la de la madre, y empieza a hablarme en inglés. No entiendo nada y las hormigas empiezan a subir por mis piernas. Al verme la cara la madre se ríe y el resto de la familia la imita, deben comprender que no la entiendo porque vuelve a comenzar hablando más despacio y entonces comprendo cada una de las palabras que dice, antes no la entendía, les ha hecho gracia y ahora la entiendo. Les ha hecho gracia y entonces las hormigas desaparecen y no vuelven hasta que piso España y en una tarde tumbada bajo un cielo cubierto de nubes, en esa postura que hará que a los veinticinco tenga chepa, se me duermen los pies. Se me duermen los pies y entonces vuelven las hormigas.
Y yo ya solo quiero una hamburguesa.


Mariav
Esto es un escrito raro, absurdo…, no sé, pero tiene algo que me gusta.
Spankylune
¡Ey, gracias!
Me ha encantado este comentario. En serio.